¿Qué se juega con los juegos de falda en la escuela infantil?

XII Jornadas · Noviembre de 2015 · pp. 6–9

Resumen. El grupo 0-3 de la APPIB, coordinado por Katty Homar, reflexiona sobre los juegos populares de falda como estructura de relación entre adulto y bebé basada en el diálogo tónico, el ritmo, la melodía y el texto, que ayuda al niño a contener la angustia y a «reasegurarse». Lo ilustra con los juegos «Serra Mamerra» y «Tat / Cucú-tras».

Grupo 0-3 de la APPIB (Asociación de práctica psicomotriz de las Islas Baleares. M José Elías, Bárbara Nicolau, Catalina Roca – maestras de educación infantil y psicomotricistas, APPIB; coordinado por Katty Homar, pedagoga, formadora de psicomotricistas AEC-Asefop, APP, APPIB).

Para introducir nuestra reflexión sobre la importancia de los juegos de falda en la escuela infantil, es necesario recordar que, como dice Winnicott, “un bebé solo no existe”. Efectivamente, el bebé nace inmaduro; desde el nacimiento va a necesitar una segunda envoltura protectora contra las agresiones internas y externas, una envoltura que se irá construyendo progresivamente, a medida que su entorno satisfaga sus necesidades básicas y que el bebé reciba manifestaciones de afecto que le hagan sentirse protegido y seguro.

Como dice Aucouturier (2004) “Bien protegido, el bebé se encuentra bien sostenido por la parte posterior del cuerpo, sin sensaciones de vacío o caída, se siente bien apoyado en el cuerpo de la madre, un apoyo indispensable para la futura percepción del eje vertebral y para el desarrollo de su futuro equilibrio estático y dinámico” (Aucouturier, 2004)

Evidentemente al principio de la vida esta envoltura protectora garantiza la satisfacción de las necesidades físicas básicas como la comida, la higiene… pero el bebé no puede crecer sin que su entorno asocie las necesidades físicas al afecto. “El bebe no sólo pide leche al que lo alimenta sino afecto y palabras” (Marinopoulos 2013).

La madre asegura la calidad de relación a través de los cuidados, que se repiten con una periodicidad determinada, en unos lugares precisos, con un mismo ritmo y asociado a unas palabras cargadas de emoción y ternura, todo ello ajustado al cuerpo y a las emociones del niño.

Pero, aunque el bebé se encuentre seguro en esta relación a dos que le permite memorizar las sensaciones agradables y los objetos buenos, también tendrá que vivir sensaciones desagradables, como tener que esperar para satisfacer sus necesidades, ya que esta segunda envoltura es discontinua y se encuentra invadido por la vivencia del miedo ante el propio crecimiento: miedo a perder a la madre y a ser destruido. Y es que crecer produce angustia, ya que durante la infancia los niños han de adaptarse sin cesar a un entorno cambiante y continuamente se ha de renunciar a lo conocido para ir a lo desconocido.

“Los juegos de “reaseguración” profunda reaseguran frente a la angustia y son universales. Se desarrollan a partir de los 6 u 8 meses hasta los 2 o 3 años. Tienen relación con el miedo a perder a la madre y a ser destruido, provocando en el niño emociones intensas, especialmente si el adulto se implica con la prudencia necesaria para permitirle vivir una experiencia “reaseguradora” (B. Aucouturier 2004)¹”.

En los “juegos populares de falda” se propone a los niños una estructura de relación a partir de: una serie de movimientos que se repiten acompañados de canciones populares que se cantan al niño mientras está en la falda del adulto y que el niño aprende asociando los movimientos al texto y a la melodía.

Efectivamente, los juegos populares de falda se juegan con el cuerpo, en un movimiento a dos que tiene su base en el “diálogo tónico” que Ajuriaguerra (1985) define como: “…el proceso de asimilación y sobre todo de acomodación recíproca entre el cuerpo de la madre y el cuerpo del niño; el niño sostenido por la madre busca su confort en los brazos que lo mantienen en un intercambio permanente con las posturas maternales”.

El cuerpo es más que un cuerpo es un cuerpo atravesado por relaciones que nos permiten sentir y crear. Los juegos de falda realizados por la madre, por el padre o por los adultos del entorno familiar o de la escuela infantil son ideales para recrear una y otra vez estas interacciones (transformación reciproca) entre el niño y el adulto. El niño vive esta relación con placer, responde al adulto y se produce la interacción. Como dice Aucouturier (2004)² refiriéndose al concepto winnicottiano: “el bebé crea a la madre suficientemente buena”.

La función del adulto es la de estimular la participación del niño, para que sus acciones sobre él se vayan transformando en interacciones, esta participación conjunta puede conseguirse a partir de juegos que “están llenos de las dos cualidades que el hombre puede encontrar en las cosas y expresarlas: ritmo y armonía” (Huizinga 2013).

En el niño el placer compartido en las interacciones le permite sentirse separado, diferenciado del otro, ser él mismo con una unidad psicosomática, una “unidad de placer”². La unidad psicosomática es el espacio permanente que nos permite integrar funciones y experiencias, formar nuestra identidad y relacionarnos con el otro y con el entorno.

Los juegos de falda tienen también una melodía que suele ser muy sencilla, a veces solo dos notas, para que el bebé desde el inicio ya pueda participar directamente. La melodía facilita la memorización y el aprendizaje; el ritmo y la repetición “reaseguran” al niño.

Finalmente las canciones de los juegos de falda tienen un texto, que en un primer momento no tiene importancia, no tiene sentido (“Serra Mamerra”), lo importante es la estructura de relación y el placer compartido entre el que canta y el que escucha.

“Antes del sentido de la vista los niños maduran el sentido del oído; tanto el oído para escuchar como el oído interno que da la sensación de posición, de movimiento y de equilibrio. También entienden antes la entonación que las palabras, entienden también el significado del movimiento y comprenden el tono de la persona que lo sostiene, si está tensa o relajada” (V. Arnaiz, 2006) y podemos añadir, por nuestra experiencia directa, que en el grupo de bebés de la escuela infantil, incluso perciben si la persona que juega con ellos está realmente atenta o está distraída.

Más adelante las letras hablarán del descubrimiento del cuerpo (manos, pies, barriga, espalda), incluso de la posibilidad de perder alguna parte (“Iremos a la carnicería”) y del entorno y serán una herramienta imprescindible para el desarrollo del lenguaje.

Las canciones, letra y música, son un elemento educativo desde el punto de vista lingüístico y socioantropológico que tiene como objetivo favorecer la comunicación y el desarrollo del lenguaje, además de ser trasmisores de cultura, pero en los juegos de falda la letra y la música “no son partituras que se han de aprender sino relaciones que se han de construir” (V. Arnaiz, 2006).

En estas relaciones, que se construyen entre el adulto y el niño, aparece en ambos la disponibilidad, la escucha, la alternancia y la reciprocidad… por placer. Al adulto se le exige además alegría, paciencia y disponibilidad y al niño se le pide atención, ajustarse al ritmo y que espere su turno. Se crea entre ambos un auténtico diálogo, base para una relación de respeto mutuo.

En resumen, en los juegos populares de falda se unen poesía, música y cuerpo en movimiento en una relación de afecto que facilita que el niño contenga su angustia y venza sus miedos, a través de una relación de aprendizaje placentera y compartida que además favorece la comunicación y el desarrollo del lenguaje e inserta al niño en un contexto cultural.

Ejemplo: “Serra Mamerra” (Aserrin, aserrán)

El bebé se encuentra en la falda del adulto, mirándose a los ojos, el adulto sostiene con sus manos la nuca y la espalda del bebé: la sensación de tener un eje corporal (columna vertebral bien sostenida) facilita el despertar del niño hacia el mundo.

Se inicia el juego con un balanceo suave hacia atrás y hacia delante separando y juntando los cuerpos al son de la canción, cuya letra no tiene un significado concreto, es sólo un ritmo para balancearse:

Serra mamerra
Una olla de terra
Una olla d’aram
Patapim patapam!
Aserrín, aserrán
las maderas de San Juan
unas vienen y otras van
Aserrín, aserrán

Al terminar la canción los dos se funden en un abrazo.

Poco a poco, el niño aumenta su confianza, seguridad y tono, y va aumentando la velocidad y la distancia y disminuyendo la necesidad de apoyo: de ser sujetado por la espalda, a serlo por debajo de la axila, o solamente por las manos, y de estar en la falda del adulto a estar sobre las piernas. Al terminar la canción el adulto hará cosquillas al niño y el niño se escapa de un salto o da una voltereta. Siempre acaban riendo. Posteriormente, este juego se transformará en el juego de persecución.

Este juego permite al niño separarse de su madre, aunque al mismo tiempo desea quedarse con ella. Es necesario que el adulto le acompañe, le contenga y le autorice, dejándole experimentar por sí mismo las sensaciones y las emociones que acompañan este momento. Todo un proceso de “reaseguración profunda”

Ejemplo: “Tat”, “Cucú-tras”

Cuando el bebé tiene conciencia de que está separado de su madre, siente con temor que es posible perderla o perderse y se genera la llamada angustia de pérdida del otro o de si mismo. La angustia nace cuando no se puede explicar lo que da miedo y para compensarlo tiene que representar al otro en su ausencia.

El juego del cucú- tras es un juego simbólico en que el adulto facilita que el niño pueda representarle y representarse.

El bebé se encuentra en la falda del adulto y este le pone la mano frente a los ojos mientras le dice: “¿No estás?” Y levantando la mano dice: “¡Sí que estás!” Después de repetirlo varias veces el adulto hace lo mismo sobre sus ojos diciendo: “¿No estoy?”, “¡Sí estoy!”. Cuando se propone al niño que lo haga él solo, lo hace con los dedos y los ojos bien abiertos, no sea que pierda de vista al adulto totalmente.

Progresivamente, cuando el niño ya no estará en la falda, el juego continuará con un pañuelo o una tela más o menos transparente. Y más adelante cuando ya sepa que aunque cierre los ojos o deje de ver a los adultos o a si mismo, todos seguirán enteros aunque no los vea… este juego se transformará en el juego del escondite.

De nuevo un proceso por el que el niño autorizado y contenido por el adulto va a ir encontrando recursos que le permitan “reasegurarse” y decir “yo existo”.

Como dice Sophie Marinopoulos “Para un niño vivir es jugar. Jugar con sus miedos y jugar con el mundo, para comprenderlos, proyectarse al futuro con esperanza, imaginar su porvenir y aprender”.

Notas

¹ La “Reaseguración” profunda es un proceso psicológico no consciente del niño que permite la creación de juegos con la finalidad de contener las angustias arcaicas y de abandono (B. Aucouturier)

² Unidad de placer es un estado somatopsíquico del niño que se desarrolla a partir del placer de la continuidad de las transformaciones recíprocas (B. Aucouturier).

Bibliografía

Arnaiz, V. y otros (2006): www.menorcatv.com/jocsdefalda

Aucouturier, B (2004): Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz. Barcelona. Ed. Graó

Bassa, R y otros (1995): Serra Mamerra. Mallorca. Ed. Moll

Calmels, D. (2009): Del sostén a la transgresión. El cuerpo en la crianza. Buenos Aires. Ed. Biblos

Delval, J. (1983): Crecer y pensar. Barcelona. Ed. Laia

Huizinga, J. (2012): Homo Ludens. Madrid. Alianza Ed.

Marinopoulos, S. (2013): Jouer pour grandir. Bruselas. Ed. Yapaka.be.

Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye fotografías y una viñeta humorística que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.

Sobre Katty Homar Homar. Katty Homar Homar. Pedagoga, Educadora y Terapeuta en Psicomotricidad, Formadora de la Asefop y miembro de la AEC de Barcelona, Asociación Profesional de Psicomotricistas (APP).
Cómo citar: Katty Homar Homar (2015). ¿Qué se juega con los juegos de falda en la escuela infantil?. Cuadernos de Psicomotricidad, XII Jornadas, pp. 6–9. Luzaro.
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