(18-19-20 Noviembre de 2005 en Gasteiz)
Y van siete… Y con vuestra presencia una vez más. Que tengan larga vida.
Resumir los contenidos de estas Jornadas no es tarea fácil, pues fueron tan densas que es mucho lo que va a quedar fuera, sin remedio. Por eso me voy a permitir escoger una serie de ideas que, personalmente, me han parecido importantes, y que pienso que realizan interesantes aportaciones tanto al mundo educativo y de la ayuda, como a nuestra sociedad en general.
La construcción de la identidad y sus vicisitudes, desde los inicios de la vida hasta la adolescencia ha sido el hilo conductor de las ponencias presentadas, y hemos podido comprobar cuántas respuestas e interrogantes nos han propuesto, no sólo a nivel profesional, sino también vital.
Philippe Lemenu nos mostró en sus vídeos algo que sabemos pero que, a veces, parece ser una construcción meramente teórica: cómo en muchos adolescentes que se encuentran en dificultad, lo que realmente existe es una situación de carencia o de displacer con respecto a las primeras vivencias de su existencia, con respecto a las primeras relaciones con el otro. Fue emocionante ver cómo un adolescente comenzaba una sesión boxeando y terminaba construyendo una casa con ositos de peluche, o abandonado como un bebé al masaje del psicomotricista… lo arcaico en lo presente; la fragilidad tras la coraza. Todo ello, a partir de un otro que se situaba en resonancia con sus acciones, que las acogía, y tenía la capacidad de dejarse transformar por ellas, consiguiendo un clima de relación y confianza, que permitía a su vez que el adolescente retirase esa coraza, y se abandonase en el psicomotricista, entrando en una dinámica de transformación que le permitía hacer evolucionar su dinámica de repetición defensiva y agresiva.
Por eso, Lemenu, en sus exposiciones resaltó la importancia que los adultos tenemos en la construcción de la identidad de los adolescentes, y en especial, de los adolescentes en dificultad, y cómo debemos tratar de decodificar el sentido de sus acciones y de su sufrimiento. Es decir, acoger sus acciones y situarnos en resonancia con sus actos.
Bernard Aucouturier señaló la relación entre los trastornos de la identidad y las dificultades de aprendizaje escolar, llevándonos a otra perspectiva con respecto a cómo ayudar a niñas y niños que no aprenden, que no pueden aprender de forma adecuada. Se trata de poner el acento, no en la incapacidad sino, en primer lugar, en la comprensión de la globalidad de su ser; comprensión de las dificultades que actúan en su proceso de maduración psicológica, con la existencia de angustias en un nivel excesivo, ante las que el niño, el joven, no es capaz de crear recursos que le permitan asegurarse, entrar en un cierto bienestar, en una cierta ausencia de tensión. Conseguir una situación básica de seguridad psicológica que le posibilite reconocerse y reconocer el mundo que le rodea, desde el placer de la propia existencia, de la comunicación de ese placer, y la apertura al mundo exterior, al conocimiento, al pensamiento, al aprendizaje. Una apertura que permite decir y escuchar. El aprendizaje como diálogo entre diversas identidades. La escuela como lugar que da la palabra al niño.
Aucouturier aportó una idea sobre la identidad que no deberíamos olvidar en nuestro trabajo: “Adquirir la propia identidad es transformarse sin perder la continuidad del placer de ser uno mismo”. Acceder a esta “continuidad de sí” es la esencia del acceso de niñas y niños a la suficiente maduración psicológica que les permita enfrentarse con éxito al aprendizaje, como capacidad integrada en su persona, con raíces en lo corporal y lo afectivo.
Y algo que nos interesa a las y los psicomotricistas: “es a partir del placer de la acción del niño sobre el otro y de la acción de éste sobre el niño que se construyen los Fantasmas de Acción” (representaciones ilusorias de acción que le permiten, en ausencia de la madre o el padre, recrear la acción que él ha vivido con el otro y el placer vivido en ella: esto atenúa el dolor ante la ausencia).
Si no hay placer no hay creación de estas ilusiones de acción, sino falsos fantasmas, que son fijaciones de imágenes de displacer, que no permiten atenuar la angustia, y que por eso se repiten (fijación en la repetición). Son falsas soluciones ante la vivencia de displacer y/o la ausencia del otro.
Alberto Lasa, con su habitual destreza pedagógica, conjugando rigor y humor, hizo un rápido e intenso recorrido por la génesis y desarrollo de la identidad, desde el punto de vista del psicoanálisis. Recordándonos, al igual que Aucouturier, la importancia de las identificaciones como proceso de construcción de la identidad: es decir, los adultos, los otros, que rodean al niño en los diferentes momentos de su crecimiento.
De forma breve y clara, hizo una exposición ágil y esquemática sobre cómo el niño accede a su identidad, a través de conquistar la diferenciación personal en el primer año de vida: “yo soy yo, el otro es el otro”, y a los 2/3 años, la diferenciación sexual. Luego vendrán el Edipo (hasta los 5/6 años) y la fase de latencia (hasta los 11/12 años); y la preadolescencia… y la adolescencia.
A este respecto, Lasa comparó la construcción de la identidad con la de un edificio:
– Identidad primaria: los cimientos
– Edipo: estructura de la casa
– Latencia: cañerías, cables, etc.
– Adolescencia: la fachada de la casa.
También expuso algo muy importante para las y los psicomotricistas: es necesario entender las diferentes fases por las que pasa el niño en cuanto a la vivencia de su cuerpo en este proceso:
Al principio, el descubrimiento y diferenciación de su cuerpo con respecto al otro, luego la identificación de sus características sexuales, y la entrada en el mundo de los deseos y las prohibiciones a través del Edipo (quién quiero ser y para qué); ya en la latencia, el placer del control; y en la adolescencia el control del placer.
Y muchos, muchísimos más contenidos que fueron expuestos de forma brillante por los tres ponentes. Sin olvidar el emocionante y sorprendente recital poético de Jesús Rodríguez, y el broche final de la mesa redonda.
En definitiva, unas Jornadas muy interesantes y el deseo e intención de volvernos a encontrar en el 2007. Os esperamos.
Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye imágenes que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.
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