El ser humano es un animal (cuerpo físico), que se relaciona (cuerpo emotivo) y se da cuenta (cuerpo cognitivo). La relación (en euskara: harr-eman-a) es un tomar y dar, que necesita de un equilibrio para poder existir. Por desgracia la educación obvia esto y se obceca en dar, dar y dar unilateralmente sin tener en cuenta la necesidad, ni el interés de los alumnos, excluyéndolos de algún modo de su propio proceso, y colocándolos en una situación de sumisión. Esta exclusión, como todas, va a generar en el tiempo un conflicto, un espacio al que mirar para ser atendida o resuelta.
No es casualidad que me tocara conocer a Mendel de la mano de la psicomotricidad y en relación a ella. La psicomotricidad relacional ya hablaba claramente de crear un espacio de aprendizaje comunicativo donde el niño, protagonista de su acción, se expresara libremente a través de su cuerpo físico, emocional y cognitivo, relacionándose con los otros, y siendo escuchado y acompañado por un adulto presente, libre de expectativas y juicio, que también aprende en su propio proceso.
El Dispositivo Mendel nos proporcionaba, como adultos en formación, un espacio libre donde poder expresar por medio de la palabra, nuestra forma de recibir, sentir y pensar la formación que estábamos recibiendo, reflexionando sobre ello y pudiendo ser escuchados. Pero esta libertad de dar, de opinar, de poner en cuestión y ofrecer propuestas, tenía sus propios límites, tal y como los tiene la psicomotricidad con su dispositivo.
Teníamos de hacerlo de un modo en que todos y cada uno nos expresáramos y dejáramos constancia de ello, especificando no quién sino qué número de personas proponían, sostenían, apoyaban, rehusaban diferentes opiniones, y esto no sólo iba a ser reflejo de lo individual que hay en cada uno de nosotros, sino que también iba a reflejarnos como grupo humano en evolución. Y todo ello en un tiempo y espacio limitado, reflexionando sobre un tiempo de vivencia personal, práctica y teórica determinado, y aceptando que en algún momento, todos pasásemos por jugar el rol de moderador, secretario o portavoz del grupo.
El tomar de la formación se completaba con el dar en la libertad de la autoridad no presente, sin miedo al castigo, arropados en el anonimato tras nuestro grupo, y seguros de que tras la espera, habría una respuesta del grupo de formadores que al igual que nosotros, adultos en la situación de alumnos, es un grupo humano que se transforma cuando recibe, y escucha cómo se ha vivido aquello que ha dado, cuestionándose sobre ello, y pudiendo responder con argumentos e incluir nuevos ajustes a la realidad que se les presentaba. En euskera responder (eraentzun), pasa por el hacerse escuchar, y sin escucha la palabra no tiene sentido.
Todos sabemos que la palabra es energía en movimiento, y que sólo el hecho de poder expresarnos y sentirnos escuchados, provoca en nosotros una tranquilidad, desde la que es mucho más fácil transformar, resolver y aceptar cualquier tipo de malentendido o conflicto ya que nos permite, tanto al que habla como al que escucha, darnos cuenta de muchas cosas que antes no habíamos percibido.
En este sentido la comunicación no sólo facilita escuchar aquello que pensamos y sentimos, sino también ayuda a descubrir cuál es la necesidad que subyace en el fondo para prestarle atención y, con las limitaciones que también puedan existir, posibilitar la transformación y el desarrollo de los individuos.
Mendel aporta a cualquier proceso de aprendizaje (a-prender, tomar para sí ) una buena herramienta para que la educación sea en ambos sentidos, y tanto alumnos como formadores a través de la relación (harr-eman-a), puedan seguir su camino de aprendizaje como seres humanos, camino que no tiene ni espacio ni tiempo concreto sino que es la vida misma.
Gracias por vuestra atención, para mí fue un placer tomar la palabra.
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