A vueltas con las niñas y niños en dificultad y los Fantasmas de Acción

Nº 35 · Junio de 2008 · pp. 14–16

Resumen. Beñaran sostiene que lo esencial en las niñas y niños con dificultades es el exceso de angustia, que lleva a la repetición como huida. Explica que los fantasmas de acción (FAC) surgen de la presencia estable de un Otro, qué ocurre cuando no se pueden crear, y que el objetivo en la sala de psicomotricidad es construir un ambiente suficientemente seguro para que el niño acceda a ellos y después a la simbolización.

En los niños con dificultades ¿qué es algo esencial? El exceso de angustia. Exceso de angustia ante el que no cuentan con suficientes recursos para poder compensarlo, para re-asegurarse ante tal intensidad de la angustia. Por ello, surge la fijación en la repetición: intento fallido de superar ese nivel de angustia.

Cuando Lacan define la repetición como encuentro fallido con lo real, hemos de entenderlo como que ese real está, pero no se encuentra y siempre escapa, por lo que lo que la repetición busca repetir es, precisamente, lo que siempre escapa.

Es decir, se trata de la repetición como evitación, como huida.

Bien, ¿en dónde comienza el niño, el ser humano a construir esos recursos de re-aseguramiento? A partir de la presencia estable y segurizante del Otro.

Un Otro que está ahí, que no invade el espacio del niño ni le abandona, posibilitando un espacio de comunicación y expresión del ser del bebé.

Un Otro que, a partir de haberle dado esa permanencia y la posibilidad de construir una base sólida de existencia, comienza a crear una dinámica de cerca/lejos, presencia/ausencia, que empuja al bebé a realizar las primeras acciones que son la prehistoria del psiquismo, del futuro pensamiento: los fantasmas de acción.

¿Y qué son los fantasmas de acción? Son realizaciones imaginarias del deseo de volver a estar con ese otro en esas vivencias de placer que se han experimentado. A través de esas acciones el bebé “reactualiza”, “recupera” esa relación placentera con el otro. Los fantasmas de acción son acciones motrices: chupar, coger, soltar, etc., fantasmas de apego, de dominio, de penetración, etc.

Los FAC (fantasmas de acción): los crea el bebé que realiza un proceso madurativo sano: en el bebé en dificultad surge la imposibilidad de crear estos FAC, o una gran fragilidad en dicha construcción.

Y hay que tener en cuenta que los FAC son el origen, el medio necesario para acceder a lo simbólico (un mundo simbólico con raíces en el ser del bebé, en su cuerpo y en sus afectos y emociones. Porque hay un falso acceso al simbolismo: niños con altas capacidades simbólicas, “sin raíces”, que realizan un aprendizaje “externo”, no integrado ni integrador de la persona. Una “capacidad” de simbolización que no tiene que ver con el verdadero ser del niño: es un refugio, un bloqueo de ese verdadero existir.)

Por lo tanto, si el bebé no puede crear FAC, o tiene dificultades en ello, su proceso de maduración queda bloqueado o distorsionado.

¿Y qué bloquea esa posibilidad de crear FAC?: el no haber contado con ese otro permanente, estable, sostenedor, contenedor, de forma que el bebé ha quedado a merced de las angustias excesivas (pérdida de sí y posteriormente, pérdida del otro).

«La angustia soportable” es la que permite al bebé activar sus recursos de compensación de la pérdida: ello supone que el bebé ha “tenido” un Otro suficiente, una relación suficiente, un placer suficiente y, por lo tanto, no se siente en riesgo de pérdida absoluta, porque se siente existir y siente existir al otro. Puede “soportar” un cierto nivel de pérdida gracias a esos recuerdos de placer, que le permiten “alucinar” la presencia del otro, a través de esa realización de determinadas acciones (FAC).

Pero cuando el bebé no ha hecho esa construcción básica existencial, entonces está la angustia excesiva, la carencia o escasez de recuerdos de placer; es decir, la imposibilidad de “alucinar” esa relación de placer con el otro a través de los FAC.

Entonces los impulsos iniciales del bebé quedan sin contención y ligados a experiencias dolorosas, de displacer, que se unen a imágenes dolorosas, displacenteras, agresivas, el agresor, la persecución, el miedo a la destrucción total, a la pérdida total. Porque no hay una base asegurada de la existencia: o no existe, o es frágil o muy frágil. El niño está en riesgo de perderse y/o perder al otro (o no encontrarlo).

El cuerpo del niño, su psiquismo, su persona, quedan troceados, con la imposibilidad de acceder a la construcción de una totalidad, de una estructura base con un mínimo de solidez sobre la que integrar sus nuevas experiencias de vida.

Por lo tanto, en lugar de los FAC, aparece la fijación en la repetición, el paso al acto, la pulsionalidad, la inhibición, la agitación, la rigidez, la inestabilidad, la disarmonía, el estereotipo, los miedos a los monstruos, fantasmas, asesinos, el exceso y/o la falta.

El niño que en el juego de lucha tiene que ganar inmediatamente, matar al otro, pega de verdad, altera su tono, se descontrola: esto no es un FAC. Es precisamente, consecuencia de la imposibilidad de haber creado unos FAC previos que le hubiesen permitido entrar en la dinámica de la simbolización (simbolización siempre de una pérdida original: soportable porque el otro, la relación con el otro está ya dentro de uno: en su cuerpo, en su acción, en su pensamiento). Por lo tanto, ese niño no puede simbolizar; es decir, no puede jugar, porque no hay placer en esas acciones: hay displacer. No hay creación, hay repetición.

Podríamos llamar a esas acciones “falsos FAC”. Por ello, el objetivo con los niños en dificultad es construir una dinámica de relación en la sala de psicomotricidad que permita construir un ambiente suficientemente seguro para que el niño pueda acceder a la creación de FAC, a la vivencia de FAC, lo cual nos indicará que ese niño ha comenzado a poder compensar sus angustias, es decir, que la intensidad de estas está bajando, y por lo tanto el niño puede entrar en una dinámica de creación de recursos de compensación y de re-aseguramiento: primero FAC y luego dinámica de simbolización: juegos, representaciones plásticas, palabra, etc., ya con raíces, con placer, sin fijación angustiosa/angustiada.

Y todo ello, porque aparece un Otro.

Para terminar: del niño que no ha sido suficientemente contenido, sostenido, envuelto, podemos decir que tiene toda su impulsividad biológica unida a la tensión de las angustias, y que todo ello le invade sin contención ni defensas, o con contención y defensas frágiles. Eso sale al exterior sin “filtros” (no se crea una adecuada “red psíquica” que contenga esos impulsos), transformándose en actos de agresión, destrucción, explosión, agitación; no hay elaboración posible, no hay contención, no hay transformación, no hay simbolización. Y en la inhibición todo se volcará hacia adentro, la destrucción de la creatividad y el deseo, imposibilitando la exteriorización, por miedo a la destrucción que ello supondría: propia, del otro, en definitiva, del amor del otro.

Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye imágenes que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.

Sobre Álvaro Beñaran Aranzabal. Alvaro Beñaran es pedagogo y terapeuta psicomotor, además de formador de la Asefop y miembro del equipo de Luzaro, Escuela de Psicomotricidad de Bergara, así como socio de la APP.
Cómo citar: Álvaro Beñaran Aranzabal (2008). A vueltas con las niñas y niños en dificultad y los Fantasmas de Acción. Cuadernos de Psicomotricidad, 35, pp. 14–16. Luzaro.
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