Recién finalizado el proceso de formación del Curso de Práctica de Ayuda Psicomotriz de Bergara (enero, 2007), voy a permitirme volver la vista a atrás, dar la vuelta a todo el cuerpo, para recoger y volver a sentir, ya en la distancia, las experiencias de expresividad propias, vividas en la Sala de Psicomotricidad de Lateorro, junto a mis compañeros y compañeras de curso, experiencias de interacción que han atravesado mi identidad, como persona y como profesional.
Y darme cuenta de que esta experiencia me ha permitido mirar con otros ojos la manera de abordar las relaciones, lo fundamental de las transformaciones tónico-emocionales recíprocas en un marco de seguridad, sentir en todo mi cuerpo, a través de mi expresividad motriz, lo que me juego en el juego: YO, mi identidad, con el OTRO, diferente a mí, y el TERCERO, diferente a ti y a mí, …más todos los sutiles matices de las interacciones que me permito cuando juego.
Que toda abstracción teórica se fundamenta en la Práctica, en la acción, en la autenticidad como persona y como profesional de la Ayuda Psicomotriz.
Se fundamenta en el sentido de un aquí y ahora, de muchos “aquís y ahoras” que va creando una historia que puede evolucionar porque atraviesa la identidad desde la corporalidad, es decir, se hace posible, se hace real, porque el niño juega conmigo y yo juego con el niño, desde la escucha, la contención, el continuo ajuste, la espera, la duda, la pregunta, el movimiento, el contacto y la emoción.
Descubrirme en el otro, en mis sensaciones, en mis emociones para abrirme al niño, a su expresividad motriz, y ser consciente de lo que él pone de sí y de lo que yo pongo de mí en la interacción con él, para favorecer el proceso de ayuda.
Descubrir que esta Práctica da sentido a la vida porque la hace emerger desde las profundidades o la hace saltar desde las alturas para reencontrarse con lo esencial: el movimiento, el juego, la emoción que me acerca al otro para seguir creciendo…
…Érase una vez…
…sí, hubo una vez
en que todo esto empezó…
…y atravesó un espacio,
cruzó un lugar en mi identidad
y recorrió por un tiempo
de historia y de verdad.
Érase, pues, una vez… una sala de psicomotricidad, una propuesta de juego, un compañero para jugar, una historia que jugar,
Ritual de entrada…
oigo el silencio de mi
respiración.
Mi cuerpo tiembla
y mi voz queda para afuera callada:
“…huyyy… ¿qué pasará?”
Dentro, siento el ruido de la contención.
Dentro, está la emoción.
Me miras, te miro…
y ya nada es igual.
Mi cuerpo se agita.
Vamos a jugar.
Y destruyo y construyo, y subo y salto, y me deslizo hasta ti,
y me atrapas…
…caemos entre bloques de gomaespuma..
y río y me muevo,
(empiezo a sentir que tu mirada me abruma)
y río y juego…
¿sólo juego?
Ya hemos empezado.
A sumergirnos en un mar de emociones, a veces, subida a lo más alto, sintiendo el vértigo por toda la piel y otras veces, naufragando entre colchonetas, salpicando fantasmas por todos los rincones,
…o grito
y lanzo voces a través de tu mirada,
desapareciéndome entre telas,
dentro,
donde tú ves lo que aún yo no puedo ver,
donde tú me acompañas para poderme sostener.
voy y vengo,
vienes y vas…
y entre tú y yo,
la espada que me permite jugar.
Y se cuelan, irremediablemente,
las ansias ocultas de viejas batallas con forma de espadas y castillos,
y te ataco,te mato, gritas y caes…
…y vuelves para seguir jugando;
Y entre ocultos silencios se abren grietas en el techo,
agujeros sin bordes en un suelo que resbala, y se tambalean mis piernas para caer, muerta, en la batalla.
Aquí estoy.
Aquí estás.
Aquí estamos.
Jugando…
¿sólo jugando?
Y entonces, tú me recoges,
y tomando mi mano,
se construye el borde,
ahora veo la grieta,
y el fondo del agujero.
Y caigo entre los bloques,
removiendo todo mi cuerpo,
cayendo y cayendo,
y riendo…
y río porque me muevo,
y río porque juego…
Ahora estoy abajo, escondida,
y me encuentras:
“…holaa…”
“aaaaaaahhh…”
Estoy.
Estás,
tendiéndome la mano para salir de aquí,
y volver a jugar.
Ah, …y otra cosa:
…el deseo.
“¡…huyyy!” Sí.
El deseo…
…eso que quiero y no puedo.
…eso que me devora y me abate ante ti:
“¿qué quiero?”
“¿lo quiero yo o lo quieres tú?”
“¿qué necesito?”.
Y tú estás ahí.
Esperándome otra vez.
Acompañándome en mi duda, cerca,
tendiéndome de nuevo la cuerda
para subir del pozo oscuro en el que caí,
o abriendo una ventana en esta casa
que no pude construir de otra manera.
Y sólo entonces, sonrío.
Y ahora voy a saltar. Vuelvo a jugar.
De repente, una puerta se abre de golpe, y entran los miedos que me hacen parar,
agitando mi cuerpo hasta convertirlo en una roca, para no perderme del todo y seguir aquí..
“Ayyyyy…”
Y esperas.
Cerca.
Y me tocas con tu mirada
para que yo pueda jugar.
Y el miedo empieza a tener forma de lobo
al que puedo perseguir y destruir,
y río.
Y ríes conmigo.
…y puedo vestime de monstruo aterrador
que escupe fuego
y vomita todo lo feo
para ponerme de nuevo ante el espejo
y sonreír porque sigo aquí.
Y puedo dibujar frustraciones
con semblante de malvadas brujas
o hablarte mirándome en ti.
Y tú lo ves.
Y sigues ahí.
Cerca.
Para que yo me pueda alejar.
Y volver a jugar.
Queda poco para terminar.
Ahora me cuentas tu cuento de mi cuento,
arropándome en tu cálida manta de lo que siento..
y volvemos a viajar
para regresar diferente al mismo lugar,
Y sólo ahora, sin que tiemble mi voz, puedo decirte
“aquí estoy, aquí soy”
Porque todo lo jugué en la sala
y tú me miraste.
Sólo ahora puedo decirte,
sin que me devore la emoción:
“HASTA LA PRÓXIMA SESIÓN”.
Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye fotografías que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.
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