… hubo una vez, sólo una vez que le empezó la vida.
Le acompañaron la ternura y la piel; primero cerca, luego cerca y lejos y poco a poco, después, progresiva e inexorablemente después, en el lento y difícil peregrinaje de su metamorfosis, intentando despegarse, enredado en las trampas del amor propio, se debatió en una perpetua confusión entre alejarse y acercarse, instalado en la incertidumbre, en el laberinto de lo que simplemente pudo ser.
Ese trasiego de imágenes se tejió entre los gritos del silencio y el pálpito de las palabras; un fondo esculpido en forma que se fraguó entonces, cuando le empezaba la vida y que alentó y desalentó la presencia y la ausencia, estigmatizado a acercarse para alejarse y a alejarse para acercarse
Deambulando, buscando, buscándose en la infinita aventura del lejos: el mar, o al abrigo del puerto: el cerca.
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