Os presentamos un nuevo comentario de MªJosé Intxausti. En esta ocasión, sobre la publicación “Qu´est-ce qui fait courir l´enfant?” de Bernard Aucouturier y Gerard Mendel.
El libro que traigo a esta sección se titula Qu´est-ce qui fait courir l´enfant? Se trata de una recopilación de reflexiones teóricas de los autores B. Aucouturier y G. Mendel, que a veces se recogen en forma de discurso continuo y a veces se presentan como pregunta y respuesta —un formato que nos resulta familiar—. Todo ello se desarrolló en mayo de 1999 en unas jornadas de estudio sobre la Práctica Psicomotriz organizadas por la Escuela Belga. Al final del libro, Philippe Lemenu hace una breve presentación de esta Escuela de la que él mismo forma parte. Sin embargo, debo aclarar que no voy a hacer mi comentario sobre la versión original en francés, sino sobre una traducción que han hecho J. Laburu y N. Cobos con la colaboración de N. Sánchez. Vaya por delante mi agradecimiento a los tres, por el esfuerzo que en su día realizaron.
Comienza G. Mendel así: “El título de nuestro encuentro de esta mañana es: ¿Qué es lo que hace correr al niño? Como reflexión, estaríamos de acuerdo sin duda B. Aucouturier y yo (será él quien diga si es así), al pensar que el título completo que expresaría mejor el espíritu de nuestro trabajo, de nuestro encuentro, sería “¿qué es lo que hace correr al niño hacia la autonomía?””. Creo que este matiz que al inicio de su intervención quiere aclarar G. Mendel es clave (ya comenté anteriormente en esta sección su libro “La sociedad no es una familia”, en el que estaba recogida parte de su teoría sobre la apropiación del acto y lo que él denomina “acto-poder”. En 1998 publicó un libro que se titulaba “El acto es una aventura”).
¿Por qué? ¿Cómo? ¿Y después?
¿Quién no ha tenido que hacer algo que le han mandado y que no quería? O, por el contrario, ¿quién no se ha empeñado en hacer algo que nadie le pedía pero que le resultaba de imperiosa necesidad? ¿Quién no se ha sentido incomprendido al ser juzgado por un agente externo, totalmente ignorante de las condiciones en las que se ha desarrollado un quehacer, y poco después no se ha visto intervenir ante una obra ajena como el más estricto de los inspectores?
El acto en sí tiene diferentes momentos, que podemos identificar en los protagonistas y sus “maneras”. Los hay que imaginan un acto y esperan que venga otro a realizarlo; los hay que esperan el acto de otra persona para poder criticarlo, y así demostrar su habilidad en concebir actos perfectos; los hay que de tanta perfección en concebir el acto jamás pasan a la acción; otros, al realizarlo, se vuelven tan perfeccionistas que nunca lo acaban; otros, también minuciosos, llegan a concluirlo pero después mueren. El acto, en fin, tiene tantas historias como podamos concebir y no existe tan sólo en lo que respecta a su realización, sino también a los momentos anteriores y posteriores.
Y no digamos si el acto es compartido. Si hacer solo ya es algo complicado hacer con otro lo vuelve casi imposible, la cooperación es siempre rica si antes hay diferenciación de agentes, y luego, en la complementación aparece lo que ambos han hecho, y así es posible el reconocimiento de cada cual.
“Hacer para” se puede convertir en una variante de enajenación, que hace referencia, sobre todo, al primer paso que desencadena el acto, de quién es la iniciativa, pero que puede también hablar de la insatisfacción del después e, incluso, de “invasión” por vivir como ajena y externa la fuerza que nos hace actuar.
“… sin poder sobre vuestro acto, cuando está completamente dominado por otro, no sentiréis placer, ni emoción, ni sentimiento de una responsabilidad por producirlo. Si por el contrario, poseéis poder sobre lo que hacéis poder que va desde la elección del acto y el control de las modalidades de su realización hasta lo que comporta un seguimiento sobre sus efectos-, encontraréis placer, motivación, sentimiento de vuestra responsabilidad.”
«La acción es lo que pasa en la cabeza antes del acto, durante el acto y después del acto. Antes del acto, durante lo que yo llamo el pre-acto, hay un número considerable de conceptos o nociones concernientes a la reflexión: el proyecto, el deseo, la motivación, la voluntad, la deliberación, la decisión, el sentido, etc. Por la cantidad y la calidad de estos conceptos, se puede hacer la reflexión de si está bien preparado lo anterior al acto, antes que su realización misma. Pero la acción no sólo es el pre-acto, es también el seguimiento durante el acto del proyecto de acción elaborado en el curso del pre-acto. Y la acción está igualmente después del acto, la reflexión sobre el acto que ha sido realizado: la devolución de la experiencia, el relato, etc.”
Antes, durante y después del acto son los tres componentes de la acción, y su interacción es constante: son absolutamente interdependientes.
Al inicio de la novela “El hombre que se enamoró de la luna” de Tom Spanbauer, uno de los personajes dice “Así es la gente —solía decir Ida—. Se ponen a hablar. Y cuando empiezan no hay quien los pare. Hablan y al cabo de poco ya tienes una historia, ¿y qué es una ser humano sin una historia?”
Nutridas por nuestros actos están nuestras historias, que construimos desde la más temprana infancia. Al principio, los mayores nos prestan la voz y el relato. Sin esperar mucho, nos empezamos a narrar (acompañados por otras voces, que son un ruido de fondo). El acto, con sus tres componentes, suele ser el protagonista esencial. Decía al inicio de este comentario que para G. Mendel lo que hace correr al niño hacia la autonomía es algo clave. La acción tiene un componente psíquico. Es decir, habla de cada uno; reconocernos es la apropiación del acto (recordando sus tres componentes), y no falsear el relato de nuestras historias es la autonomía. Por eso buscamos que la sala sea un lugar de acompañamiento para cada sujeto.
La editorial GRAO publicará en breve una edición en castellano de este libro con el título “¿Qué es lo que hace avanzar al niño?”
Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye la imagen de la cubierta del libro que no se reproduce aquí. Puede consultarse en el PDF del número.
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