Re-construir la psicomotricidad

Nº 37 · Octubre de 2009 · pp. 14–16

Resumen. Dos educadoras relatan cómo se desarrolló la psicomotricidad en su centro tras el curso bienal y la charla que ofrecieron al profesorado sobre sus beneficios y sobre la actitud de no hacer, no juzgar y no dirigir.

Recién terminado el curso bienal de psicomotricidad y siendo éste el segundo curso como responsables de la psicomotricidad extraescolar, escribimos este artículo contando nuestra experiencia acerca de la charla que dimos al profesorado del centro, donde se habló de los beneficios de la psicomotricidad y marcamos unas pautas que les pudieran servir para las sesiones, con la intención de que entendieran la importancia que tiene a la hora de comprender al niño.

Al mismo tiempo, en este artículo también redactamos la evolución que ha tenido el centro en estos últimos dos años en relación a la psicomotricidad.

Al comienzo del curso 2002-2003, los centros Betherram, Hijas de Jesús y Milagrosa, cesan sus actividades y forman un único centro llamado Iraurgi. Cada centro tenía su idea y su formación respecto a la psicomotricidad, por tanto, las niñas y niños podían disfrutar de la “psicomotricidad”, pero sin una base firme; para entonces el interés que la asignatura de psicomotricidad había despertado en la escuela de Magisterio iba creciendo y decidimos embarcarnos juntas en la aventura del “SABER”; saber qué hacíamos (o qué no hacíamos) y por qué lo hacíamos (o por qué no lo hacíamos), matriculándonos para ello en el curso bienal.

La teoría del primer año nos resultó tan interesante e hicimos tantos proyectos, que para cuando nos dimos cuenta estábamos inmersas en el segundo curso y teníamos que realizar las prácticas; a esto se le unió la idea que el colegio tenía de crear la actividad extraescolar de psicomotricidad, pero les falló la psicomotricista con la que habían hablado; entonces decidieron proponérnoslo a nosotras, y así es como empezó nuestro trabajo como psicomotricistas y comenzamos a poner en práctica nuestros proyectos.

Nuestro primer trabajo fue adaptar el aula que había en la escuela, para lo cual tuvimos que conseguir material como quitamiedos, colchonetas, material de relleno, material para la representación (maderas, etc.), y distribuimos el aula lo mejor que pudimos teniendo en cuenta las instalaciones que tenemos.

Hacía tiempo que también teníamos en la cabeza cambiar ciertas cosas que hacían completamente imposible que las niñas y niños disfrutaran de una sesión de calidad, escuchándoles, siendo referencia de seguridad, como, por ejemplo, separar las tres aulas de dos años que hacían juntas las sesiones (juntándose 50 niñas y niños en ellas), o alargando las sesiones de los demás grupos que sólo eran de 45 minutos y carecían de espacios como el de representación (expresividad plástica).

Para conseguir todo esto hablamos con dirección, haciéndoles entender la importancia de los cambios, explicándoles los porqués de nuestras nuevas ideas, y comprometiéndonos a dar una charla informativa sobre la psicomotricidad al resto del profesorado de infantil (0-6). Para ello, contamos con otra compañera, Ana Zendoia (profesora que está realizando el segundo año del curso bienal), que se unió a nuestro proyecto. Entre las tres preparamos la charla que antes hemos mencionado y redactamos un artículo de siete folios, en el cual hablamos de los objetivos de la psicomotricidad, de la organización del tiempo-espacio, del papel del psicomotricista, de la evolución psicomotriz de las niñas y niños y, ¡cómo no!, de la importancia de la psicomotricidad.

Dado que cada una de las tres estamos en etapas diferentes, repartimos lo que íbamos a tratar por etapas y cada una explicó y habló de la etapa que le correspondía y que mejor conocía.

Por lo general, lo que más interesó al resto del profesorado fue la organización del tiempo-espacio y la labor del psicomotricista: querían saber qué es lo que debían hacer y les resultó extraño oír que “NO HACER” era lo que más debían hacer; no juzgar, no dirigir, etc.

Poco a poco, después de la charla y de responder a preguntas y dudas que nos fueron realizando, creemos que en general entendieron la idea de que lo principal es empatizar con las niñas y niños y ser compañero simbólico. Que cuando se sienten respetados y en un ambiente de confianza, no tienen miedo a ser juzgados y son capaces de mostrar su imaginación, sus emociones, etc. Es decir, que dejando los prejuicios y aceptando a la niña o niño tal cómo es, llegaríamos a conocerle en su ser.

La verdad es que fue muy gratificante poder explicar a nuestras compañeras e intentar transmitir lo que, gracias al curso bienal, a las co-partipaciones, a las prácticas, etc., llegamos a darnos cuenta. Sin olvidar que aún nos queda mucho camino que recorrer, trabajando por y para las niñas y niños y sensibilizando a educadores y no educadores.

De la misma manera, es un placer poder contar nuestra experiencia y animaros a divulgar ésta práctica tan beneficiosa tanto para niños como para adultos, ya que en nuestro caso la psicomotricidad nos ha cambiado la manera de ver, comprender y trabajar con las niñas y niños.

Sobre Izaskun Camarzana, Itziar Larrañaga. Izaskun Camarzana e Itziar Larrañaga son educadoras infantiles y psicomotricistas en la escuela Iraurgi de Azpeitia (Gipuzkoa).
Cómo citar: Izaskun Camarzana, Itziar Larrañaga (2009). Re-construir la psicomotricidad. Cuadernos de Psicomotricidad, 37, pp. 14–16. Luzaro.
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