Editorial

Nº 25 · Junio de 2003 · p. 6

Resumen. La editorial presenta el artículo de este número sobre la solución de conflictos entre niños y reflexiona sobre ello: frente a la costumbre escolar de ver el conflicto como algo negativo que el adulto resuelve enseguida, en la sala de psicomotricidad el adulto no juzga, acoge y acompaña, y crea un marco para expresar y afrontar los conflictos desde la seguridad y la autonomía de los niños. Añade que lo interesante de cada conflicto es lo que dice de los niños que lo viven.

En este número podréis encontrar un artículo sobre la cuestión de la solución de conflictos entre los niños en la práctica psicomotriz educativa. Ello nos sirve para reflexionar en torno al conflicto y la práctica psicomotriz: el conflicto es vivido en el contexto escolar a menudo como algo negativo, a evitar. Esto se situaría dentro del paradigma educativo de “enseñar a hacer lo correcto”, y por lo tanto “aprender lo correcto”. Y el conflicto parece quedar fuera de ese “correcto”.

Ya Piaget y el constructivismo se han encargado de hacer llegar a la Escuela el error y el conflicto cognitivo como elementos esenciales a la apropiación del conocimiento por parte del niño. Pero, el conflicto emocional y el relacional no están tan “bien vistos” en las aulas y espacios escolares. ¡Cuántas veces no intervenimos los educadores con toda celeridad para solucionar un conflicto entre los niños, aportando nuestra justicia de adultos “correctos”!

Luchas por los objetos, agresiones por el malestar propio o por la propia evolución (pensemos en los niños de menos de tres años), conflictos por no querer compartir el juego con algún compañero, etc., el adulto aparece y reparte justicia: “tenéis que ser amigos, jugar todos, déjale el juguete o material…” Todo ello resuena en el educador que trata de introducir dichos conflictos en un marco de valores absolutos de una moral que no deje resquicios a la duda: “lo bueno y lo malo” que lleva indefectiblemente a “los buenos y los malos”. Ante esto, la sala de psicomotricidad se presenta como un lugar en el que el adulto no juzga las acciones del niño sino que las acoge y acompaña, trabajando un marco y unas actitudes que posibiliten que el niño pueda convertir sus acciones pulsionales en actos simbólicos, que permitan el encuentro de un lugar compartido, ese espacio potencial/transicional winnicottiano, espacio que se va generando en la medida en que va siendo ocupado por la capacidad creadora de aquellos que comparten la relación.

El conflicto y su solución aparecen, pues desde este punto de vista como un momento más en el que el niño puede desplegar su deseo de acción, que no es juzgado, sino observado por el adulto, que garantiza la seguridad física y psicológica en la sala, y que no interviene salvo peligro evidente (¡y esto no sucede tantas veces!). Un adulto que confía en las competencias de los niños, y deja un espacio y un tiempo para que sea ocupado por ellos, tanto en la tranquilidad como en el conflicto y su solución.

Por definición, el conflicto forma parte de las sesiones de psicomotricidad, ya que en ellas decimos al niño “aquí tú puedes ser como eres, expresar cómo te sientes”, y ello supone que el niño ponga en juego dentro de la sala toda su expresividad, cargada de afectos de placer y displacer, de bienestares y malestares, que van a resonar en otros, niños y adultos, creando una dinámica “conflictiva”. Es la complejidad de la vida y del ser humano, desplegada en toda su dimensión lo que dejamos entrar en nuestras salas. Como conclusión podríamos decir que en la práctica psicomotriz educativa no se trata de que no aparezcan los conflictos, sino de cómo crear el marco que permita expresarlos y enfrentarlos desde la seguridad y la autonomía de los niños, y no desde la heteronomía que supondría estar sujetos al juicio exterior “divino” del bien y del mal.

Postdata: podemos añadir que en realidad lo que nos interesa de los conflictos que aparecen no es quién tiene la razón, sino qué nos dicen de los niños que los viven: el niño que quita, el que se deja quitar, etc., ¿de qué nos hablan, cuál es su demanda hacia nosotros?, y cómo su forma de enfrentarlos nos sirve como un indicio más para la comprensión de su proceso madurativo global.

Cómo citar: Cuadernos de Psicomotricidad (2003). Editorial. Cuadernos de Psicomotricidad, 25, p. 6. Luzaro.
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