Una experiencia psicomotriz desde Colombia

Nº 54 · Diciembre de 2017 · pp. 46–53

Resumen. Diana Roció Ostau presenta la implantación de la práctica psicomotriz en la escuela maternal de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia, con niños de 2 a 4 años durante el último año. Recorre la experiencia desde su inicio hasta hoy.

Nos hace una especial ilusión presentar este artículo por lo que supone de novedad, al daros a conocer una experiencia de práctica psicomotriz realizada en Colombia. Le damos un gran valor por lo que supone de abrir nuevos caminos y construir nuevas posibilidades en el trabajo con la infancia en lugares del mundo en donde sabemos que hay que ser realmente atrevido y trasformador, para realizar propuestas como esta. ¡Buena suerte, Diana!

El siguiente trabajo pretende dar a conocer cómo la práctica psicomotriz cruza grandes fronteras y se instala en la escuela maternal de la Universidad Pedagógica Nacional en Colombia. Esta práctica, que se lleva realizando desde hace un año con niños en edades de 2 a 4 años, ha generado una gran expectativa en la comunidad educativa de la Escuela Maternal, ya que no se conocía esta forma de ver la psicomotricidad como el proceso que acompaña a los niños en su propio desarrollo madurativo, que va desde la expresión motriz y el movimiento hasta el acceso a la capacidad de descentración.

En esta experiencia se mostrará el recorrido realizado, desde el primer momento en el que se instaura la práctica psicomotriz hasta el día de hoy, en el que se sigue manteniendo esta práctica como trabajo de investigación.

En el año 2014 terminé mis estudios en Centro Formación en Práctica Psicomotriz Bernard Aucouturier de Madrid como psicomotricista, un aporte a mi experiencia como Educadora infantil, que sin duda es un gran pilar en mi existencia como Maestra, ya que me brindó herramientas como persona y como docente. El Psicomotricista para poder acompañar a los niños en su proceso de maduración psicológica, debe vivir, concienciar y elaborar su propio proceso personal.

Dentro del trabajo personal que hice durante mi formación como psicomotricista, identifiqué que debía reencontrarme con mi país de origen, Colombia, ya que en mi proceso emocional no había hecho un trabajo de Resiliencia En el 2014 viajé a Colombia para comenzar mi formación como licenciada en Educación Infantil en la Universidad Pedagógica Nacional, la cual me acogió con grandes oportunidades y expectativas, por mi experiencia como Educadora Infantil y psicomotricista en España.

Dentro de la carga académica de la licenciatura, me vinculé a la Escuela Maternal de la Universidad, donde evidencié que existía un vacío horario en el que los niños tenían un tiempo libre para el juego con un cesto de juguetes estructurados que regularmente era el mismo todos los días. Por mi formación en espacios alternativos y la consideración del espacio como tercer maestro, propuse la implantación de la práctica psicomotriz como alternativa para este tiempo de bienvenida matinal, al que las propias maestras aceptaron con agrado, ya que permitió la apertura de espacios de comunicación a través de lo corporal, tan coartados hoy en día en los adultos.

De esta forma comenzamos a implementar la práctica psicomotriz en este espacio educativo de Bogotá de 7 am a 8 am, con gran expectativa por parte de la comunidad educativa de la Escuela Maternal ya que esta práctica no es muy conocida en Colombia. Una pequeña contextualización del lugar que me acoge para realizar estas prácticas, La Escuela Maternal de la Universidad Pedagógica Nacional surge como parte de un proyecto institucional entre COAE (Centro de Orientación y Atención Estudiantil) y el programa de la Licenciatura en Educación Preescolar que se desarrolló para el año 2003.

Este proyecto se enmarca en una investigación en la que se determinó un alto porcentaje de deserción académica, cuya razón principal era que la gran mayoría de estudiantes universitarios que abandonaban la carrera eran mujeres que se encontraban en período de gestación o ya eran madres cabeza de familia, y muy pocas contaban con una pareja estable.

Reconocer esta realidad por parte de la Universidad da lugar a un movimiento y una llamada de atención dentro la misma, ya que se observó que esto no era solo una situación problemática propia de la Universidad, sino que, por el contrario, ésta era una realidad nacional con la que la Universidad tenía una responsabilidad social para poder aportar experiencias de mejora a la sociedad.

“Fue así como surgió la Escuela Maternal, la cual con el pasar del tiempo fue conquistando las iniciativas de directivas, estudiantes, maestros y funcionarios de la Universidad Pedagógica Nacional, hasta convertirse en una realidad cuyo objetivo principal era los niños y las niñas en edad inicial” (Revista Voces de la Escuela Maternal ,7 edición, 2015)

La Escuela Maternal, en su propuesta pedagógica, se basa en el trabajo por proyectos para la primera infancia y su propuesta alrededor de la pedagogía del cuidado, la cual asume el asistir al niño desde una perspectiva pedagógica e intencionada, asumiendo los procesos que ésta requiera, siempre contribuyendo a un bienestar íntegro de los niños y niñas:

“La Escuela Maternal como una experiencia vital donde a los niños y las niñas, a esos recién llegados al mundo, se les deja ser y estar en su esencia de asombro, pregunta, exploración, magia, alegría, lúdica, fiesta y de libertad” (Escuela Maternal 2015, p, 43)

Desde esta contextualización es importante destacar que los niños y niñas de la Escuela Maternal son hijos de adolecentes estudiantes de la Universidad y generalmente son criados por los abuelos o por la madre soltera. Esto me pone en alerta como psicomotricista, ya que al observar el contexto sé que en las sesiones de psicomotricidad pueden ocurrir escenas que evoquen estos conflictos que viven los niños día a día.

“La mediación del adulto debe favorecer la acción simbólica y a la reflexión posterior. Ante todo, los niños necesitan saber que tienen garantizada su seguridad física y afectiva en la sala de psicomotricidad, de esta manera podrán manifestarse con toda la expresión motriz.” (Arnáiz, 2001: 99)

El espacio físico que me ofrece la escuela maternal es un salón de espejos en el que su utilidad es multipropósito. Dispongo la sala con los materiales que me brindan como los módulos de espuma, colchonetas, pelotas y telas, organizando la zona de salto con una mesa, ya que de momento la espaldera no está ubicada en esta zona. Con estos materiales me dispongo a distribuir las diferentes zonas que necesita la práctica psicomotriz.

A continuación, pasaremos a describir una sesión de Práctica Psicomotriz. Una sesión se dividirá en: • Ritual de entrada: es el lugar de recibimiento, del primer encuentro en la sala, es el momento de transición entre el mundo real y el juego, y de acoger lo que cada niño/a trae y está dispuesto a vivir.

• Momento de expresividad motriz: se desarrolla en la totalidad del espacio, y será usado por el niño/a en relación a su deseo o placer de usarlo o no, y en donde tendrá lugar un recorrido psíquico, emocional y personal en cada uno/a. • El cuento: es el momento de contar una historia, que deberá mantener relación con las historias vividas, con la expresividad motriz, y permitirá realizar una separación progresiva del mundo simbólico en el que han vivido para volver a introducirse en la realidad, su realidad. • Momento de expresividad gráfica: mantiene las mismas funciones de identificación y favorecimiento de la descentración que el momento del cuento. Aquí podrán expresar y contar sus vivencias, es decir, hacerlas conscientes, reflejarlas gráfica y/o verbalmente. A continuación, describiremos una de las primeras sesiones de práctica psicomotriz que se realizaron, con las dificultades que ello supuso:

• Ritual de entrada: Cuando se convocaba a los niños ellos no entendían muy bien a qué íbamos a este salón, ya que no conocían la dinámica, pero poco a poco fueron accediendo a ir a la sala con más disposición. En estas primeras sesiones, mi propósito como psicomotricista no era que se sentaran para escuchar mis indicaciones, ya que identificaba que su necesidad era muy insistente, y solo remarcaba algunas normas de convivencia en la sala y los dejaba continuar. • Momento de expresividad motriz: Cuando entraban en esta sala, su necesidad de jugar los llevaba a no escuchar las indicaciones del psicomotricista hasta la tercera o cuarta sesión, que se dispusieron en el espacio a escuchar al adulto.

En el momento de expresividad motriz hubo una particularidad en estas sesiones, y es que los niños no derribaban el muro, lo que, entonces, me llevó a pensar que ello no tenía ninguna connotación más que simplemente ellos no conocían la dinámica de la sesión; pero cuando esta acción se repitió continuamente, me empecé a preguntar ¿qué sucede? Me sorprende que no derriben el muro hasta que el adulto es quien propone derribarlo. En cada sesión realizada se comprobó que era una cuestión de sus entornos sociales, ya que la percepción de infancia que tienen los adultos no concibe la destrucción de sus bloqueos. Derribar el muro según Aucouturier:

“se trata de la destrucción que genera una emoción colectiva, destruye algo construido por el adulto sin culpa, además se destruye y se construye, es aquí donde se permite el placer de destruir nuestras frustraciones, miedos y reconstruirlas de forma positiva” (Aucouturier, 2004:139)

En las primeras sesiones observamos que los niños y niñas se centran en el salto y en la carrera por toda la sala, pero saltar añade otras condiciones más complejas que correr, por ejemplo. Sin embargo, el salto es una habilidad más difícil que la carrera, porque implica movimientos más vigorosos, en los que el tiempo de suspensión es mayor. El niño tiene que tener algo más de fuerza para impulsar su cuerpo. Además, tiene que ser capaz de coordinar movimientos más complejos, mientras mantiene el equilibrio, para superar las dificultades de la nueva habilidad. Aparte de estos requisitos físicos, también tienen una influencia importante en el desarrollo de la habilidad de saltar esas cualidades, poco claras, llamadas valor y confianza.

Tomar impulso para separarse del sustento tiene condiciones afectivas. Si la exposición a la profundidad supera la capacidad, o bien cesa y no se produce o bien continúa “a la baja”. Esta aportación confirmaría la opinión de Bernard Aucouturier sobre los comportamientos regresivos en la actividad infantil, y la de Wallon sobre la detención o vuelta a niveles anteriores y más básicos de la acción en caso de dificultad. Retrocedería hasta el nivel de seguridad suficiente durante un tiempo, hasta la siguiente oportunidad.

En estas primeras sesiones, utilizan los objetos de la sala para subir y bajar, rodar y realizar juegos de reaseguración profunda, a los que hace referencia Aucouturier: “los juegos de aseguración profunda son el placer lúdico que ha de llevar al psicomotricista a “jugar con su propio miedo”, lo que facilita que el niño se centre en sí mismo, sus sensaciones, su tono, su movimiento y sus emociones” (Aucouturier, 2004:181)

En esta expresión motriz, me encuentro con juegos de destrucción, pero sobre todo de construcción. La construcción de casas es un juego que aparece continuamente en las sesiones. Alejandro me insiste en que le ayude a hacer una casa; “la casa simboliza un recinto protector contra la pulsionalidad de los fantasmas de acción, es el resultado de las representaciones de los envoltorios recibidos y de la representación de sí mismo, además es una representación del cuerpo en relación con el entorno. Con sus aperturas y cerramientos como puertas y ventanas, podemos hablar de las experiencias de placer y displacer que tiene el niño con su entorno y su propio cuerpo” (Aucouturier, 2004: 175)

“En esta construcción, Alejandro me pide que le dé una puerta para la cual le ofrezco una tela. Cuando la coloca solo deja entrar a Julieta, a continuación Luisa entra sin permiso, a lo que Alejandro me expone su desacuerdo y yo le explico a Luisa que debemos pedir permiso para entrar a la casa de una persona, en símbolo de trabajar “el pedir permiso” ya que son niños que suelen hacer las cosas sin pedir permiso al otro, después de un tiempo entra Luisa y Gabriela en la casa y veo a Alejandro muy contento, a lo que yo le pregunto que si le gusta la compañía, que si necesita más compañía él me responde que sí, que le gusta y me mira y sale de la casa. Cierra la puerta y me busca, yo lo reaseguro y le digo que estoy allí para escucharlo y para hacerle compañía. Lo que me puede llevar a pensar que en esos días no lo han escuchado en su entorno social, generalmente estamos en una cultura que no escucha a los niños porque son pequeños o porque no tenemos en cuenta sus emociones.” (Relato literal de una sesión)

El cuento: “podríamos considerar este momento como una prolongación, pero a otro nivel, de lo vivido y sucedido, que facilita el acceso al momento de la representación. Ayuda al niño a descentrarse y a integrar las emociones en las imágenes mentales “(Arnáiz,2001:71)

El cuento que utilizo en estas sesiones es el de los tres cerditos, el cual evoca la angustia de pérdida y los fantasmas orales que les obsesionan y pueden llegar a aterrorizarles. Es un cuento que nos permite involucrar lo sucedido en la sala, ya que la expresión de los niños es de angustia frente a la devoración, y de aceptación frente a las acciones sucedidas en la sesión. Además, como bien nos expone Aucouturier “el sentido metafórico de la historia es, pues, sobre el agresor que contiene el fantasma y permite una identificación serena con las imágenes parentales, representadas en casa por la pareja formada por el padre y la madre.” (Aucouturier, 2004: 96). Desde esta postura podemos evidenciar esta relación de familia que nombrábamos anteriormente.

En estas primeras sesiones no realizaba parte de expresión artística porque consideraba que el tiempo era muy limitado y ellos estaban ansiosos por desayunar y contar lo que había sucedido en la sala. A medida que ha ido pasando el tiempo y las sesiones, los niños expresan su afán de tener este espacio, me reclaman su espacio si algún día no puedo realizarlo y expresan su necesidad de poder jugar sin ser juzgados y sentirse seguros.

Las sesiones de este año 2017 se desenvuelven con una estructura bien planteada, los niños llegan a la sala y se disponen a escuchar al psicomotricista, así su afán de jugar sea impetuoso, se autorregulan para poder esperar y escuchar mis propuestas. Con respecto a la fase de Expresión Motriz, derriban el muro con una acción que me hace infinitamente feliz cada vez que lo observo, y, sobre todo, cuando son las niñas las que lo derriban. El muro es un momento clásico en la práctica psicomotriz y es vital que los niños lo derriben como bien lo dice Mirtha Chokler: “los muros armados y rearmados por el adulto adquiere un sentido profundo en la relación con el otro. Es la desculpabilización de la destrucción simbólica del otro, por el placer compartido con el psicomotricista. En la provocación y la oposición recíproca, en el juego de fuerzas y tácticas para vencer, oponerse o defender. Al mismo tiempo, dialécticamente, reafirma la continuidad del otro, La destrucción no implica la desaparición, sino la reconstrucción y la permanencia, la continuidad en la discontinuidad.” (Chokler, 2000).

La construcción de la casa continúa siendo reiterativa, con lo que me remito a la edad de los niños y a la contención que, en muchos casos, no es la adecuada en su entorno cercano. El salto es por excelencia el juego motriz más anhelado por los niños y niñas, Elena Herrán Izaguirre en su tesis doctoral, nos da una visión más amplia a cerca de esta acción motriz:

“La funcionalidad del salto es un hecho que ahora despliega su nivel simbólico. El impulso se socializa. La anticipación funcional también se evidencia en estos niveles de salto y en sus formas, de manera que se anunciarán y desvanecerán a continuación para, tras una fase de consolidación de niveles anteriores, reaparecer con fuerza renovada y ser el nuevo motivo de vehemente ejercicio.” (Izaguirre, 2004: 97)

Las sesiones de psicomotricidad permiten a los niños un proceso de maduración en el que, primero viven el placer a través de su expresividad motriz, para luego pasar al placer de pensar, crear y transformar con diversos materiales, logrando así distanciar la emoción y la acción del movimiento para centrarse en la acción del pensamiento. Los cambios que se producen en el cuerpo desde el placer, la emoción y el tono permiten el desarrollo de procesos psicológicos y la apertura a otro nivel de pensamiento. Existe una interrelación entre el movimiento y las emociones, por lo que es importante tener en cuenta que cualquier concepto que el niño aprenda tiene una resonancia afectiva importante y primitiva.

Es necesario que el niño primero tenga una vivencia de los conceptos y a partir de aquí, estar disponible para poderlos interiorizar y simbolizar o representar. Este proceso de maduración le permitirá al niño su desarrollo emocional y las bases para el desarrollo de habilidades cognitivas. La Psicomotricidad ofrece un lugar de privilegio, donde los niños pueden descargar su impulsividad sin culpa. Esta descarga será determinante para su equilibrio afectivo y para el dominio y conciencia de su propio cuerpo.

Actualmente, esta propuesta ha tenido un giro en la temporalidad y en el objetivo de la misma, ya que se ha convertido en una propuesta de trabajo de grado investigativo donde la idea fundamental es seguir implementando la sesiones de práctica psicomotriz con la finalidad de dar a conocer la importancia de incluir esta práctica en los proyectos curriculares de las instituciones educativas y, por supuesto, en la Escuela Maternal, donde esta práctica se complemente en el proyecto educativo de la misma y sea un referente en Colombia.

Bernard Aucouturier habla de un proyecto educativo coherente donde “el trabajo educativo debe favorecer el desarrollo armónico del niño, darle la posibilidad de existir como sujeto único y de expresar un discurso propio y específico, así como debe facilitar el despertar de la percepción de los demás y de sí mismo y la percepción de su entorno, favorecer el placer de crear que permite el funcionamiento del pensamiento y el placer de pensar.” (Acouturier, 2004)

Como conclusión, es importante destacar que esta experiencia de vida me ha hecho reflexionar acerca de cuál es la imagen que tenemos en Colombia sobre la infancia y, sobre todo, la imagen de niña y mujer en la sociedad colombiana, ya que en las sesiones de psicomotricidad he encontrado patrones de crianza que no son igualitarios a los niños. Un ejemplo es la voz de los niños cuando una niña se extrovierte y salta y grita. Ellos responden que eso no lo hacen las niñas, o que ellas no derriben el muro por miedo porque dicen que eso es de niños.

Creo que es un campo amplio en el que debemos trabajar, al igual que el trabajo con la resiliencia, ya que pienso que es un ámbito en el que la psicomotricidad puede generar espacios en los que los niños, adolescentes y maestros que vivieron el conflicto armado puedan generar herramientas para la resiliencia y el perdón.

Así como Alexandra Moreno, en su tesis doctoral nos indica: “la práctica psicomotriz tiene como objetivos la simbolización, la reaseguración emocional profunda y la descentración tónico-emocional, y sus presupuestos teóricos y la metodología que propone son coherentes con las teorías del desarrollo de resiliencia en la infancia y la favorecen.” (Pinho, 2011:45).

Seguiré trabajando con esta propuesta de vida para una Colombia en paz y poder ofrecer mi saber desde la práctica psicomotriz.

Referencias Bibliográficas

  • Aucouturier, B. (2004). Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz. Barcelona: Graó.
  • Aucouturier, B. (1999). II Jornadas de práctica psicomotriz “actuar, jugar y pensar”. Madrid: Cefopp.
  • Arnáiz, P. (2001).La psicomotricidad en la Escuela: una práctica preventiva y educativa. Málaga: Ediciones Aljibe.
  • Chokler, M. (2000). Acerca de la práctica psicomotriz de Bernard Aucouturier. Buenos Aires: Publicaciones Fundari.
  • Izaguirre, H. (2004). Análisis de la psicomotricidad en el inicio de la escolarización: un estudio psicogenético y observacional del salto durante el tercer año de vida. (Tesis doctoral). Universidad País Vasco, Donostia, España.
  • Pinho, A. (2011). La promoción de la resiliencia en el vínculo establecido entre adolescentes y educadores en la práctica psicomotriz educativa. (Tesis doctoral). Universidad de Barcelona, Barcelona España
Sobre Diana Roció Ostau de Lafond. Educadora infantil y Psicomotricista
Cómo citar: Diana Roció Ostau de Lafond (2017). Una experiencia psicomotriz desde Colombia. Cuadernos de Psicomotricidad, 54, pp. 46–53. Luzaro.
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