La otra portada

Nº 58 · Mayo de 2021 · pp. 9–11

Resumen. Álvaro Beñaran explica por qué la foto de la «otra portada», una representación de un niño, se consideró demasiado dura para la cubierta y la publica con su contexto. Cuenta la historia de Ander (nombre inventado), la lectura de su representación y su evolución, que a los 6 años sigue acudiendo una sesión al mes.

Nota: la fotografía comentada en este artículo no se reproduce en esta versión web.

Esta foto era una de las propuestas para ser portada de este número. Pero en el equipo se consideró que podía resultar excesivamente dura, y que era mejor poder publicarla contextualizando adecuadamente su sentido. Y es lo que voy a tratar de hacer en este breve artículo.

Lo primero, agradecer su generosidad a la terapeuta psicomotriz que ha compartido la foto y la historia del niño que ha realizado esta “representación”. No voy a dar su nombre, para evitar cualquier posibilidad de desvelar la identidad del niño.

En la ikastola va mejor. Ha empezado 1º de primaria. Lee y escribe bien. Ahora tiene 2 amigos. Se queda a dormir (por 1ª vez en su vida) en casa de su abuela y juega en casa de la abuela con su primo.

Comienzo con esta buena noticia en la historia de Ander (nombre inventado), para poder ahora introducirnos en aquellos aspectos de su vida que le llevan un día, en una sesión de terapia psicomotriz, a realizar esa representación en el muñeco de la foto.

Lo primero que nos tenemos que cuestionar ante las acciones y producciones de los niños es: ¿Qué sentido tiene? ¿Qué nos quiere contar? ¿Por qué ha surgido de él esto? ¿Para qué le sirve esto, qué trata de canalizar o elaborar? ¿Y qué puedo responderle yo, decirle, devolverle, que le sirva, que le ayude?

Escuchar y tratar de comprender, para comunicarnos, para crear relación y condiciones que posibiliten que cada niño pueda construir sus propios recursos de re-aseguración ante las angustias que le atenazan.

Ese cuerpo lleno de heridas (reparadas por tiritas; vestido con vendas: ¿segunda piel, envoltura dolorosa o reparadora?) y con esa impresionante mascarilla (¿protección y mordaza a la vez?).

¿Qué lleva a un niño a hacer una representación tan intensa sobre un cuerpo?

Ander tuvo muchos problemas en el momento del parto… muchas complicaciones en el cuerpo (fracturas y otras graves complicaciones)…

No comía…

9 primeros meses de vida llenos de hospitalizaciones La madre se entregó por completo a la crianza de Ander. El padre quedó excluido.

Asma, accidentes por caídas y golpes con puntos… (más hospitalizaciones por estos motivos)

Con respecto a la representación del muñeco, nos dice la terapeuta:

La andereño observa que no interactúa con ella y tampoco se relaciona con ninguno de los compañeros de clase. Sus juegos favoritos son sus juguetes figurativos que los lleva de su casa y que los utiliza para jugar solo.

La sesión en la que puso las tiritas al muñeco. La sesión fue en mayo 2020. En mayo retomamos las sesiones presenciales individuales. Venía muy contento. Sus padres le habían explicado todo lo referente al coronavirus y yo le había hecho la propuesta de retomar las sesiones por videoconferencia. En la videoconferencia estuvo muy contento, me enseñó su habitación, todos sus juguetes, todas las actividades que había hecho con su madre y su padre. Fue la 1ª sesión después del confinamiento. Me sorprendió mucho que cogiera un muñeco-bebé. Jamás lo utilizó en ninguna sesión. Me dijo que el “muñeco” tenía el coronavirus. Estuvo en silencio colocando la cinta aislante, lo hizo rápido, sin vacilar y dijo lo del coronavirus. Le puso “una mascarilla” en la boca. No habló más del tema ni contestó a ninguna de mis preguntas.

A mí me llamó la atención que utilizara un muñeco para jugar porque sus juegos siempre son juegos de devoración y destrucción, de IDENTIFICACIÓN CON EL AGRESOR. Ander es un dinosaurio que grita, salta, sube… Se confronta conmigo que soy otro devorador. Se sabe muchos nombres de animales, animales salvajes, dinosaurios, va cambiando de animal y me cambia a mí también. Todos son grandes devoradores. Ahora bien, sus devoradores son carnívoros y los míos herbívoros.

Podemos observar en esta foto cómo parecen representarse, al mismo tiempo, las agresiones y los cuidados; una envoltura que aparece ambivalente: ¿reparadora, segurizante… o atenazadora, aprisionadora? Es importante resaltar cómo Ander no puede poner todavía la palabra, no puede responder con palabras a las preguntas de la terapeuta, pero sin embargo sí ha podido “hablar” a través de esa representación plástica, esa acción sobre el cuerpo del muñeco.

Esto nos habla de la importancia del espacio terapéutico que ofrece nuestra práctica, en donde cada niño puede encontrar múltiples caminos para “contar”/“decir”/“hablar” sobre lo que le pasa, lo que siente, lo que desea o lo que teme. Y encontrar un adulto dispuesto a escuchar cualquier forma de expresión, sin juicio ni crítica, sino con deseo de comprender y dialogar.

Que el dolor, las angustias, el sufrimiento no queden en el cuerpo o en el imaginario del niño, aislados, invasores, aislantes…, sino que pueda expresarlos y compartirlos desde el placer del juego y la relación seguros, de manera que lo que es fuente de soledad y miedo pueda convertirse en placer compartido y fuente de creación y comunicación. Del miedo solitario a la vida al deseo de “vivir con”.

El cuerpo duele, el psiquismo sufre. La persona se defiende.

El coronavirus no es sino una representación de la amenaza, del agresor que habita en la vida de todo ser humano, y que en la vida de algunos niños es demasiado grande, excesiva.

La relación con adultos con suficiente calidad de cuidados es un factor imprescindible para que un niño pueda hacerse cargo (hacerse sujeto) de sus dolores y sufrimientos, y de los recursos para hacerles frente.

Ander: ¡Que las heridas se curen y puedas matar a esos agresores que cada vez tienen menos fuerza!

¡Animo ANDER! Y muchas gracias a tu terapeuta, a tus padres, y a todos los adultos que han tratado de acompañarte con cariño y respeto.

En este momento Ander tiene 6 años y viene 1 sesión mensual. Sus padres le ven muy bien, aunque sigue necesitando repetir los juegos de “agresor”. Ander ha evolucionado mucho pero aún necesita un espacio para proyectar su agresividad sin hacer ni hacerse daño.

Sobre Álvaro Beñaran Aranzabal. Miembro de Luzaro, psicomotricista y pedagogo
Cómo citar: Álvaro Beñaran Aranzabal (2021). La otra portada. Cuadernos de Psicomotricidad, 58, pp. 9–11. Luzaro.
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