Hace 5 años que empecé esta gran aventura, soy instructora de masaje infantil y en aquel entonces ya había empezado a contar cuentos como contadora en bibliotecas y escuelas. Conocía la experiencia por AEMI (Asociación Española de Masaje Infantil) de instructoras que añadían cuentos a los masajes y decidí tirar del hilo, y tiré y tiré y nació “Azalerako ipuinak”.
Los dos pilares que sostienen “Azalerako ipuinak” son la importancia del contacto y la oralidad. Cuando digo contacto me refiero al masaje infantil, al respeto, al contacto visual, y cuando digo oralidad, a la tradición oral, literatura infantil, rimas, juegos de dedos, retahílas, canciones…
Estas dos temáticas se han ido entrelazando como si estuvieran esperando a ser unidas, para mí fue un gran descubrimiento porque no paraba de crear material que funcionaba, que los bebés aceptaban, que sus familiares disfrutaban jugando con las propuestas. Fue una gran sorpresa, era asombroso cómo se complementaban el masaje y la oralidad, cómo se acompañaban, e incluso se necesitaban.
Poco a poco me daba cuenta, en la práctica, de que iban juntas de la mano haciendo una danza que los bebés disfrutaban. Y nos dimos cuenta de que el contacto y la oralidad son el alimento básico que necesitan.
La oralidad en edades tempranas es muy enriquecedora, están sedientos de historias, de retahílas, de rimas, de sonidos, de ritmos, de juegos.
Y si le añadimos la necesidad de conocer los límites de sus cuerpos, de conocer los contornos, las dimensiones, el “dónde empiezo yo, dónde acabas tú”, obtenemos una fórmula mágica que el bebé de 0 a 2 (incluso mayores) agradece profundamente. Es como si le dieras justo lo que necesita, como si alimentaras algo profundo, algo antropológico, ese lugar donde está lo ancestral, lo intrínseco. Lo entiende, lo agradece y lo manifiesta.
El lenguaje de la rima, de la poesía, es un lenguaje que el bebé reconoce, entiende porque está en la misma pulsación, en la onomatopeya, en ese lenguaje arcaico que todos compartimos, el de antes de la creación del lenguaje, ahí es donde el bebé conecta profundamente.
En mi experiencia he podido ver cómo han integrado la rima y el juego de la palabra en sus cuerpos los niños y niñas que han participado en el taller. Sus necesidades de placer corporal y lingüístico han sido cubiertas y crecen con experiencias de placer, que considero imprescindibles para construir el lenguaje y el cuerpo.
El taller lo imparto en bibliotecas una vez al mes, a las sesiones acuden madres y padres con sus bebés. En estos talleres propongo canciones, poemas de tradición oral, juegos de manos, y cada adulto le hace a su bebé la propuesta, un masaje, un jueguecito… En las sesiones siempre hay un apartado donde trabajamos el libro, para que vayan conociendo un itinerario literario que para mí merece la pena, son cuentos básicos y apropiados para esa edad.
Puedo contaros la experiencia de una profesora de haur eskola que asistió a mis talleres y que llevó la práctica a su grupo. Dice que la aceptación fue maravillosa, hoy en día cuenta con un espacio dedicado a “Azalareko ipuinak” que todos los niños conocen y que, en muchas ocasiones, se ponen entre ellos a darse masajes y a cantar.
Contaba que le parecía una herramienta excepcional para poder estar un rato con cada niño, para que niños que no conocen esta experiencia del tacto se vayan acercando, a su propio ritmo, sin prisas, sin presión. Dice que ha tenido verdaderos encuentros emocionantes con niños que tienen rechazo al contacto. Y es que la mezcla con la oralidad hace de este momento algo muy concreto, con una duración determinada, con una posibilidad de repetición, siempre idéntica, y eso a muchos niños les da seguridad.
Para mí es un regalo poder tener la posibilidad de compartir con las familias la experiencia de ver cómo sus hijos evolucionan y tienen cambios impresionantes, mayor capacidad de escucha, mejor relación con el contacto, aumento de la capacidad lectora entendiendo esta como algo más amplio que el acto de decodificar el texto, leen desde dentro las imágenes y las sensaciones, en muchas ocasiones sin sacar la voz; pero expresado con todo su cuerpo, me parece una acto lector de un gran valor, porque en este acto se encuentra la base para una integración del lenguaje, una buena interpretación del texto y una buena comunicación.
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