Hablemos del cuerpo… o de los cuerpos. Porque no deseamos hablar del cuerpo anatómico, sino del cuerpo habitado por cada persona. Ese cuerpo que es origen, camino y llegada de todas las vivencias que vamos experimentando a lo largo de nuestra vida.
Este número de nuestra revista es un documento que os proponemos leer con calma. Seguramente tendréis que releer cada uno de sus artículos varias veces pues están escritos con un gran sentido de la profundidad.
Hemos tenido la fortuna de reunir a tres profesionales de primera línea, que generosamente nos han ofrecido sus aportaciones en torno al tema del cuerpo / de los cuerpos.
Estamos en tiempos de una pandemia que ha puesto sobre nuestras cabezas una gran nube negra en la que aparece escrita la palabra DISTANCIA. Y la distancia asociada a la salud…
¿Quizás ya había algo de esa distancia en nuestra sociedad sin que tuviese que llegar este virus a ponerla más en relieve?
¡Vaya empujón que han recibido lo virtual, las pantallas, las nuevas tecnologías…!
¿El futuro será construir burbujas saludables? Cada uno en su casa, con su gente, a distancia de esos otros peligrosos, contagiosos…, sin contacto corporal, escondidos tras mascarillas y miradas desconfiadas.
Incertidumbre, ignorancia, desconfianza, agresividad, rabia, tristeza, depresión, reacciones obsesivas, exigencias a los otros, sobreprotección de lo propio, entre la sumisión y la transgresión, tod@s contra tod@s, miedo, inseguridad, pérdida de identidad, sentimiento de ser marionetas de no sé qué o quién…
¿Podremos volver a ser humanos? ¿Volver a los cuerpos? ¿Volver a relacionarnos sin sospechas?
En Luzaro y en la ASEFOP, la Asociación europea a la que pertenecemos como Escuela de Formación en Práctica Psicomotriz, trabajamos para defender la construcción de formaciones y prácticas educativas y terapéuticas que permitan a la infancia y a l@s profesionales desarrollar recursos autónomos de comunicación, creación y pensamiento.
Recursos que pasan por la posibilidad de enraizar cuerpo y psiquismo, no como dos partes separadas, sino como un todo que integra la persona, con sus sensaciones, percepciones, emociones, sentimientos, ideas y pensamientos, desde esa UNIDAD Corporal o somato-psíquica que nos permite decir YO.
Pero no ese YO egoísta, individualista, sino ese YO que nos hace sentir partícipes de una comunidad. Una comunidad abierta a la diversidad y a la complejidad del existir humano.
Nuestro cuerpo es a la vez posibilidad y límite para la comunicación y la relación. Desde nuestra mirada queremos que cuerpo y comunicación sean la base de una sociedad más humanizada, partiendo de las actitudes que los adultos cuidadores, familiares y profesionales, debemos desarrollar para que nuestros infantes puedan constituirse como sujetos de una vida suficientemente agradable y amable.
El libro que nos presenta M. Ángeles Cremades, de Luis Siguero, es un fantástico y concienzudo trabajo que nos habla de la importancia de la construcción de una base corporal, de un interno somático podríamos decir, que nos haga acceder a ese sentimiento de ser uno, del sí mismo, un sí mismo que construimos y sentimos a partir de unas sensaciones suficientemente agradables que parten de nuestro interior corporal y nos sirven tanto para relacionarnos con nuestro “ser uno” como para poder encontrarnos con esos otros “ser uno” y formar grupos humanos en los que procurar el bienestar y la riqueza vivencial recíprocos son objetivos esenciales.
Compartir experiencias, vivencias, relaciones que nos permitan construir cuerpos deseosos de relación y llenos de suficiente placer con el que hacer frente a las dificultades y retos del vivir.
Aunque sintamos mucha inseguridad y nuestros cuerpos estén intranquilos, sintamos falta de aire, nerviosismo, tensión, dolores…, busquemos en la relación con las otras personas la vacuna perfecta para no des-humanizarnos / des-corporizarnos / des-hacernos / des-dibujarnos, perdiéndonos en el laberinto del miedo y arrojándonos a los brazos de sustitutos virtuales.
Volvamos al cuerpo, pero no al cuerpo cárcel, al cuerpo burbuja, sino al cuerpo relacional, dispuesto al juego y la aventura compartidos.
He dicho antes, no “des-dibujarnos”, y era un guiño evidente al cuento de Eva Torres cuya presentación tenéis en vuestras manos. Conectar con nuestras emociones, de todo signo, es algo que podemos hacer desde el sentimiento de “ser uno”, que permite vivir la alegría y la tristeza, la rabia y el amor… porque no se trata de vender paraísos artificiales ni libros de auto-ayuda sobre cómo ser felices, etc.
No, se trata de estar vivos, pasándolo bien y pasándolo mal. Pero, sobre todo, tratando de no hacer ni hacernos daño, o el menos posible, el daño soportable, no irreparable.
Porque somos seres humanos, y como tales imperfectos, construidos sobre alguna falta o defecto. Con el deseo de SER TODO y la imposibilidad de serlo.
Por eso, habitemos con cariño nuestro cuerpo y los cuerpos de los otros. Con respeto y calidad de relación.
Porque somos cuerpo, somos animalidad, somos “polvo de estrellas”, y pensamos, simbolizamos, nos damos cuenta, tenemos palabra que todo lo cambia.
Sí, el “eslabón perdido” sigue perdido: ¿Creados por alguna divinidad? ¿Juego de algún extraterrestre? ¿Energías universales? De momento nos falta la pieza esencial del sentido de nuestra existencia como seres humanos.
Por ello, buscamos pequeños-grandes sentidos en nuestra vida cotidiana. ¿Y qué mejor que tratarnos suficientemente bien? ¿Qué mejor que ver cómo cuidar la infancia y la adultez para ser sociables, amables?
Desde la práctica psicomotriz, creemos que es posible ser rigurosos y responsables en nuestras formaciones y prácticas, estando atent@s a todas las aportaciones que se hacen desde las neurociencias, los estudios sobre el cerebro, y desde todas las investigaciones sobre el cuerpo y su funcionamiento, sin dejar de tener una mirada humanista, y sin renunciar a la importancia de la subjetividad en todo lo relativo al encuentro entre seres humanos.
Siempre hemos defendido la importancia de la relación, de la interacción y la globalidad, y en todos los últimos estudios en los ámbitos que antes hemos referido van apareciendo conceptos como “conectividad” “interacción”, etc. que nos hablan de cómo la propia base corporal y fisiológica del ser humano nos refiere a la importancia básica de la relación y la interacción entre individuo y entorno, entre interno y externo, etc. y entre todos los aspectos de la persona que le permiten decir “yo”.
Educar o acompañar en una terapia no es adiestrar o curar al otro. No, se trata de ver cómo con nuestro acompañamiento, actitudes y acciones-relaciones ayudamos a que cada persona se haga cargo de sus capacidades y de sus dificultades, de forma que pueda fortalecer y construir ese “ser sujeto de su propia vida”.
Esto es algo completamente compatible con toda intervención necesaria que sirva para poner a la persona en una posición más adecuada para sentirse sujeto de su proceso vital (operaciones, medicación puntual y ajustada, ayudas técnicas como fisioterapia, logopedia, etc.), siempre y cuando no se olvide de trabajar en aspectos subjetivos de la persona, no convirtiéndola en mero objeto de las ayudas aportadas, sino buscando que estas le sirvan para retomar su condición de sujeto en mejores condiciones.
El cuerpo, los cuerpos de todos los seres humanos tratamos de encontrar caminos que nos sirvan para construir una sociedad más amable y solidaria, una comunidad de sujetos creadores, en donde individuo y grupo se retroalimenten, creciendo y enriqueciendo en la diversidad y la complejidad.
Un abrazo.
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