El masaje: medio de comunicación y de relación

Nº 29 · Junio de 2005 · pp. 30–32

Resumen. Una educadora infantil y psicomotricista cuenta cómo practica el masaje infantil con niñas y niños de dos años en la escuela: pide permiso, respeta sus señales y su decisión de irse, y lo ha ido integrando en la vida del grupo. Destaca el valor del contacto y las emociones, la implicación de las familias y que el masaje beneficia también a la persona adulta.

Durante mi trayectoria educativa con las niñas y niños de dos años he aprendido mucho de ellos, y esto me ha servido (me sirve) de estímulo para poder seguir con ilusión en el mutuo aprendizaje de la vida y compartirlo en todos los momentos que tengo oportunidad dentro del marco educativo.

Partiendo desde el conocimiento que me brindó la formación de la Práctica Psicomotriz Educativa que ha sido, tanto a nivel profesional como personal, muy importante para mí, he ido profundizando lo que se mueve en lo tónico-emocional y he llegado a descubrir el cuerpo y la emoción desde otra perspectiva que jamás hubiera pensado pudiera conocer.

Esta perspectiva de la que quiero hablar y compartir mi experiencia es el Masaje Infantil.

Pienso que los beneficios pedagógicos del masaje en la educación son importantes: la predisposición a la escucha emocional del otro, a la aceptación de su expresión y necesidad de contacto corporal.

La educación se ha ocupado principalmente de que seamos personas con la cabeza llena de conocimientos, pero se ha olvidado de formar personas con capacidades para compartir emociones y expresar por la vía corporal el afecto, del que estamos tan faltos en muchas ocasiones.

Somos personas —emocionales y corporales— y tendríamos que integrar estos dos aspectos para llegar a una finalidad relacional y afectiva.

A través del “tacto nutricional” se cubren necesidades básicas como el calor, el apego, la contención, el amor.

El masaje infantil facilita el espacio y el tiempo para que se produzca este contacto entre madres y padres o educadores y sus hijas e hijos

La primera relación del bebé con el mundo no es de naturaleza cognitiva, sino emocional o afectiva; el primer contacto con la realidad siempre se produce a través de otro sentido, y durante un tiempo progresa básicamente a partir del contacto. El deseo de conocer antes de sentir puede llegar a interrumpir el flujo natural de la vida.

En la comunicación hay dos elementos que ejercen una función determinante para reforzar los vínculos afectivos entre las personas: Las emociones y el contacto directo.

Una parte muy importante de la manera de vivir y transmitir el masaje es el respeto. Pidiendo respeto, pidiendo permiso antes de empezar y observar las señales de conformidad de las niñas y niños antes y durante la sesión.

He empezado a practicar el masaje sin saber muy bien cuál podría ser el mejor momento para ello dentro de la vida de la escuela. Me he arriesgado y, cuando lo he propuesto, he recibido una muy buena respuesta de parte de las niñas y niños: todos se han acercado, algunos con curiosidad y otros, los más atrevidos, estaban decididos a recibir el masaje.

Algo muy importante es que mi compañera de clase esté presente ya que, sin su ayuda y colaboración, sería muy difícil llevar a término esta práctica.

Siempre lo hago en el mismo lugar, sobre una colchoneta, donde coloco una gran toalla. De este modo, poco a poco van identificándola y pueden prever el momento decidiendo si quieren tomar parte o no. Cuando se acercan, es fácil descubrir lo que desean, ya que para ello sólo hay que ver cómo se desplazan: corriendo y sonriendo.

Así pues, sentada y con la criatura delante de mí, sobre la colchoneta y la toalla, empiezo a desnudarla lentamente, poniendo palabras a mi acción y anticipando lo que voy a hacer.

Busco su mirada y conexión a través de los ojos. Le pido permiso antes de empezar: ¿Quieres que te dé un masaje? A veces, le hago la pregunta mientras me unto las manos con el aceite que tengo preparado en un tarro y me las froto y caliento ante sus ojos.

Una vez hemos encontrado la postura adecuada empiezo el masaje utilizando la técnica de Vimala Schneider.

Empiezo por los brazos, sigo con piernas, pecho, espalda, cara, recorriendo todo el cuerpo, mientras quiera, mientras se deje. Unas veces pasan mucho tiempo disfrutando, otras surge algo que les interesa más, se dan la vuelta y dicen: Adiós. Soy respetuosa con su decisión de irse.

Durante el masaje hablo despacio y verbalizo lo que me parece que sienten y lo que me gusta hacerles. Hay veces que canto o pongo música suave.

Poco a poco las niñas y niños van relacionándose cada vez más, hasta que llega el momento en que la práctica del masaje en la ikastola deja de ser algo personal para integrarse en el grupo.

El masaje ha pasado a formar parte de la vida cotidiana del grupo; tiene su tiempo y su espacio.

Como educadora, me gustaría recalcar que, además de ser una técnica que puede ayudar a mejorar nuestro quehacer educativo, es gratificante ya que permite establecer unos vínculos importantes con las niñas y niños.

También es muy importante que las madres y padres sean partícipes explicándoles lo que se lleva a cabo y el porqué. Es un buen motivo para mantener una charla con ellos y proponerles que reciban unas clases para poder ponerlo en práctica en casa.

Qué bien nos hace sentir saber que nuestras caricias y nuestro amor para los más pequeños son tan importantes.

El masaje no repercute solamente en la niña o niño que lo recibe, sino también en la persona adulta que lo realiza.

Hay muchas formas de querer ayudarnos recíprocamente; también de comunicarnos y el masaje, aunque no sea la única, es una de ellas.

¡Ánimo; merece la pena!

Bibliografía

– Schneider, V. «Masaje Infantil»

– Bach, E. y Darder, P. «Sedúcete para seducir»

Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye fotografías que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.

Sobre Soraya Alonso. Soraya Alonso es educadora infantil y psicomotricista.
Cómo citar: Soraya Alonso (2005). El masaje: medio de comunicación y de relación. Cuadernos de Psicomotricidad, 29, pp. 30–32. Luzaro.
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