La verdad es que hablar de este cuento es hablar de algo que hemos compartido mi hija, Oihane y yo, y que por lo tanto está lleno de emoción y de sentimientos hermosos. Una de esas cosas en la vida que nos hacen felices.
Se trata de una pequeña y sencilla historia basada en lo que yo he visto en los ojos, en las miradas, de las niñas y niños con los que he tenido la fortuna de compartir horas y horas de sesiones de psicomotricidad, cuando les contaba un cuento con personajes y situaciones creadoras de miedo. Y sus palabras, sus sonrisas, su “empoderamiento” (me apetecía utilizar esta palabra ajena a mi tiempo) en el final, cuando esos agresores son ridiculizados, muertos (sí, y esto no alimenta la violencia en la infancia: se trata del mundo de lo simbólico, de lo mágico, y su efecto es justamente el contrario), superados, vencidos.
Y como tengo una hija que dibuja maravillosamente (no es solo pasión de aitatxo) surgió la ocasión de pasar de ser contador a creador de una de esas historias.
Le comenté el proyecto a la gente de Hik Hasi y, aunque no suelen publicar cuentos, se apiadaron de mí y realizaron una edición que ha resultado primorosa, en la textura del material de sus páginas, en sus colores, en su tamaño. Milesker, Hik Hasi! Milesker, Joxe Mari!
Y aquí está Gaxuxa, dispuesta a encerrar sus miedos, unos personajes entre un poco terribles y entrañables. Con esa oscuridad y ese colorido que luchan entre sí y se complementan. Y Gaxuxa, con su zurdera (tema que apasiona a mi compañero y amigo Jabi Laburu) y su mochila.
Que cada niña, que cada niño, sienta que tiene su tiza para encerrar sus miedos siempre que lo desee. Que pase un momento emocionante y comparta sus miedos y su alegría y poder final con sus compañeras y compañeros y con ese adulto que le cuida, escucha, comprende y le acompaña en sus miedos, en sus deseos, en su querer SER.
Texto: Álvaro Beñaran Aranzabal. Ilustraciones: Oihane Beñaran Muñoz.
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