Ceferino, Cefe para los amigos, se encontraba en un permanente desasosiego. Hombre culto, leído y con tendencia a la introspección, en ocasiones se autotranquilizaba: “no existen crisis sino momentos diferentes en la vida, según la edad…” En cualquier caso era un rumiante; rumiaba malhumores, proyectos, prisas, vacíos, alegrías. En un programa radiofónico nocturno de temas psicológicos a los que era aficionado surgió el tema de la adaptación; Cefe, buscador de verdades y certezas, si la palabra, el asunto le tocaba, se veía envuelto en una espiral de indagaciones, y en ocasiones, el desasosiego se convertía en huracán y por cada poro de su piel salía toda su biografía, su nostalgia, su búsqueda de no se sabe qué. Se ensimismaba y desalentado rememoraba alguna máxima piadosa que segurizara su fragilidad: “la vida me ha enseñado a pensar, pero el pensamiento no me ha ayudado a vivir”, “¿Adaptación?” Percibía que no se duplicaba, se quintuplicaba: en casa, padre; en el portal, vecino; en el barrio, ciudadano; en el aula, maestro; en la sala de juegos, psicomotricista; más los restantes roles-coletilla.
Como persona docta, entre otros, compraba libros de autoayuda y se dedicaba en momentos particulares a ilustrarse para revisarse, evaluarse y, si alguien se ponía a su alcance transmitirle, su generosidad y saber. Tenía una guía hecha de lo que Cefe consideraba sus puntos débiles. “Veamos el día de hoy: todo me pasa a mí, me siento culpable de, debería haber hecho esto, nadie me comprende, ¿cómo estamos de autoestima? ¡Las adicciones! A ver: a la aprobación, al perfeccionismo, a tener razón, al amor”. Ese día Cefe escribió en sus notas: “Importante: la resistencia y tolerancia a la frustración; tomar distancia”. Estaba un poco encogido porque había oído en la tele que cada cuarenta segundos se produce un suicidio en el mundo, siendo la primera forma violenta de morir, para a continuación escuchar que dos niños de tres años habían pisoteado a una niña hasta hacerla sangrar.
Cefe, reflexivo, filósofo y pensador se preguntaba: “¿Será la neurosis y la locura lo que escogen los sensibles para adaptarse a este mundo desbocado?”. Eso sí, captaba con nitidez que ciertos acontecimientos esperados o inesperados le cargaban las pilas y se transformaba en un hombre con sosiego, tolerante y con humor; ello lo conectaba con una sentencia de un personaje del escritor Landero: “El baile es la inconsciencia razonada, todo es desorden y todo va a compás”, y con el Mochuelo de Delibes que decía a sus amigos: “No entiendo a los mayores porque pueden hacer lo que les da la gana y no hacen nada, y a nosotros que sí tenemos ganas nos lo prohíben todo”. A pesar de esos momentos de súbita y convincente clarividencia, a Cefe le costaba travestir su historia y se enredaba de nuevo siendo así que su naturaleza se le imponía. Envuelto en el torbellino se agarraba, como de costumbre a los aleccionamientos de los hombres sabios como Baroja: «Lo que importa en esta vida es ir pasando el rato”.
Eso de que el único vivir sano es el vivir divertido le llevaba a observar con mirada perspicaz las andanzas de sus alumnos: “¡Qué poco necesitan estos micos para pasárselo bien! Parece como si hubieran encontrado la piedra filosofal, la felicidad barata”, y Cefe se reconcomía con eso de “cuando el humor se me acerca, el bullicio se me hace natural pero cuando se me escapa ¿los machacaré? ¿Estarán pagando mis frustraciones?” El duende le respondía: “Pues claro, Cefe, pues claro; acaso tú no te das cuenta que cuando el personal está agrio, todo el aire se infecta”.
De tanto columpiarse, de tanto sorprenderse de sí mismo y de los demás, ya casi nada le sorprendía. Por esa época de su vida se definía como filántropo bucólico pastoril.
fe, cazador y artesano perpetuo de frases rotundas que alivian las penas y serenan el alma al atardecer de aquel día, en el bar de la esquina, anotó en una servilleta de papel: «No vivas para el momento; vive el momento con amor y sonrisas”.
Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye una fotografía que no se reproduce aquí. Puede consultarse en el PDF del número.
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