Mentiras

Nº 34 · Diciembre de 2007 · pp. 35–36

Resumen. Reseña el libro «El cuerpo nunca miente», de Alice Miller. Recoge sus ideas sobre la negación del sufrimiento infantil, la represión emocional, los efectos del maltrato y la autenticidad en las relaciones.

El cuerpo nunca miente de Alice Miller es el título de un libro absolutamente recomendable, cuya reseña nos hace Mª José Intxausti.

Además de escribirlas, leo las reseñas, llegas al libro un poco “preparado”. Otro camino más impulsivo es el dejarse cautivar directamente. A veces las portadas han sido el anzuelo; otras, el título. Así es como llegué a este libro, leí el título y… “El cuerpo nunca miente”, su autora Alice Miller (2005) en Tusquets. Y lo leí.

Ya en el prólogo la autora advierte: “El tema principal de todos mis libros es la negación del sufrimiento padecido durante la infancia” (p.9), y sigue con una matización que considero importante: “Llamo “emoción” a una reacción corporal no siempre consciente, pero a menudo vital, a los acontecimientos externos o internos, por ejemplo el miedo a la tormenta, o la irritación que produce saberse engañado, o la alegría al recibir un regalo deseado. Por el contrario, la palabra “sentimiento” hace referencia a una percepción consciente de las emociones; de modo que la ceguera emocional es un lujo que sale caro y que la mayoría de las veces es (auto)destructivo” (p.10). Si el prólogo venía así, la cosa se ponía interesante.

La criatura, que es alguien claramente dependiente, no puede entender por qué no recibe el amor que tanto necesita. Eso provoca en ella sentimientos negativos que teme descargar en sus padres porque, en ese caso, ellos sí tendrán un motivo para no quererle, ya que es mala. Por lo tanto, se refuerza la represión de los sentimientos negativos, se emplea mucha energía en contener una expresión espontánea; esta represión, al final, se amplía tanto a las emociones positivas como a las negativas, y la relación se construye en una total ambivalencia que no permite la espontaneidad de ninguna de las partes. Ese amor que no se recibió en unas condiciones, que la infancia hace que sean excepcionales, por su intensidad afectiva, es el amor que se sigue buscando en la edad adulta cuando ya las condiciones son otras. Se puede seguir buscando en los propios padres o en personas que se invisten como sus sustitutas, es decir, que van a tener que proporcionar el amor total que se da en la infancia (y que el sujeto no obtuvo), cosa ya totalmente imposible en el mundo adulto.

Hacer frente a esos sentimientos es doloroso; en muchas ocasiones se ocultan y se reconvierten para no acercarse a una realidad que nos dice, que no recibimos en nuestra infancia aquello que tanto anhelábamos (y que con intensidad seguimos anhelando), y eso supone una carencia que debemos integrar. Hacer eso reaviva sentimientos negativos hacia nuestros padres, que quizás incluso en este momento se hayan convertido en personas dependientes de nosotros y nos estén pidiendo aquello que ellos no nos dieron. Y aquí se abre un baúl de conflictos que reúne esencias como el perdón, el abandono, el odio, etc.

Éste podríamos considerar que es el núcleo del libro, para ilustrar su tesis, la autora selecciona las biografías de personajes como: Virginia Wolf, Arthur Rimbaud, James Joyce, entre otros. Esto lo hace en un primera parte, y en la última selecciona biografías de personas no célebres, que también sufren o han sufrido. No decepciona el libro en la valentía con la que trata un tema que es tabú. “El amor por obligación no es amor; a lo sumo, conduce a una relación fingida, una relación «como si», sin verdadera comunicación, a un ejercicio de cordialidad que, en realidad, no existe; que oculta a modo de máscara el rencor o el odio, pero que nunca conduce a un encuentro auténtico” (p. 147).

Alice Miller, tiene otros muchos libros: “Por tu propio bien”, “El saber proscrito”, etc. Durante años estuvo ligada al psicoanálisis, pero al ir elaborando su obra, lo fue abandonando. A través de todo ese recorrido, define claramente su postura y los temas claves; el cuestionamiento, en profundidad, de la obligatoriedad del amor paterno/ materno-filial, la intensidad de las vivencias infantiles, el maltrato y sus huellas, la autenticidad de las relaciones, la represión emocional. “En mi infancia tuve que aprender a reprimir mis reacciones espontáneas a las afrentas –reacciones como la rabia, la ira, el dolor y el miedo- por temor a un castigo. Más tarde, en mi etapa escolar, me sentía incluso orgullosa de mi capacidad de autocontrol y de mi contención. Creía que esta capacidad era una virtud y esperaba verla también en mi primer hijo. Sólo cuando pude liberarme de esta actitud, me fue posible entender el sufrimiento de un niño al que se le prohíbe reaccionar de manera adecuada a las heridas y experimentar su forma de relacionarse con sus emociones en un entorno favorable, para que más adelante, en su vida, en vez de temer sus sentimientos encuentre en ellos una orientación” (p.132).

En www.alice-miller.com, podéis encontrar muchas otras cosas; siempre está el problema de los idiomas, pero está la opción del francés o del inglés. Hay cartas, artículos, libros, etc.

Cómo citar: Mª José Intxausti (2007). Mentiras. Cuadernos de Psicomotricidad, 34, pp. 35–36. Luzaro.
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