“Non docemus sed propia formatione hominem docemus”¹
Al Profesor B. Aucouturier y al equipo de Luzaro-Bergara.
Prefacio
Es éste que presento un tema en el que deseaba detenerme hace ya algún tiempo. Nace de la necesidad de pensar la PPA a la luz de dos aspectos, que considero primordiales. Por un lado, la indefinición cada vez más prolija de las prácticas corporales y la laxitud de sus marcos de referencias. La Ley, por venir, de Ordenación Europea de los planes de estudio provoca un debate epistémico, clínico y, por qué no, mercantil en torno a los principios que definen el marco de la práctica educativa y terapéutica que proponemos desde la ASEFOP.
Pero también hay una razón personal. El verme confrontado a lo largo de mi vida profesional al triángulo medicina, psicoanálisis y psicomotricidad, me llevó a cuestionarme sobre los puntos comunes y las divergencias que presentan estos paradigmas. ¿Cómo le explico a un médico lo que es el inconsciente? La filosofía y los grandes pensadores de la epistemología y teoría de la ciencia vinieron en mi ayuda. Escribí algo en torno a esto sobre los Paradigmas que sustentan la PPA y dónde se coloca.
Pero cada vez me interesa, no tanto los modelos sobre los que se fundan las diversas concepciones de la subjetividad (humana), como el poder ir algo más allá. Al modo darridiano²: Deconstruir, capa por capa, dichos principios para arribar al “para-sí” que propone nuestra enseñanza. En el caso de que lo sea.
Eso me llevó a investigar el estatuto del Cuerpo, no desde una vertiente biologicista, etno-antropológica o evolutiva, sino sobre la relación que establece el Cuerpo con el Ser que en cada uno de nosotros habita. No es tarea fácil, ni puede pretenderse.
¿Cuál sería la “filosofía” que propone la Práctica Aucouturier?
Algo ya sabemos. Sabemos que no se trata de una Hermenéutica, que interpreta los signos corporales en toda una variada serie de significaciones. No es una Moral, en el sentido de la regulación de los actos subordinados a un Ideal previo, sea teológico, sea social. Ni es una Teleología, en el sentido de las finalidades que nos orientan a partir de una consistencia metafísica. Ni, por supuesto, una Teología negativa. Tampoco se trata de la Adaptación al medio como proponen ciertas psiquiatrías o pedagogías aplicadas. Ni de un Naturalismo.
¿Apuntamos entonces a un “nihilismo” postmoderno “blando”, en tanto “si Dios ha muerto todo vale” que refería Dostoievski y la consiguiente “caída de los grandes Relatos”? ¿Un Humanismo racional Moderno? ¿Una utopía emancipadora del lumpenproletariado?
No tampoco. ¿Pues?
¿Cuál es la Idea, los priori, que fundan lo que de existente en lo humano-nunca acabado hace dichos y hechos? Pensémos-lo (se trataría de articular acá a Heidegger y Husserl con Freud, Lacan y J. A. Miller. A Derridá con Aucouturier y Deleuze. Sin olvidar a algunos clásicos, claro. Todo un proyecto).
¿Qué versión del Sujeto proponemos?
Si pusiéramos a conversar a Lacan con Heidegger, les propongo detenernos en alguna sutura conceptual que comanda sus derroteros. En las tópicas y topologías que abren el pensar freudo-lacaniano, en sus “invariantes subjetivas”, allá donde Heidegger escribe consistencia, esencia y existencia, Lacan los traducirá como Imaginario, Simbólico y Real.
¿Qué determina estructuralmente la triple primera condición antes citada?
Otra manera de anotar los registros, tempranos, en la obra lacaniana, sería la de responder que las lógicas que se expanden y despliegan a partir de este tríptico apenas esbozado las podemos denominar: La Conformación (Imaginario.), la Satisfacción (Real) y la Interpretación (Simbólico).
El Sujeto, interpreta (Simbólico): El Dasein (Ser-ahí), en tanto pastor del Ser, es habitado por el Lenguaje. Lenguaje originario, a-semántico, Lalangue³, cuya misión es horadar, provocar la primera fisura, orificio o falla, vacío o escansión, que dará vida a la Cosa. Es la Represión primaria freudiana, las representaciones de Cosa, los rasgos unianos en Lacan. Hay lo Uno. Pero lo Uno no hace al sujeto. Lo uno hace señales, signos inefables, que son el sueño de los comunicólogos y el azote de los psicóticos. Es la Alienación a este trazo –el corte en los lienzos de Lucio Fontana⁴– el que nos aproxima al “litoral”. El inconsciente está hecho de litoral; una costa que es cabeza de playa y es de “litos”, de piedra (la “roca de la castración” freudiana). Es la escritura de las letras corporales, así sean indescifrables o imborrables al menos por una buena temporada. El Lenguaje, sin embargo es una elucubración de Lalengua⁵. El lenguaje es la Separación, la segunda muerte, la sadeana⁶, la del significante. Una vez que ha muerto el cuerpo, queda la memoria en su historia genealógica. Alienación a la Separación que el Otro impone. Por eso el inconsciente es el inconsciente del Otro. A costa de que la barra del significado, del sentido y de las significaciones hayan podido operar. Es el establecimiento del 0 como cifra, después de los diversos Uno. El 0. Para o, seriar el 2…n de la neurosis o para suplir la imposibilidad de su construcción con los relatos imaginarios de una metáfora no edípica en el caso de las psicosis.
La separación, entonces, está menos garantizada aún que la alienación, que no necesariamente lo está del todo.
El establecimiento de la barra simbólica, que borra y barre, establece Una imposibilidad sólo pertinente en lo Humano. Mejor dicho, varias. Lo desarrollaremos más adelante.
¿Qué es interpretar? Que ese grito del cachorro humano o el murmullo de mi “voz de la conciencia”, ante todo, y es condición sine qua non, me “apela”. Me llama, me toca y me a-tañe. Pero además, que “quiere” decir, algo… no lo sé, pero re-quiere de una lectura. El inconsciente es una máquina de interpretar, nos dirá J. A. Miller⁷.
Si un “significante representa a un sujeto para otro significante”, lo propio del interpretar es elegir. Elegir, ya es perder. Perder, ¿qué? La certeza del signo instintivo, inefable y oracular.
Es decir, introducir, clavar -se dijo que la letra “con sangre entra”- la barrera entre los decires y los dichos y entre lo oído y escuchado, permite tomar al mensaje de la mano para incluirlo en los elementos que componen una Relación. Resultado de esto será la estructuración del sistema significante con unas leyes que le son propias: la condensación y el desplazamiento.
La alienación a lo simbólico trae aparejado, a causa de tal la confusión, el embrollo, lo medio-dicho y el sin–sentido. Perder, en consecuencia, para ganar. Porque en tanto inter-pelado no puedo dejar de responder. No responder no deja de ser otra manera de responder. “Es únicamente por el equívoco que la interpretación opera” (J. L. 75). El Deseo inconsciente es una de las respuestas posibles a la Falta-en-ser, a dicha sustracción originaria a la que los humanos nos vemos arrojados.
Imposibilidad de Certeza, pues, salvo en el caso de las señales “reveladoras” claro, e imposibilidad de No Responder.
Lo que nos pone por delante la imposibilidad de la Totalidad en lo referente a los sujetos. La Totalidad está vedada en la materialidad significante, aunque no deje de in-vocarla. De ahí la paradoja de la “ambivalencia” afectiva. Por ejemplo, no hay amor sin odio, no hay bondad sin culpa, escribieron tanto Freud como Lacan.
Al límite, a la frontera, a la función de “membrana” que nomina, da significación y por lo mismo localiza y fo-caliza las Cosas, la denominamos los Nombres del Padre. Es condición inexcusable para el establecimiento del Lenguaje.
Efecto de tales imposibilidades será algo tan obvio que no existen, por definición, dos vidas humanas iguales, dos devenires que resulten clónicos, equivalentes. Paradoja constitutiva donde por no terminar de encontrarnos jamás, no cesamos de buscarnos. O, por nunca terminar de decirlo todo, no cesamos de intentarlo.
El Humano, se Con-Forma (Imaginario): Si la entropía significante apela a la Ley para establecer un mínimo orden, será del lado de la imagen donde la castración simule, “semble”, encontrar su unificación. Imagen que nace alienada a lo simbólico preexistente, pues si éste, en precario, no se en-cadena a una estructura, difícilmente la forma global tomará figura.
¿Cómo sucede? Los retazos fantasmáticos de la Demanda del primer Otro, denominado Deseo de Madre, prenderán en el cuerpo del bebé conformando una “gestalt”, una uni-fixación a partir de la nominación: “tú eres ése”. En el tú eres, tenemos el “tú tienes…”, del que el cachorro de sujeto se apropia en su júbilo narcisístico. Por eso, el “yo es otro” rimbaudsiano podrá luego afirmar: “yo es no-otro”. Doble movimiento de reconocimiento-diferencia de uno mismo y de los demás .Y será en este movimiento espectacular, especular, donde comience a asentarse la primera identidad en tanto conciencia yoica de su realidad. Efectos de este atravesamiento serán: el punto de amarre que es la imagen corporal, la rivalidad agresiva y el placer del Dominio, su función de síntesis y también de desconocimiento. Y la separación del yo ideal y el Ideal del yo.
Entonces: la imagen centripeta lo que el empuje centrífugo de la cadena significante infinitiza, marca y jalona.
La Pulsión se satisface (Real): La Cosa libidinal no reabsorbida por la palabra o la imagen, instaura lo Real de la pulsión. La pulsión es un goce sin cifrar aún, pero tamizado por el primer corte de su intromisión. Su valor de goce es un plus o una falta al valor meramente significante de la letra. Es así que a pesar de un similar sentido la palabra se particulariza en su valor subjetivo. Son lo que llamamos “significantes en lo real”. El hecho de la multiplicidad, pero no infinitud de significantes, más que el hecho de ser tomados uno por uno, es su lugar en la cadena misma el que porta un diferente valor libidinal, pulsional. Cada palabra y letra, en cada uno, tiene un diferente valor cuantitativo que le es propio. Por eso el goce es lo más particular, definitorio e inconfesable de cada quien.
Si la imagen unifica y el significante, discreto, estructura, lo real de la pulsión fluye. Si el significante re-presenta, la pulsión presenta. Si el significante instaura el Lazo social, la pulsión es sorda, muda y ciega. Lo real, ex-siste, siendo justo y en tanto esto que excluye al sentido. Es por eso por lo que nunca dos sujetos gozarán de la misma manera.
No hay Relación o encuentro exacto posible con el otro a nivel del goce: otra imposibilidad más aún.
La pulsión es de otro orden. No es significante. Es empuje sin objeto, con un origen, dirección, un valor y siempre circular, de ida y vuelta. Pero parcial, eso sí. Hete ahí, otra gran imposibilidad: la relación definitiva entre La Palabra y La Cosa-en sí. Al modo nietzshiano, entre los mitos y la ciencia, o entre las palabras y los números al modo heideggeriano. Más bien será que No-Todo resulta metabolizado por lo simbólico. El “nudo” existe al elemento cuerda, consistente, comenta Lacan en el año 75.
Si el deseo de la falta estructural está siempre insatisfecho, la pulsión siempre se satisface. Y lo hace de dos maneras.
Por la vía del Placer. La tensión se distiende volviendo el organismo a su primitiva homeostasis. El retorno a un equilibrio anterior que restaure su compensación. Es más propio de lo “animal” del individuo en tanto demanda de satisfacción. La cuestión es que la demanda no se agota en su respuesta.
Por la vía del Goce. Camino paradojal pero estrictamente humano. Es el más allá del Principio del Placer freudiano. Una satisfacción que siendo displacentera alcanzara sus propias finalidades. Pero en caso de aspirar a una finalidad última sería la de la muerte: Pulsión de Muerte. Si la pulsión no queda mordida por lo simbólico –ni por otras vías, sintomáticas, fantasmáticas o sublimatorias– conduce siempre a lo peor. Su expresión más pura es el Acto pulsional, donde la suspensión del pensamiento deja al humano librado al capricho de la Demanda de la Cosa como objeto despersonalizado. Es lo siniestro de ciertas prácticas perversas o adictivas, de ciertas patologías crónicas o de ciertas afecciones corporales tan “habituales” hoy en día.
Notas
1. Haremos referencia en la segunda parte.
2. De J. Derrida, padre del deconstruccionismo. En arquitectura, deconstructivismo.
3. Término acuñado por J. Lacan en su última enseñanza para señalar una mixtura de real e imaginario.
4. Lucio Fontana: pintor conceptual reconocido por los cortes y rasgaduras de sus lienzos
5. Término asumido en castellano de Lalangue.
6. Referencia al Marqués de Sade. La segunda muerte, la que pedía para él, no es la del cuerpo orgánico, sino la de la memoria, la de las inscripciones históricas que marcan a un sujeto.
7. Primer Delegado General de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y heredero intelectual de la obra de J. Lacan.
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