Noviembre/Azaroa 7-8-9 de 2003, VI Jornadas de Práctica Psicomotriz, Bernard Aucouturier, Alberto Lasa y Eneko Landaburu, el equipo de la Escuela de Psicomotricidad de Bergara, el equipo de colaboradores y un montón de gente, en Vitoria-Gasteiz.
¡Cuántas veces pensamos cómo saldrán las cosas antes de que sucedan! Bueno, pues en estas líneas vamos a pensar sobre lo que ya ha sucedido.
Primero son necesarios los agradecimientos a todas las personas mencionadas; cada una desde su lugar hizo posible algo que a veces —en los tiempos que corren— nos parece casi imposible: sacar adelante este proyecto de formación que nació en 1988 y para ello, llevar a buen puerto esta aventura que iniciamos siempre que organizamos unas Jornadas.
El paso del tiempo, nos dice cosas. Pero sin correr el riesgo necesario y emplear la fuerza suficiente, para iniciar algo —que no vemos en absoluto claro, pero que intuimos—, el tiempo no nos diría nada. Bernard Aucouturier se arriesgó y por eso nos pudo mostrar dos videos llenos de riesgo y fuerza. Imágenes que vivió y por eso estaban teñidas de emociones y que ahora le hacen pensar. Pensaba (en nuestra compañía) que en aquellos momentos, y aunque las proposiciones eran dichas claras y directas por el adulto, al niño ya le consideraba libre de interpretarlas; y por eso veíamos que no eran ejercicios de uniformidad sino de expresión individual. Y que además, el índice del placer siempre lo tuvo en cuenta. Las imágenes no nos mostraban tablas de gimnasia o niños rígidos; eran sugerentes (seguro que si quién está leyendo estas líneas estuvo en las Jornadas podrá recuperar algo de lo que vio en aquel vídeo). También compartió con nosotros su emoción al ver el trabajo con Bruno y comentó que era capaz de ver aquellas secuencias, que él sabía que podían ser — y de hecho lo han sido– muy criticadas, por que él mismo era capaz de criticarse. Era capaz de verse en su deseo de creación de una vía de ayuda, oscilante entre el ajuste y el desajuste, entre el acierto de su intuición más atinada y el desacierto que acompaña a toda búsqueda. El placer en la actividad, posibilitar la expresión de los niños y ser capaz de verse a uno mismo trabajar son principios que se mantienen. Y que con el paso del tiempo los vemos consolidarse.
Desde aquellos inicios, se va perfilando cada vez más la especificidad de la Práctica Psicomotriz. Bernard no deja de trabajar en ello; sus aportaciones teóricas ocuparon también buena parte de las Jornadas y nos anunció que tiene prevista una nueva publicación en breve.
Sabíamos que contar con Alberto Lasa era una oportunidad. Su aportación está sostenida en potentes bases teóricas, pero su esfuerzo está en releerlas y cohesionarlas buscando un sentido. Rescatar el cuerpo como “instrumento de relación, soporte de fantasías y base de la identidad”, a lo largo de toda una línea evolutiva es uno de sus logros. Recorrimos desde el primer año a la adolescencia, intercalando conceptos y autores, con sujetos y hechos reales. La adolescencia y la hiperactividad han captado su atención (al final damos una referencia de uno de sus trabajos publicados). La teoría releída desde la realidad es muy atractiva. La realidad entendida desde claves profundas es muy interesante. Por eso acompañamos atentos a Alberto Lasa a través de los grandes teóricos, a través de los programas televisivos de mayor audiencia y otros múltiples ejemplos. No habrá sido sencillo amalgamar todo eso; es complejo ser respetuoso —diría incluso devoto— con la complejidad del ser humano. Escucharle es un placer; también se agradece su esfuerzo por hacerlo didáctico y ameno, detrás un largo recorrido profesional y un prolongado trabajo.
Recuerdo que la gente se rió. Se notaba cierta perplejidad y mucha atención. Logró que le escucháramos y él se expresó. Eneko Landaburu habló de nosotros los adultos, de nuestras necesidades, dificultades y también de nuestros recursos, y nos propuso echar mano de ellos y servirnos de su apoyo. Nos comentaba la importancia de la escucha, y en su manera de contarlo y en los ejemplos con los que ilustraba sus palabras, éramos capaces de reconocernos. Quizás pudimos vernos encarnando esas “escenas” porque él mismo se mostró, se dejo ver. No se ocultó con sus historias sino que se retrató en ellas, y como él se rió un poco de sí mismo, nos dimos el permiso de hacer lo propio con nosotros.
Entre tanto, en los pasillos, encuentros, saludos y cuentos…
Una sensación unánime de tener un auditorio, de que la escucha colectiva es una experiencia que conforta. En el día a día el esfuerzo de conquistar el propio lenguaje, el acordar previos, el ajustar expectativas, nos hace a veces añorar esa sensación. Pero lo cierto es que moriríamos de “jornaditis” si esto fuera muy a menudo. Así que a descansar en el día día, y nos volveremos a encontrar en las próximas.
Lasa, A. (2001) Hiperactividad y trastornos de la personalidad I. Sobre la hiperactividad. Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia del niño y del adolescente. 31/32,5-81.
Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye fotografías que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.
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