Gordon Craig (1911) habló del actor como “súper marioneta”. Hubo en el teatro otra línea de trabajo que se llamó ‘la biomecánica’, aplicación de la dinámica corporal a la expresión sobre la que teorizó Meyerhold: no sólo se buscaba el mayor rendimiento del actor sino también una poética: “Los movimientos fundados en esta base, se distinguen por su carácter de “danza”; el trabajo de un obrero experto recuerda la danza, y en este punto bordea los límites del arte. El espectáculo de un individuo dedicado a trabajar de modo preciso, proporciona siempre cierto placer” (Meyerhold). La biomecánica se oponía conceptualmente a los métodos introspectivos, emocionales, de inspiración poética, y en el par conceptual “cuerpo/organismo vs cuerpo/marioneta”, tomaba partido concentrándose en los aspectos mecánicos del gesto, de acuerdo con un proyecto—intención, realización, reacción—que pretendía conseguir la mejor expresión.
Un teatro físico pretende descubrir, conocer, desarrollar y potenciar los elementos expresivos en nuestro cuerpo. Integrando elementos del teatro, la danza, la acrobacia y la improvisación en un lenguaje propio a partir de emociones, conceptos e ideas; circunstancias físicas o psíquicas y situaciones de equilibrio precario o riesgo corporal, ampliando la concentración y percepción de uno y el entorno. Un Teatro de la Dramaturgia Corporal tiene por finalidad crear e investigar, desarrollar un teatro donde el lenguaje corporal sea fundamental tanto para la puesta en escena como para el desarrollo del proceso creativo. El universo psicofísico del actor viene siendo objeto de investigación y creación de métodos para el desarrollo de la acción dramática. Las técnicas y mezclas de lenguaje originaron diversos estilos, y a la definición extrema del teatro físico. Las técnicas y fusiones empleadas van desde la danza, circo, artes marciales, rituales, yoga, biomecánica y por qué no decir, hasta los juegos deportivos.
Trabajo de entrenamiento que apunta al desarrollo de la conciencia corporal, el riesgo, y la percepción temporo-espacial, así como el desarrollo de la sensibilidad y el contacto interpersonal. El Teatro Físico se apoya en la determinación de tomar riesgos física y estéticamente. Abordaje de políticas personales, la ruptura de las barreras entre la danza y el teatro, y, sobre todo, la comunicación clara de ideas y sentimientos. Relata historias a través del movimiento, de un modo radical, evitando la narrativa lineal y rechazando las convenciones tradicionales del ballet y la danza moderna.
Podíamos hacernos dos preguntas: una, ¿cómo se representa la proeza física en el teatro? Es decir la proeza como fábula, la hazaña física y el esfuerzo en un lugar tan delator, descarado y visible como el del escenario. La otra pregunta, la proeza en la vida, es el teatro mismo como proeza, el teatro hecho por quienes tienen que vencer lo indecible para lograr ese acto de la representación: dos modos de proeza en escena.
La proeza como fábula o ficción
¿Cómo se muestra la proeza física en el teatro donde tanto cuenta el esfuerzo?
El dramaturgo peruano Alonso Alegría escenificó el episodio real, histórico, del cruce sobre el Niágara de un equilibrista francés -Jean François Cravelet El Gran Blondin- que en 1870 cruzó dieciocho veces el formidable caudal sobre la cuerda floja. Transformando el hecho de una poderosa metáfora, Alegría nos habla del transcurrir de la vida misma hacia una orilla esperanzadora: la realización del individuo como ser profundo y comprometido con la existencia. Es casi de noche. Blondin, en su casa, horas después del último cruce sobre el Niágara, recibe la inesperada visita de un joven admirador que ha seguido toda su trayectoria. Lejos de halagarle, Carlo le hace reproches sobre el más reciente cruce: el Gran Blondín ha hecho trampas, y en un artista de su talento es imperdonable y, le reclama, “todo lo que se promete hay que cumplirlo, sobre todo si se anuncia, si se cobra la entrada…”. El joven exige un más difícil todavía.
“El Cruce sobre el Niágara” nos muestra la posibilidad del vuelo interior como culminación de la persona, pero no en solitario sino en conjunción con el otro, siendo capaces -en la lucha dialéctica que se produce en el encuentro- de crear un nuevo ser portador de la esperanza y de la creatividad necesarias para una vida futura.
Otro título. ‘Marathón’ de Claude Confortes, música de Coy Páez y Pablo de la Loza, con Toni Cantó como intérprete y director (Barakaldo Antzokia. 1-2-2002). Es la historia de tres corredores de fondo que forman un pelotón durante la carrera: a su espalda van quedando en una pantalla carreteras y caminos. Un esfuerzo permite situaciones teatrales justificadas a veces por la estrategia de la carrera, metáfora de la lucha por la vida, y que otras veces son fantasías para cantar, jugar, enredar. ‘Marathón’ se anuncia como un espectáculo musical, bailan, entonan y hacen humor.
‘Marathón’ tiene precedentes: la pantomima ‘Slastic’, que hizo Tricicle para satirizar la retórica del deporte; y sobre todo ‘Rezagados’ del madrileño Ernesto Caballero en la que unos ciclistas vivían la misma peripecia sobre el sillín: aquello era teatro, con una sombría visión de la lucha por la vida.
“El ciclismo es como la vida misma”, dijo un día Marino Lejarreta a uno de los miembros de Teatro Geroa. El comentario decidió a la compañía vasca a encargar un texto teatral-ciclista. Ernesto Caballero, aficionado a este deporte, aceptó el reto en “Rezagados”: un túnel y una caída y los ciclistas -un colombiano, un manchego y un vasco- quedan rezagados. El pelotón les saca mucha ventaja, pero ellos, a pesar de “la pájara”, siguen pedaleando. “Hay un plano metafórico. Hay una historia que lo trasciende. Todos hemos sentido la sensación de estos rezagados y de seguir sin saber bien por qué”, señala el autor, quien no permite que ninguno de los tres personajes baje de su bicicleta en la hora y media que están “enfrentados” al espectador.
En el argot ciclista, la pájara es un estado de desfallecimiento en carrera, causado por el cansancio, el hambre o el calor, que puede conducir a una pérdida pasajera del sentido de la realidad. No sólo en el ciclismo: muchas veces, a lo largo de la carrera sin meta que es la vida, nos vemos poseídos por la pájara. Y entonces nos vemos avanzando sin más razón que la inercia, sin saber muy bien cuáles son nuestros objetivos, pero decididos a no abandonar. Para algunos, este rodar porque sí, más allá de lo racional, sería espíritu de superación; para otros, en cambio, lisa y llanamente, alienación. El abandono sería, pues, derrotismo para aquéllos; para éstos, lucidez. “Rezagados” habla del esfuerzo, de la perseverancia, del límite entre el espíritu de supervivencia y la obcecación alienante, y de la derrota porque los tres son perdedores. Han perdido el tren de su historia y les da miedo parar. La obra habla del racismo, del sinsentido de muchos comportamientos, y de solidaridad, única esperanza que el autor se permite en el texto.
En “La casa de los deseos”, los personajes de un viejo circo comparten con los espectadores sus tristezas y esperanzas. La imaginación es estimulada no sólo por parlamentos sino por sonidos, música, olores, sabores, texturas, que transportan a otro ámbito tanto espacial como temporal: el asistente escuchará y sentirá al viento, sentirá el aserrín en el suelo, olerá las palomitas del circo y la cerveza del payaso, será acariciado por la piel mullida y peluda de un animal real: ¿un perro, un león, un oso?
“La casa de los deseos” (2001), es una obra para ciegos. Una carpa de circo, un payaso triste, una enanita de altas aspiraciones, un trapecista que no puede volar hacia la libertad, un cobarde fortachón cargador de pesas. Cada quien verá el montaje de teatro de acuerdo con su imaginación; el escenario y los actores tendrán tantas caras como número de asistentes. “La casa de los deseos” es una puesta en escena para invidentes –aunque también asista público vidente– con dirección de Pablo Moreno, dramaturgia de Alejandra Sofía y producción de la Compañía Carlos Ancira.
Antes de acceder a “La casa de los deseos”, las personas que sí ven deben colocarse un antifaz. De este modo todos se hallarán en las mismas condiciones, ya que a la obra asiste gran número de personas ciegas. Los objetivos de este montaje son ampliar la percepción sensorial de quienes ven y hacer gozar a los ciegos de un espectáculo que se ha constreñido a lo visual. Asimismo, se busca sensibilizar y tomar conciencia al vidente de lo que implica la vida del discapacitado visual.
Blanca Portillo dirigió la obra de teatro “Siglo XX, que estás en los cielos”, de David Desola, experiencia en el limbo de dos muertos sin alcanzar la treintena -un miliciano republicano y una drogadicta fulminada en plena movida madrileña-, la historia de dos guerras perdidas, una librada para que esos jóvenes “no viviesen peor” y otra fruto de la falta de ideales y la sobredosis de escepticismo. La puesta en escena requería un único espacio (un cuadrilátero), luces apagadas (que impedían ver el rostro de los actores Roberto Enríquez, Silvia Abascal, Ricardo Gómez y Santiago Crespo) y la filtración en escena de olores que remitían a los lugares aludidos por el texto…
La proeza en la vida
A Sarah Bernhardt, considerada una de las actrices más grandes, le amputaron una pierna herida cuando tenía setenta y dos años, continuó actuando ocho años más. Lindsay Kemp lleva en su compañía a un actor ciego. Lola Membrives actuó casi hasta su muerte moviéndose apenas mientras recitaba los textos de Benavente apoyada en un mueble de escena, la cubana Alicia Alonso bailó hasta hace muy poco “La muerte del cisne” en representaciones que eran casi el ensayo de su propia muerte. El europeo Bill Shannon sufre de una deformidad bilateral de cadera, pero eso no le ha impedido ser estrella del hip/hop, bailarín y artista visual, autor de videocreaciones…, es decir verdadera imagen de nuevas tendencias, cultura urbana, presencia pública, afán.
Más: “Me esperan tus ojos” (2003) de la compañía francesa “Kirikoketa Teatro” está protagonizada por la actriz invidente Bakarne y con un escenario interactivo que permitirá que todo tipo de público, incluidos el colectivo de personas ciegas y el de sordas, pueda disfrutar. El monólogo refleja en una hora y diez “un pensar laberíntico de una persona en la víspera de un importante concierto de Bach al acordeón y no puede dormir, y le da por pensar, va a batallar con su cabeza preguntándose qué hace aquí”. La obra está hecha a medida para la actriz, recorre momentos importantes, y explica su modo de percibir los colores, las sensaciones y el entorno una mujer invidente.
El escenario por el que se moverá Bakarne es interactivo, “no es una muestra de la disposición del espacio teatral, sino un espacio de vida, donde la protagonista tiene todo lo necesario que necesita para vivir”. Así, en el suelo del escenario hay una serie de botones que, al pisarlos, producen determinados sonidos. A la entrada del Teatro se coloca un mural táctil, del tamaño del escenario real, para que los invidentes se hagan su composición de lugar. La única diferencia es que no contará con los sonidos: la actriz espera adecuar esta representación al colectivo de sordos. Compositora e intérprete de acordeón, se quedó ciega a los catorce años y vive en Francia. Su primera incursión teatral fue dirigir una comedia musical con 50 niños autistas. De ahí, pasó a componer música para teatro, y de compositora a actriz.
El Teatro Gayarre de Iruñea mantiene (12-1-2006) el ciclo Escena y Discapacidad para personas con discapacidad. Este año el ciclo contó con monólogos y espectáculos de danza, interpretados por compañías que integran a artistas discapacitados. Las obras están adaptadas a público con dificultades visuales y auditivas.
El ciclo ofrece “Una tarde”, de Franca Rame y Darío Fo, a cargo de la compañía El Grito, en la que cinco actores escenifican en el lenguaje para sordos cinco de los ocho monólogos de que consta la obra, que defiende la lucha de la mujer por ser respetada y tratada en igualdad. Además, “Para los que sueñan”, una propuesta de ópera-danza a cargo del Psico Ballet de Maite León, con bailarines con discapacidades como el Síndrome de Down, espina bífida, deficiencias visuales y auditivas o tendencias autistas. Luego, la adaptación al lenguaje de la danza de la película “El rey pescador”, a cargo de la compañía Flick Flock de Cádiz, un grupo que nació en 1995 con intención de integrar a personas discapacitadas a través de la danza. Presentarán “El Rey Pescador”, una adaptación al baile de la película homónima filmada por Terry Gilliam. Los británicos “StopGAP Dance”, que trabajan tanto con actores con síndrome de Down como en silla de ruedas. Su montaje consta de tres piezas de corta duración.
La Fundación Ánade tiene, entre otros, el objetivo de la integración social y laboral de las personas con discapacidad o enfermedad mental. Para ellos promueve y realiza actividades encaminadas a este fin, a través del arte y la creatividad. Organiza la Muestra regional de teatro especial de Madrid dirigida a grupos de teatro formados mayoritariamente por personas con discapacidad o enfermedad mental. Se trata de dar a conocer los trabajos que realizan estos grupos entre los colegios, institutos y público en general que acude a las representaciones programadas. También realiza talleres de formación para los profesionales que trabajan con los actores.
Bibliografía y documentación
MEDINA VICENTE, Miguel (1996). Minusvalías míticas en la historia del teatro. RESAD. Cuadernos de Teoría. Madrid.
PRADIER Jean-Marie “la economía del gasto”. En Dram@teatro. Primera Revista Digital de Teatro en Venezuela. República Bolivariana de Venezuela – Maracay, Estado Aragua.
SCHINCA, Marta (1996). Técnica y expresión del movimiento para el actor invidente. Ed. RESAD. Cuadernos de Teoría. Madrid.
ANADE es una ONG dedicada al trabajo con personas discapacitadas utilizando como medio el teatro. Organiza un festival internacional de teatro. http://www.bitmailer.es/anade
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