Introducción
Está muy lejano el tiempo en que las investigaciones sobre el tono no superaban el ámbito de la fisiología. Hace alrededor de 60 años que W. Reich y H. Wallon le dieron un estatuto más extenso, el de piedra angular de la construcción de la personalidad.
La Práctica Psicomotriz se inscribe plenamente en esta corriente, de la que el tono es una pieza clave. Todo psicomotricista estará atento a los índices de transformaciones tónico-emocionales en la relación de ayuda; nuestras propuestas contemplarán la estructura tónico-emocional del niño, de manera que la relación de ayuda se apoyará sobre el diálogo tónico-emocional que el terapeuta construye con el niño. El tono está pues estrechamente vinculado a los conceptos de nuestra práctica.
Con respecto a este artículo, he elegido centrar mi atención inicialmente sobre el concepto de tonicidad desarrollado por Suzanne Robert Ouvray así como sobre el papel del tono en la construcción de la persona. Para cerrar el artículo abordaré la importancia del trabajo del tono en los psicomotricistas.
La tonicidad, vínculo entre el soma y el psiquismo
El objetivo del primer año de vida del niño consiste en poder conquistar la posición de pie. Esta conquista es tributaria de la maduración del sistema nervioso central que tiene una influencia preponderante sobre la evolución del tono en el niño pequeño.
Pero esta etapa importante que es la adquisición de la marcha es también tan interdependiente del proyecto psíquico del ser humano, que se puede inscribir en un equilibrio fundamental entre dos posiciones primarias: permanecer en lo mismo, en la seguridad de lo conocido, en lo ya probado e ir hacia el exterior, lo diferente, lo desconocido.
Empujado por estos dos movimientos filogenéticos, el niño, por sus acciones y la movilización de las estructuras tónico-emocionales que se ligan a ellas va a construir una unidad psicosomática. La tonicidad, que tiene un anclaje en lo somático y depende de la relación, va a desempeñar el papel de fuerza de cohesión sobre la cual se construirá la unidad de sí.
La tonicidad introduce así el tono muscular en la esfera relacional. En efecto, los índices corporales, las actitudes, las tensiones, las posturas, etc., podrán informarnos sobre el estado tónico del otro, estado que influirá sobre nuestra propia tonicidad.
La tonicidad es, pues, parte integrante de nuestra expresividad motriz, impregnando nuestros gestos, nuestras posturas, nuestra mímica, nuestra voz; nos diferencia de los otros por una manera original de ser en el mundo. Es el modo privilegiado de comunicación del bebé con su entorno y esto desde los primeros momentos de la vida. En efecto, es en este aspecto tónico en el que se apoyará la madre para comprender a su bebé que no tiene aún la capacidad de expresar con palabras lo que experimenta.
El tono, pieza clave del desarrollo de la persona
Suzanne Robert Ouvray puso de relieve tres elementos fundamentales que permiten al niño construir su unidad de sí.
- El movimiento de repliegue y la coordinación motriz.
Cuando observamos a un niño en las primeras semanas de su vida, vemos que su motricidad se hace principalmente de movimientos de repliegue parciales y centrípetos. Bajo el efecto de la maduración neuromotriz, de la distensión tónica, este movimiento de repliegue va a convertirse en global, funcional y voluntario. Hacia los seis meses, el repliegue se asocia a una dinámica de simetría y ejes. El placer de replegarse se duplica por el placer de la simetría y de vivir el eje; lo observamos cuando el niño repliega todo su cuerpo de manera simétrica para coger sus pies. La reunión de los distintos esquemas de movimientos en una globalidad funcional de repliegue va a permitir al bebé vivir el placer de un primer sí psicomotor unificado y contribuir a la construcción de su narcisismo primario. Esta etapa es importante y debe ser vivida por el niño en un clima afectivo estable y seguro. Es con esta seguridad a la vez corporal, garantizada por el repliegue global, y psíquica, garantizada por un ambiente seguro, como el cuerpo va a poder abrirse hacia la extensión y que el psiquismo va a poder abrirse a la relación con el otro.
“La unificación del cuerpo y la coordinación de la motricidad van a permitir al yo del bebé pasar de un estado de objeto parcial a un objeto entero y unitario que sostiene la reunión psíquica” (Suzanne Robert Ouvray).
- La bipolaridad tónica
Desde su nacimiento, el niño estará sometido a un gran número de estímulos, tanto internos, en relación con sus necesidades, como externos, en relación con el medio en el que vive. El niño es bombardeado por una multitud de sensaciones que no es capaz de administrar solo, pero que experimenta en el conjunto de su cuerpo. Va a expresar esto que experimenta a través de su motricidad que, recordémoslo, es principalmente refleja, y a través de variaciones tónicas que oscilan entre la hipertonicidad y la hipotonicidad.
Cuando un bebé está en un estado de irritación, se mueve, se tensa, se distiende, luego comienza a gemir, a lanzar pequeños gritos, comienza a llorar, luego se implica totalmente en gritos de llamada que se transforman en aullidos de rabia, de sufrimiento. En este estado el niño tiene un conocimiento tónico de los músculos que se contraen, se experimenta en un cuerpo tenso, duro, que no podrá relajar hasta que sea cogido en brazos para calmarlo. El niño cogido en brazos para ser calmado vive el paso de una posición tónica contraída y dura a una posición tónica relajada y blanda, experimentando así el cambio de sensaciones desagradables a sensaciones agradables aportadas por la relación.
La alternancia de estos estados tónicos va a permitir al niño asociar estos dos polos tónicos extremos a la ausencia o la presencia del otro, integrar un ritmo relacional basado en la presencia o la ausencia del otro, asociar el aspecto fisiológico del tono a la relación. También va a integrar estos dos polos tónicos como límites estructurantes entre los cuales podrá vivir toda una serie de experiencias tónicas, sensoriales y afectivas que le serán necesarias para acceder a la capacidad de matiz en su relación consigo mismo y con el otro. La capacidad que tiene el niño pequeño para transferir las informaciones que vienen de un canal sensorial hacia un otro le permitirá desarrollar sus capacidades de representación. Este proceso, sin embargo, sólo será posible si se inscribe en una dinámica relacional.
- El diálogo tónico-emocional: una dinámica relacional al servicio de la comunicación
El ejemplo recogido más arriba pone de manifiesto que el apaciguamiento y el bienestar del bebé dependen de la presencia benevolente de su madre. La madre y el niño están en un sistema mutuo de experiencias tónicas y sensoriales. El bebé vive las variaciones tónico-emocionales de su madre como propias. El niño se podrá calmar por la presencia tónica y emocional de la madre.
Asistimos a la construcción de un diálogo tónico-sensorial en el origen de las transformaciones tónico-sensoriales recíprocas que crean una corriente emocional que permite la comunicación. Esta relación tónico-emocional es la base sobre la cual el niño integrará las informaciones que recibe y la madre, a su vez, dará sentido a las experiencias de su niño así como a las suyas. Es la madre quien, a partir de su propias experiencias, va a nombrar el afecto de su niño. Es ella quien, a partir de la forma en que ha podido integrar y elaborar su vivencia tónica y sensorial, va a introducir a su niño en el modo del significante, permitiéndole apoyar sobre sus bases corporales, sus bases psíquicas.
Es también gracias a este clima de empatía tónica, de ritmo satisfactorio y de seguridad como el niño podrá integrar los extremos tónicos y sensoriales como límites estructurantes. Al compás de los encuentros entre la madre y su bebé, las sensaciones tónicas de origen van a hacerse más complejas y a enriquecerse. Durante este diálogo tónico-emocional, hecho de transformaciones recíprocas, la madre experimentará placer al recibir las acciones de su niño. Este proceso interactivo contribuirá a la constitución de una envoltura tónica, base de la unidad corporal del niño.
La importancia del trabajo del tono para el psicomotricista
Al igual que la tonicidad de la madre se implica en el diálogo entre ella y su bebé, la tonicidad del psicomotricista se implica en la relación terapéutica con el niño a través de las resonancias tónico-emocionales.
En nuestra práctica, donde los compromisos corporales del niño y del psicomotricista son importantes, encontramos esta comunicación de tonicidad a tonicidad en las resonancias tónico-emocionales. En el encuentro con el niño se habla de su historia tónico-emocional profunda pero también de la del psicomotricista y la integración que éste ha hecho de la misma. Esta integración servirá de apoyo a la elaboración de la historia tónico-emocional del niño y dará a la relación terapéutica el valor y la función del diálogo tónico-emocional entre el bebé y su madre.
En conclusión
- Vivir el placer de destruir para liberar las tensiones, la sensoriomotricidad y el imaginario
- Vivir el placer de actuar
- Vivir el placer de las tensiones vinculadas al movimiento que conducen al descubrimiento de sí
- Vivir el placer de la regresión, del diálogo tónico-emocional
La sala de psicomotricidad es el espacio privilegiado en el cual el niño va a vivir su cuerpo en la globalidad de las experiencias tónicas y sensoriales. Por la vía de los juegos de reaseguración profunda y las experiencias sensoriomotrices variadas, podrá ir al encuentro de su historia tónico-emocional profunda.
Pero esto sólo será posible si se instaura entre el psicomotricista y el niño un diálogo de tonicidad a tonicidad que permita al niño volver a encontrar en la relación terapéutica el valor y la función del diálogo tónico-emocional entre la madre y su bebé.
Bibliografía
Boscaini F., Le rôle du dialogue tonique dans la genèse de la relation parentale et thérapeutique. Evolutions psychomotrice, 2004, n°63 pp. 12-20.
Robert-Ouvray S. B., Intégration motrice et développement psychique. Desclée de Brouwer (rééd. 2007).
Robert-Ouvray S. B., L’enfant tonique et sa mère. Desclée de Brouwer (2007).
Wallon H., Les origines du caractère chez l’enfant. Puf-Quadrige. 2002.
Wallon H., Les origines de la pensée chez l’enfant. Puf- Quadrige. 1989.
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