Para ir abriendo expectativas en las XII Jornadas de noviembre 2015

XII Jornadas · Noviembre de 2015 · pp. 10–13

Resumen. Presenta una visión de la psicomotricidad como disciplina joven con distintas corrientes según cómo se entienda el cuerpo, recoge la definición consensuada por la FAPEE y plantea una intervención interdisciplinar y en red. Repasa después las características de la primera y segunda infancia, desde el embarazo hasta los 7 años, y concluye que la práctica psicomotriz ve al niño como sujeto activo, con observación interactiva e intervención no directiva.

EL JUEGO EXPRESA EL SENTIDO DE LAS NECESIDADES Y VICISITUDES EVOLUTIVAS

“Su trabajo consiste en jugar. El juego es la tarea del niño” -El código del alma- James Hillman.

La psicomotricidad es una disciplina joven, aún no un siglo, que ha ido evolucionando.

Ernest Dupré fue el primer médico que utilizó este término en 1925.

Durante este período se han ido creando diferentes corrientes y tendencias que han diversificado las diferentes formas de entender la psicomotricidad.

La psicomotricidad interviene sobre el cuerpo y esta diversidad de corrientes tiene que ver con las diferentes formas de entender el cuerpo.

André Lapierre i Bernard Aucouturier (1980), hablando de las diferentes posibilidades de abordarlo en una relación de ayuda psicomotriz, utilizan una imagen topológica: una manera de estratificación en capas sucesivas, en la cual cada una recubre a la siguiente.

«En la superficie, en el nivel más aparente, el cuerpo instrumental; equilibrio, coordinación general y óculo-manual, lateralidad, etc.

Por debajo, todo un substrato cognitivo, muy vinculado a la motricidad voluntaria, a la acción, a las experiencias sensorio-motrices y posteriormente perceptivo-motrices; cuerpo propio, esquema corporal, organización y estructuración espaciotemporal, organización semántica a partir de las nociones fundamentales, etc.

Más profundamente todavía, toda la organización tónica, involuntaria, espontánea, parte integrante de la vivencia afectiva y emocional, vinculada forzosamente a las pulsiones, a las prohibiciones, a los conflictos relacionales y al inconsciente; un obrar espontáneo cuya significación simbólica no puede ser ignorada.

Finalmente, lo que nos parece actualmente ser el núcleo más profundo de la personalidad, toda una problemática fantasmática, ligada a la vivencia imaginaria del cuerpo en su relación con el otro y con el mundo. Un imaginario inconsciente que condiciona toda la vida relacional.

Existen necesariamente interacciones e interferencias entre esos distintos niveles y la mayoría de los actos de la vida corriente están predeterminados por influencias a la vez corticales y subcorticales, corticomotrices y tónicas, conscientes e inconscientes, racionales, simbólicas y fantasmáticas».

Las diferentes intervenciones y formaciones en psicomotricidad se nombran con cualificaciones que expresan sus principios y tendencias:

Funcionalistas: reeducación motriz, rehabilitación, fisioterapia,

Psicodinámicas: psicomotricidad relacional – vivencial, práctica psicomotriz, psicomotricidad de integración, psicopraxis,

Teorías y escuelas de pensamiento que actualmente se ven desbordadas por la rapidez de cambios, novedades y singularidades.

Aunque el enfoque sea genuino, específico y diverso, como acostumbra a pasar en las ciencias humanistas y psicológicas, los instrumentos son los mismos: el cuerpo, la acción y el movimiento.

El Fórum Europeo de Psicomotricidad, en un intento de unificar criterios, en el año 1996 propuso una definición del término psicomotricidad, la cual fue revisada y consensuada por la «Federación de Asociaciones de Psicomotricistas del Estado Español (FAPEE):

“Basado en una visión global de la persona, el término «psicomotricidad» integra las interacciones cognitivas, emocionales, simbólicas y sensorio-motrices en la capacidad de ser y de expresarse en un contexto psicosocial. La psicomotricidad, así definida, desempeña un papel fundamental en el desarrollo armónico de la personalidad. Partiendo de esta concepción, se desarrollan distintas formas de intervención psicomotriz que encuentran su aplicación, cualquiera que sea la edad, en los ámbitos preventivo, educativo, reeducativo y terapéutico. Estas prácticas psicomotrices han de conducir a la formación, a la titulación y al perfeccionamiento profesional y constituir cada vez más el objeto de investigaciones científicas” (Pedro Pablo Berruezo)

En el contexto de una intervención interdisciplinar sea en educación como en sanidad, la psicomotricidad no tiene sentido como materia aislada, es una actividad globalizada y globalizante, transversal dentro de un trabajo en red.

Otro de los puntos cruciales es la manera de entender al infante: un ser capaz de construir su propia historia a través de las relaciones que establece con las personas de su entorno.

Pretendemos que el niño/a se sienta libre de hacer y manifestarse en un espacio pensado para que esto sea posible, sobre todo a nivel de movimiento i de cuerpo donde el aspecto lúdico es fundamental.

CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA PRIMERA Y SEGUNDA INFANCIA

Las tendencias actuales psicológicas y pedagógicas, sean de la línea que sean, están de acuerdo en otorgar a la franja de los cero a los 3 años una importancia vital en el desarrollo de cada individuo.

La segunda infancia que comprende las edades de 3 a 7 años se asientan en esta base dando paso a la pubertad y la adolescencia fundantes del futuro paso a la adultez.

Unos infantes que actualmente pertenecen a entornos familiares, escolares y culturales bien diversos y cambiantes que influyen ampliamente en su vida i en su tendencia innata y evolutiva. Se viven formas de vinculación plurales y se entienden diferentes las leyes y la autoridad desplazadas de la forma tradicional.

Nuestra sociedad occidental del siglo XXI, con una prevalencia de la aceleración, lo mutante, de los aspectos cognitivos sobre los afectivos y sociales, de la multiplicidad de roles, de la inestabilidad y la agitación… de las carencias primarias y las grandes oportunidades, de las tecnociencias.

Siguiendo la clasificación que hizo el profesor J. de Ajuriaguerra (1970) y que está plenamente vigente, vamos a explicitar los hitos evolutivos más significativos de estas edades que a su vez están sometidos a unas leyes generales filogenéticas, de entre las que extraemos:

  • de la genética biológica al entorno estimulante
  • de la cantidad a la cualidad
  • “de lo céfalo a lo caudal i de lo próximo a lo distal”
  • De la globalidad a la discriminación
  • De la imitación a la autonomía
  • De la utilización del cuerpo a su conocimiento
  • De lo reflejo al control del movimiento y al gesto expresivo, es decir de les áreas cerebrales subcorticales y automatizantes a la preponderancia de la corteza cortical que es donde se organiza lo somato-sensorial, la percepción, los movimientos voluntarios, el lenguaje y el razonamiento (más específico del hemisferio izquierdo), el pensamiento creativo y la imaginación (más específico del hemisferio derecho). Para llegar al refuerzo desde las áreas asociativas de la corteza que interrelacionan los dos hemisferios y que nos permiten dar sentido a las acciones y situaciones y progresivamente acceder y pensar los símbolos y la abstracción.

En los meses de embarazo podemos distinguir dos etapas: los primeros cinco meses donde el feto depende del cuerpo de la madre se crea un vínculo básico y arcaico con los padres. Se crean huellas en la memoria tónico-emocional de una forma no consciente. Los últimos meses hasta el parto es necesario que el bebé adquiera una cierta autonomía de sus órganos y utilice su sensorialidad, su sentido del equilibrio, el peso. Se va originando su carácter.

Las conquistas del primer año están marcadas por una actividad neurológica refleja e involuntaria y el sistema piramidal. Vive en un estado de indiferenciación y de simbiosis: ¡todo es él!

La fase oral según Sigmund Freud y el estadio de la impulsividad motriz y emocional según Henri Wallon. Va adquiriendo fuerza para hacer presión, manipular, hacer la pinza, sentarse, gatear, señalar, ponerse en pie. Fija la mirada, sonríe, explora, experimenta la comunicación con agitación. Busca compensaciones para el “nirvana” perdido. La vida real y fantasmática conforman un todo. Las emociones se convierten en reacciones expresivo-afectivas y necesita objetos, espacios que le ayuden a avanzar hacia la separación.

Alrededor de los 2 primeros años, el niño da los primeros pasos de forma independiente al tener más equilibrio, soporte tónico muscular y coordinación. El andar le permite explorar e investigar con su cuerpo y más allá con los objetos, el espacio que ávidamente tira y desordena. Es un gran imitador, repetidor y tiene cierta práctica ilógica: “ley del efecto”. Vive el momento. Estamos hablando de la etapa proyectiva según Henri Wallon que marca el preludio de la capacidad posterior de representación y Jean Piaget habla de la inteligencia sensoriomotriz. Cómo ser global que es, no puede saber si no toca, siente y actúa al mismo tiempo. Aprende y vive por contrastes. Más complejidad y plasticidad neuronal que le ayuda a comprender mejor tener una lenguaje más amplio que los monosílabos, se desarrolla la capacidad de discriminación perceptiva, de interiorizar y memorizar. Será la etapa del espejo, la del no y del sí que le ayudarán a asimilar el proceso de separación – diferenciación-identificación y el principio de permanencia.

Los tres años es una etapa de autoafirmación y de omnipotencia con una movilidad más armónica y un ejercicio de las capacidades motrices con más habilidad y riesgo. Conquista de la altura, el salto y la caída. La coordinación viso-manual está bastante madura: abre, cierra, come solo, manipula con la pinza y precisión… esto le permite sentirse una unidad primera corporal, afectiva y expresiva que alarga y representa mediante el trazo y el mundo plástico.

Le interesan los hábitos y el orden que le dan referencias y seguridad. Puede estar atento a cuentos y canciones, y su lenguaje ha mejorado en términos de cantidad, calidad, significado y función. Se inicia el control de los esfínteres.

La fase anal y el inicio del complejo de Edipo según el psicoanálisis. Su curiosidad exacerbada y la capacidad de relacionar y comunicarse le permite el juego individual en el grupo. Vamos hacia la triangulación, el proceso de individuación, el acceso a la objetividad y el descentramiento.

De 4 a 6 años, hay una apoteosis y perfección en la motricidad: coordinación dinámica general, equilibrio y eje, fuerza, resistencia y potencia muscular, funcionalidad y precisión motriz, formación del esquema corporal, lateralidad definiéndose, regulación tónica y movimientos creativos. Gestos, actitudes y posturas son armónicos y expresivos. Hay una percepción de ritmo, de la duración, de los conceptos espaciales y las diferentes formas. El juego simbólico muy rico toma referencias del mundo real que va interiorizando y el mundo de la fantasía. El cuerpo es vivido desde sus funciones motrices, desde el afecto, cognición y relaciones. Hay un gran interés en las relaciones sociales: espontaneidad, cooperación, empatía, colectividad. Tiene un pensamiento creativo y envuelto por sentimientos de confusión y ambivalencia. Se reafirma por la confrontación. Hay un pensamiento intelectual que le permite recordar, codificar, asociar, jugar con la alternancia y la continuidad. Es la etapa del personalismo, de la subjetividad según Wallon y la fase fálica de Freud. Se inicia formación del superyo y las identificaciones secundarias.

A partir de 7 años, decimos que es la etapa púber, de las representaciones mentales y del conocimiento de su propio cuerpo. Utiliza toda la energía para desarrollar y fortalecer su yo. Pérdida del mundo mágico y la entrada en el mundo ilógico.

Hay un “desinvestimiento” de las figuras parentales. La entrada en el mundo de las ideas y de los valores con una evolución de la inteligencia y la maduración neurológica. Estos hechos coinciden casualmente con el momento de la entrada en la educación primaria, el final de la infancia. Elaboración y tramo final del complejo de Edipo y aparecen los ideales.

Dicho esto, nuestra práctica psicomotriz piensa en el niño y la niña como unos sujetos activos en su propio crecimiento y nos basamos en la observación interactiva y en la intervención no directiva a partir de la actividad motriz espontanea y lúdica.

Son unos medios privilegiados de los niños donde podemos leer su expresividad motriz que muestra su grado de integración y armonía de su historia de relación y de los aspectos conscientes e inconscientes.

Nos sentimos “acompañantes” del desarrollo, de la socialización, de la integración y del aprendizaje de las personas pequeñas y grandes, desde los ámbitos de la prevención, de la educación, de la terapia, de reeducación, de la integración social y de la clínica.

¡Nos vemos en las jornadas!

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Apuntes cursos formación AEC-ASEFOP

Ajuriaguerra, J. De (1970). Manual de Psiquiatria Infantil. Barcelona: Toray-Masson.

Arnaiz, P.; Rabadán, M.; Vives, I. (2001). La psicomotricidad en la escuela. Málaga: editorial Algibe.

Aucouturier, B. (2004). Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz. Barcelona: editorial Graó.

Aucouturier, B.; Darrault, I.; Empinet, J.L. (1985). La Práctica Psicomotriz. Reeducación y Terapia. Madrid: editorial Científico Médica.

Aucouturier, B.; Lapierre, A. (1980). El cuerpo y el inconsciente en educación y terapia. Barcelona ed Científico-Médica.

Piaget, J.; Inhelder, B. (1975). Psicología del niño. Madrid: ed Morata.

Rodríguez Ribas, J.A. (2013). La Práctica Psicomotriz en el tratamiento psíquico. Ed Octaedro. Barcelona.

Rota, J. (2015). La intervención psicomotriz: de la práctica al concepto. Barcelona: editorial Octaedro.

Sánchez, J.; Llorca, M. (2008). Recursos y estrategias en psicomotricidad. Málaga: editorial Algibe.

Wallon, H. (1974). La evolución psicológica del niño. Buenos Aires. Ed. Psique.

Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye fotografías que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.

Sobre Iolanda Vives Peñalver. Iolanda Vives Peñalver. Psicóloga Sanitaria, Psicoterapeuta Corporal, Educadora y Terapeuta Psicomotriz, Formadora de la ASEFOP, Coordinadora de la Escuela ASEFOP de Barcelona (AEC), Asociación Profesional de Psicomotricistas (APP).
Cómo citar: Iolanda Vives Peñalver (2015). Para ir abriendo expectativas en las XII Jornadas de noviembre 2015. Cuadernos de Psicomotricidad, XII Jornadas, pp. 10–13. Luzaro.
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