La eutonía de Gerda Alexander

Nº 27 · Junio de 2004 · pp. 40–43

Resumen. Murcia, discípulo directo de Gerda Alexander, sitúa la eutonía (el tono justo, en ajuste constante a la situación) dentro de una reflexión sobre la psicomotricidad, relacionándola con Wallon, Ajuriaguerra y Reich, y repasa la vida y la formación de Alexander. Explica cómo se trabaja en eutonía: consignas abiertas, inventarios, contactos, empujes, estiramientos, transporte, pasividad, estudios y dibujo.

Su lugar dentro de una reflexión acerca de la psicomotricidad.

El término “Eutonía”, utilizado por Gerda Alexander para designar tanto su trabajo como el objetivo que perseguía, fue propuesto por uno de sus amigos, el Dr. Bartussek, en 1957. Esta palabra no “firma” el comienzo de la reflexión ni de la práctica de Gerda Alexander en torno a la motricidad y el desarrollo de la persona. Sólo indica una etapa, importante, pero que no es más que un momento en la vida de aquella persona que justo o casi hasta el fin de su vida, se consagró a cuidar y a ayudar aquellos que venían a verla, igual que a la formación de sus alumnos, ya que para ella solo había alumnos, es decir “apprenants”, que manifestaban el deseo y las cualidades para poder perseguir su obra.

La frase de Nietzsche: “se le devuelve mal a un maestro lo que se le debe, si se permanece siendo solamente alumno”, nunca fue más justamente aplicada que a la actitud de Gerda Alexander, porque si es cierto que honrar a un maestro es superarlo, es igualmente justo pensar que el maestro debe aceptar, según la expresión de J. P. Sartre, volverse inútil, y que los verdaderos maestros son, sin duda, éstos. Hacerlo todo para que el alumno construya su autonomía, ya que la autonomía, como la libertad, no se da, se conquista.

¿Cuál es entonces la definición de la Eutonía que Gerda Alexander hizo suya? “La palabra eutonía (del griego eu = bien, armonía, justo y tonos = tonus, tono) fue creado en 1957 para expresar la idea de una tonicidad armoniosamente equilibrada y en adaptación constante, en relación justa con la situación o la acción a vivir”.

Así definida, la eutonía desvela sus ejes esenciales de intervención: obtener, con el trabajo, un ajuste permanente de la función tónica al proyecto motor o postural del individuo. Lo que es sorprendente aquí, es el total desconocimiento que Gerda Alexander tenía de la obra de Henri Wallon y de Julián De Ajuriaguerra. Sin embargo, parece que sí tenía conocimiento de los trabajos de Granit sobre el bucle gamma. Esta dirección de su trabajo situaba la eutonía fuera de los métodos clásicos de relajación, así como de los métodos, entonces en vigor, de gimnasia o de aprendizaje de la danza.

A propósito de esto, una pequeña explicación:

Las aportaciones de H. Wallon y de J. de Ajuriaguerra

Ya es conocido que H. Wallon y, después, J. de Ajuriaguerra confirieron al tono muscular el rol de piedra angular, en el cruce de lo biológico, de lo psicológico y de lo social. Para H. Wallon, el tono muscular es ante todo el soporte que permitirá al niño establecer con su madre y su entorno, lo que Ajuriaguerra llamará, el diálogo tónico emocional; porque, desde el principio en el neonato, “a través de él se expresan las emociones”. Esta función tónica asegurará, más tarde, la posición de sentado y después la posición de pié. Al final, mezclándose íntimamente con la función fásica, que Wallon llamaba clónica, asegurará una función de sostén (ereismática) a toda actividad de transporte o de manipulación, lo que Paillard llama Teleocinesis. (Para más detalles ver el artículo: El tono muscular y la eutonía. Coloquio de Eutonía (referencia el autor, R Murcia).

Tanto la psicología genética (H. Wallon), como la psicomotricidad (J. de Ajuriaguerra), y la psicofisiología (J. Paillard), dan a la función tónica un estatus de primera categoría en el desarrollo del niño y en la comprensión de la motricidad en el adulto.

Gerda Alexander desconocía todo esto, por lo tanto, tuvo esta intuición genial del rol capital que jugaba el tono en la vida de la persona.

Se podía también citar a W. Reich (La Función del Orgasmo), autor que leía a J. de Ajuriaguerra, y que escribió sus principales libros en el momento en el cual Wallon producía “Los Orígenes del Carácter en el niño” (1932). La noción de coraza muscular, de Reich, es bastante cercana de la concepción que tenía G. Alexander de la etiología de las tensiones musculares, pero, y la diferencia es importante, allí donde Reich proponía la Bioenergética y la Vegetoterapia, violentas, G. Alexander indicaba la eutonía, suave por excelencia.

La función tónica, que es una función de integración, lo es en relación con la vigilia, las emociones la postura y la motricidad. Esta función que es, al mismo tiempo, estructurante del individuo y estructurada por el sentido que da éste mismo individuo a la vida, resulta de lo que vive el individuo pero, al mismo tiempo, participa al sentido que da el individuo a lo que está viviendo. Esta función, así como el río de Heráclito, evoluciona permanentemente, cada situación la modifica; el tono es el mismo y diferente al mismo tiempo.

El término de armonía o de tono justo debe entenderse en este sentido. No es justo definitivamente, nunca estamos en eutonía definitivamente. G. Alexander lo dice muy bien: “En adaptación constante a la situación”, toda situación es nueva, toda situación es única.

Al igual que a Wallon, se hizo varias veces, también a la eutonía, la crítica del reduccionismo o también del biologismo, es decir, pretender explicar el individuo a partir de una función que pertenece al cuadro de la fisiología. Son aquí las palabras que nos ponen trampas; ya se ha dicho, que el tono muscular es una función de integración, y de hecho, como la vigilia y las emociones no depende de un paradigma exclusivamente biológico.

Es la dificultad que encuentra, del punto de vista epistemológico la noción de psicomotricidad, que intenta desesperadamente de reunificar dos términos que desde casi V siglos fueron considerados distintos. Las palabras arrastran detrás de ellas el peso de la historia. G. Alexander no tenía elección para designar con la palabra eutonía su práctica. Lo importante aquí es la experiencia. Es lo que dice Descartes en la VI Meditación: puedo, al término de la meditación considerar como distintos el alma y el cuerpo, el pensamiento y la extensión, pero puedo también como ser vivo, vivir la experiencia íntima de su unión.

Definir la eutonía por la regulación o la búsqueda del tono justo, podíamos decir óptimo, no permite, si nos quedamos en la definición corriente de tono muscular, presentir la dimensión escondida o digamos, no visible, que ese trabajo lleva con él.

La eutonía como método no está acabada, nada lo es además en el universo, porque fue, un cierto tiempo, el camino recorrido por G. Alexander para resolver una serie de problemas que se le presentaron hacia su propia persona, cuestiones de salud; pero también como profesora de rítmica, de eutonía y como persona que deseaba, y lo lograba, ayudar a los otros a superar dificultades que a menudo escapaban a las indicaciones terapeúticas habituales. Es con conocimiento de causa, que no atribuyo a G. Alexander el título de terapeuta, que no tenía, si nos referimos a lo que reconocen las Instituciones. Esta cuestión plantea un problema enorme que no puede abordarse aquí.

A sí que la eutonía, hasta el final de la vida de G. Alexander (1994) refleja la historia de su vida. Nacida en Wupertal, en Alemania en 1908, en el seno de una familia de músicos amateur (sobre todo su padre), tenía su camino trazado mucho antes que tuviera la edad de elegir. Tenía que ser música, y más precisamente profesora de rítmica del método del suizo Emile Jacques Dalcroze. Este método se inspiraba de las ideas de educación activa y natural muy desarrolladas en Suiza. El principio consiste en asociar música (ritmo) y movimiento (marcha y carrera), para el aprendizaje tanto de la música como de la danza.

G. Alexander será muy sensible a las ideas de una educación activa, muy cerca de la naturaleza. Estará también interesada por la filosofía de Rudolf Steiner y precisamente, por la euritmia, concepción naturalista de la música. No es un azar si fue introducida en Francia por medio de los CEMEA (Centros de Entrenamiento de los Métodos de Educación Activa) y que fue amiga íntima de los dirigentes de este organismo, particularmente de André Schmitt y su esposa (ver el prólogo de Violeta Hemsy de Gainza, editado por Dervy 1997). Desde los 8 años hasta los 20, G. Alexander seguirá esta formación de rítmica.

Uno de los grandes principios de la eutonía tiene, sin duda, su origen en las ideas que encontró e hizo suyas en ésta época: Búsqueda del movimiento natural, espontáneo, libre, sin imitación de un modelo.

Jamás durante el largo período, en el cual conocí G. Alexander, desde 1966 hasta su fin, no la vi demostrar un ejercicio, ni sugerir una sensación. Cada uno tenía que descubrir su camino, su propia construcción, a partir de los principios de trabajo que había experimentado y sacado de su experiencia, a menudo dolorosa. Porque la eutonía, como nos la enseñaba, resultaba de esa búsqueda permanente sobre sí misma, de sus dolores reumáticos, de su fragilidad cardíaca. Búsqueda que hacía, conjuntamente, con el deseo de conocer más la motricidad del cuerpo humano, como expresión libre de su personalidad.

¿Cuáles son, entonces, los principios que extrajo progresivamente de sus investigaciones, y que constituyen también el corpus de las consignas de trabajo que se proponen en eutonía?

Ya lo hemos dicho, el objetivo consiste en lograr de manera permanente el ajuste tónico correcto a toda situación que vive la persona. Desde los trabajos de Wallon, De Ajuriaquerra, Hecaen y más tarde los de la psicomotricidad, sabemos el rol que tiene el tono muscular, tanto en la expresión como en la postura y los movimientos y toda la patología que surge cuando está alterada la función tónica, es decir, cuando no hay eu-tonía.

Todo el trabajo en eutonía va a consistir, basado sobre una toma de conciencia constante del cuerpo, en hacer vivir al alumno las variaciones, las sensaciones, que corresponden, tanto a las fluctuaciones del tono muscular, como a la vivencia de las sensaciones, cuando se realiza un movimiento eutónico; sería más justo decir eutónicamente, movimiento en el cual la actividad tónica y la actividad fásica están en armonía.

Tengo conciencia del problema enorme que plantea esta definición. El acto motor es mucho más complejo y no puede ser reducido a ésta única perspectiva. Considerémosla como eje de trabajo que permite hacer algunas experiencias transferibles posteriormente.

Los principios o consignas en los que se funda la marcha (el camino) de las prácticas del trabajo de la eutonía

Una de las diferencias mayores, entre la eutonía y los métodos inductivos o sugestivos (training autógeno, sofrología, hipnosis), reside en el hecho de que, la “consigna” o propuesta de trabajo en eutonía, no indica jamás el resultado a obtener, o tener la experiencia de tal sensación antes que otra. Es un punto que, a menudo, sorprende a los alumnos demandantes: ¿“qué hay que sentir”?, o, más aún, ¿“lo que he sentido es normal”?, “¿Es justo esto?” Pregunta a la que G. Alexander respondía: “Lo que es justo para ustedes, es lo que ustedes han sentido”. Se puede, evidentemente, evocar el hecho de que suceda la sugestión, a pesar de nosotros, sin el tono de voz, por nuestra propuesta, o la autosugestión, en relación a la representación que hace el alumno de aquello que cree haber esperado.

Desde mi punto de vista, es lástima que la mayor parte de los trabajos sobre la eutonía, como lo dejaba creer la misma Gerda Alexander, ofrezcan las indicaciones sin los efectos de tal o cual consigna; efectos concernientes a la temperatura, frío o calor o, la sensación de peso o ligereza, que conducen, desgraciadamente, a hablar de tono pesado, ligero o equilibrado, que no quiere decir nada tomado al pie de la letra, pero que toma todo su sentido en el nivel de la experiencia vivida.

Sea lo que sea, de lo dicho anteriormente, el hecho de saber que del trabajo sobre el hueso, o la piel, saldrá un movimiento, o dará una sensación de ligereza, mientras que está “escrito” que las consignas de masa, volumen o peso determinarán, más bien, una sensación de pesadez o calor (siendo la frescura asociada a la ligereza), no puede más que invitar, conscientemente, o no, “sugerirse” o auto-inducirse esos efectos.

No estamos, quizás, tan lejos de lo que pensaba G. Alexander sobre el trabajo de Schultz (training autógeno).

Algunos eutonistas han reaccionado ante esto y prefieren no asociar “consigna” y resultados, incluso sino se tratara más que del tono, o más bien, de la sensación que acompaña sus fluctuaciones.

Yo estoy orgulloso, por mi parte, a menudo se da el caso, cuando después de un “inventario” del hecho del hueso, o del contacto, las vivencias expresadas verbalmente difieren:

– “yo he sentido volumen y peso: yo pesado y ligero o aún más, difícil de movilizar”. La variedad de las respuestas me permite insistir sobre este punto capital: que, de una parte, las palabras (de la consigna) están interpretadas en función de la cultura y de la historia del sujeto y que, en función de nuestro estado en ese momento, la vivencia puede ser diferente. G. Alexander le había confiado a su amigo André Schmitt, cuando éste le preguntaba acerca de lo que le parecía esencial en la eutonía: «No hacerlo mecánicamente”.

La consigna, según mi punto de vista, es una herramienta para conocerse mejor y construir su propio esquema.

¿Cómo trabajaremos en la eutonía?

Las consignas son propuestas abiertas que hay que explorar. Al comienzo, más o menos, lo esencial del trabajo es tenderse a lo largo, en una sala que sea agradable (caliente, con parquet o moqueta, con luz tenue, y sin ruido). Es importante que los alumnos puedan, incluso sin consigna, relajarse.

Las primeras experiencias consisten en inventarios, estiramientos y empujes.

Los inventarios se realizan bajo propuestas diferentes: por ejemplo, los alumnos son invitados a sentir (tendidos sobre la espalda, el vientre o el costado) las zonas que tocan el suelo. Justo al principio, y para verificar el hecho de que hay un efecto, podemos proponer el inventario de un lado (una pierna o un brazo) y podemos comparar con el otro lado. Esta fue mi primera experiencia con G. Alexander, pero nosotros lo hicimos sentados, sentir la planta de un pié y el toque del glúteo sobre la butaca (era un anfiteatro). Ponerse de un solo lado y ponerse en seguida de pié. Esta experiencia fue suficiente para determinar mis ganas de continuar y hacerme eutonista.

Los inventarios se hacen también sobre los contactos. (En eutonía, de manera convencional, existe una diferencia importante entre tocar y contacto). En el “toque” nos limitamos a la percepción, la toma de conciencia, de la parte más externa del cuerpo, el toque de la piel, del vestido o un objeto, el suelo etc….el límite es difícil de definir sin los límites, precisamente, y además existe también un inventario de la piel.

Y la consigna “contacto” ¿qué invita a percibir? ¿O sentir? Más allá del cuerpo. Nosotros proponemos la integración de un objeto, de una herramienta, o una persona en el campo de la conciencia de nuestro propio cuerpo.

Por ejemplo, una herramienta, una manta, un instrumento de música, una bicicleta, patines, un coche, etc…es un prolongamiento de nuestra conciencia para que se alargue (estáticamente o en la acción). Sobre esto, habla Tchouang-Tseu en: El Carnicero (a propósito del cuchillo).

Sobre los empujes, nos ejercitamos en vivir, en percibir la organización en la globalidad del cuerpo actuando, al tomar conciencia de la zona que empuja, (pies, manos, costillas, vértebras etc.) y de la dirección de estos empujes.

Este trabajo permite descubrir, liberando a menudo éstas partes mencionadas anteriormente, zonas importantes de conexión y la sensación de unidad del cuerpo.

Los empujes se hacen a diferentes intensidades, pero el mayor interés de ellos reside en le hecho de realizarlos al mínimo de los micro-empujes. Estos empujes pueden hacerse sobre sí mismo, o contra el suelo, una pared u objetos (balones, bambú, buches), o pueden ser realizados con un compañero; sobre las rodillas (con las piernas dobladas), sobre los pies, las vértebras, costado, etc. Es evidente que este trabajo a dos, delicado, necesita una cierta experiencia en eutonía.

Los estiramientos tienen una gran importancia en eutonía, importancia compartida con numerosos métodos (Mezieres, Mattias Alexander, Souchard, Struif Deny). Así como en el entrenamiento de las actividades deportivas. El principio, o más bien la necesidad son muy simples. La tendencia de los músculos, así como de los elementos de las articulaciones, tienden a contraerse o anquilosarse si no funcionan regularmente. Esto limita las posibilidades funcionales del individuo, su performance, y esto acarrea patologías mioarticulares o accidentes.

En cuanto a la manera de estirarse varía considerablemente según las representaciones.que se hacen del cuerpo, del músculo y de las tensiones musculares. Se puede ir desde lo más mecánico (deporte, kinesioterapia clásica, danza), hasta lo más psicológico (Reich).

La eutonía trabaja entre los dos, pero su singularidad consiste en privilegiar la duración del estiramiento en relación a la intensidad, que es mínima. Nosotros trabajamos, en eutonía, con microestiramientos y las intenciones de estiramiento, priorizando la búsqueda de la suavidad y la duración. No hay, o mucho menos como en el caso de Mezieres, la preocupación de la no compensación en las posiciones de control, ya que nosotros trabajamos sobre un microestiramiento, que se hace sobre un relajamiento muscular (disminución del tono muscular) y cuya duración es importante en relación a las otras técnicas. De este punto de vista, solamente tiene un cierto parecido con el yoga (posturas), aunque las posiciones de control en eutonía tienen otra función y otra significación distinta a las posturas del yoga.

Una “técnica” interesante, en cuanto a los estiramientos, es el deslizamiento del hueso sobre la piel o en los músculos que es, igualmente, en micromovimiento.

En el caso de los alumnos que han trabajado ya suficientemente, se puede proponer inventarios de “espacio interno” (consciencia del interior de nuestro cuerpo, sin buscar en él los órganos), estar allí, presente en tal o cual región (la boca, el torax), atentos a las sensaciones. La consciencia del hueso puede estar activada por los ejercicios de percusión (por ejemplo: golpecitos con el bambú), que provocan vibraciones en el hueso; vibraciones que permiten una mejor percepción.

Un aspecto importante, según mi punto de vista, en el trabajo de la eutonía, consiste en el ejercicio de la consciencia del transporte. Es doblemente importante por las siguientes razones:

En primer lugar, abordar una concepción de la postura y de su educación y reeducación.

Contrariamente a lo que se venía realizando durante siglos, a saber, una concepción rígida, trabajando la postura desde una tonificación dorsal, G. Alexander, privilegia el reflejo de enderezamiento, lo que Paillard llama la “postura antigravitatoria”. Esta consiste en tratar de sentir, en posición de pié o sentado, la actividad refleja del enderezamiento, nosotros diremos “naturalmente”. Hay antecedentes, por supuesto, en Steiner, G. Hebert, Le Boulch, Medau en Alemania, Mallkovsky y tantos otros.

Nosotros proponemos aquí, la distinción y al mismo tiempo la necesidad de armonización entre la función tónica (postural, ereismática) y la función fásica (teleocinética, manipulatoria), esto requiere un largo desarrollo.

La segunda razón del interés que presenta para mí esta cuestión reside en la definición que nos da G. Alexander sobre el transporte: “reflejo consciente de enderezamiento”; y aún más, el hecho de que se pueda trabajar conscientemente.

Es un problema que perdura después de muchos años: “La relación de la conciencia del cuerpo y el movimiento”

Aquí no puedo abordar el problema, solo señalarlo.

El trabajo de la pasividad acerca la eutonía a los diferentes métodos y a la problemática clásica de la relajación. Son técnicas que buscan obtener una disminución de las tensiones musculares mediante una bajada del tono. Este trabajo puede hacerse solo (autopasividad) o con otra persona. No hay inducción ni sugestión, como en el Training Autógeno, en el yoga o la sofrología. Pero la diferencia con la relajación es considerable. La eutonía se propone explorar toda la gama de variaciones del tono muscular, de la sensación de relajación (tono pesado) a la sensación de ligereza (tono ligero); sensación que se tiene claramente en el movimiento en eutonía. Otra diferencia es, que la eutonía no tiene como objetivo la relajación sino el movimiento. El movimiento eutónico, en el que la actividad tónica y la actividad fásica están en la relación más justa posible.

¿Cómo se trabaja el movimiento en eutonía? Dos principios guían este trabajo: los estudios y el dibujo.

Los estudios consisten en hacer movimientos no programados, es decir, que nazcan de la situación: dos alumnos, o tres (o más) van a entrar en contacto, ya sea directamente con las manos, o por medio del intermediario, un bambú, o se podía imaginar un balón u otra cosa; la idea principal es que hay que estar en contacto con él o los compañeros, y dejar venir el movimiento, sin que él se refiera a un saber hacer, una técnica, y que se haga sin que uno o el otro guíe, o el otro le siga. La armonía, la fluidez, el transporte, la consciencia de uno, de otros, de nuestro espacio interno, así como de nuestro espacio próximo, deben en todo momento estar presentes, integrándose en la realización de este movimiento. Las palabras no son suficientes para describir esta experiencia, que no será propuesta más que a partir de un cierto grado de trabajo.

El dibujo consiste en hacer movimientos libres, sin otra finalidad que dibujar en nuestro espacio próximo, con ciertas partes de nuestro cuerpo, la nariz, el mentón, la oreja, el codo o la rodilla, la extremidad de un dedo etc. Este trabajo persigue la realización de la globalidad en la organización corporal y la liberación de las articulaciones implicadas (vértebras cervicales, hombro, codo, tobillo, cadera etc.)

Existe, igualmente, una forma de estiramiento espontáneo, libre, que se hace sobre todo tendido en el suelo, a partir de un pie, una mano, un codo etc. y volviéndose sin una forma técnica, como cuando nos desperezamos por la mañana.

Yo no he deseado ser demostrativo en este artículo, sosteniendo como tesis en el lugar de la Eutonía, en una reflexión en torno a la psicomotricidad; más bien la variedad de puntos de vista de la psicomotricidad influenciaría considerablemente esta tentativa.

Situándome, por mi parte, en una filiación de H. Wallon, J. De Ajuriaguerra, W. Reich, el lugar que ocupa el tono muscular (tanto en su vertiente biológica como psicológica), en estos pioneros de la psicomotricidad (para los dos primeros); en todos los casos legitima perfectamente la atención acogedora que pueden aportar los psicomotricistas a la práctica de la Eutonía.

Sobre Raymond Murcia. Raymond Murcia, licenciado en Educación Física y psicólogo, es director del Instituto Internacional de Eutonía. En su momento fue discípulo directo de Gerda Alexander y ha escrito numerosos libros y artículos sobre esta disciplina.
Cómo citar: Raymond Murcia (2004). La eutonía de Gerda Alexander. Cuadernos de Psicomotricidad, 27, pp. 40–43. Luzaro.
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