Mirar al Sol, de Irvin D. Yalom

Nº 48 · Noviembre de 2014 · pp. 35–39

Resumen. Reseña de «Mirar al Sol», de Irvin D. Yalom, para reflexionar sobre un tema poco tratado en el entorno educativo y terapéutico: la muerte y la actitud del terapeuta o educador ante ella, y cómo los adultos pueden proyectar su angustia de muerte en el niño. Incluye bibliografía.

La superación del miedo a la muerte

Con la presentación de este libro de Irvin D.Yalom, quiero traer un tema de reflexión poco tratado en nuestro entorno educativo y terapéutico: la muerte y la actitud del terapeuta/educador ante la muerte. Cómo podemos proyectar nuestra angustia de muerte en el niño, impidiéndole crear recursos que le permitan elaborar y transformar las angustias arcaicas o aquellas situaciones cercanas de pérdidas irreversibles vividas en su corta vida.

La muerte para los adultos es irreversible, trágica, misteriosa, incomprensible, la muerte para los niños (hasta los 6-7 años) es no-irreversible, imaginaria, lúdica, experimentable, espontánea. Casi todos los niños han tenido una experiencia cercana de muerte, la desaparición de los abuelos, el perro o pájaro que se les murió, alguno de los padres muertos prematuramente, o incluso ellos mismos con una enfermedad muy grave, recibiendo tratamientos muy agresivos…

Sin embargo y a pesar de que todos sabemos con seguridad que vamos a morir, que nuestros seres queridos también morirán … ¿Por qué los adultos ocultamos la muerte a los niños?

En nuestro trabajo como psicomotricistas, nos encontramos a menudo que los niños escenifican la muerte, juegan la muerte, incluso la verbalizan “y yo estaba muerta pero tu no te habías dado cuenta, pero enseguida me despertaba porque en realidad no estaba muerta”, o “…tu eras el cazador y me matabas pero a veces no me podías matar… ” o de repente ese niño que se desploma boca arriba con la boca abierta, los ojos cerrados y las palmas hacia arriba y permanece en silencio a veces “demasiado” rato, inmóvil, respirando muy levemente.

¿Cómo ajustarnos ante la muerte simbólica del niño?, ¿Cuánto tiempo aguantamos estar “muertos” cuando el niño, en terapia, nos “mata”? ¿Cómo jugar la muerte si el miedo a la muerte de los adultos es una asignatura pendiente, si es un tema que obviamos y ante el que intentamos constantemente construir la trascendencia de nuestro ego? ¿Cómo elaborar y digerir el espejo que nos refleja el niño aquejado de una enfermedad terminal?

¿La angustia de pérdida de sí no es una angustia de muerte? ¿Qué mayor angustia que no ser? El abandono del bebé, la separación prolongada de la persona de apego también son experiencias de muerte.

¿Y cómo reaccionamos los adultos ante la angustia de no ser, ante la angustia de la incertidumbre? ¿De lo perecedero?

¿Qué es aquello de lo que realmente no queremos hablar, aquello que queremos evitar? Seguramente aquello que a nosotros también nos da miedo, esa realidad que nos ocultamos a nosotros mismos y paradójicamente al ocultarla el miedo se acentúa. Aquello que es desconocido, sobre lo que no se habla, da todavía más miedo.

La ocultación de la muerte a los niños por parte de los adultos puede impedir la elaboración del dolor y la pérdida, agravándolo si no se les permite expresar lo que sienten.

Irvin D. Yalom, nos habla de la dicotomía inseparable vida/muerte, del aceptar la muerte para poder vivir la vida más plenamente, del actuar del terapeuta con los pacientes, de las actitudes y emociones del terapeuta ante la angustia de la muerte.

“…El temor a la muerte es nuestra sombra oscura de la que nunca nos separamos.

La autoconciencia es lo que nos hace humanos pero conlleva un elevado precio: la herida de la mortalidad. Todos, cada hombre, cada mujer o niño teme a la muerte, y en cada uno de nosotros se manifiesta de diferente forma. No es fácil vivir cada momento con total conciencia de que moriremos. Es como mirar el sol de frente: sólo se puede soportar un rato…”.

Y añade que “…las observaciones, reflexiones y procedimientos de una vida de labor terapéutica, pueden ofrecer considerable ayuda y esclarecimiento a quienes no pueden librarse por sí mismos de la ansiedad ante la muerte…”.

“…cada persona le teme a la muerte a su propio modo…La conciencia de la muerte puede servir como una experiencia de despertar, un catalizador sumamente útil para producir importantes cambios vitales…”

Es importante y conveniente reflexionar sobre nuestras actitudes adultas respecto a la muerte y hacernos cargo de nuestra propia historia. Nuestro propio análisis y trabajo emocional son herramientas al servicio de garantizar y favorecer estos procesos de transformación y crecimiento en el niño/niña, en vez de obstaculizarlos.

El niño o la niña juega con la muerte como juega con todo aquello que le produce miedo, porque es una forma de dominar y progresar en esa angustia.

A través de la acción sobre el entorno el niño/niña busca la transformación: se entierra entre cojines, se esconde en la oscuridad, se desploma en la inmovilidad, y a cambio recibe cuidados, atención, afecto, cercanía, contención.

La muerte si es vencida simbólicamente, da paso a la vida, dicotomía vida/muerte, presencia/ausencia. La muerte simbólica no es destrucción, es un camino hacia la reconstrucción, hacia la vida. Tras la ausencia viene la presencia, expxlosión de vitalidad, movimiento y ruido.

La muerte también es calma, es oscuridad, es parar el tiempo, es relajación, es abandono, es poder parar.

El permitir que el niño o la niña jueguen a la muerte, o poder jugar a la muerte con él o ella, en un marco segurizante y con un adulto que le acompaña, le permite reconducir y mitigar la angustia de mirar el sol de frente.

En su juego el muerto puede resucitar una y otra vez, y así, al jugarlo, produce recursos que le permiten reasegurarse ante la pérdida.

Yalom muestra que enfrentar la muerte no significa desesperar y despojar la vida de todo lo sentido. Por el contrario, puede ser una experiencia que nos haga despertar a una vida más plena.

La tesis central es que aunque el hecho físico de la muerte nos destruye, la idea de la muerte nos salva. …”El dolor y la pérdida pueden servir para despertar y tomar conciencia del propio ser……Hay una explícita correlación entre el temor a la muerte y la sensación de no vivir la vida…

Cuanto menos vives tu vida, mayor será tu ansiedad ante la muerte…”

Hace también una referencia a la importancia del marco teórico que nos proporciona comprensión, orden, y seguridad en nuestro desarrollo personal vital.

“…Las percepciones de muchos grandes pensadores y escritores nos ayudan a ordenar nuestras caóticas sensaciones acerca de la muerte y descubrir senderos significativos por donde transitar por la vida”.

Yalom recalca la importancia de la empatía, la relación y el vínculo para entablar cualquier acto terapéutico.

… “La conexión entre paciente y terapeuta es fundamental, los seres humanos estamos hechos para conectarnos con los demás…”… La riqueza de los vínculos atempera el dolor de la transitoriedad”…

Y añade“…Las ricas oportunidades de vincularse son precisamente lo que hace que la terapia sea tan satisfactoria para el terapeuta…

La relación, el acompañar, el caminar juntos, crear las condiciones para que el otro pueda actuar.

Establecer con el niño y la niña una relación abierta y empática, ofrecerle un soporte emocional donde se sienta contenido y arropado. Si el niño o la niña se sienten contenidos, podrán conectar con el dolor y elaborarlo.

La empatía: reconocer el estado afectivo del otro, identificarse con el otro sin perder la propia identidad.

El vínculo: establecer el vínculo con el niño, ser aceptado incondicionalmente es imprescindible para que la ayuda progrese, es el punto de partida para la transformación.

Ya en el último capítulo ofrece consejos para terapeutas, para poder ayudar a quienes se ven acosados por la ansiedad ante la muerte, “…los terapeutas necesitan ideas nuevas y un nuevo tipo de relación con sus pacientes… ¿Por qué mirar al sol? …Enfrentar la ansiedad ante la muerte nos permite reingresar en nuestras vidas de una manera más profunda y compasiva…”.

Si obviamos la muerte como adultos, los niños y niñas atrofian los recursos de afrontamiento ante la muerte. Podríamos aprender los adultos de esta gran riqueza de los niños de jugar la muerte para asegurarse en vida.

Irvin D. Yalom (Washington, 1931) hijo de padres rusos. Doctor en Medicina, Psicólogo de profesión y catedrático emérito de Psiquiatría en la Universidad de Stanford. Ejerce la práctica privada en Palo Alto (California).

Se ha consolidado como el principal divulgador de la psicoterapia de los últimos veinte años. Su obra concilia la psicología con los intereses filosóficos y existenciales del ser humano. Ha escrito varios libros sobre psicoterapia, entre ellos “Teoría y práctica de Psicoterapia de grupo”.

Bibliografía

  • Irvin D. Yalom . “Mirar al Sol. La superación del miedo a la muerte”. Emecé Ed. Buenos Aires 2009.
  • Pello Añorga . “Zaintxo”. Ed. Erein
  • Ramirez Ana Luisa . “Así es la vida”. Ed. Diálogo
  • Peris Carme, Bausa Roser . “Buenas noches abuelo”. Ed.Lóguez.
  • Kübler Ross,Elisabeth . “Carta para un nño con cáncer”. Ed. Luciérnaga
  • Mundy Michaelene . “Cuando fallece un ser querido. Guía para niños ante la muerte de alguien” Ed. San Pablo
Sobre Arantza Iruretagoyena. Psicopedagoga y Psicomotricista
Cómo citar: Arantza Iruretagoyena (2014). Mirar al Sol, de Irvin D. Yalom. Cuadernos de Psicomotricidad, 48, pp. 35–39. Luzaro.
¿Te interesa la formación en psicomotricidad?
Descubre los cursos de Luzaro. Ver formación