V Jornadas de Práctica Psicomotriz

Nº 23 · Junio de 2002 · pp. 34–35

Resumen. Mª José Intxausti resume las V Jornadas de Práctica Psicomotriz (Vitoria-Gasteiz, 9, 10 y 11 de noviembre de 2001): lo que suponen para la Escuela, la experiencia de los buzones para recoger comentarios y dos ideas del discurso de Aucouturier, el esfuerzo por entender el psiquismo infantil y la paradoja de comprender la historia profunda del ser humano, también con las familias. Termina recordando la presencia de Myrtha Chokler.

Me había comprometido a escribir para este número un resumen de las V Jornadas de Práctica Psicomotriz, celebradas los días 9, 10, y 11 de noviembre de 2001, en Vitoria-Gasteiz, con nieve. No puedo, sin embargo, pasar a hablar del contenido de las intervenciones de los ponentes, sin mencionar qué suponen para nosotros estos encuentros.

Quizás desde las primeras que celebramos en 1991 hasta ahora, en cuestiones organizativas hemos adquirido cierta agilidad, pero siempre contando con la ayuda inestimable de muchas personas que llamamos “colaboradores”; su disponibilidad a lo largo de todo este tiempo nos ha proporcionado mucha seguridad. Pero si esta fidelidad nos ayuda a seguir adelante, lo que contribuye a que la trayectoria de la Escuela de Psicomotricidad de Bergara pueda llegar a ser una realidad, es la asistencia de todas las personas que responden generosamente a nuestra convocatoria.

Este año hicimos una propuesta en el ámbito de metodología: Consistía en disponer una buena cantidad de buzones por todo el recinto, y pedir a los asistentes que en el transcurso de las Jornadas fueran depositando sus comentarios, dudas, reflexiones, preguntas, etc. Y la valoración que hicimos de la participación fue positiva; quizás con un poco más de práctica podamos convertirlo en un verdadero recurso para facilitar una dinámica más participativa en reuniones de colectivos tan numerosos.

Seguramente al acabar las Jornadas, si hubiéramos preguntado a varias personas, cada una nos habría hecho un resumen, en el ámbito de contenidos, todos ellos diferentes entre sí. Son muchas horas y mucha la información recibida y aunque intentes estar presente y atento, siempre reaccionamos más a una serie de contenidos que a otros.

Del discurso de B. Aucouturier destacaría dos cosas. La primera, es su incansable esfuerzo por entender el psiquismo infantil; indagar en etapas tempranas creo que provoca grandes desafíos a nuestros esquemas de pensamiento. Abandonar nuestra comprensión “racional” y situarnos en otras coordenadas, no deja de plantearnos dificultades. Entrar en un discurso que nos presenta lo inconsciente como el lecho de desarrollo del ser humano, nos enfrenta a otra manera de entender. En ese “otro” orden, lo paradójico, lo ambivalente, destituyen cualquier análisis de causalidad simple; el sentido está, pero su lectura se hace a través de… Una pequeña incursión: amar y agredir a la misma persona, terrible ambivalencia. Sentirse culpable por tener ese deseo —tan amenazante para el otro, como para uno mismo—, una buena paradoja. Creer en la no-realidad de un agresor peligroso —porque uno lo siente, lo vive, ¿está dentro o fuera?—, se rompe lo racional. Ser sin embargo, capaz de jugar, de dar el salto que permite reducir (aunque sea, solo por un tiempo) la angustia. Simbolizar al agresor, arrastrar a la realidad los fantasmas sentidos como verdaderos, ser acompañado en este paseo que da otra dimensión al fantasma, la dimensión mixta del juego donde lo podemos manipular, remodelar y en definitiva acercarnos a él guardando “las distancias”, a veces, incluso en este recorrido, puede aparecer el humor. ¡Qué placer!

Comprender la historia profunda del ser humano nos lleva lejos, y también aquí aparece una paradoja (que es la segunda idea que quería rescatar). Los profesionales damos vueltas y más vueltas para tratar de comprender ciertos mecanismos de este desarrollo, y en ese esfuerzo nos encontramos con los protagonistas del mismo, los niños y sus familias, y nuestra manera de reunirnos con ellos, es también motivo de reflexión. Nuestra comprensión del sujeto, incorpora el conflicto como un elemento indisociable de su desarrollo, pero eso no significa que ignoremos el desgaste que se plantea con la persistencia de los conflictos, ni el hecho de que a veces la ayuda sea imprescindible. El planteamiento partiría de la idea de no «desresponsabilizar» a las familias, tanto en lo que se refiere a solicitar la ayuda, como a la posterior toma de decisiones. Son junto al niño las protagonistas, pero tampoco aquí la lectura es directa, su relación está ligada a sus emociones y estas pueden ser tan ambivalentes y tan paradójicas como las del niño. Si por ser adultos esperamos que la vía de lo racional sea la única que nos encamine hacia ellas, podemos iniciar un viaje a ninguna parte.

Myrtha Hebe Chokler nos acompañó en las Jornadas y seguro que muchos nos hemos acordado de ella en estos meses posteriores; están siendo momentos muy difíciles para Argentina. Desde estas líneas le mandamos un abrazo; y para terminar, rescato de mis apuntes un fragmento de su discurso: “defender un modelo que no es el vigente es factible; es, incluso, interesante, pero puede no ser efectivo. Pero sabemos que el modelo vigente no es el único, simplemente es el hegemónico”. En sus intervenciones, Myrtha nos propuso reiteradamente reflexionar sobre la acción del niño, sobre la respuesta del adulto, y sobre la conquista de la autonomía desde la seguridad afectiva. Me consta que muchas personas que le escucharon ya lo hacen.

Espero que todas y todos nos mantengamos “razonablemente” bien hasta las próximas Jornadas.

Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye fotografías que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.

Sobre M.ª José Intxausti Gabilondo. Esta vez Mª José Intxausti Gabilondo nos ofrece su particular recorrido por las últimas Jornadas de Práctica Psicomotriz celebradas durante el pasado mes de noviembre en Vitoria-Gasteiz.
Cómo citar: M.ª José Intxausti Gabilondo (2002). V Jornadas de Práctica Psicomotriz. Cuadernos de Psicomotricidad, 23, pp. 34–35. Luzaro.
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