Editorial

Nº 44 · Noviembre de 2012 · p. 6

Resumen. Parte de que el ser humano es un ser de comunicación que necesita de otro, y presenta el número como espacio de encuentro entre quienes escriben y leen. Defiende una práctica basada en las capacidades de la persona y no en sus síntomas.

Los medios expresivos y de comunicación forman parte de nuestra vida, de nuestra sociedad.

Porque el ser humano es un ser de comunicación, un ser social. Winnicott decía que no existe el niño “sin la madre”. Es decir, no podemos entender la persona sin la existencia de un otro que ha asegurado su vida material y psicoafectiva.

El ser humano en soledad muere (física y/o psíquica y/o emocionalmente). Hablamos de la soledad de no ser cuidado, de no ser atendido, de no ser deseado, de no ser sostenido, de no ser jugado, de no ser mirado, de no ser escuchado, de no ser tenido en cuenta, de no ser valorado, de no ser querido.

Por ello, la palabra, la escritura, el cine, las nuevas tecnologías incluso, pueden ser medios puestos al servicio de las necesidades de decir y de existir de la persona. Medios que sirvan para facilitar el encuentro y no para perderse en ellos (aunque a veces necesitemos momentos de fuga).

Pero todo ello sólo adquiere su sentido si hemos podido realizar el recorrido de nuestra existencia desde el continente de afecto hasta el placer de pensar (Alberto Machado), siendo respetados en nuestros avances y en nuestras dudas y errores. Con un ajuste suficientemente bueno (volvemos a Winnicott), que permite una base segura y unos espacios de iniciativa y autonomía, sin sobre-atender ni abandonar, adecuándose a las necesidades y las capacidades del bebé, del niño o niña.

En el momento en que tú, querida lectora o querido lector, tomas un momento de tu vida y te introduces en alguno de los artículos de esta revista, se completa nuestro deseo de comunicación, de compartir deseos, miedos, ideas, prácticas, desengaños e ilusiones.

Es por esto por lo que continuamos aquí, buscando el decir de profesionales y no profesionales que pueden acompañarnos unos minutos, alejándonos de esa soledad que a veces acecha.

Porque somos muchas las personas que estamos tratando de construir experiencias, estrategias, metodologías que sirvan para facilitar el desarrollo de la infancia de una manera suficientemente adecuada.

Y tratamos de hacerlo desde una perspectiva de comprensión del ser humano como protagonista de sus ideas y de sus actos, y no como el objeto de experimentos, medicaciones salvajes u obsesión por las etiquetas.

No queremos convertir las dificultades en enfermedades, ni a los sujetos en dificultad en enfermos.

Nuestra práctica se basa en las capacidades de la persona y no en sus síntomas o dificultades.

Y esto supone que no ponemos a la persona en situación de “sufrir sus dificultades”, sino de vivir sus capacidades, en un ambiente de seguridad y respeto, en donde amortiguar sus inseguridades para reducir sus dificultades y ampliar sus capacidades.

Cómo citar: Cuadernos de Psicomotricidad (2012). Editorial. Cuadernos de Psicomotricidad, 44, p. 6. Luzaro.
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