Acompañar

Nº 37 · Octubre de 2009 · pp. 8–13

Resumen. Describe el acompañamiento como actitud educativa y de ayuda básica de la práctica psicomotriz, basada en la no directividad, un marco claro y seguro, la escucha y la empatía, y la resonancia tónico-emocional con el niño.

En la Práctica Psicomotriz proponemos el “acompañamiento” como actitud básica del educador en el proceso de maduración psicológica del niño.

El acompañamiento no es una actividad concreta, sino una actitud educativa y de ayuda. No se trata de hacer algo concreto, sino de adecuar el hacer pedagógico y de ayuda a las necesidades de las niñas y niños con quienes trabajamos. ¿Pero adecuarlo en qué sentido? El acompañamiento supone una elección, una pedagogía basada, entre otras cosas, en la no directividad.

Cuando hablamos de no directividad no hablamos de pasividad ni de un simple “dejar hacer”. Ser “no directivo” significa una gran intensidad de la implicación en la relación con las niñas y niños con quienes trabajamos. Supone la construcción de todo un marco de seguridad que va desde las condiciones materiales (los espacios, los materiales, los tiempos), hasta las estrategias (propuestas, preguntas, función de espejo, posibilitar el deseo de hacer y la iniciativa, etc.) y las actitudes del educador (escucha, empatía, ley y seguridad, etc.).

La pedagogía no directiva implica una gran claridad en la dirección de la labor educativa que realizamos. Una gran claridad del marco educativo que construimos, de forma que las niñas y niños puedan construir con el máximo de autonomía, dentro de la seguridad que dicha claridad les proporciona.

Implica confiar en que la niña o el niño tiene unas capacidades suficientes para ser protagonista de su proceso de construcción personal, sostenido y contenido por un marco educativo y de ayuda claro y respetuoso con esta confianza.

Bernard Aucouturier diferencia tres grandes marcos educativo-pedagógicos:

  • El desorden sobre fondo de desorden: es el caos.
  • El orden sobre fondo de orden: es la rigidez, la directividad que no permite la iniciativa y creación del niño.
  • El “desorden” sobre fondo de orden: es lo que podemos observar en las sesiones de práctica psicomotriz. Es el marco estructurante que posibilita la autonomía e iniciativa de niñas y niños, sin miedo a perderse ni a descontrolarse. Es el marco de la ley-seguridad. Es la educación basada en dos grandes pilares, el afecto y la ley: El afecto como motor de la existencia, como base de la continuidad del ser; la ley como estructuración, factor de crecimiento y maduración. Siempre tienen que estar ambos, para que el proceso de maduración psicológica se dé sin grandes complicaciones.

A continuación planteamos una serie de reflexiones sobre el concepto, la actitud de acompañar; son reflexiones que aportan algunos elementos para la construcción de la comprensión del acompañamiento, sabiendo que es un concepto más tónico-emocional que cognitivo.

Podemos empezar con la referencia etimológica de la palabra acompañar: del latín cum panis, es decir, “comer el pan juntos”.

Acompañar es “ser/estar con”, pero también es “ser/estar”, por lo tanto, hay dos polos: el del que acompaña y el del que es acompañado. Los dos están en disimetría y entre los dos polos hay un espacio de metacomunicación relativo a todo lo que hay con respecto al “con”.

¿Quién acompaña qué?

La persona que está en relación de ayuda debe tener conciencia de su propia concepción del otro, como sujeto de acción inscrito en su propia historia.

Todas las interacciones se dan en función de la puesta en escena de la expresividad del otro, con la movilización de los índices significativos de acción, ligados a la historia. Estos índices van a construir la historia misma.

El psicomotricista crea las condiciones en las que el niño puede reencontrar la transformación de la acción en relación al sentido de su historia. Cada relación de ayuda debe producir un cambio de la producción del niño en función de un proceso de autonomía en la vida del niño. El objetivo es crear las condiciones para que el otro pueda actuar, entendiendo actuar como movimiento interior y exterior que produce transformaciones en el interior y en el exterior.

El acompañamiento está ligado a la comunicación, al apego y la confianza, al conocimiento del otro, a partir de las resonancias tónico-emocionales recíprocas y empáticas ligadas, a su vez, a la escucha y el ajuste recíproco y asimétrico.

Es un proceso que comprende tanto la dependencia como la autonomía. Acompañar quiere decir permitir a la persona reconocer en qué y cómo es autónoma y en qué y cómo es dependiente. La autonomía implica la interiorización del otro y una vez que el otro ha sido interiorizado, se desarrolla progresivamente la autonomía.

El acompañamiento permite evolucionar el juego dialéctico entre la ilusión de omnipotencia y el reconocimiento de la propia competencia. Es decir, en esa área amplia del “como si”, el niño puede desplegar sus fantasmas de omnipotencia, de forma que pueden ser contenidos, evolucionando hacia la toma de conciencia de las competencias reales. Todo ello, desde un trabajo sobre las capacidades y la posibilidad de actuar, frente a pedagogías restrictivas y que sitúan al niño ante su “no saber”.

Son cualidades del acompañamiento: ajuste, escucha, distancia, ritmo, silencio, espera, continuidad, rupturas.

¿Qué es acompañar?

Acompañar es un concepto al que sólo se puede llegar desde la vivencia, desde la toma de conciencia de la propia experiencia de acompañar y ser acompañado (en la propia historia y en el proceso formativo como psicomotricista). Acompañar en nuestra práctica encierra una paradoja, pues hace referencia a una situación de semejanza y a la vez de asimetría. En el equilibrio de estas dos situaciones se resuelve la paradoja.

Acompañar al otro, es crear un camino en común. No es solamente el camino del otro, sino una construcción “a dos”, una síntesis a dos en las interacciones. Los puntos de llegada son diferentes según los acompañantes pero tan válidos y auténticos los unos como los otros.

El camino individual de una persona es siempre una síntesis colectiva.

Acompañar es estar con el otro en actitud de escucha en un ambiente de seguridad, que permite a la persona expresarse libremente.

Es “ser” en una interacción con el otro, que permite compartir el placer de la acción, pero también el placer emocional (resonancia tónico-emocional), en un espacio relacional que da al otro la capacidad de existir en presencia de sí.

Es también escuchar, acoger el deseo del otro, pero también el sufrimiento, sus defensas, con el fin de favorecer la emergencia de su deseo.

Es facilitar, permitir una transformación tónica en el otro a partir de su propia transformación.

Acompañar al otro se hace siempre en relación con la historia del propio acompañante, de la manera en que ha sido acompañado.

Acompañar es permitir a la persona expresar su identidad, su originalidad, su diferencia.

Es recibir lo que viene del otro. Es ajustarse y garantizar la seguridad del otro. Es anticipar la acción del otro.

Es una actitud relacional, que se da en una relación, en este caso educativa o de ayuda.

Es una actitud que se concreta en:

  • Dejar la iniciativa al acompañado
  • Interactuar con esa iniciativa a partir de dos actitudes básicas:
  • Ayudar a ir más allá en su acción
  • Resistir a su acción, buscando una reacción que le permita ir más allá.

Es interactuar sin invadir: si uno permanece en sí, no invade. Está con el otro, pero no se confunde con él, ni cae en la indiferencia.

Es una dinámica de presencia-ausencia, dentro de una continuidad de la relación de confianza.

Es interactuar dentro de un área de seguridad. Esta área de seguridad se construye a partir de la proyección de la propia angustia del acompañante. Si uno tiene angustias propias excesivas puede utilizar al acompañado para satisfacer sus propias necesidades.

Supone solidez y maleabilidad (no rigidez) del acompañante, que hacen surgir la seguridad afectiva (los buenos apoyos).

Permite el cambio tónico, la modulación tónica del acompañado, saliendo de la rigidez tónica que produce la angustia excesiva (la angustia fija el tono). Esta fijación del tono, del estado tónico, es lo que se produce en las niñas y niños en situación de inestabilidad motriz.

Parámetros para tener en cuenta en el acompañamiento:

  • El desarrollo del tiempo, el ritmo, la espera.
  • El espacio: ¿qué investimiento espacial?
  • Los objetos y la actividad que se realiza: ¿Quién toma la iniciativa de la actividad? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Proteger? ¿Hacer descubrir? ¿Garantizar la seguridad?
  • La relación corporal en relación a sí y al otro: tono. Mirada al otro, distancia/proximidad/contacto, simetría/disimetría de las personas.
  • La relación verbal. El acompañamiento por el lenguaje puede ayudar a afianzar mejor el deseo del otro, a precisarlo; facilita la decodificación de los índices corporales cuando existe una dificultad para asegurarlo bien, para comprenderlo bien.

El lenguaje que se utiliza en el acompañamiento

  • abre a la emergencia del deseo
  • sostiene las acciones del otro
  • deja espacio al otro, un espacio de relación (necesario para la maduración del niño en su proceso de llegar a ser sujeto)
  • es coherente con su gestualidad, su postura, porque la forma de decir es tan importante como las palabras que son dichas.

En lo relativo a la relación del acompañante con el acompañado, un primer criterio muy importante es la calidad de la atención hacia el otro. Esta atención puede ser dirigida hacia el exterior (las otras personas, etc.) o hacia sí mismo. Es una atención centrada en la vivencia del aquí y ahora que posibilita la existencia de una expresión del acompañado, de una liberación tónico-emocional en el seno de un diálogo que le permite construirse como sujeto, transformarse, crear, salir de la repetición.

El acompañamiento no debe ser entendido sino como un proceso que tiene en cuenta la historia de cada uno y de la propia relación entre quienes participan en dicha vivencia.

Esta dinámica interactiva del acompañamiento prepara la dialéctica acción/transformación (reciprocidad) que provoca las resonancias tónico-emocionales que se manifiestan y que van a ser contenidas por la capacidad de descentración del acompañante, lo que va a permitir al otro continuar su acción y liberarse progresivamente; y al acompañante la posibilidad de compartir la transformación del otro y también poder ser el espejo de placer del otro.

Podemos hacer referencia a “la capacidad de estar solo” de la que habla Winnicott, sostenida por la resonancia tónico-emocional recíproca.

Hay que subrayar la importancia para el acompañante de poder acoger al otro sin saber ni tener un proyecto, ponerse en el lugar del otro (lo que hace referencia a la manera de “estar con el otro” descrita por Bion). Así, el acompañante puede poner en juego una libertad de hacer y de estar con, una calidad de interacción que abre a la transformación.

De esta manera, el otro podrá decir su historia profunda, acogida por el acompañante, conectado empáticamente con la historia revelada (reactualizada) por la expresividad del acompañado.

Sobre Formadoras y formadores de la ASEFOP. Artículo elaborado a partir de los trabajos de formadoras y formadores de la Asefop en diversos stages internacionales de esta Asociación.
Cómo citar: Formadoras y formadores de la ASEFOP (2009). Acompañar. Cuadernos de Psicomotricidad, 37, pp. 8–13. Luzaro.
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