Cuando me animaron a contar mi experiencia en Cuadernos de Psicomotricidad me puse a ello y revisé antiguas reflexiones y anotaciones que una va haciendo en su itinerario de formación. Y siendo verdad que a este artículo le precedería otro que aun aguarda entre las carpetas de mi ordenador, sobre mi propio itinerario de maduración. Escribir sobre el itinerario de maduración de mi centro escolar en práctica psicomotriz me parece hablar de lo mismo pero, si cabe, con un grado menor de desnudez.
Fue hablando con unos antiguos amigos de formación cuando me hicieron caer en la cuenta de la espectacular trayectoria que había realizado el colegio San Viator de Vitoria-Gasteiz y fue entonces entre risas y comentarios cuando me invadió un bonito y profundo sentimiento y de seguido el peculiar título de este articulo.
Efectivamente, el colegio San Viator de Vitoria es desde hace unos años un “Nido de luciérnagas”. Son decenas las profesionales que una vez en contacto con la práctica psicomotriz del centro se han visto irresistiblemente atraídas y han decidido aventurarse en la formación de práctica psicomotriz en la Escuela Luzaro de Bergara.
Hablar aquí de la evidencia de lo atrayente de la práctica psicomotriz no procede, pero, hablar del recorrido para convertirse en una buena fuente de luz es lo que toca.
Son muchos los pasos a dar y los esfuerzos a realizar y en cada centro serán unos u otros según las circunstancias. Éstos fueron los nuestros.
Continente
La sala entendida como continente contiene la expresividad motriz de los niños y la nuestra también. El ritual de entrada, las conquistas sensoriomotrices, el juego simbólico, el momento de la representación, el juego construido, las relaciones y las emociones. Un lugar para contener lo que se vive y se siente ahí dentro.
Así que el primer esfuerzo se dio cuando le hicimos un buen lavado de cara a la sala. Se pintaron las paredes en tonos alegres, se pulió el suelo, se colocó una pizarra, baldas y una alfombra. Pasó de ser, como me imagino en un montón de centros, un lugar abandonado y multiusos, a un lugar lleno de luz, color y, algo muy importante, una sala de uso exclusivo para la práctica psicomotriz.
Contenido
Pero tan importante es el continente como el contenido. De nada sirve tener una sala bonita pero vacía. Los materiales debían llenar la sala para acompañar los juegos, las construcciones, la narración de sus historias. ¿Qué es un pirata sin espada? ¿Un león sin guarida o una princesa sin vestido? Nos hacía falta material para ser envestido por toda la emocionalidad del niño.
Este segundo esfuerzo lo hicieron las “amas” que movidas por nuestra ilusión en el proyecto desempolvaron en mayor o menor medida sus maquinas de coser y nos surtieron de todo el material blando necesario: Espadas, telas, cojines grandes y pequeños, recortes de espuma forrados y fundas iban llenando los recipientes. Un material listo para ser usado en mil y un juegos.
Para el resto de materiales; material duro o de las grandes conquistas sensoriomotoras como espalderas, colchonetas, bloques, hicieron falta una serie de proyectos de innovación educativa. Concretamente tres proyectos que íbamos presentando año a año a Gobierno Vasco y que nos fueron permitiendo acondicionar la sala.
Compañero(as) simbólico(as)
Y el último y más importante esfuerzo lo dieron las compañeras, entre ellas, el profesorado de la etapa de infantil del colegio.
Compañeras que se acercaron a ver que se hacía en esa sala, compañeras que se acercaron a oír que se les decía que hacían sus niños, compañeras que se dejaron tocar por las acciones de los niños y las resonancias en sus propias historias personales.
Compañeras que se mostraron abiertas y dispuestas a formarse y bajar a la sala. Compañeras que hicieron posible la consecución de esos proyectos y que hoy hace posible que sea una realidad digna de ocupar un huequito en esta prestigiosa revista.
Y digo más importante esfuerzo porque afirmar que lavándole la cara a una sala y acondicionándola con buenos materiales es suficiente para venderse como un centro maduro en práctica psicomotriz estaría como poco faltando a la verdad; Además, de resultar banal y poca profunda.
No es fácil ni corriente que un claustro rompa con lo viejo y lo conocido como lo hizo. Aparecen el vértigo, los miedos y las inseguridades. Hace falta un gran sentido de la voluntad para darse al cambio, para abrir (se), mirar (se) y transformar (se).
La transformación fue lenta. Comenzaron las dudas, los planteamientos y las crisis en las formas de hacer. Artículos y libros nuevos iban a parar a nuestras manos. Cursos, jornadas y charlas ocupaban nuestro tiempo libre.
Una nueva mirada se abría ante nosotras una nueva manera de hacer. Fueron cayendo las barreras, se fueron abriendo las puertas, la mirada iba cambiando. Los miedos y las inseguridades daban paso a la ilusión, a la curiosidad y a las ganas de mejorar.
En muy poco tiempo compañeras, personas en prácticas, sustitutas y nuevo profesorado una vez veían, oían y sentían lo que llevábamos adelante ahí también lo querían para ellas.
Empezábamos a entender las acciones y los juegos de los niños, a comprender su trasfondo, a saber algo sobre un itinerario madurativo, un proceso de descentración, unos fantasmas de acción.
Empezamos con los cuestionamientos ¿Quién es el niño de 0- 6 años? ¿Cómo aprende? ¿Qué juegos y para que los hace? ¿Cómo estructura el pensamiento? ¿Y el lenguaje? ¿Y las relaciones con los iguales? ¿Y la relación con el adulto? ¿Y con los objetos? ¿Y la relación consigo mismo?
Y de repente ocurrió.
El cambio se dio y aunque seguimos en ello, hoy sólo puedo hablar del respeto con el que las observo acercarse a los niños.
Sólo puedo hablar de su delicadeza y la manera de acuclillarse para atenderles desde ahí, desde abajito.
Sólo puedo hablar de cómo sus manos se abren delicadas para sostener.
Sólo puedo hablar de su extraordinaria manera de acoger y acompañar al niño.
Porque de esto se trata, de acompañar y acompañarnos. Como muy bien nos explica nuestro querido Bernard Aucouturier.
Sólo podemos cogerles de la mano y acompañarles y acompañarnos en este tramos del camino que andamos juntos/as para que sea un tramo “suficientemente bueno”.
Al fin y al cabo de eso se trata todo; de uno y del otro. Entonces, ¿Qué puede haber más poderoso que una disciplina que dice tanto de UNO y DE LOS OTROS?
Gracias por convertir la sala y la práctica psicomotriz en lo que hoy en día es.
La verdad que sólo puedo decir que ha sido y es un autentico placer formar parte de esto.
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