Todo lo que nos dan

Nº 37 · Octubre de 2009 · pp. 17–20

Resumen. Reflexiona sobre la relación de la psicomotricista con las familias de niños de 0 a 6 años: por qué trabajar con los padres, cuándo se dan esos encuentros y cómo plantearlos.

En mi experiencia como educadora y psicomotricista me preocupo por reflexionar sobre los aspectos que más me inquietan, así como sobre la relación que establezco con las familias.

Siempre he creído lo importantes que son los padres para los niños de 0 a 6 años. El vínculo que un niño de esta edad tiene con sus padres es de mucha fuerza. La madre y el padre son para el niño las dos figuras primordiales en su vida. Los padres representan la permanencia, la estabilidad afectiva y la continua referencia para éste.

Siendo consciente de lo significativo que resulta para el niño la figura de sus padres, yo, como educadora y psicomotricista, como acompañante de ese niño en su proceso madurativo, debo preocuparme por la relación que establezco con ellos. Trabajar conjuntamente con esas familias supone trabajar de una manera más ajustada con el niño.

Esta reflexión es la que me lleva en más de una ocasión a formular preguntas, a plantear situaciones ya vividas, a concretar las características para una relación ajustada y a repensar cuál es el objetivo de estos intercambios. Por el contrario, no me resulta fácil definir claramente todas las ideas y no tener ninguna duda. Según vaya adquiriendo experiencia en mi profesión, es probable que adapte la relación que mantengo con los padres a mis nuevas reflexiones. Considero que lo más importante es poder permitirme un tiempo de meditación y poder estar en sintonía con todo lo que vivo, para así tener más conciencia de cómo lo hago y por qué. La experiencia vivida hasta ahora es la que me hace sentir que lo que a continuación os voy a exponer es lo más adecuado que puedo hacer ahora.

¿Por qué este trabajo con los padres?

1. Son los padres las figuras más importantes en las vidas de los niños de 0 a 6 años.

2. Son los padres quienes conocen realmente a sus hijos. Las educadoras y psicomotricistas solamente somos una parte en su historia.

3. Considero interesante que los padres conozcan el trabajo que realizo con sus hijos, entre otras razones, para poder trabajar con coherencia y en colaboración.

4. Percibo la necesidad que tienen los padres para hablar de sus hijos; la necesidad de una verdadera comunicación. Más que un “bien, mal, suficiente y muy bien” reclaman una respuesta de quién es su hijo y qué es lo que hace.

¿Cuándo se dan entonces estas relaciones y cómo son?

1. En las entradas y salidas: aprovecho estos momentos tanto para saludar a los niños como para acoger a los padres. Además existe la posibilidad de intercambiar información en ambas direcciones. También considero éste un momento apropiado para observar la relación entre padres e hijos y sus características, corporales (no verbales) y verbales.

2. Reuniones o espacios abiertos a la comunicación: normalmente, si no existe la necesidad de hacerlo individualmente, son tres las reuniones que realizamos durante el curso y éstas suelen ser grupales. Mi intención en estos encuentros es la de crear un espacio con carácter de intercambio: un espacio para enriquecernos, mutuamente, con las experiencias que nos aportan los demás, creando un ambiente de escucha. Así que opto por evitar todo discurso intelectual e intentar tener una actitud de escucha emocional hacia las familias. Yo escucho para que ellos puedan hablar.

Éstos son en definitiva los aspectos que más en cuenta suelo tener para llevar a cabo un encuentro de comunicación con las familias, en el contexto de educación psicomotriz extraescolar:

a) A principios de curso: después de habernos presentado, sugiero a los padres que planteen las razones para derivar a sus niños a las sesiones de psicomotricidad: de quién ha sido la elección, si sus hijos saben que van a asistir y cuáles son las expectativas que tienen en cuanto a las sesiones. Toda esta información puede resultar de gran ayuda para más adelante. En este primer encuentro, además, explico cuál va a ser el trabajo que voy a llevar a cabo con sus hijos, para que así conozcan en qué consiste la práctica psicomotriz educativa. Entre otras, les comunico cuál va a ser mi rol como psicomotricista en el proceso madurativo de sus hijos; les comento brevemente cuáles son mis objetivos, entre ellos haciendo hincapié en la importancia de intercambiar información, teniendo en cuenta que ellos y yo “somos compañeros en una tarea, y no competidores” (Lola García); y mediante ejemplos sencillos, les explico cómo es una sesión de psicomotricidad. Al final, les cedo la palabra nuevamente para que puedan plantear dudas, compartir alguna reflexión o hacer alguna sugerencia.

b) A mitad de curso: primeramente abro un espacio de comunicación donde planteo preguntas sobre cómo ven a sus hijos y cómo se sienten con las sesiones y con las relaciones establecidas. Una vez hecho esto, comento cuál ha sido la evolución del grupo en general: qué es lo que hacen sus hijos, a qué juegan y cuál es el sentido de esas producciones. Si es necesario, aclaro cuál es mi respuesta como adulto ante alguna situación concreta. Pero en esta reunión, sobre todo, aprovecho para devolver la tranquilidad a los padres, ante esa sensación de incompetencia que sienten; intento expresarles que tanto ellos como sus hijos son personas con capacidades y que deben creer en ellas. Creo que los padres quieren lo mejor para sus hijos y por tanto es desde ahí como me dirijo a ellos. Cuando veo que puede ser de ayuda les ofrezco alguna frase para que resuene en su interior y les invite a reflexionar en cuanto a su actitud como adultos en relación con sus hijos.

c) A finales de curso: ahora que nos hemos conocido un poco más, les doy la opción de participar en una sesión vivencial. En esta sesión los padres tendrán la oportunidad de realizar un itinerario similar al que se lleva a cabo en una sesión de psicomotricidad. Una vez que han experimentado y sentido todo tipo de emociones que ofrece una sesión vivencial como ésta, les muestro, previo consentimiento de sus hijos, algunas de las fotografías de los niños recopiladas en sesiones anteriores. Es de esta manera como vivirán y comprenderán desde cerca lo que sus hijos hacen en las sesiones. Es en este contexto, por tanto, donde más van a conectar con las emociones de sus pequeños y van a poder ajustarse más adecuadamente a las necesidades de cada uno de ellos.

Generalmente, los padres que llevan a sus hijos a estas sesiones, son personas que se implican, que se preocupan de la educación de sus hijos y que no delegan el hecho y el deber de educar en los psicomotricistas. Son familias que están concienciadas en la tarea de educar.

Es por ello por lo que intento demostrar a estos padres que tienen motivos para creer en sus capacidades, como cuando dejan a sus hijos en mis manos. Los padres me hacen un regalo cuando traen a sus hijos a las sesiones.

Este texto va en honor a todos ellos; todavía debo mucho a estas familias.

Referencias bibliográficas:

Aucouturier, B. 2004. Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz. Barcelona. Editorial Graó.

García Olalla, L. 2007. Los malestares del niño. Seminario UNED, Bergara.

Parellada, C. 2007. Ver, observar, percibir: la mirada de la psicomotricidad como fuente entre la familia y la escuela. VIII Jornadas de práctica psicomotriz, reeducación y terapia, Vitoria-Gasteiz.

Herrero, J., Martínez Calabuig, J., Serrano Hortelano, I. y Wijnakker, M. 2008. II Jornadas de educación y crianza La Serrada. Alicante.

Sobre Ianire Jaio. Ianire Jaio trabaja como educadora en la Haurreskola de Bergara (Gipuzkoa) y como psicomotricista extraescolar en diferentes centros educativos de Arrasate (Gipuzkoa) y Elorrio (Bizkaia).
Cómo citar: Ianire Jaio (2009). Todo lo que nos dan. Cuadernos de Psicomotricidad, 37, pp. 17–20. Luzaro.
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