Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz, de Bernard Aucouturier

Nº 29 · Junio de 2005 · pp. 33–38

Resumen. M.ª José Intxausti recoge sus «resonancias» tras leer la primera parte del libro de Aucouturier: la globalidad cuerpo-psique, el sujeto y su dinámica, y el sufrimiento infantil. Mary Ángeles Cremades relata la presentación del libro en Madrid (13 de noviembre de 2004), con las intervenciones de Cinta Vidal, Javier Urra y el propio Aucouturier.

Resonancias

M.ª José Intxausti

Sabemos que en la escucha de un cuento, de una historia, se viven emociones. Las palabras movilizan. Y también sucede esto en la lectura, aunque es un proceso más complejo. Hay ciertos libros teóricos que nos internan en ese extraño espacio que resulta de mezclar lo intelectual con lo emocional. Pensar la emoción, construir la enrevesada comprensión del ser humano, a quien no se le puede arrebatar su esencia emocional y relacional, es una difícil tarea.

Muchas veces, escuchando el discurso de Bernard Aucoututier he sentido inquietud, y también he visto reflejada esa inquietud en los demás, entrecejos fruncidos, medias sonrisas, intercambios de miradas, etc. Sus palabras nos han asomado a una visión del ser humano que busca lo esencial, pero no lo simple. Y por ello nos ha propuesto una manera de ver la infancia (que es el principio de la historia de ese ser humano), llena de novedades y muy atractiva. Su esfuerzo se ha centrado en crear nuevos conceptos, nuevas explicaciones. El libro que acaba de publicar, recoge todo esto y le damos la bienvenida. Pero, aunque esta sección se denomina resumen, lo que os voy a proponer está muy lejos de ese término: Son una serie de ideas que se han “revelado” a lo largo de la lectura de la primera parte del libro que el autor denomina Parte I Los fantasmas de acción.

El concepto de sujeto, la dimensión existencial del mismo, y su dinámica.

La globalidad se aborda desde la interacción. Podemos comprenderla porque se buscan los puntos de intersección entre lo psíquico y lo somático.

Para el aparato psíquico del bebé, el cuerpo es la vía de intercambio con el entorno (tanto físico como afectivo-social). Tiene funciones de registro, organización y almacenaje. Es sensible y capta una gran diversidad de dimensiones del universo humano, interrelacionándolas, con un sentido unificador. El sentido unificador, la interiorización, la continuidad, marcan el fortalecimiento de un aparato psíquico que, abierto y en intercambio, se va consolidando. Las vivencias psíquicas tienen raíces tónico-afectivas, pero a su vez las vivencias tónico-afectivas interaccionan con el aparato psíquico; es decir, que no hay una relación causa-efecto, sino una interacción. “La primera actividad psíquica del ser humano tiene sus raíces en el cuerpo en relación” (pp 53).

Esta compleja unidad tiene además una dimensión no siempre fácil de reconocer. Sorprende que el bebé esté expuesto a vivencias profundas o de cierto peso existencial. “Yo te destruyo, sin perderte, por lo que puedo reconstruirte y construirme” (pp 63). “Yo soy yo dentro de ti” que es la condición para poder llegar a “ser yo sin ti” (pp. 124). Se admite, sin dificultad, que ría, llore, se enfade, tenga miedo, pero que sienta “angustia”, una angustia ligada a términos como muerte, despellejamiento, etc.

Sorprende también el sufrimiento infantil y su expresión. Pero el sufrimiento no es sinónimo de patología o, mejor dicho, no lo es siempre. La dinámica de contrastes que preside nuestra vida desde los inicios es fuente de sufrimiento. Desde el principio conocemos el dilema de los opuestos –cerca-lejos/destruir-conservar–, y lo irreconciliable se nos hace familiar –dentro-fuera–. En la base de nuestro deseo se esconde lo opuesto y lo incompatible; es decir, algo que es imposible conseguir, pero que en su búsqueda nos movilizamos permanentemente. Sin embargo, también existe un nivel de sufrimiento elevado que da lugar a la patología. Estamos cercanos a ella, porque todos compartimos esa búsqueda instalada en el sufrimiento; de ahí que trabajar en su comprensión también nos acerque a nuestra realidad. Pero el sufrimiento de la patología desborda al sujeto y, en ese sentido, lo vemos habitar en “mundos extraños”.

Habla del sujeto, de su dinámica, no sólo en la infancia, sino a lo largo de su vida. Nos equipara, y en esa equiparación ambos poseemos elementos del mundo inconsciente y del mundo simbólico. A veces molesta que se dejen entrever las raíces de nuestra identidad, hundidas en la relación más temprana.

La evolución no queda marcada por la anulación o el dominio o la superación. No busca un sujeto “controlado” ni controlador de sus afectos, sino un sujeto conectado a ellos y a su energía, pero también a su compleja dinámica. No hay una resolución del dilema, sino una profundidad en la comprensión de lo irresoluble del dilema. No sólo variamos nuestra mirada sobre la infancia; también varía la que tenemos del adulto.

“La representación de sí mismo y la identidad se suman. Efectivamente, adquirir una identidad significa mantenerse “uno mismo” frente a las dificultades de su propia evolución y transformarse ante la diversidad de experiencias sin perder la continuidad del placer de ser uno mismo” (pp 127).

Todo nacimiento tiene algo de mágico

Mary Ángeles Cremades

Por más que durante largo tiempo se haya, fantaseado, buscado un nombre, imaginado un rostro, trabajado con esfuerzo para tenerlo todo a punto, cuando llega el momento tan ansiosamente esperado se desencadena una intensa cascada de emociones compartidas por toda la familia en forma de ternura, alegría y exaltación de la madre y la criatura, con la particularidad de que todo ello está inmerso siempre en una fuerte sensación de que algo “extraordinario” está sucediendo.

La aparición de un libro también es de alguna manera la culminación de un proceso de gestación y alumbramiento. En la familia de la psicomotricidad esperábamos desde hace años este momento y ¡por fin! el pasado día 13 de Noviembre de 2004 asistimos en Madrid a un nacimiento, la presentación de “el libro” de Bernard Aucouturier “Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz”, acontecimiento en el que pudimos vivir algo parecido en un acto fuertemente emotivo en el que todos los presentes abandonamos temporalmente la descentración tónico-emocional para dejarnos llevar por la oleada de sensaciones y emociones que inundó la sala.

Organizado por el Centro de Estudios y de Formación “Bernard Aucouturier” (Cefopp), la editorial Graó y el Centro de Estudios Universitarios La Salle que estuvo representado por su director Juan Antonio Ojeda, tuvo lugar el acto de presentación que contó además con la presencia del propio autor, de Cinta Vidal —directora editorial de Graó– y de Javier Urra –Psicólogo de la Fiscalía de Menores, ex Defensor del Menor y colaborador de UNICEF, además de asesor de la editorial Graó– a cuyo cargo corrió la presentación del libro.

Para mí, actuar de “madrina” de dicha presentación tan espléndidamente acompañada, arropada por un publico que rondaba las 200 personas, supuso una satisfacción difícil de olvidar.

Personalmente quise poner de relieve la importancia del momento porque Bernard Aucouturier hacía 20 años que no publicaba y porque es el primer libro que escribe en solitario, realizando ahora por escrito la transmisión de un saber que hasta ahora se realizaba de forma oral. Un momento que por ello mismo era además especialmente significativo para los que nos consideramos sus discípulos, los formadores de la Asefop a los que dedica el libro, y sobre todo un momento de especial importancia para la Práctica Psicomotriz ya que da el cuerpo teórico de la misma desarrollando el qué, el por qué y el para qué hacemos lo que hacemos, llenando así el vacío existente en este campo. Bernard Aucouturier ha sido el primer y único autor en extraer consecuencias tanto educativas como terapéuticas de teorías enunciadas fundamentalmente por los autores postkleinianos como Winnicott, creando una Práctica original que constituye su auténtica aportación al campo de la Psicología y la Pedagogía radicando en ello la originalidad de la propia Práctica Psicomotriz y por tanto del libro.

Cinta Vidal destacó la suerte de presentar el libro ante un público homogéneo, profesional y entregado, señalando el acierto editorial que había supuesto rescatar a un autor cuyos libros tienen demanda antes de estar en el mercado. Graó lleva 27 años realizando una labor editorial comprometida en el ámbito la educación desde el convencimiento de que la educación es un tesoro y que una nueva educación es posible a pesar de todo. Por ello es un honor contar con Bernard Aucouturier entre sus autores y publicar este libro, que ha supuesto un trabajo meticuloso a pesar de lo cual sale en español como primera lengua y sin duda va resultar un libro imprescindible en el campo de la psicomotricidad y que nos animó vivamente a disfrutar.

Javier Urra comenzó su intervención recordando que cuando había conocido a Bernard hacía ya 20 años, le había parecido un hombre muy mayor “… y ahora, mírenle, tiene cara de niño, la gente que trabaja con la infancia se le acaba poniendo cara de bondad, una cara limpia, es limpia la cara de Bernard”. Ilustrado con cuatro experiencias de su vida y algunos ejemplos de casos de menores conocidos en los medios, desarrolló una exposición muy amena a partir del esquema ¿Qué siento?, ¿Qué significa?, ¿Qué quiero? ¿Qué supone? La psicomotricidad, además de repasar los problemas fundamentales de los menores en nuestra sociedad. Destacó de Bernard la ética de respeto al niño que impregna toda su obra, el niño considerado como un ser humano en presente y no en futuro pues el adulto no es sino la consecuencia del niño que fue. Una ética que se plasma en una relación de escucha al niño y de empatía, algo tan de moda ahora pero de lo que Bernard lleva hablando 30 años; respeto que se percibe incluso en el lenguaje, pues en el libro se habla siempre de niños con dificultades sin identificarlos con un síntoma o un diagnóstico. Valoró su aportación a la comprensión psicodinámica de la motricidad infantil de la que se extrae una acción Educativa y Preventiva, cada vez más necesaria en nuestra sociedad, y una psicoterapia por la vía corporal que llega donde no llega la palabra. Bernard nos propone un método que lleva al niño del acto a la reflexión, un método que favorece la aceptación de la frustración y la resolución de conflictos. Si pensamos que hoy en día gran parte de los problemas presentados por los jóvenes y adolescentes tienen sus raíces en una falta de identidad (sectas, pandillas, terrorismo, violencia de género) y de canalización de los impulsos agresivos (violencia), por no hablar de trastornos tan de moda como la hiperactividad, podemos ver la importancia de la prevención y la intervención en edades tempranas.

Javier Urra finalizó diciendo que Bernard había tenido maestros, «pero hoy tú ya has entrado en el grupo de los maestros, un maestro que nos sorprendió con Bruno y que hoy nos entrega este libro, un libro cuya lectura deja un sabor agridulce porque parece que te despides, que es el final de una obra, y desde aquí te pedimos que la continúes, que sigas escribiendo sobre tu larga experiencia con los niños, porque si es verdad que los niños te deben mucho, tu también les debes mucho a ellos… gracias Bernard por haber consagrado tu vida a la comprensión del niño por la vía corporal”.

Por último tomó la palabra «el padre de la criatura”. Un Bernard emocionado, que reconoció no haber vivido nunca un momento semejante, agradeció a cada uno de los presentes su participación en este momento tan especial de su vida porque él no se siente competente escribiendo y confesó que había sufrido mucho al escribir el libro. Un libro en el que nos entrega un patrimonio que es el testimonio de su vida profesional; un libro en el que había intentado conceptualizar la dimensión psicodinámica de la motricidad infantil pero sobre todo un libro que fundamenta teóricamente la Práctica Psicomotriz. A partir de ahí fue desgranando una especie de credo que sustenta la filosofía de toda su obra: “Es una Práctica y un libro abierto al niño, porque yo creo en el niño, y se puede creer en la persona del niño si uno ha guardado en sí mismo un alma de niño, si se han conservado las emociones y la sensibilidad de un niño pequeño. Yo creo en la calidad de la educación, defiendo una educación en la que el niño tenga la mejor parte y esté en el centro del sistema educativo, creo en la calidad del educador, la persona que es auténtica para escuchar puede escuchar las emociones de los niños en especial la de los niños que sufren, porque estamos en una sociedad que no está hecha para el niño, una sociedad que cada día le es más hostil. Cuanto más respetemos al niño tanto más fácilmente el niño podrá creer en el adulto para encontrar los puntos de referencia en los que apoyarse para crecer con seguridad”.

Por último, en un tono más confidencial añadió «todo lo que he escrito en este libro y en los anteriores se lo debo a mi infancia, se lo debo a mis padres, mi padre era un artista y un gran pedagogo y mi madre una mujer muy comprometida a nivel político que defendía la cultura popular y las conquistas sociales básicas. Esto hizo de mí un niño libre, libre para pensar, libre para actuar, libre para crear y a fin de cuentas libre para SER… A mí me gustaría que la educación encontrara de nuevo todo esto para el niño incluso más allá de la Práctica Psicomotriz, ¿será posible? Yo así lo espero y eso será quizá gracias a todos vosotros…”

Con este reto a las espaldas, confiando que efectivamente este no sea su último libro sino un libro que abre el camino para otros, cerramos el acto con una impresionante y cerrada ovación, regándolo después con un buen vino, como corresponde a todo nacimiento.

Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye imágenes (la cubierta del libro) que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.

Sobre M.ª José Intxausti Gabilondo, Mary Ángeles Cremades. M.ª José Intxausti nos hace la reseña de la última publicación de Bernard Aucouturier "Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz". A continuación, Mary Ángeles Cremades nos habla de cómo fue y cómo vivió la presentación del libro.
Cómo citar: M.ª José Intxausti Gabilondo, Mary Ángeles Cremades (2005). Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz, de Bernard Aucouturier. Cuadernos de Psicomotricidad, 29, pp. 33–38. Luzaro.
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