Editorial

Nº 23 · Junio de 2002 · p. 6

Resumen. La editorial distingue dos niveles de la práctica psicomotriz: el educativo, que ayuda a niñas y niños a ser protagonistas de su maduración psicológica, y la ayuda psicomotriz para quienes están atrapados en la angustia y los fantasmas, en pequeño grupo o de forma individual, dentro de la escuela o, en su nivel terapéutico, fuera de ella. Anuncia la intención de la Escuela de Bergara de iniciar la formación en ayuda psicomotriz en 2003.

La práctica psicomotriz tiene diversos niveles de intervención en base a los objetivos que persigue:

La práctica educativa tiene como objetivo ayudar a que niñas y niños sean protagonistas de su itinerario de maduración psicológica, trabajando a partir de la creación de un contexto-marco de seguridad que les permite ejercer su acción sobre sí, las demás personas y los espacios y objetos que les rodean, de forma que contengan sus angustias y fantasmas, pudiendo acceder a la descentración tónico-emocional y cognitiva y al pensamiento operatorio.

Pero a veces nos encontramos con niñas y niños atrapados en los fantasmas e instalados en niveles de angustia que no les permiten ejercer esa acción creativa ni acceder a una adecuada descentración. Sufren una fragilidad en su totalidad corporal, o ni siquiera han podido constituirla. Niñas y niños que no han podido tejer esa “red psíquica” que contenga sus fantasmas, sus miedos, sus deseos, sus angustias. Son esas niñas y niños que no pueden parar quietos, o que no pueden moverse, o que no hablan, o que agreden, o que no pueden hacer nada por sí… que necesitan ayuda… ayuda psicomotriz.

Éste es el otro nivel de intervención, la ayuda psicomotriz, organizada bien en pequeños grupos, cuando la dificultad responde a ciertos niveles de fragilidad, pero con unas mínimas capacidades de comunicación y juego con las otras personas; bien como ayuda individual, cuando la fragilidad es mayor, o incluso no existe una mínima estructuración de esa totalidad corporal, y por lo tanto la niña o el niño no está preparado todavía para establecer una dinámica de comunicación y juego con alguna otra compañera o compañero.

La ayuda psicomotriz, que en determinados niveles puede realizarse dentro del marco institucional de la escuela, y que en su nivel terapéutico debe contar con un marco específico (fuera del contexto escolar), que asegure su desarrollo con las máximas garantías.

La ayuda psicomotriz que trata de ayudar a que la niña o niño y su familia puedan enfrentar el displacer y el sufrimiento que viven, en un marco de seguridad y calidad de comunicación, en donde las actitudes y estrategias de la persona psicomotricista se vuelven imprescindibles para posibilitarles que puedan volver a ser protagonistas de sus respectivas historias, conteniendo los niveles de angustia y liberándose de esos fantasmas que no les permiten acceder a una adecuada relación ni consigo ni con la realidad que les rodea.

Por último queremos comentaros que, como quizás ya sabréis, es intención de la Escuela de Bergara iniciar la formación en ayuda psicomotriz para el próximo año 2003. En ello estamos y esperamos poder cumplir con este deseo. Os iremos informando al respecto.

Cómo citar: Cuadernos de Psicomotricidad (2002). Editorial. Cuadernos de Psicomotricidad, 23, p. 6. Luzaro.
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