Nos guste o no, tenemos que reconocer que dependemos del otro y que el otro depende de nosotros. La interacción es la base de la relación educativa. El niño crece, se conoce, conoce a los demás y la realidad que lo envuelve con el soporte espontáneo-intencionado afectivo y racional de las personas cercanas. Una relación frágil, discontinua y especialmente falta de afecto, es decir, sin una interacción personal sólida y cálida, produce efectos negativos palpables. Una emoción es el resultado de la relación o de la vinculación personal que cada individuo establece con los demás y con la realidad que le rodea.
Es muy importante que los padres y madres sintonicen con las emociones de sus hijas e hijos, pues las niñas y niños dejarán de expresar e incluso de sentir aquellas emociones que no sean captadas, aceptadas o correspondidas por los padres, con lo cual, su registro emocional cada vez será más pobre y restringido dando lugar al sufrimiento emocional.
La finalidad primordial del desarrollo emocional no es conocer lo que soy, lo que siento o lo que me pasa, ni cambiarlo ni controlarlo; es compartirlo. Compartir el placer, el de ser escuchado, de ser respetado, de ser mirado, de ser querido, de ser tocado y también el placer de tocar; tocar con respeto y con permiso, con cuidado, para sentirnos bien los dos.
Sin comunicar ni compartir nuestras emociones no se puede producir una buena conexión con el otro. Y sin contacto corporal directo se pierden algunos de los elementos clave de la comunicación. Soy capaz de crear lazos de afecto auténticos con el otro, cuando soy capaz de sentir en mi cuerpo lo que el otro me está diciendo, porque antes he podido sentir a fondo mis emociones en mí mismo. Lo que comunicamos mediante el cuerpo y percibimos a través de él, tiene mucha fuerza y causa impactos emocionales profundos, a veces más que cualquier palabra.
En el centro donde trabajo tenemos muy en cuenta a las niñas y niños como un seres que necesitan del adulto, un adulto que le dé seguridad emocional, que esté en su mundo, ayudándole y ofreciéndole todo lo que todavía no son capaces de obtener por sus propios medios.
También entendemos que tenemos que compartir todo el trabajo que hacemos dentro de este nuestro pequeño espacio. ¿Quién mejor para compartir que las familias de las niñas y niños?
Para que madres y padres entiendan que hay una forma fácil, fascinante y gratificante de ayudar a niñas y niños y de ayudarnos (pues para todos es muy saludable), todos los comienzos de curso escolar les organizo un curso de masaje infantil. No tengo mucho espacio (lo realizo dentro del aula), por lo que limito el número de participantes a 15 personas. Las sesiones se realizan en cinco días, uno a la semana, y la duración es de 1h. 30m.
Les explico en qué consiste el curso; les hago saber que lo que van a aprender es lo que yo hago con las niñas y niños en el aula.
La mayoría en el grupo son madres; a los padres todavía les cuesta un poco vincularse de esta manera en la educación de sus hijos.
Además de aprender la técnica en los pasos del masaje, también hablamos de temas que son interesantes en torno a la edad de estos niños, que es de dos años. Hablamos sobre las emociones, el vínculo, la adaptación a la escuela infantil, el llanto, las rabietas, etc.
Hablamos de cómo les ha ido el masaje en casa, de qué han sentido, de qué creen que han sentido sus niñas y niños. Si sienten que logran comunicarse por medio del tacto, si tienen alguna dificultad en cuanto a la técnica o a lo emocional.
Tenemos momentos muy bonitos de reflexión sobre cómo somos, qué hacemos y cómo nos sentimos. Son unos días muy importantes y muy bonitos, en los que no suelen faltar a la cita.
Respecto al espacio donde lo realizamos, aunque no es muy grande, les encanta, pues es el espacio donde “viven” sus hijas e hijos durante unas cuantas horas al día. Con lo cual, compartir ese espacio es algo muy importante. El espacio “huele” a sus hijas e hijos; ese olor que comparten madre e hijo durante mucho tiempo y que hay que conservar para su buena comunicación.
Cuando finalizamos el curso les ofrezco un cuestionario en el que hacen una valoración del curso. He recogido lo más significativo:
- Dicen que en el grupo se sienten muy a gusto; que el ambiente que se respira es muy tranquilo y relajante y que les ayuda a “desconectar” del estrés diario. Es un momento de relax y aprendizaje.
- Dicen poder hablar de sus emociones, alegrías y frustraciones. Un momento de “terapia” y de liberación de tensiones.
- El espacio donde nos juntamos también es importante pues es el lugar donde están sus niñas y niños. En este lugar están en contacto con el ambiente y las producciones que realizan (dibujos, etc.).
- Sienten más cercanía en este momento con ellos. Destacan la importancia de que el curso lo imparta la tutora de sus hijas e hijos, pues se establece una cercanía poco habitual, y a la que todavía no estamos demasiado acostumbrados. Es un lujo poder compartir tanto tan “especial” con la persona que se encarga de sus niñas y niños durante tanto tiempo.
- Con respecto a la práctica con sus hijas e hijos, han aprendido a mirar, a respetar, a dar y recibir, a compartir (al igual que yo con el grupo y el grupo conmigo), a relajarse, a respetar los ritmos de cada uno.
- Se han dado cuenta de todo lo que se puede transmitir por medio del tacto y la mirada; de cuánta emoción puede fluir por medio de la comunicación no verbal.
- Que el estado emocional de la niña o niño depende mucho de cómo te sientas tú y de lo que le transmitas.
- Han aprendido a respetarle, a relacionarse, y se han abierto el uno al otro emocionalmente.
Podría extenderme muchísimo contando esta experiencia, pero he recogido solamente lo más significativo. Lo que sí quiero destacar es la relación tan estrecha que se crea en el grupo y la facilidad y naturalidad con la que se habla de sentimientos y emociones, cuando lo “normal” es no hacerlo con tanta facilidad, pues muchas veces es difícil de expresar.
La satisfacción que expresan al finalizar el curso es general y se les ve con muchas ganas de aprender y practicar.
Para ponerle el punto final al curso y agradecerles su participación, les entrego un recuerdo que yo misma he elaborado.
Referencias bibliográficas
Bach, E. y Darder, P. Sedúcete para seducir. Paidos ibérica, 2002. Barcelona.
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