Como psicólogo clínico, especialista en niños y adolescentes, vengo desarrollando una intensa y continua experiencia profesional en la zona oeste (conurbano bonaerense/Gran Buenos Aires/Argentina), desde hace 23 años, particularmente en relación a la conformación de abordajes terapéuticos para niños con graves perturbaciones psíquicas (trastornos del desarrollo, autismo y psicosis). Este campo problemático de prácticas requiere una sólida formación y la búsqueda constante de técnicas, recursos e instrumentos que hagan posibles tratamientos humanizantes que favorezcan la comunicación y expresión en todas sus formas posibles, que promuevan renovadas formas lúdicas de contacto afectivo, que favorezcan el acceso al lenguaje, como alternativa al aislamiento, la fragmentación y desorganización psíquicas, características de estos tempranos padecimientos.
En esa incesante búsqueda, necesaria también para no quedar atrapado y constreñido por los organizadores de nuestra propia disciplina científica, los cuales muchas veces nos asfixian tanto como hacen inabordables a estos niños, he transitado por algunas técnicas en las que he adquirido cierto dominio, a saber: la utilización del campo sonoro y del movimiento, la expresión y terapias corporales, las técnicas psicodramáticas, así como ciertas modalidades de arte terapia, sobretodo en su dimensión plástica.
Para aproximarlos, a nuestra experiencia arteterapéutica, deberé situarlos en el contexto clínico institucional en el cual se efectúa y realiza.
Dicho contexto es la Comunidad Terapéutica Infantil del Oeste. Concebida y diagramada como espacio de producción y desarrollo de la potencia subjetiva y subjetivadora que, en nuestra convicción, poseen tanto los niños como los profesionales y técnicos que trabajan junto a ellos.
La Comunidad Terapéutica no es Escuela ni Hospital, organizaciones que podrían implicar una subordinación a modelos pedagógicos o médico hegemónicos. Por el contrario se privilegian las prácticas (producción de sentido) por sobre las modelísticas instituidas, lo que significa la puesta en marcha de un singular dispositivo clínico institucional. Cuando decimos dispositivo, lo enunciamos en función de comprenderlo como artificio productor de innovaciones que genera acontecimientos.
En él, el orden de lo comunitario, lo micro grupal y lo singular pretenden encontrar el equilibrio necesario a partir del protagonismo y participación activa de los niños y terapeutas. Aún más, dicho dispositivo se preocupa por constituirse en una estructura estructurante a través de la regulación de un sistema de vínculos para el “aprendizaje social”. Nuestra práctica retoma la corriente denominada Psicoterapia Institucional, la cual propone, como modo y dirección de la cura, si es que aún podemos decirlo de esa manera, el axioma “ante todo conviene curar al Hospital» o a la organización terapéutica en si misma, antes que vía furor curandis pretender curar al niño. Para que la organización cumpla ese propósito debe mantener un sistema de permanente análisis de la propia implicación de los agentes, promoviendo la desalienación de los vínculos, lo cual redunda en una intensa y singular acogida del niño.
Desde lo concreto consiste en la atención diaria y continuada de lunes a viernes durante seis horas, en los cuales se articulan distintas actividades de producción expresiva-elaborativa con los niños y otras dos horas diarias que conforman el campo de análisis del propio dispositivo realizado con los terapeutas. Conviene aclarar que este enfoque para mantener la intensidad requerida para el surgimiento de lo singular se dirige a una población de no más de 15 o 20 niños y púberes. Desde el comienzo fue concebida como experiencia de asistencia-investigación, no en su acepción tradicional sino como verdadera micropolítica de laboratorio psicosocial.
La formas de agrupabilidad dentro de este contexto terapéutico, han transitado todas sus formas posibles, estallando las maneras de agrupación convencionales (es decir, por nivel de desarrollo del lenguaje, edad o gravedad del trastorno) hacia la multiplicidad y diferencia, única manera de no generar encierro o estigmatización defensiva por efecto de diagnóstico. Esto nos fue sorprendiendo por los resultados que dicha ruptura fueron generando en nuestros pacientes (el acceso a la palabra hablada comunicativa, la aminoración de la angustia, la operación “asistencial” espontánea niño con niño producida como efecto identificatorio, entre otras ventajas).
Ahora bien, respecto a los modos de producción estética, estos se efectúan y realizan a través de psicoterapias expresivo-lúdico-verbales que intervienen en el cotidiano institucional. En dicho proceso de construcción se despliegan organizadores corporo-sonoros-musicales y del movimiento, de lo comunicacional y del lenguaje, de lo psicodramático y teatral así como lo plástico específico, articulados transversalmente a la clínica terapéutica y a la clínica del “aprender”.
No se trata de buscar, pero sí de ir al encuentro de conexiones insólitas, versátiles, innovadoras y deseantes en un transcurrir polidimensional clínico-político-ético-estético-libidinal, como forma artesanal de oponerse a los procesos de explotación-dominación-mistificación de los padecimientos de los niños.
En cuanto a la apropiación plástica trabajamos en tres niveles de propuestas: la primera consiste en lo que podemos llamar una aproximación/experimentación a/con los materiales que coincide con el plano horizontal en una amplia superficie de papel, cartón u otro. Allí se exploran texturas y colores y cobra especial significación la utilización de pinturas no tóxicas (a veces preparadas por nosotros) ya que en esta aproximación y por las características de los niños, dicho material no está exento de ser “degustado” por ellos o incluso utilizar el propio cuerpo como superficie de experimentación con el material. Esta fase es utilizada generalmente por los niños con menor nivel de organización psíquica o por aquéllos con características regresivas.
El segundo nivel, una vez apropiados los distintos materiales y realizada una discriminación positiva de los mismos, se conduce al trabajo en un plano vertical, también con superficie de grandes proporciones. Allí se efectúa un trabajo de composición expresiva-creativa con temas e inquietudes planteadas por los mismos niños o de escenas que tienen que ver con su historia familiar, momentos de su proceso terapéutico, cuestiones de la realidad social que impactan en nosotros, proyección de fantasías (fantasmas), singulares deseos de expresión, así como cuestiones que afectan al cotidiano institucional.
Este nivel revela los avances de los niños, su mayor adecuación al manejo de los distintos materiales y los intentos de figuración y su relación a la elaboración de temáticas propias, con todo lo que ello comporta en el orden simbólico. Aquí se articula la producción micro colectiva con el intento de composiciones singulares y propias.
En el tercer nivel las producciones se vuelcan en un plano gráfico-espacial más acotado (hojas de oficio o papel afiche) y sobre una mesa, lo que sugiere una mayor apropiación individual, así como más eficacia en el dominio motor fino, el despliegue adecuado a su propia corporeidad y a una utilización concentrada del espacio físico volcado a una superficie gráfica menor. Más allá de los efectos subjetivos creativos que en este nivel se expresan, se comprueba aquí la creciente organización del esquema corporal al servicio de la expresión elaborativa.
A partir de efectuados estos niveles, se continúa con trabajos de modelados sobre volumen, la diferenciación de texturas y la composición de tareas de mayor complejidad como collages de dibujos y fotografías, así como la confección de sobreexposición de diapositivas (realizadas por ellos), luego proyectadas en la pared para realizar escenas dramáticas vivientes.
Claro que este modo de producción puede realizarse a partir del enlace de secuencias de elaboración temática y de composición comunitaria. Es decir, por ejemplo, un cuento (elegido por su significación elaborativa de diferentes conflictos) es leído, sonorizado, bailado, expresado de maneras no verbales, dramatizado y luego llevado al plano gráfico, figurativo o no. También la construcción, por ejemplo de máscaras y títeres, a partir del trabajo en sí, devienen en instrumentos mediadores de utilización psicodramática.
Ahora bien, no sé si esta descripción les ayudará a situarse en el plano de composición de la experiencia. He querido compartir con Vds. algunos aspectos esenciales de nuestra práctica y, para seguir siendo sincero, en ella hay poco para interpretar, casi nada que significar, algo para transmitir, pero sin embargo, todo por experimentar.
Más allá de aspectos técnicos terapéuticos y técnico artísticos, hemos constatado que el arte y la producción artística en el marco de un dispositivo abierto, protagónico y participativo como lo es la Comunidad Terapéutica, son un poderoso medio para propiciar y producir los acontecimientos necesarios que orientan la constitución subjetiva y los procesos de subjetivación para la construcción de la identidad en el trabajo con niños con trastornos de la personalidad. La utilización y apropiación de materiales diversos, el despliegue en los diversos planos, el placer por el desarrollo del grafismo y los trazos, la introducción de colores, texturas diversas, volúmenes y perspectivas, contribuyen al desarrollo del sí mismo y a la construcción y re-construcción de la imagen corporal. El despliegue de todas estas actividades, orientadas por el deseo y capacidad del niño resultan elementos de significativa importancia en el trabajo por los aprendizajes básicos, orientando significativamente las operaciones simbólicas y materiales que garantizan la preparación a la lectoescritura en niños pequeños y en los que han logrado esto, a través de la expresión, facilitan el trabajo de elaboración de conflictos augurando el ingreso a la palabra hablada, todo ello, en un marco de contención personalizada, de aceptación de las diferencias y de respeto por la libertad, constituyen, en suma, procedimientos para el necesario e irremplazable abordaje elaborativo-expresivo-terapéutico.
Claro que del trabajo clínico en general, como del trabajo arteterapéutico en especial, hacemos una apuesta militante. El hecho de ir de la intimidad terapéutica a la producción estética expuesta en ámbitos públicos (como lo hacemos desde hace ya varios años) insiste en dar un valor productivo cultural, incluso a aquéllos que se hallan marginados de los sistemas sanitarios tradicionales; es a partir de ésta como de otras iniciativas, que podemos seguir insistiendo en la capacidad creativa de los niños severamente perturbados y en la reivindicación de su derecho a la expresión artística y a la participación en la cultura.
También estamos produciendo una serie de sistematizaciones de la experiencia y una interesante conceptualización con el objeto de multiplicar los efectos de subjetivación de los niños, que además nos permitan la aplicación de estas prácticas en distintos ámbitos educativos y hospitalarios. Por ello también hablamos de arteterapia preventiva, así como lo hacemos en sentido estricto y como modo de no renunciar a la condición del niño como tal, es decir como sujeto de deseo, pero también sujeto de derechos. Los convocamos a resonar, a experimentar y a pensar con nosotros, ya que los trazos de los niños también tienen las marcas de la segregación, la de ellos, pero también, la nuestra. Porque la libertad estética, tal vez consista en devenir múltiples trazos. Entonces, ni Picassos ni autistas, sólo trazos de una memoria colectiva, de un sufrimiento ingenuo, de una voluntad loca de vivir, para que encontremos juntos el límite de la creatividad y la locura, que no es otra cosa que la propia libertad.
Bibliografía básica
J. Golini, J. Volnovich y G. Steffen. Prácticas institucionales con niños psicóticos / Transformaciones de una “invención clínica”. Ed. Nueva Generación. 1999. Buenos Aires.
J. Golini. La Comunidad Terapéutica Infantil… un espacio para el análisis… institucional. En El espacio institucional II, Ed. Buenos Aires. 1992.
J. Golini, G. Steffen y otros. Comunidad Terapéutica Infantil, Familia e Instituciones. Ed. Kargieman. 1986. Buenos Aires.
Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye imágenes que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.
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