A veces me siento gigante, capaz de todo, y otras veces tan pequeña y vulnerable que me desdibujo hasta volverme transparente. ¡Qué lío! ¿Quién soy yo realmente? Conectar con mi mundo emocional, identificarlo y ubicarlo es el primer paso para tomar consciencia y ser cada vez más libre.
A veces me desdibujo, ahora es un cuento, pero en su inicio fue un texto (durante mucho tiempo guardado) que surgió de reflexiones a partir de mi propio proceso de desarrollo personal. Este crecimiento personal comenzó fuertemente en Cefopp, durante mi formación en Práctica Psicomotriz Aucouturier.
Esta movilizadora formación me abrió a un conocimiento de mí misma, confirmó sospechas y tendió puentes hacia nuevos espacios de autoconocimiento, no todos siempre agradables. Al terminar mi formación, decidí buscar ayuda terapéutica que me permitiera seguir poniendo luz a mi parte más sombría. Y así, durante un tiempo de pausa, de reflexión, de mirada hacia dentro con compasión (con-pasión ¡qué hermosa palabra!), de introspección, de aceptar sin juicio… que requirió bucear por las profundidades, removerlas, pringarme, y también, por qué no admitirlo, con algún intento de volver a esconderlo todo y cerrar cuando ya no era posible…, se fueron organizando ideas, sensaciones, emociones, estados de ánimo, dispares, cambiantes, opuestos, todos ellos constituyentes de mi persona, que una noche se plasmaron en un papel.
¡Qué alivio poder llegar a sentir, nombrar, identificar, ubicar…! Con más orden y más espacio. Así nació A veces me desdibujo, un cuento, con él podrá identificarse fácilmente cualquier adulto, escrito con un lenguaje sencillo y comprensible que ofrece a los niños y las niñas una herramienta ilustrada, como tantas hay, de comprensión de su mundo emocional, al cual conviene conocer, en ocasiones transformar, para no dejarse dominar por él.
Sobre todo en este momento social, tan incierto, tan cambiante, gestante de nuevos paradigmas, en el que intuimos que los niños y las niñas a los que acompañamos en su crecimiento van a desarrollar profesiones (quizá en un futuro no muy lejano no se llamen profesiones) que todavía no se han inventado.
Más importantes que los contenidos curriculares es el conocimiento que cada personita pueda hacer de sí misma, construyendo identidades sólidas, preparadas para vivir lo único que sabemos constante: el cambio. Y eso requiere que los adultos nos paremos a mirarnos, a centrarnos en nosotros mismos para poder des-centrarnos hacia ellos lo más libres posible de nuestra propia subjetividad.
El texto alterna la rima, en casi todas sus frases, con la prosa, en momentos concretos donde el mensaje pierde la continuidad, la musicalidad y la coherencia que aporta la cadencia rítmica de los sonidos, ligado al contenido emocional que describe. Además, el texto también relaciona ciertas acciones o capacidades con los colores de los chakras, o puntos energéticos que nos aporta el yoga.
Las ilustraciones, de Zaida Montes, enriquecen el texto, y transmiten en todas sus páginas, a través del color del pelo de la protagonista, el poder transformador del mensaje. Además, en una de sus ilustraciones, Zaida hace un guiño a mi primer cuento publicado, Arturo y las manzanas. Dejo que seas tú quien lo descubras.
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