El psicomotricista y los padres
La psicomotricidad en la línea de B. Aucouturier es una práctica preciosa con un alto nivel de conciencia en lo que se refiere a relaciones. Por algo se requiere de años de formación y se empiezan las prácticas con grupos de educativa con un objetivo prioritario: que todo el grupo “aprenda a comunicarse de forma ajustada”.
Tenemos herramientas muy potentes para conseguir este objetivo. Nuestro marco de contención a través de la seguridad que damos con una sola ley (de no hacerse daño), el respeto que mantenemos con nuestra escucha para conocer el deseo del otro, el cómo lo canalizamos de forma adecuada, y la propia relación en las sesiones, dando tiempo para poder expresarse cada uno como sabe, hace que a lo largo de un curso escolar los niños se comuniquen con el respeto adecuado.
Los psicomotricistas también nos relacionamos con los padres, sobre todo a partir de la formación en ayuda, en la que se requieren entrevistas de información mutua.
Dependiendo de la comunicación que establecemos con ellos obtendremos mejores resultados en nuestros objetivos.
Esta es una de las primeras preocupaciones cuando nos iniciamos en ayuda o terapia psicomotriz, cómo abordar a los padres.
Para mí hay una cuestión clara: como premisa de la misma forma que abordo a los míos propios, es decir, con agradecimiento (en lo más profundo), así abordo a los que vienen.
Puede parecer un poco fácil y utópico pero es efectivo. Desde mi punto de vista, sistémico, tomé conciencia de esto en el momento en que trabajé mi relación con mi familia de origen y todo el proceso me llevó a esta conclusión. Veamos:
Tenemos trabajo gracias a que los padres confían en nosotros, por tanto: Gracias es lo primero. Ahí empezamos.
Ahora bien, si yo estoy enfadada con mi padre tengo que ser una artista de primera para recibir a los hombres con agrado. La primera crítica que me haga la madre de su pareja la voy a compartir y ahí ya me pierdo en mis resonancias, no puedo tomar distancia y me “confabulo” con la madre en la crítica. Es decir pierdo los papeles.
Uno puede decir: “mis temas personales no afectan a la profesión”. Falso. Hace ya mucho tiempo que se ha descubierto la “Teoría de la Comunicación Humana” de Paul Watzlawick que nos señala cómo nuestro cuerpo dice todo de nosotros. Aunque utilicemos las frases “correctas”, nuestro cuerpo nos delata.
He hablado del padre porque es frecuente en nuestra sociedad, pero lo mismo ocurre con la madre, o con los dos, si no encajan en mis parámetros de lo correcto o de lo que no lo es. Aquello que oímos a veces de “es una familia muy desestructurada”, ¿acaso las familias tienen una estructura perfecta?
No me preocupa tanto lo que puedan pensar unos padres, sino el resultado con los niños. Hay una realidad que venimos comprobando tanto en ayuda como en las escuelas con algunos maestros. Si tu miras mal a unos padres (no me refiero físicamente – que todos sabemos guardar las formas- sino a cómo los miras en el fondo) no te haces con el niño. Es como si se volvieran a mirar a sus padres y dijeran “¿Por qué me miran mal?” y en este volteo simbólico has perdido al niño.
Los niños no juzgan a sus padres y para ellos son los mejores. No entienden de cosas bien hechas o no, se acostumbran a lo que tienen y para ellos sus padres son lo primero. Notan enseguida cuándo no estás de acuerdo con algo que hacen o piensan sus padres y algo les dice que, si no aceptas a los padres, no eres profesional de fiar.
Sería muy largo explicar esto, pero lo tengo comprobado.
Mis aportaciones en este pequeño espacio para comunicarse con los padres, serían del orden de:
• Revisar cómo estoy con los míos propios para ubicarme en la vida.
• Utilizar la humildad que requiere un estar “al servicio de”.
• Sopesar que todos en esta vida “hacemos lo que podemos” y normalmente con buenas intenciones.
• Compartir conocimientos sin exigencia, sino como información.
• Respetar diferencias sin caer en competitividad, sino siendo competentes.
• Tomar conciencia de las limitaciones que tenemos en psicología, que apenas sabemos del ser humano y nada es definitivo.
• CONFIAR en el niño, en los padres y en la vida. Sin confianza no hay éxito.
• Y muchísimo RESPETO por las dinámicas del sistema familiar del padre y el sistema de la madre, a veces diferentes, pero son lo que son.
En definitiva nuestra tarea es “acompañar” a estos padres en el proceso de su hijo contagiando confianza, sin perder de vista la realidad y sus limitaciones. De esta manera podemos aportar más pasos en la evolución y facilitar la vida del niño en sociedad.
El cómo solucionar la relación con mis propios padres es una tarea personal, hay caminos para hacerlo, solo hay que desearlo, salvo que nuestra opción sea mantenernos como “adolescentes permanentes” aunque tengamos 50 años.
Nuestros padres son lo mejor que hemos tenido, por lo que nos dieron y por lo que no nos dieron, gracias a ellos estamos en la vida y es mejor reconocerlo antes de que se vayan.
Muchas veces oigo frases a maestros y psicomotricistas decir: “con los padres que tenemos…” en un tono no muy bueno, y la verdad… dudo que las relaciones puedan ser efectivas por mucho que hayas aprendido.
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