En su camino evolutivo el ser humano ha ido adquiriendo progresivamente una mayor conciencia y capacidad de pensar sobre sí mismo, en su existencia, en sus actos y sentimientos.
Esto conlleva un aumento de la complejidad con sus consecuencias positivas y negativas: En el lado de lo positivo podríamos poner la posibilidad de actuar sobre su propio ser y la posibilidad de cambiar, mientras que en el lado negativo podríamos situar el riesgo de un alejamiento de sus raíces, al volar en los vientos del pensamiento.
Pensar sobre lo que uno hace, sobre lo que uno es, sería precisamente una de las labores que enfrentamos en nuestro trabajo y a través, precisamente, de medios como el de esta revista.
Nosotros pensamos, reflexionamos sobre qué es el niño, qué hace, qué necesita, qué podemos hacer nosotros que pueda ser beneficioso para su desarrollo. Y todo esto aumenta la complejidad de la relación educativa y/o terapéutica. La enriquece y la complica. Hay tantas teorías, tantas prácticas, tantos puntos de vista en educación y terapia que cada vez resulta más difícil situarse.
Para poder enfrentar esta catarata de ideas y propuestas los mejores compañeros son el rigor y la apertura. Ser riguroso con lo que se hace, pero no rígido.
Esto implica algo que es la base de nuestra práctica: un trabajo profundo sobre la persona del profesional. Si la persona elabora sus capacidades y limitaciones, podrá acercarse al niño con las mayores garantías de no proyectar su propia historia, tapando la del niño (“saber qué es del niño y qué es nuestro”, en la relación educativa y terapéutica).
Por ello, pensamos que una de las aportaciones fundamentales de nuestra formación es situar como eje la formación personal, que dota de herramientas adecuadas a la persona para poder actuar con rigor y flexibilidad.
En este número vais a poder leer, precisamente, las palabras de unos profesionales que se esfuerzan por entender al niño y construir, crear medios y actitudes que favorezcan su desarrollo. Existirán matices, diferencias, pero algo les une: El respeto por la infancia y el trabajo serio y constante.
Sentir, actuar, pensar: El orden a veces cambiará, pero no cerremos ninguno de estos caminos. Recorriéndolos todos nos completamos como seres humanos.
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