Editorial

Nº 52 · Diciembre de 2016 · p. 6

Resumen. Editorial del número 52. Habla de la piel y la palabra, de ser mirado y escuchado, y advierte del dolor que aparece en varios textos. Destaca el esfuerzo de profesionales por comprender el sufrimiento infantil y por ofrecer a los niños, en la sala de psicomotricidad, un espacio donde jugar a ser niños.

La piel y la palabra. Tocar y ser tocado. Hablar y ser hablado. Escuchar y ser escuchado. Niños que juegan a ser niños en la sala de psicomotricidad porque la realidad no les deja ser niños. Ser mirados y poder mirar. Ser para otro que es para ti también. Y esas “tripas” que nos hablan, y que deberíamos escuchar más atentamente.

Cuánto dolor vais a encontrar en algunas líneas de este número, que no podemos ocultar ni evitar.

Pero también vais a encontrar el esfuerzo de un grupo de profesionales por comprender y construir respuestas para ayudar a mitigar este dolor y permitir que el placer de ser niño pueda instalarse en la vida de muchas pequeñas y pequeños que sufren.

Las y los psicomotricistas sabemos, por el recorrido formativo que hemos realizado, que en la vida del ser humano lo más esencial para poder construirse como tal es el haber sido sostenido, abrazado, mirado, acunado, hablado, cantado, besado, acariciado, limpiado, tapado, animado, jugado…por otro/otros que humanizan, que desean, y que progresivamente van dando espacio a que toda esa seguridad y afecto se conviertan en acción y curiosidad por descubrirse y descubrir.

Y cuando todo eso falta, o no es adecuado ni suficiente, y la niña o el niño ha tenido que defenderse o contraatacar ante un mundo que no le ha respetado ni considerado, entonces es necesario construir las condiciones para que se dé el encuentro con unos adultos que les ayuden a cambiar el curso de su vida. Unos adultos que, en palabras de Josep Rota, ayuden al niño en “un intento de reconstruir simbólicamente con él su historia de relación”.

El objetivo es compartir experiencias de relación respetuosas, sostenedoras, contenedoras, productoras de bienestares que permitan la aparición del deseo y el placer de ser, sentirse propietario de su cuerpo, de su juego y de su acción, creando sus propias herramientas, sus propias competencias para dotarse de la seguridad suficiente que les permita acceder a la cualidad de ser humano suficientemente sano.

Y este lugar de encuentro, estos adultos que “humanizan”, podemos encontrarlos en las numerosas salas de psicomotricidad que van apareciendo en la geografía escolar y terapéutica, en donde niñas, niños y profesionales comparten, día a día, dolores y placeres, sufrimientos y satisfacciones. En donde se abren espacios de juego en los que la realidad oscura y amenazadora puede convertirse en un lobo al que dar pelotazos o encerrar entre colchonetas, para luego poder correr, saltar, gritar y reír, dibujando al fin una gran casa, rodeada de flores y un monigote de amplia sonrisa en su interior.

Cómo citar: Cuadernos de Psicomotricidad (2016). Editorial. Cuadernos de Psicomotricidad, 52, p. 6. Luzaro.
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