Crecer y ayudar a crecer hoy… ¿Ardua tarea?

Nº 25 · Junio de 2003 · pp. 33–36

Resumen. Las autoras sostienen que el modelo social actual, centrado en el progreso, la competencia y el individuo, dificulta el crecimiento saludable y la crianza. Definen crecer como un camino de desprendimientos con ambivalencia, enumeran contradicciones de la propuesta social actual (negación del conflicto y del dolor, inmediatez, superficialidad, pragmatismo) y proponen recuperar el protagonismo personal-social mediante espacios grupales de reflexión.

Cada época histórica, cada modelo social y cultural favorece una determinada construcción de la subjetividad, un determinado funcionamiento psíquico, acorde con las necesidades de ese sistema para mantenerse y desarrollarse. Los valores, ideales, mandatos sociales de cada momento histórico, van conformando maneras de ser y pensar, van construyendo modalidades vinculares, estipulando lo que es significativo, lo permitido y lo no permitido, lo que tiene o no valor.

Es a través de mecanismos diversos (repetición, naturalización, eliminación de contradicciones, invisibilización del proceso socio-histórico, asignación de roles, etc.), cómo se van instituyendo significaciones y “verdades”, que intervendrán en la construcción de la subjetividad, los vínculos, las instituciones, etc.

Uno de los aspectos significativos en la propuesta del modelo social en el que vivimos ha sido la idea de ‘progreso’, y por esto se entiende “básicamente el crecimiento económico, el aumento de la producción y la creación de un sistema productivo cada vez más eficiente. Por consiguiente, todas las cualidades humanas que están al servicio del ‘progreso’ son virtuosas y todas aquellas que lo impiden son ‘pecaminosas’”¹. Desde ahí la competencia se convierte en lo esencial, y el individuo (no tanto la comunidad) en el centro de la vida social.

Esto atraviesa toda la realidad, y en especial, centrándonos en el tema del crecimiento humano, atraviesa las instituciones encargadas de favorecerlo y contenerlo. De esta manera no es casual que en educación se esté implantando en el momento actual la corriente centrada en la necesidad de la enseñanza individualizada, en la comparación y valoración individuales con premios y reconocimientos como recursos en el aula (y fuera de ella); que en el ámbito sanitario el abordaje de los conflictos desde la individualidad sea lo central, etc., en una complicidad, no siempre consciente, con los valores predominantes del modelo neoliberal.

Del mismo modo, y centrándonos en el objetivo de este artículo, es en la vida cotidiana del grupo familiar y en las dificultades actuales de la crianza, donde podemos constatar el alcance de todo lo señalado. La sociedad asigna al grupo familiar la tarea de ayudar a crecer y generar autonomía y madurez (sin referencias claras de lo que esto significa); pero al mismo tiempo, de manera más encubierta, a través de roles asignados (hombre, mujer, padre, madre) sobre exigidos y con graves expropiaciones y vacíos (algunos deviniendo de modelos anteriores sin resolver y otros propios de modelos actuales) y desde otros mandatos explícitos e implícitos, se imposibilita o dificulta el proceso de crecimiento. Así, las dificultades de la crianza quedan como problema individual o de ese grupo familiar concreto que “algo le pasa”, o es que “esa mujer o ese hombre fallaron en algo”, más que como algo más social que el propio sistema está generando (no negamos la patología individual pero teniéndola que contextualizar desde aquí también). Ante esto la alternativa que se ofrece mayoritariamente es el abordaje individual, de nuevo (necesario en ocasiones), o resignarse y aguantar el peso de la crianza, o no tener hijos.

Desde la Metodología de Intervención Comunitaria centrada en los ProCC, y a lo largo de nuestro trabajo con la “normalidad” (control del niño sano, grupos en la comunidad de madres y padres, púberes, adolescentes, profesionales, educadores, etc.) desde hace más de 15 años, constatamos importantes distorsiones en el proceso de crianza, generadoras de profundos malestares, que por frecuentes y generalizados se han llegado a naturalizar y se asumen o se evitan pero no se cuestionan (concepto de Normalidad Supuesta Salud, de la Metodología de los ProCC)².

Comencemos por clarificar qué entendemos por crecimiento, para poder después señalar algunas de las cuestiones que están afectando hoy este proceso. “Entendemos el crecer, como el camino de los sucesivos desprendimientos, desde cada nueva adquisición en pos de conseguir los diferentes grados de autonomía, que permitan el desarrollo de un sujeto capaz de ser protagonista en su hacer personal-social³. Es un proceso que implica ir construyendo un lugar en una adaptación crítica, activa y creativa con el entorno. En este camino, que dura toda la vida, cada desprendimiento en función de una nueva adquisición significa, desde lo normal, una cierta ambivalencia: se desea pero cuesta.

Centrándonos en la crianza, en este proceso que va de la indefensión total del recién nacido, a la capacitación para la autonomía, la ambivalencia está en las dos partes del vínculo: los adultos primordiales que están ayudando a crecer, y el niño, que tiene deseos de lo nuevo, pero no quiere dejar lo conocido, lo que le da seguridad. Si el adulto se permite sentirlo, lo normal es que cada paso de crecimiento le signifique una cierta pena, al mismo tiempo que una gran alegría, porque habrá algo que pierde y algo que consigue en ese vínculo que va cambiando, en ese ir articulando una separación que posibilite al hijo o hija hacerse cargo de proyectos personales.

Ayudar a crecer consiste en favorecer los desprendimientos adecuados en cada momento evolutivo, sin violentar los procesos, e ir resolviendo y elaborando esa ambivalencia de lo que suponen los pequeños duelos que implican cada paso de crecimiento.

Pero, ¿la propuesta social actual favorece este proceso?

Observamos que es difícil resolver los conflictos normales de la crianza, cuando desde la propuesta actual hay una negación de éstos (“La felicidad es no tener conflictos”).

Unido a lo anterior, cómo elaborar los duelos, las “despedidas” necesarias de cada paso de crecimiento, desde una propuesta actual de vida sin dolor (“vete ahora que está entretenida, no la hagas llorar”, “ya tendrá tiempo de sufrir”), negando los sentimientos normales del crecimiento.

Cómo favorecer el desarrollo de la tolerancia a la frustración, la capacidad de espera, la consideración hacia el otro, cuando desde la propuesta actual se promulga la realización inmediata de los deseos. (“¿Lo deseas?… lo tienes”), y la competitividad (“el otro es el enemigo”).

Unido a esto anterior, cómo ayudar en el crecimiento hacia un Proyecto de vida, que implica futuro, desde una propuesta de “inmediatez”, “aquí y ahora”, “vive el presente”.

Cómo ayudar a construir una adaptación activa, desde una conciencia crítica, que implica la reflexión, cuando lo importante hoy es “ser práctico, altamente eficiente, y poseer cierta capacidad para la acción inmediata”⁴ y la propuesta es la levedad, la ligereza, la superficialidad (“no te pongas denso”, “no me ralles”, ante cualquier profundización).

Y desde ahí, cómo poder trabajar adecuadamente los desprendimientos, cuando se viene de vínculos de sobreprotección o de desprendimientos violentados, sin un adecuado trabajo de los mismos, y desde la propuesta social actual se frena una reflexión y análisis de las contradicciones que ello genera.

Qué difícil favorecer un crecimiento saludable sin un referente claro, desde la propuesta de pragmatismo y funcionalidad (“a mí me funciona”, “si esto no te funciona, prueba esto otro”, pero sin un cuestionamiento de lo que generará esa u otra pauta).

Podríamos seguir enumerando cómo la propuesta social actual dificulta un crecimiento saludable, pero excedería los límites de este artículo, y, lejos de decir con Mafalda “paren el mundo, que me bajo”, y en la línea de evitar sufrir malestares personales y profesionales innecesarios, entendemos que la alternativa es recuperar el protagonismo personal-social que ha sido expropiado a la comunidad (padres, madres, profesionales, etc.).

En este sentido, consideramos imprescindible crear espacios grupales de reflexión en los que poder analizar y resolver las contradicciones del vivir cotidiano, y así ir construyendo colectivamente alternativas que posibiliten una independencia de lo preconizado predominantemente.

Notas

¹ Guinsberg, E. (1992). El psicoanálisis y el malestar en la cultura neoliberal, (en línea). México, Red informática FLAPAG. Disponible en http://www.psinet.com.ar/rif/rif01021.htm (2002, 19 de diciembre).

² Cucco, M. y Losada, L. (1994). Metodología de Intervención Comunitaria centrada en los Procesos Correctores Comunitarios. Madrid: Centro Marie Langer.

³ Cucco, M. (1996). Adolescencia, construcción de un proyecto de identidad en el contexto de las contradicciones actuales. Comunicación presentada en la mesa redonda: La estructura familiar en la prevención, en las III Jornadas sobre familia y drogodependencias. Madrid, octubre, 1996.

⁴ Rojas, N. y Sternbach, S. (1994). Entre dos siglos. Una lectura psicoanalítica de la postmodernidad, pág. 63. Buenos Aires: Lugar Editorial.

Nota de la edición digital: en el número impreso este artículo incluye dos fotografías que no se reproducen aquí. Pueden consultarse en el PDF del número.

Sobre Ana Sáenz, Esther Zuñiga. Ana Sáenz, psicóloga, y Esther Zuñiga, enfermera, son especialistas en Intervención Comunitaria centrada en los Procesos Correctores Comunitarios (ProCC), metodología creada y desarrollada desde el Centro de Desarrollo de Salud Comunitaria Marie Langer. Esther Zúñiga trabaja en un Centro de Atención Primaria de Bilbao y Ana Sáenz en la Sección de Salud Escolar del Ayuntamiento de esta ciudad.
Cómo citar: Ana Sáenz, Esther Zuñiga (2003). Crecer y ayudar a crecer hoy… ¿Ardua tarea?. Cuadernos de Psicomotricidad, 25, pp. 33–36. Luzaro.
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