La práctica psicomotriz, tal y como nosotros la consideramos con Bernard Aucouturier tiene cada vez un lugar más central en los diferentes dispositivos propuestos al niño en las instituciones que le acogen.
Nuestra práctica es portadora de una manera de considerar al niño en la dimensión emocional, pero también sensorio-motriz, imaginaria, simbólica, cognitiva de su maduración. Esto es, en una dimensión educativa y preventiva. Por otro lado, podemos detectar los trastornos de la expresividad motriz del niño y ayudarle u orientarle hacia un marco terapéutico.
El hecho de tener en cuenta los diferentes aspectos del desarrollo del niño implica, naturalmente por parte del psicomotricista que quiere llevar a cabo esta práctica en una institución, preocuparse por el proyecto educativo que se lleva a cabo en ese lugar. Le será necesario, en primer lugar, hacer un trabajo de sensibilización y de información a los que toman las decisiones, pero también, y sobre todo, a los padres y al personal directamente relacionado con el niño.
Esto supone un discurso claro sobre su práctica, su dispositivo y los diferentes objetivos, así como una capacidad de adaptación a los diferentes interlocutores con los que se encuentre. Acto seguido, el psicomotricista abordará la realidad de la institución, la escuela infantil, que es el caso que aquí nos concierne.
No me será posible, en el marco de este artículo, abordar al detalle todos los aspectos del trabajo del psicomotricista en la escuela infantil. De su perfil, me quedaré con algunos aspectos poco abordados que plantean algunos interrogantes. Entre los aspectos previos al inicio de las sesiones con los niños nos fijaremos en los puntos siguientes:
• En el caso de que la escuela infantil no disponga de un lugar específico y suficientemente grande, el psicomotricista deberá efectuar un riguroso estudio de los espacios potencialmente utilizables. Quiero referirme por ejemplo a los pasillos y otros halls que abiertos a otros espacios, más o menos pequeños formarían en conjunto un espacio suficientemente valido para realizar una sesión. Adecuar ahí de la mejor manera posible el material en función de la estructura espacio temporal de la sesión, será la etapa siguiente.
• Las condiciones periféricas de las sesiones son otro elemento para tener en cuenta en sí mismas. Quiero referirme al “timing” (temporización) de las sesiones en función de la dinámica de los grupos, de la composición de los grupos de niños, de la participación de las educadoras, de las condiciones de entrada y salida de los grupos, de los tiempos de discusión de las reuniones de síntesis, etc. Todas estas realidades hay que prevenirlas lo mejor posible con el fin de estar preparado antes, durante y después de las sesiones.
• Las sesiones regulares de la práctica psicomotriz, serán los tiempos fuertes del trabajo del psicomotricista, y los niños serán los primeros beneficiarios. No volveré sobre el marco ya conocido para los niños que están empezando a andar (gateo). Llamo vuestra atención sobre los principios y los finales de las sesiones. Naturalmente sobre el tiempo de reaseguración por el lenguaje que es un momento fuerte, sobre todo si el “narrador” asocia bien su expresividad motriz (sobre todo su mímica, su voz, sus gestos) con la cualidad del texto de la corta historia, del cuentito o de la cancioncilla. La calidad de las imágenes (motrices, sonoras) que se proponen, serán mejor aceptadas, integradas e incluso anticipadas por los niños.
• El trabajo con los bebés que no han conseguido la verticalidad merecería por sí sólo un largo desarrollo; no se puede hacer nada si no es con una estrecha colaboración con las educadoras. La triangulación de la comunicación, el trabajo en dúo, en trío, el apego y el desapego, la implicación tónico-emocional muy afinada, la atención al otro, la utilización de los objetos, la proxémica sutil y otra gran cantidad de cosas están en el centro de este trabajo con los bebés, que son los “especialistas” de la comunicación no verbal. ¡Hay tantos elementos en nuestra práctica que deberíamos aprender de ellos!
• El dispositivo de la práctica psicomotriz puede también ser utilizado con el fin de reencontrar al niño y sus padres, en interacción con todo el interés que una situación tal presenta.
¿Cuándo y con qué finalidad?
1.- En primer lugar, durante el periodo de lo que llamamos adaptación, tiempo variable según las instituciones, que permite a los padres a y los niños llegar a tomar contacto con el medio de la escuela infantil. Unas horas por día, durante unos días y en momentos diferentes de la jornada padres y niño empiezan a conocer el mundo de la escuela infantil… La experiencia nos muestra que la sesión de psicomotricidad es un momento privilegiado para acoger a los padres y a “un nuevo niño”. La observación, la interacción, la integración en el grupo, se facilitan siempre y cuando esta intervención se haya preparado bien tanto con los padres como con el resto de los que intervienen.
Por otra parte, hay que prever un tiempo para la palabra después de la sesión. La flexibilidad de nuestro dispositivo permite unas condiciones óptimas para facilitar el encuentro con el grupo de niños y las educadoras. El psicomotricista aquí juega plenamente el papel de “facilitador” de la comunicación, y esto con todas las personas en torno a la sesión de la práctica psicomotriz.
2.- Abordaremos una segunda situación en la que el dispositivo de la práctica psicomotriz podrá ser utilizado para hablar con los padres sobre la “realidad” de su niño.
Cuando el niño presente carencias de la expresividad motriz, más específicamente dificultades sensorio-motrices, dificultades en la comunicación, problemas de apego, etc., puede ser importante, después de un tiempo de reflexión y de trabajo en la escuela infantil, abordar el problema con los padres. Los encuentros e intercambios con los padres ajustados a su niño, no son problemáticos.
¿Cómo favorecer, por otro lado, el intercambio real con los padres “poco presentes”, con los cuales es difícil comunicarse, a menudo poco conscientes de las necesidades de su niño, a menudo en situación conflictiva con él? Estos padres no vienen a las reuniones oficiales; dejan rápidamente al niño por la mañana (a menudo temprano), y tienen prisa por marcharse rápidamente cuando vienen a buscarle por la tarde (a menudo, tarde). Las educadoras se lamentan de que “no se les ve” y de que no se puede intercambiar con ellos.
Una estrategia posible es hacer una sesión de práctica psicomotriz con un pequeño grupo de niños (con más o menos dificultades), e intentar que corresponda el fin de la sesión con el momento en el que los padres vienen a buscar a su niño. Al principio, ellos se lo llevan como lo hacían cuando estaba en el grupo. Progresivamente, el psicomotricista les habla de lo vivido en la sesión, después de las dificultades que se han encontrado, de las observaciones de las educadoras. El diálogo puede comenzar a partir de esto, a menudo durante el fin de la sesión, después entrando en el grupo y, finalmente, en una reunión concertada.
Esto funciona… A reflexionar ¡y seguramente a adaptar…!
Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye fotografías que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.
La traducción ha corrido a cargo de Juan Cruz Polentinos
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