Comunidades de aprendizaje

Nº 32 · Diciembre de 2006 · pp. 31–35

Resumen. Presenta el proyecto de Comunidades de Aprendizaje: dejar atrás el discurso negativo sobre el alumnado y las familias, y apostar por altas expectativas, participación de las familias y tertulias dialógicas.

Cuando nos juntamos un grupo de profesores y profesoras y hablamos de la infancia, la educación, los centros escolares, las familias, las conversaciones son cada vez más negativas: todos son problemas, a los niños y las niñas cada vez los vemos peor y qué decir de las familias, “maleducan o delegan la educación de sus hijos e hijas en otras instancias” y nos da la sensación de que la escuela poco puede hacer por resolver la situación, parece que siempre está fuera, que son otros y otras los culpables de lo que pasa. Todas estas impresiones vienen reforzadas por los medios de comunicación amplificando el problema del maltrato entre iguales o al profesorado.

A su vez todos y todas sabemos que actuar así, hablar negativamente del alumnado, de sus familias, etc., no sirve para mejorar la situación, sino todo lo contrario, la empeora. Hace tiempo que aprendimos lo que era el efecto Pigmalión, o la importancia de tener altas expectativas para que se dé aprendizaje y, sin embargo, seguimos insistiendo en lo contrario. Esto no quiere decir que no haya que hablar de los problemas y analizarlos para poder afrontarlos. Es necesario hacerlo para buscar alternativas, ver qué problemas tenemos, qué nos explican las teorías científicas sobre los mismos y la situación actual que estamos viviendo, y ver como experiencias de distintas partes del mundo están resolviendo problemas parecidos. Esto es lo que están intentando hacer en un número cada vez mayor de escuelas que año a año se incorporan al proyecto de Comunidades de Aprendizaje.

La primera conclusión a la que llegamos en estos centros después de dedicar un tiempo inicial de unas treinta horas a la reflexión y formación es que las escuelas no han cambiado mucho y que así es difícil responder a las necesidades de la sociedad actual, una sociedad cada vez más compleja como es la sociedad de la información; que los problemas no sólo están fuera sino que somos parte de los mismos; que la transformación social ha provocado un aumento de las desigualdades y esto tiene su reflejo en el fracaso escolar del alumnado en desventaja social; que la diversidad de opciones, valores hace que la única forma de recuperar la autoridad sea a través del acuerdo entre profesorado, familias, alumnado, educadores; y lo que es más importante, que la escuela, el profesorado solos no podemos hacer frente a la complejidad a la que nos enfrentamos, porque como afirma Manuel Castells «El aprendizaje depende cada vez más de la correlación que existe entre lo que ocurre en el aula, en el domicilio y en la calle».

Por tanto, lo primero que tenemos que hacer los centros si no queremos que los problemas se agraven y aumente la desesperanza es iniciar la transformación. Y a partir de ahí es el convencimiento y la comprobación día a día de que otra educación es posible lo que vuelve a ilusionarnos al profesorado, a unos más rápidamente que a otros y nos permite ejercer de forma positiva nuestra profesión.

Los objetivos de esta trasformación son la mejora de la calidad de la enseñanza para todas las personas, independientemente del nivel social o de su cultura y aprender a vivir juntos.

Para ello es imprescindible aunar las voces, capacidades y esfuerzos de todas las personas en una misma dirección, es necesario crear sentido entre todos y todas. Que la escuela tenga sentido para los niños y las niñas, sus familias y el profesorado tenga en cuenta sus necesidades y realidades, les ayude a alcanzar el éxito escolar y sea un sitio seguro donde los niños y las niñas no sufran, que vean que el esfuerzo merece la pena y van a encontrar referentes, espacios de comunicación y de expresión, para la decisión y la dirección de sus propias vidas, de espacios de encuentro con otras personas en la misma tarea de aprender.

Un elemento importante que potencia el compartir metas e ilusiones en las Comunidades de Aprendizaje es la realización de un sueño conjunto, es una manera de incorporar a todas las personas en un mismo proyecto de igualdad: que el aprendizaje que el profesorado queremos para nuestros hijos e hijas y el que quieren las familias para sus propios hijos e hijas esté al alcance de todos los niños y niñas. Con esta premisa se establece el diálogo entre todos los miembros de la comunidad y se inicia una fase muy ilusionante que ayuda a romper las barreras que habitualmente se dan entre profesorado y familiares. El alumnado también sueña y los más pequeños pueden expresar sus sueños a través de dibujos, cuentos, teatros, juegos. Unas familias nos ayudan a incorporar los sueños de otras que habitualmente participan menos y al ver que sus sueños cuentan nos ayudan a acercarnos.

Este proceso nos suele aportar más de una agradable sorpresa: más aportaciones de las acostumbradas, personas de las que esperábamos poco y que se implican, sacar a la luz aspectos y realidades desconocidas cuando pensábamos que ya sabíamos mucho de las necesidades y posibilidades de las personas Este sueño nos sirve de motor de la acción y de utopía que la orienta.

Para llevar a cabo los trozos de sueño que elegimos abordar a corto y medio plazo se forman comisiones mixtas de profesorado, familiares, voluntariado, profesionales, alumnado y otros agentes y se planifica las acciones necesarias para llevar adelante un determinado trozo de sueño, una prioridad.

A partir de ahí se reestructura todo, desde el aula hasta la organización del propio centro y su relación con la comunidad, barrio o pueblo, en base al diálogo y a la diversidad de interacciones.

Al contar con los recursos de la comunidad estos se optimizan y rentabilizan: el responsable de la biblioteca municipal ayuda a organizar una biblioteca tutorizada en el centro escolar, además sabe qué necesidades se deben cubrir desde la municipal; los equipos de apoyo o refuerzo municipales pueden contribuir a que esta biblioteca tutorizada esté abierta más tiempo y su intervención sea más eficaz en coordinación con los profesionales del centro, esto permite que niños y niñas que no pueden recibir ayuda en sus casas para hacer tareas la reciban en el centro; un educador o educadora social puede intervenir un tiempo determinado dentro de un aula donde hay alumnado con el que tiene que trabajar y luego continuar su labor en espacios informales; en las actividades de tiempo libre se refuerzan determinados valores y aprendizajes acordados y los educadores aportan al profesorado visiones diferentes del mismo alumnado lo que les permite enriquecer sus puntos de vista; personas de los servicios municipales participan en las comisiones mixtas o se reúnen con representantes de ellas periódicamente lo que les ayuda a planificar mejor sus actuaciones en el barrio o municipio.

Una de las formas que adquiere la transformación en las aulas es los grupos interactivos. En los grupos interactivos no se saca a nadie del aula, ni del centro, pero se asume que el profesorado solo no puede con todos los niños y niñas y entren en el aula a ayudar todas las personas que se necesitan para que todos y todas estén todo el tiempo aprendiendo y atendidos. Estas personas no son sólo profesores profesoras, sino también pueden ser familiares, educadores y educadoras sociales, profesorado jubilado, voluntariado, etcétera; tantas personas como sean necesarias para que nadie se quede rezagado en el aprendizaje y para que todos y todas convivan desde pequeños de forma solidaria.

La diversidad de personas adultas en el aula resulta más enriquecedora ya que éstas aportan distintos estilos que a veces se acercan mejor a la diversidad de alumnado y contribuyen también con variedad de estrategias. Su papel es potenciar que unas alumnas o alumnos ayuden a otros en la realización de las actividades de manera que todos y todas aprendan a hacer las tareas. De esta forma el que ya sabe hacerlo la aprende mejor al explicarla y argumentarla a la vez que aprende habilidades de comunicación y solidaridad y quien no sabía hacerla lo entiende mejor cuando se lo explica alguien más cercano. La organización del aula en grupos interactivos tiene en cuenta la necesidad de actividad y movimiento del alumnado por lo que los grupos están un tiempo limitado haciendo una actividad y rotan cambiando de actividad y de persona adulta para hacer otra actividad. La adecuación de este tipo de dinámicas a las necesidades y características del alumnado es tal, que no sorprende que, a pesar de que el esfuerzo y la concentración que se pide en las actividades sean muy altos, los niños y las niñas reclaman hacer este tipo de dinámica en el mayor número de sesiones posibles. A la vez el profesorado aprende muchas más estrategias de aprendizaje, conoce mejor a cada niño o niña y ve fácilmente el éxito de su trabajo.

Todos estos procesos y actividades además de mejorar los aprendizajes mejoran la convivencia y facilitan que nos pongamos de acuerdo en normas básicas para la vida de los niños y las niñas.

Para implicar a todos los agentes es necesario organizar asambleas, reuniones de aula, organizar una comisión mixta de convivencia y formaciones y tertulias dialógicas con estos temas. En varios centros de comunidades, para profundizar en este proceso, se está iniciando un procedimiento de trabajo alrededor de una norma de manera que el acuerdo, el debate, la concreción y la formación alrededor de ella sea más real. En unos centros esto se llevará a cabo en relación con el tema de violencia de género, en otros con el racismo Sólo con crear espacios para abordar estos temas de manera conjunta y por separado, de facilitar la reflexión de los propios niños y niñas sobre los mismos, hacen sacar a la luz y ayudan a resolver conflictos que ni las familias ni el profesorado conocíamos y facilita el prevenir otros.

Todos estos procesos se acompañan de formación para todos y todas. La participación y formación de todos los agentes, especialmente de familiares, potencian el aprendizaje y la convivencia, el sentimiento de la escuela como algo “nuestro”. Además, ayudan a conocer y valorar el trabajo del profesorado, lo que influye en las actitudes que se potencian desde los domicilios. Asimismo, mejoran la “autoestima” de las familias con respecto a la escuela y a su papel educativo; se establecen lazos, aumentando la confianza y todos y todas nos enriquecemos con otros puntos de vista.

Una forma de concretar esta formación son las tertulias dialógicas. Éstas además son un buen espacio para el trabajo de valores y para abordar conflictos. La buena literatura facilita esta tarea además de potenciar aprendizajes. Entre todos los participantes se decimos qué libro se va a leer, cuántas páginas y se queda para comentar lo leído. Tanto las tertulias con el alumnado, como en las que participan adultos, se van explicitando conflictos y se reflexiona desde distintos puntos de vista sobre la realidad, se abordan los valores de manera conjunta y se favorece el debate de problemas del centro y del entorno.

Como dice un famoso proverbio africano: “Se necesita todo un pueblo para educar un niño”. Y así todos y todas recuperamos la ilusión de educar.

Sobre Mª Luisa Jaussi. Mª Luisa Jaussi Nieva es coordinadora del Proyecto de Comunidades de Aprendizaje del Departamento de Educación del Gobierno Vasco.
Cómo citar: Mª Luisa Jaussi (2006). Comunidades de aprendizaje. Cuadernos de Psicomotricidad, 32, pp. 31–35. Luzaro.
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