Esta visión, intuición, forma terapéutica o quizás delirio profesional, ha surgido, por una parte, de la propia experiencia con pacientes (más de 25.000 sesiones) y, por supuesto, conmigo mismo; y de otra parte, del estudio y comprensión de procesos terapéuticos aparentemente distanciados como el Método Mézières, el Rolfing, la R.P.G., el Método Alexander, el Método Feldenkrais, la Diafreoterapia, la Osteopatía, la Bioenergética de Lowen, la Orgonterapia de W. Reich, y por no complicar más las cosas, sólo añado dos técnicas ancestrales como el Yoga o la Meditación vipassana, pero no nos asustemos con semejante “mestizaje”; efectivamente, existe un denominador común en todo esto: EL CUERPO, o como decían los griegos, EL SOMA.
Para empezar a situarnos aludo a las fuentes, con algún párrafo o pequeños textos que me han parecido especialmente significativos y orientativos:
Sobre el Método Mézières.- «Clásicamente se ha admitido que el cuerpo, “comprimido” por la gravedad, debe reforzar su musculatura para resistir. Pero François Mézières dio a conocer otros mecanismos: “El cuerpo también se ve comprimido por nuestra propia fuerza”. Es decir, por nuestras propias fuerzas musculares, nuestra hipertonía, nuestros estados de tensión, de contracción, nuestra pérdida de elasticidad, nuestra retracción.» (El manual del Mezierista de Godelive Denys-Struy).
Sobre el Rolfing.- «La respuesta emocional es comportamiento, es función. Todo comportamiento se expresa por mediación del sistema músculo-esquelético. Toda función es una expresión de la estructura y de la forma, y se correlaciona directamente con la estructura material. Un hombre que llora de tristeza está, en realidad, lamentando sus fallos y sus limitaciones estructurales; algo de lo que él, por cierto, no tiene conciencia… La premisa de la psicoterapia moderna es que las circunstancias externas del hombre son la proyección de su ser interior, a menudo oculto. Esta premisa puede ser considerada desde un ángulo diferente: en el estado emocional de un hombre se puede ver la proyección de sus desequilibrios estructurales… puede tener la vivencia de que sus lastres psicológicos son auténticas espinas clavadas en la carne… No importa que el cambio sea inducido por una terapia psicológica o somática; debe haber un cambio en la carne para que el resultado terapéutico pueda resultar un éxito.» (Ida Rolf en su libro Rolfing).
Sobre la Orgonterapia.- «Cualquier tensión, en cualquier lugar del cuerpo, afecta negativamente a la función orgásmica y, por lo tanto, a la respiración.» (W. Reich en Análisis del carácter).
Sobre la “Bioenergética”.- «Donde hay tensión hay miedo» (A. Lowen en El miedo a la vida).
¿Qué tienen que ver “la forma”, “la estructura corporal”, la fuerza de la gravedad, nuestra propia fuerza muscular, la respiración, el miedo, el orgasmo, etc., etc., entre sí? Miedo a caer, miedo al placer, miedo a sentirnos enraizados… ¿Miedo o pánico? Antes de intentar responder a ésta última pregunta quisiera matizar mejor las frases y textos anteriores.
En todos ellos se habla de tensiones físicas y emocionales. ¿No es lo mismo? Yo creo que sí aunque no siempre lo percibimos así.
Tanto W. Reich como A. Lowen hablan y tratan la llamada “coraza muscular” o “coraza caracteriológica”, pero ambos eran psiquiatras por lo que indiscutiblemente el acento en su trabajo se lo llevaba el mundo de la psique. Pero el campo, la tierra sólida, la carne, sus leyes y entresijos eran mejor conocidos por Ida Rolf y François Mézières, mujeres por cierto. ¿Se puede dar una síntesis entre ambos conocimientos, formas de trabajar, etc.? Yo creo que esa síntesis simplemente existe ya; no es más que la realidad de lo que somos, vista desde ángulos distintos, y dicha síntesis nos aportaría una perspectiva aún más fiel de esa realidad. Mi camino va por aquí.
La huella del pánico está en el cuerpo que somos. Dicha huella somática es la rigidez, la retracción del tejido conjuntivo en el aquí y allá del cuerpo que somos, cada cual con sus zonas más características, cada cual con su carácter. La mente se acostumbra a esa huella, a esa rigidez… “así soy yo”. Permitir que esa rigidez, que esa huella se ablande, se estire –LIBERACIÓN PANSOMÁTICA–, significa eliminar “tiempo de pánico”, significa volver a un tiempo nuestro más consciente, más sensible, más ágil, más vivo… También más doloroso y más gozoso. PÁNICO + TIEMPO = RIGIDEZ CARACTERIAL.
Eliminar rigidez, aceptarlo mental y emocionalmente —LIBERACIÓN PANSOMÁTICA– significa que eliminamos “tiempo de pánico”; tiempo que hemos permanecido en estado de pánico desde el principio de nuestra existencia. Es restar de aquello que “no somos” para sumar de aquello que “sí somos”. ¿Y qué somos? Precisamente lo que el pánico y su huella “pansomática” han querido ocultar: dolor, miedo y desde aquí todas las demás emociones o sentimientos. El pánico no es un sentimiento; yo le llamo un estado de “antisentimiento”. El miedo o temor sí es un sentimiento. Según somos capaces de liberarnos de “la huella pansomática”, en esa misma medida nos vamos enraizando; por así decirlo, vamos “aterrizando” en nosotros mismos; psicológica y emocionalmente aceptaremos más sanamente nuestros sentimientos de miedo o temor. ¿Tan distintos son éstos a los sentimientos de placer existencial o incluso de orgasmo? ¿Hemos perdido, incluso, la capacidad de sentir temor y sólo sabemos tensarnos con el pánico? ¿Por qué un niño cuando se asusta o siente miedo acaba llorando o pataleando mientras grita? ¿No parecerían estas expresiones, más bien de tristeza o rabia y, sin embargo, todo empezó con el miedo?
Profundicemos algo más: ¿Qué hacemos cuando el sentimiento de miedo surge en nosotros? Tenemos dos opciones: aceptarlo somáticamente relajados y emocionalmente sensibles -como los niños-, o rechazarlo somáticamente tensos y emocionalmente insensibles. Centrémonos en esta segunda opción; “somáticamente tensos” quiere decir que vamos a tensar músculos del cuerpo, consciente o inconscientemente, voluntaria o involuntariamente, pero lo hacemos y ello implica una restricción en el sentirse placentero y en la respiración —funciones orgásmica y respiratoria-. ¿No es esto un cierto estado de pánico? ¿Podría decirse que la no aceptación del sentimiento de miedo implica automáticamente entrar en un cierto estado de pánico? ¿Y es fundamentalmente distinto este estado de pánico a lo que llamamos angustia? ¿Puede existir angustia sin pánico? ¿Puede contraerse la musculatura lisa sin que contraigamos cierta musculatura estriada? ¿Se nos pueden “encoger” las tripas sin contraer los músculos abdominales? ¿Se nos puede “encoger” el corazón sin contraer los músculos intercostales? Pero sigamos más adelante en lo fisiológico. Hasta aquí observamos que ha trabajado el sistema neuro-muscular, un sistema nervioso excitado que inerva a unos músculos que se contraen. Dicha contracción, de la que aquí hablo, recordemos que tiene como objetivo rechazar, interrumpir la excitación del sentimiento de miedo, y no va a crear un movimiento sino que va a impedirlo, es lo que yo llamo una “contra-acción”. Hasta aquí las situaciones emocional y fisiológica parecen claras, pero ¿cuánto tiempo pueden permanecer? ¿Quizás hasta que el sentimiento de temor se apague y deje de suponer una amenaza para el “yo”? ¿Hasta que las energías del cuerpo se agoten? Cualquiera de estas dos últimas preguntas pueden ser una respuesta, pero, ¿y si la situación de pánico se alarga más todavía en el tiempo o se repite reiteradamente? Entonces otro sistema fisiológico entraría en funcionamiento: el sistema estructural o esquelético-conjuntivo, el cual se relaciona con el sistema neuromuscular a través de “la unión mio-fascial”.
Unos párrafos más arriba planteaba dos preguntas. ¿Sólo los músculos se tensan? Y la otra, ¿por qué no podemos “soltar” esas tensiones sólo con un acto de voluntad? También decía que Rolf y Mézières sabían mucho de esto. Efectivamente, ambas actuaban, manipulaban en el tejido conjuntivo, las fascias que rodean los músculos, y que cuando éstos se acaban, aquellas se convierten en los tendones que van a unirse a los huesos. Cuando el tejido neuromuscular ya no puede soportar más excitación, más contracción, ahí están las fascias, el tejido conjuntivo que, a través de la unión mio-fascial, va a absorber ese exceso de tensión, de contracción. ¿De miedo habría que decir? Pero, ¿le sale gratis esta inestimable ayuda al tejido conjuntivo, a la fascía? Evidentemente, no. El tejido conjuntivo, en esta función de protección al tejido muscular también se contrae, se engrosa, se endurece y se retrae, todo ello gracias a su principal componente, el colágeno. Una vez que esto ha sucedido no basta con “ordenar” al músculo que se relaje para “soltar” la tensión. No es que no quiera obedecer; es que no puede, porque la fascia lo mantiene encerrado, aprisionado y acortado. Se hace absolutamente imprescindible la aplicación de una energía adicional para que el colágeno se ablande y se estire de tal forma que el músculo pueda recobrar su longitud, su forma y su función “normales”.
Como decía anteriormente, tanto W. Reich como A. Lowen hablan y tratan la llamada “coraza muscular”, la cual afirman identificar funcionalmente con la coraza caracteriológica. Pero realmente esa coraza ¿es muscular? ¡Aquí quiero llegar! ¿Podría decirse que dicha coraza es una coraza fascial, de tejido conjuntivo endurecido y retraído? ¿Es una coraza de colágeno alterado con respecto a su estado “normal”?
Mi opinión, en este momento, es que la “coraza caracterial” es una “coraza psico-neuro-mio-fascial”; es decir, que una verdad, una realidad, no tiene por qué anular o desmentir a las que la preceden. Eso sí, añade otra perspectiva nueva y tan real como las anteriores al asunto. Tenemos el puzzle más completo.
Y ¿cambia esto algo las cosas? Para mí, sí. Tenemos una nueva puerta de acceso al ser humano neurótico, a su carácter, a su coraza, y esta puerta se llama tejido conjuntivo; eso sí, una vez que atravesamos dicha puerta nos seguimos encontrando con lo que ya conocíamos: músculos que mueven y expresan al cuerpo, emociones que lo conmueven y le dan energía; pensamientos que intentan ordenar todo esto y más. Sin embargo, entrar a la “casa humana” desde esta otra puerta produce otra perspectiva y también otro camino interior. Dicho camino supone el ablandamiento y estiramiento de ese tejido conjuntivo endurecido y retraído, lo cual debe implicar que los músculos recuperen su forma y función normales; debe implicar que el cuerpo y, por así decirlo, sus partes van a ordenarse y alinearse de acuerdo a una armonía con respecto a la fuerza de la gravedad, por fuera y por dentro; es decir, se va a enraizar. También debe implicar que la movilidad recuperada suponga lo mismo para la capacidad de expresión del individuo. Implicará, además, una mejora de la motilidad, pues el ablandamiento y estiramiento del T.C. afectado debe facilitar el flujo de líquidos en todos los sistemas, ayudando así a la expansión libre de la excitación y la consciencia, ganando en sensibilidad hacia uno mismo y en empatía hacia los demás. Es un camino de autodescubrimiento en el que, a veces, no nos gustará lo que encontramos, o nos dolerá, o nos dará miedo o temor; sentimientos en muchas ocasiones nuevos, porque lo que vivíamos antes era otra cosa: era pánico, y precisamente de él se pretende salir con este proceso que yo llamo “LIBERACIÓN PANSOMÁTICA”. Este nuevo camino interior suele ser distinto en sus manifestaciones; quizás menos “explosivo”, aunque luego cada cual es cada cual; quizás valdría el símil de “ir derritiendo” el hielo en vez de “romperlo”.
Así pues, el pánico a caer, el pánico a enraizarse, el pánico al placer, el pánico al orgasmo, implican paralelamente una coraza de tejido conjuntivo endurecido y retraído que, siendo manipulado adecuadamente nos va permitiendo realizar un camino inverso de, diría, “descaracterización neurótica” pudiendo acceder paulatinamente al sentimiento sano, genuino y humano de temor así como al no menos sano, genuino y humano sentimiento de placer, sin renunciar (¿por qué íbamos a hacerlo?) a la aspiración de sentir amor y alegría.
Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye imágenes que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.
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