Un ensayo sobre los fundamentos éticos de la PPA (2ª parte)

Nº 35 · Junio de 2008 · pp. 17–21

Resumen. Segunda parte de un ensayo sobre los fundamentos éticos de la Práctica Psicomotriz Aucouturier desde el psicoanálisis lacaniano. Recapitula que lo que humaniza es la irrupción de lo Simbólico en el organismo, propone una ética del deseo inconsciente y comenta la fórmula «Nosotros no formamos. Acompañamos al sujeto en su proceso de formación», entendiendo la formación como un proceso que no puede calcularse. Cierra con una bibliografía.

¿Qué Ética?

¿Qué sentido tiene lo anteriormente expuesto? Recapitulemos. A partir de los determinantes fundacionales de una determinada subjetividad humana, sostenemos que lo que nos humaniza es la irrupción de lo Simbólico en el organismo vivo. El efecto causado en esta operación, que no deja de ser traumática, es la transmutación de los instintos en “pulsiones”.

¿Tenemos pulsiones o más bien Somos pulsiones?

Un primer esbozo ya ha sido formulado. El de que las propiedades que horadan el efecto del lenguaje en el organismo son aquellas que articulan los cabos R, S, I en una estructura en-carnada. Lo hemos visto. Dichos filum que abrochan y tejen insensiblemente el conglomerado anudado son los de la Paradoja y la Imposibilidad. Eso es lo distintivo del ente que le conviene al ser.

Heidegger (04) afirmaba de manera socarrona que la culpa la tuvo Aristóteles y su lógica proposicional. Y apunta que sería interesante, en otro momento, tomar nota de los fundamentos epistémicos de una ontología oriental, tal y como propone cierto budismo zen. Su concepto de la escritura-corporal- como trazo y huella resulta de lo más esclarecedor.

¿Qué interés concreto nos resulta patente en los que estamos estudiando?: que en la Práctica Psicomotriz Aucouturier ponemos a la “persona” en el centro de nuestra concepción. Es decir, al sujeto del inconsciente como actor y ex-pectador del proyecto formativo y clínico.

A la “madeja óntica resultante”, a sus pliegues, circuncisiones, rizos, escotomas, prominencias, flujos, trazos, deyecciones, fronteras, torsiones, litorales, deslizamientos, orificios y bordes, “a la orografía pr(e)o-visional y contingente trenzada alrededor del vacío ontológico ex–sistenciario de la Cosa, la denominamos: Un Cuerpo”.

Formulada la cuestión de esta manera no quedaría claro del todo, la clásica afirmación lacaniana de que el sujeto es del orden del “ser” y el cuerpo del orden del “tener”. En cierto sentido si, y en cierto sentido no. Desde algunas lecturas habitamos, “tenemos” un cuerpo, pero entendido como un “ente resultante” habría que ver si no pudiéramos afirmar también que “somos”, que moramos un cuerpo. ¿»Somos: Tener Cuerpo”?

La operación se vislumbra algo mejor si mudamos la “esencia” del ser desde su estatuto simbólico al de lo real de la “ex-sistencia”, tal y como Lacan lo concibió en su última época. Con lo que la verdad pondría su acento no tanto en el significante Amo como en lo real del trazo, del rasgo uniano corporal.

Pues la cuestión de si el Ser precede a lo Ente o si la existencia lo hace a la esencia (Levinás, Sartre, Badiou) no ha dejado de atravesar la Historia del Pensamiento. Y sigue pendiente.

A modo de paréntesis, apuntemos que la manera de construir homológicamente el edificio epistémico que conlleva esta primera constatación son los pilares, las proposiciones que construirán un verdadero Paradigma Psicodinámico. A saber, el hecho de que “No hay relación sexual”, “No hay Metalen-guaje” y “existe al menos Uno que hace excepción al conjunto”. (De ahí devendrá la tecnicidad de nuestro saber-hacer).

En consecuencia, nuestro conocimiento se desinviste de sus otros estatutos. Ya no se tratará de una psico-logía, ni de una neurofisio-logía basada en la combinatoria de los circuitos neuronales. Tampoco está en cuestión una antropo-logía, ni una sociología. No. Más bien, apuntamos a sostener una cierta «somatosophía” en tanto saber sobre la estructura limítrofe de la globalidad corporal. O una “somato-logía”, que dé cuenta de la lógica de la razón, por el cuerpo, engendrada. (Una “eroto-logía” nos dice Lacan en el Seminario X de La Angustia). Es decir, la de la triple condición de “lo Humano”, que es la del Ser que es parlante (sentido, imágenes, significaciones), sexuado (significantes, diferencias) y mortal (goce, exceso, falta).

A este respecto, el saber que proponemos se aproxima más a una “anti-(de)filosofía” existenciaria o a una Deconstrucción pulsional.

Ferrater Mora. 71, resume sucintamente el campo delimitado por la Ética. Si etimológicamente “ética” gr. deriva de “costumbres”, Platón trató de examinar la idea del Bien a la luz de las ideas. Para Aristóteles la cuestión estuvo centrada en el desarrollo de las virtudes. El Cristianismo, fundamentó en Dios los principios de la Moral llegando a equiparar lo Bueno con lo Verdadero. Posteriormente, para los pensadores modernos el tema de estudio fue el origen de las ideas morales (Hobbes, Maquiavelo). Kant rechazó la idea de los bienes para procurar una ética formal, autónoma y rigurosa.

Contemporáneamente puede decirse que toda Ética es un compuesto de Formalismo (“a prioris”) y de Materialismo tanto de los Bienes (la búsqueda de la felicidad) como de los Valores (juicios positivos).

Por tanto: una ética generada desde tal, la del deseo inconsciente (Sem. VII. J. L.), alojará y estará pendiente de esta sentencia: “sólo somos culpables de ceder ante el deseo” (J. L.) como parte de la premisa lacaniana “lo que hubiere sido para lo que estoy llegando a ser”.

Non docemus sed propia formatione hominem docemus.

¿Cuál, es, será, entonces el aserto axiomático, el “eslogan”, el “imperativo” que funda nuestra concepción teórico-práctica? ¿Cuál es nuestra brújula que nos orienta cuando la nebulosa de “comprensión generalizada” nos impide a-vistar el “claro del bosque” (Heidegger)?

Reza así: “Nosotros no formamos. Acompañamos al sujeto en su proceso de formación” (B. Aucouturier).

Hagamos una pequeña exégesis de esta categorización.

“Nosotros no formamos”. Comienza la frase con una negación. Lo que no hacemos. “No formamos” en tanto implantación didáctica de determinados conceptos que serán aprendidos sin apre-hensión, cual abstracciones técnicas que desubjetivan todo proceso educativo o terapéutico.

No formamos en el sentido de “uni-formamos”, alienando al sujeto a ciertos ideales que le anteceden sin implicarle. En ese sentido nuestra formación no lo es al uso. Ya que no hay, desde nuestra perspectiva del sujeto del inconsciente, un programa, un proyecto que no pueda nacer y responder, que no parta de lo que el propio sujeto e-labore existenciariamente.

Pero este “Nosotros”, no es el todos. Hay una opción, una elección, que resulta coherente con los fundamentos y sus principios, que no necesariamente es compartida por otros. Es una elección riesgosa. La de saber que No-Todo depende de nuestra disposición. Es decir, se impone una “humildad” de partida. Humildad que pondrá el acento en la transmisión más que en la enseñanza, en la experiencia más que en la demostración. Somos “pasivamente activos” en nuestra pedagogía!

“Acompañamos al sujeto…” “Sujeto”, uno por uno. Radicalmente individual y particular. Con una historia y un modo de gozar la pulsión que le es propio. Pero un sujeto des-centrado de si mismo. Que no es dueño de sus elecciones a pesar de caer en la ficción de su autonomía. Pero, por lo mismo, es un sujeto de responsabilidad. Es decir, que puede hacerse cargo de las consecuencias del saber y hacer de sus actos. Que pueda responder sobre su cuota en aquello que resulta concernido. Y por tanto, tomar a su cuenta su deseo de saber, su curiosidad. El “discípulo” es el protagonista.

“Acompañamos”. Si el verdadero saber es el saber sobre la verdad que en cada uno habita, nuestra tarea no es tanto la de señalarla como la de “estar-de cuerpo-presente” en el desbrozamiento del desciframiento. Y en pos de esa verdad, que es la del deseo inconsciente, el formador intervendrá con el espacio, el tiempo, sus actos y sus dichos. Lo que en PPA denominamos el sistema de Actitudes del practicante.

¿Qué desea un formador? Un formador que merezca ser nominado como tal no cederá su deseo cual puro objeto de goce. Se trata de desear que el otro se autorice en su deseo. Por eso, acompañar es estar, transmitir, a veces callar, a menudo esperar, casi siempre animar, algunas prohibir, pero sin cejar de empujar a des-cubrir, a des-ocultar, a sorprenderse, a ex-presionarse y a convocar al azar y la posible contingencia.

“…en su proceso de formación”. La “formación”, como la mayéutica, es un proceso. Que no es lineal, ni constante. Más bien está hecha de rupturas, cortes, vadeos, escansiones, impasses, saltos, detenciones.

Realmente sabemos que dicho “proceso” no puede ser calculado “a la carta”, salvo que pretendamos hacer de “eso” una ingeniería. Nunca se sabe del todo lo que empujó a un sujeto a buscar la respuesta a una pregunta que se instaló de alguna manera. Con lo que menudo se “comprende” pasado algún tiempo. Otras veces, el olvido realiza lo que el sujeto ya decidió: no querer saber.

Nuestro cometido será entonces el de: crear las condiciones (setting, encuadre, marco, dispositivo, etc.) de posibilidad para que dicho proceso se dé.

“Hace falta tiempo para hacer-se al ser” decía Lacan.

Prudencia, paciencia, moderar las expectativas puestas, no forzar pero ser claros, invención, ironía, cierta in-creencia y sorpresa, serán útiles que nos allanan, sin garantizarlo, el camino que se en-camina.

¿A dónde? Sólo cada una o cada uno puede llegar a saberlo.

Pero uno desearía que esta modesta aportación preliminar, encuentre sus ecos en la curiosidad que incita nuestra formación interminable.

Referencias Bibliográficas

Aucouturier, Bernard. 04. Los fantasmas de acción y la Práctica Psicomotriz. Ed. Graó. BCN.

AAVV.05. Filosofía<>Psicoanálisis. Ed. 3 Haches.BBAA.

Sabían, C. 04. El oriente de Heidegger. Ed. Herder. BCN.

Ferrater Mora, José. 71. Diccionario de Filosofía. Ed. Sudamericana. BBAA.

Heidegger, M. 00. Ser y Tiempo. Ed. FCE. Madrid.

Lacan, Jacques: -75. Sem XXIII. “Le Sinthome”. Inédito. -60. Sem VII. “La Etica del Psicoanálisis”. Ed. Paidós. BBAA.

Kant, I.05. Fundamentación para una metafísica de las costumbres. Ed. Alianza. Madrid.

Alemán, J: “Nota sobre filosofía postlacaniana”. Ornicar? Digital.

Alemán, J. y Larriera, S. 01. El Inconsciente: existencia y diferencia sexual. Síntesis. Madrid.

Alemán, J. 03. Derivas del Discurso Capitalista. M. Gómez. Ed. Málaga.

Macola, E. y Brandalise, A. 04. Psicoanálisis y arte del ingenio. M. Gómez Ed. Málaga.

Nancy, J. L. 00. Corpus. Ed. Arena Libros. Madrid.

Derrida, J. 01. Estados de ánimo del psicoanálisis. Ed. Paidós. Madrid.

Deleuze, G y Guattari, F. 00. Rizoma. Ed. Pretextos. Valencia.

Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye imágenes que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.

Sobre José Ángel Rodríguez. José Ángel Rodríguez es médico, psicoanalista y psicomotricista. Miembro de la ELP de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (París); formador en Práctica Psicomotriz Aucouturier, coordinador de la Comisión de Formadores ASEFOP (Bruselas), profesor de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física, Universidad de Gales-EADE (Málaga); docente de la Facultad de Filosofía-USE (Sevilla); miembro de AEC, APP, AEH X-XI y del Comité Científico de AEPICSE.
Cómo citar: José Ángel Rodríguez (2008). Un ensayo sobre los fundamentos éticos de la PPA (2ª parte). Cuadernos de Psicomotricidad, 35, pp. 17–21. Luzaro.
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