Hoy en día se plantea la necesidad de estimular la implicación familiar en el proceso de educación mediante modelos de participación, con un diálogo que haga emerger la necesidad de mejorar el proceso educativo.
Los planteamientos y sentido de las relaciones familia-escuela han ido evolucionando dotándolas de coherencia e incorporando progresivamente un discurso de colaboración cada vez más estructurado hasta el punto de que esta cooperación se ha convertido en uno de los ejes que definen la calidad educativa en la etapa 0-6 y uno de sus retos más importantes (Sarramona y Roca, 2002).
Para garantizar el crecimiento y desarrollo de niñas y niños es preciso prestar atención y colaborar con sus familias desde el inicio del proceso escolar, porque es cuando las familias configuran su propio modelo de parentalidad y la escuela infantil puede potenciar y reforzar las capacidades parentales.
Los contextos educativos de la escuela y la familia son cada vez más conscientes de la necesidad de corresponsabilizarse en la tarea educativa (Mañani y Sánchez, 1997). Esto exige la creación de espacios compartidos para la construcción de una relación que facilite la inclusión del ámbito familiar en la institución educativa y favorezca el desarrollo y el aprendizaje infantil.
Cuanto más estrecha y activa es esta relación, mejores y más satisfactorios son los efectos sobre el desarrollo de las niñas y niños. Numerosas investigaciones (Epstein, 1987; Rodrigo y Palacios, 1998) constatan de forma sistemática las consecuencias positivas que se derivan de la cooperación entre educadores, alumnos, familias y comunidad. La escuela infantil según Blasi (2007) requiere profesionales capaces de crear vínculos con las familias en el marco de su proyecto educativo.
Se trata de una propuesta de cooperación educativa para optimizar las condiciones de la educación de los niños atendiendo a sus procesos de desarrollo. De acuerdo con Plensa (2008), sin la complicidad de los padres es difícil que las distintas actividades conecten con la vida de las niñas y niños más allá del contexto escolar.
La importancia de compartir criterios educativos entre las familias y la escuela justifica la consideración de unas pautas de actuación que permitan dar continuidad a la tarea educativa. Y para poder incidir desde el contexto escolar en la mejora de las prácticas educativas familiares, es importante que la escuela y la familia mantengan canales de comunicación y relaciones de comprensión a partir de la construcción de una confianza mutua en un clima de colaboración, cordialidad y complementariedad.
Para ello, tradicionalmente la escuela infantil dispone de contextos o ámbitos de participación con un amplio repertorio de canales de comunicación, utilizados como espacios de acogida y encuentro (Mir, Batle y Hernández, 2009).
La relación entre las familias y la escuela tiene en la documentación pedagógica un recurso innovador muy positivo, porque ofrece muchas posibilidades de información, de reflexión y de discusión permitiendo a los padres entender la realidad del centro y sentirse partícipes al conocer las actividades que se llevan a cabo.
Un buen estímulo para interesarse y formar parte de la experiencia de sus hijos que les permite comprometerse y crear experiencias comunes, adquiriendo así un nivel más elevado de conocimiento, que les ayuda a cambiar opiniones y expectativas.
Hoyuelos (2009) reafirma en diversos artículos y publicaciones la importancia de la participación de las familias en la escuela infantil. Su filosofía entiende la participación de la familia como un aspecto necesario e indiscutible para conseguir seguridad emocional en los más pequeños; ello les ayuda en la construcción de su propia identidad personal y social.
Este autor sostiene que se puede hablar de educación siempre y cuando exista un proyecto compartido familia-escuela. La familia tiene derecho a recibir información sobre el proyecto educativo que la escuela le ofrece, a saber que su hijo o hija es importante para el educador, que le dedica un tiempo para conocerlo y que le garantiza su seguridad física y afectiva.
Para Malaguzzi (2001) se trata de una escuela amable, activa, imaginativa, comunicativa, un lugar de investigación, de aprendizaje, de reconocimiento y de reflexión, donde niños, educadoras y familias se encuentren bien.
Una vez más, como en las mejores épocas de la pedagogía innovadora (Agazzi, Montessori, etc.), para justificar el valor de la documentación sobre el desarrollo infantil tomamos como referencia la orientación pedagógica de la realidad italiana de las escuelas infantiles de Reggio Emilia (Malaguzzi, 2001; Rinaldi, 2001), Pistoia (Galardini, Iozelli y Tognetti, 2010) y Módena (Borghi, 1996, 2010) que contemplan el diálogo y la participación democrática de las familias y de la comunidad social y cultural.
La documentación resulta un instrumento vital para una práctica reflexiva y democrática que hace visibles tanto los procesos de las niñas y niños, como el proyecto educativo de las educadoras, mostrando un tipo de escuela y su manera de entender la educación. Altimir (2011) hace referencia a un conjunto de imágenes, producciones de las niñas y niños, notas de maestros y expresiones infantiles pronunciadas en el contexto escolar que provocan reflexión.
Para Galardini y Lozzelli (2010) la documentación es un instrumento indispensable para las múltiples tareas de maestras y educadoras, como construir y mostrar experiencias positivas de los niños, mejorar la capacidad de comunicación con ellos, con sus familias y con los colegas.
Requiere una actividad atenta y sistemática de observación y reflexión, que facilita la comprensión de las potencialidades de las niñas y niños justamente porque son comprendidas y respetadas. Ayuda a escuchar y observar mejor las experiencias que se llevan a cabo y a repensar la intervención educativa.
Desde un punto de vista cooperativo, la documentación recogida, interpretada y verificada de forma colegiada permite valorar la acción educativa, representar ideas y pensamientos que tienen en cuenta a los niños como protagonistas y a las educadoras como responsables de la organización de los acontecimientos.
Desde el punto de vista etimológico, documentar significa ‘ofrecer pruebas, ratificar, comunicar algo que se considera importante o significativo’. En la escuela eso implica valorar lo que se hace, explicitando y destacando lo que sucede de acuerdo con el proyecto educativo.
No se trata sólo de narrar, sino de seleccionar y explicar las escenas más significativas que muestren las competencias y las necesidades de las niñas y niños a través de los pensamientos y las palabras de los adultos que se encargan de ellos.
Según Tognetti (2010), el objetivo de la observación y la documentación es registrar y construir una memoria para compartir en primer lugar con las familias, el protagonismo de los niños en las relaciones y, a través de ellas, en los procesos de desarrollo de sus competencias.
Algunas experiencias entre la innovación y la tradición
Tal y como hemos visto la educación, es una tarea para compartir entre las familias y la escuela, y la colaboración, la comprensión y la comunicación son importantes. El traspaso de información a las familias mediante la documentación pedagógica es un compromiso de las educadoras para dar cuenta del trabajo realizado en la escuela con los niños.
Para estudiar experiencias de psicomotricidad compartidas con las familias, seleccionamos escuelas de los dos ciclos de infantil que contemplaran en su proyecto educativo la práctica psicomotriz y el trabajo con las familias, y valoramos las características de la documentación a partir de la identificación de imágenes significativas captadas con cámara digital. Nos planteamos observar el uso interactivo de algunas estrategias como el álbum de psicomotricidad (cuaderno viajero/dossier monográfico), las reuniones de padres con soporte audiovisual, el blog de infantil en la web del centro y el marco digital en el pasillo de acceso al aula.
Esto nos exigió hacer un diseño previo, como bien explica Iturgaiz (2007), preparar el guión (a quién va dirigido, qué queremos explicar -los contenidos-, la calidad de la información visual, el acceso, cómo hacerlo, el feedback, la evaluación, etc.), seleccionar el material en diferentes formatos (fotografías, diapositivas de power point, vídeos), elaborar documentos comprensibles para las familias con las expresiones de los niños, las reflexiones de las psicomotricistas, dar la palabra a los padres recogiendo sus comentarios, entender las inquietudes en torno a sus hijos, promover el diálogo, compartir e intercambiar experiencias sobre la educación de sus niños potenciando sus habilidades parentales.
Pensamos que la diversidad de los formatos y los contextos de interacción podían ser un elemento facilitador. El acceso al álbum y al blog tiene lugar en el espacio doméstico y son utilizados en períodos de tiempo elegidos a su conveniencia, y las reuniones y el marco digital cuando se personan en la escuela en presencia de la educadora en horarios preestablecidos.
El criterio base para seleccionar las imágenes fue que mostraran la original manera de ser y estar de las niñas y niños, su expresividad psicomotriz -su inteligencia corporal- a través de los parámetros de observación psicomotriz, las relaciones del niño con su cuerpo, con los demás, con el espacio, el material y el tiempo, y las oportunidades creadas por las educadoras en el contexto de la sala de psicomotricidad, para promover el desarrollo de sus capacidades en la construcción de la identidad personal a lo largo del curso.
El álbum de psicomotricidad es una herramienta de comunicación con las familias (Mir, Urtasun, Morey y Morell, 2009) que pretende ampliar los conocimientos de los padres y madres ofreciéndoles información escrita sobre la psicomotricidad con textos, dibujos y fotos significativas de las sesiones. El texto redactado en términos comprensibles para los padres incluye un escrito de presentación con las expectativas de este recurso, y explica diferentes aspectos de la práctica psicomotriz para aumentar el conocimiento de los padres sobre la importancia del desarrollo psicomotor, la educación psicomotriz en la escuela, el contexto físico donde se lleva a cabo, sus objetivos y contenidos, las actividades y juegos de los niños, la metodología de trabajo de la psicomotricista, y los aspectos que observa y evalúa.
Planteamos este recurso solicitando la colaboración de las familias para dedicar un tiempo a hojear el álbum en casa con su hijo, invitando al niño a comentar las fotos, a hablar sobre él, escuchándolo, mostrando interés por sus experiencias, valorando positivamente sus explicaciones, habilidades y competencias, preguntándole por el trabajo que hace en la escuela, haciéndole sentirse protagonista… Y también contemplamos la posibilidad de que los padres recogieran por escrito las explicaciones de sus hijos que les llamaron la atención y que plantearan cuestiones puntuales o hicieran sugerencias en unas hojas específicas incluidas en este ‘cuaderno viajero’ antes de retornarlo a la escuela.
Debido a que el número de reuniones de padres a lo largo del curso es limitado y trata otras temáticas además de la psicomotricidad, el encuentro de inicio de curso el primer año utiliza diapositivas de power point, para presentar los contenidos del proyecto de psicomotricidad en la misma sala a fin de que conozcan el contexto físico, y posteriormente se les ofrece el visionado de secuencias significativas de las sesiones grabadas en vídeo, para que puedan entender qué hacen en esa sala y el placer que experimentan en ella junto con los compañeros y los adultos.
También se explica a las familias la importancia de realizar la lectura de las imágenes en estas edades a través de las fotografías, para ampliar su vocabulario y para construir estructuras lingüísticas que faciliten la comunicación de los sentimientos, de las emociones y de las experiencias personales y colectivas, para organizar las ideas y, también en este proyecto, para compartir los valores asociados a actuar responsablemente. Planteamos algunas preguntas sobre los comentarios y expresiones de los niños, así como bibliografía complementaria (Mir y Urtasun, 2004).
Las experiencias de participación de la familia en la escuela cobran nuevo significado con las posibilidades que ofrecen las tecnologías de la información, que también se van incorporando a la vida de la escuela como ocurre en tantos otros ámbitos de la sociedad, ofreciendo una gran puerta abierta a la comunicación con las familias, promoviendo el intercambio, la interacción y la colaboración en la construcción de una escuela más participativa y democrática (Aguilar y Leiva, 2010). En nuestra experiencia el acceso al blog ha permitido dar visibilidad al trabajo de psicomotricidad desde el espacio institucional de la web del centro, y recoger las participaciones de los padres en la medida que se familiarizaban con la herramienta.
Entendemos el blog no sólo como un recurso informativo, como un tablón de anuncios cibernético o de transmisión de información para conocer y comprender el día a día de la escuela, sino también como un espacio de comunicación e interacción virtual que facilita el establecimiento de redes de aprendizaje familiar.
Los padres pueden dejar comentarios en los visionados de fotos, o en los vídeos que las educadoras cuelgan y constituir una plataforma de intercambio formativo entre familias. El blog requiere una actualización permanente para estimular en las familias la curiosidad de querer comprender y conocer más y mejor.
La comunicación que se establece con el niño en el momento de la consulta del blog, tiene beneficios semejantes a los del álbum de fotografías con la ventaja de poder acceder a las fotos seleccionadas y guardarlas para propio disfrute. De esta manera, las familias pueden observar a través de la selección de imágenes la evolución de la sesión de psicomotricidad y los juegos que realizan sus hijos, conociendo así su expresividad psicomotriz.
El marco digital permite a la familia ver imágenes, acompañadas de texto y música, más exclusivas de su hijo en los momentos de llegada o despedida e intercambiar comentarios puntuales con la educadora. Su idiosincrasia yace especialmente en la inmediatez. Madres y padres junto a sus hijos e hijas se despiden del centro dando respuesta a las preguntas que venían haciéndose esa misma mañana: “¿qué harás hoy en “psico”?, ¿saltarás muy alto?, ¿volverás a ser un tigre?”, etc.
De alguna manera este formato documental surge como respuesta a la demanda explícita de las familias, y más tácita pero visible de las niñas y niños, de poder compartir en el mismo día las experiencias vividas durante la sesión de psicomotricidad.
Tanto las educadoras como las familias hablan de una documentación más viva, más dinámica (Hernández, 2009), aunque la misma virtud implica cierto riesgo, ya que la inminencia conlleva el reto de optimizar al máximo los recursos a través de una buena planificación y organización, de tal modo que la documentación cumpla con los requisitos básicos: reflexión, selección, veracidad, cuidado estético, etc.
Tanto en el álbum como en el blog y el marco digital, partimos de la base de que niñas y niños, al reconocerse en las imágenes, rememoran los momentos vividos, se vuelven a emocionar ‘en diferido’, los verbalizan y mediante la escucha atenta y los comentarios de los adultos (educadoras y familias), les otorgan protagonismo, les ofrecen un espejo positivo de sus aprendizajes y les ayudan a dar significado a sus experiencias.
Creemos que esta actividad conjunta en la búsqueda del sentido permite el pasaje “del placer de hacer al placer de pensar”, al representar las vivencias de las sesiones de psicomotricidad, mostrando el placer de aprender, potenciando la representación de la imagen de sí mismo, al tiempo que permite dar a conocer la metodología y las estrategias empleadas en la sesiones de psicomotricidad y compartir vivencias, reflexiones y análisis sobre la tarea educativa en el contexto escolar y familiar. Las familias constatan la motivación y los cambios de sus hijos, y muestran su emocionado reconocimiento a la escuela y las educadoras al vislumbrar el alcance de la tarea educativa: “Os animamos a que continuéis con este proyecto y que nos lo hagáis llegar a casa para poder así disfrutar de estos momentos con nuestros hijos ya que, si no, nos lo perderíamos. ¡Gracias a todo el equipo y enhorabuena por este trabajo!”. Otras consecuencias que se derivan de una mayor comprensión de las vivencias escolares de los hijos son que las familias se involucran más y encuentran puntos comunes de conversación entre ellas, mejorando la calidad de la relación de la comunidad educativa.
Así pues, constatamos que estas estrategias permiten tejer un puente entre el hogar y la escuela que, en la medida en que es transitado, facilita una progresiva toma de conciencia e implicación en el trabajo conjunto al estilo de las comunidades de aprendizaje, y por tanto contribuyen a optimizar el contexto del desarrollo infantil.
Referencias bibliográficas
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Nota de la edición digital: el artículo impreso incluye cuatro imágenes (fotografías de sesiones y una captura del blog de la escuela) que no se reproducen aquí. Están en el PDF del número.
