Hace unos años empecé a profundizar en la mirada periférica, a raíz de pensar en su pedagogía, e intentar explicarla a unos cursillistas de prest Garatu, que se acercaban a la Práctica Psicomotriz Aucouturier.
Mi propio recorrido personal me ayudaba a empatizar con estos inicios y dificultades a la hora de poder captar, comprender la intervención basada en la mirada periférica, en la observación, en la comunicación no verbal, en la relación corporal, a pesar de contar con el soporte de la sesión grabada, y visionado de la misma.
Me planteé en cómo posibiltarles “unas gafas”, que en su momento recuerdo a mí me costó ponerme, y que en este proceso he graduado las mias también.
Mariaje Uranga me dejó asombrada en muchas ocasiones, y sentía que se me escapaban los detalles significativos, miraba sin ver. Parecía no hacer nada y funcionaba. Una de las veces, fue espectacular para mí. A su sala acudíó una psicomotricista tutora porque se encontraba en dificultad con el grupo. Y empezó la sesión, al poco Mariaje asumió el grupo y éste, con su presencia, disponibilidad y seguridad cambió.
Cuando hay inseguridad el caos se instala, es visible, y si se puede observar el paso del caos a la seguridad como ocurrió en esa ocasión, entonces cobra todo su valor la idea de que no hay “psicomotricidad sin psicomotricista”, y que ésta/éste es el referente de seguridad afectiva del grupo de niñas y niños.
Bernard Aucouturier, al referirse a las actitudes del Psicomotricista, en relación a la Práctica Psicomotriz Educativa (PPA) y preventiva, nos dice sobre la mirada periférica: “La mirada periférica del psicomotricista es necesaria para la seguridad de los niños y, para mantenerla, su participación en las actividades del grupo ha de limitarse, aunque los propios niños la demanden” (1)
Aucouturier no menciona esta mirada periférica como una dificultad, dentro de las posibles dificultades con las que se puede encontrar un psicomotricista: sobre todo considera que las dificultades aparecen en los rituales, en las provocaciones, en la excesiva pulsión de algunos niños o niñas, en los pasos de una fase a otra, en la historia, ante las producciones agresivas de los niños, ante los comportamientos de dificultad por inhibición…, o con el dispositivo.
Una de las díficultades, que a veces se olvida y es el gran caballo de batalla, es ese transitar entre las respuestas individuales y grupales; y tanto en unas como en las otras nunca perder al grupo, pero sin olvidar responder a lo individual.
En los inicios se suelen llegar a confundir respuestas de práctica educativa con respuestas de práctica de ayuda; se suele caer en la ilusión de creer que lo que nos limita a ayudar a un niño con dificultades en la práctica educativa es no tener formación en ayuda. Cierto es que será mayor nuestra comprensión, y podremos responder más acertadamente a su demanda profunda, pero siempre dentro de los límites de estar dentro de un grupo, de seguir siendo el referente para todo el grupo, y nunca perder al grupo, y en esta cuestión el termómetro básico puede ser la mirada periférica.
Por tanto no podremos responderle al niño/a totalmente, como si estuviérmos con él/ella en práctica de ayuda, en donde nuestra implicación cambiaría claramente. Aunque por nuestra formación conozcamos lo que demanda.
Ésta es una gran dificultad con la que se puede encontrar un psicomotricista: responder sí individualmente pero sin perderse como referencia de seguridad para todo el grupo, y que sienta su disponibilidad. Y para ello sin duda, es de gran ayuda la mirada periférica; porque es clave como referencia para saber cómo nos situamos entre lo individual y lo grupal constantemente.
Pero la mirada periférica en sí ya es una tarea que resulta de gran dificultad y es necesario el análisis descriptivo y de los detalles para poder sentirnos en seguridad en este tránsito; y segurizar al grupo, y a cada niño y niña.
“Es necesario “el distanciamiento mediante la reflexión”. Cuando alguien está sumergido en la acción, la reflexión ya no es posible. Cuando alguien sabe permanecer apartado, resulta posible observar con una mirada periférica. Interrogarse, intentar captar el sentido de lo que acontece. De esta forma, es posible ser sensibles a todas las particularidades.”(2)
Estas reflexiones sobre la mirada periferica surjen de los análisis realizados a partir de la observación de una sesión educativa del profesor y miembro de la Escuela de psicomotricidad de la UNED de Bergara (LUZARO) Jabi Laburu Pereda con niños y niñas de 3-4 años. Psicomotricista con una gran trayectoria tanto en la práctica educativa como de ayuda. Estas observaciones y reflexiones son la baso de este artículo.
Al visionar la sesión educativa de Jabi observo que sabe permacer apartado. Se sitúa de pie, en la vertical, a su espalda la pared, casi apoyado, desde donde puede observar toda la sala.
A lo largo de la sesión se desplazará a los diferentes espacios, acercándose a niños concretos que le demandan, o para acompañar necesidades que intuye, asegurando el lugar del salto con una colchoneta, moviendo cojines, ofreciendo una mano a una niña, reconociendo en espejo con la palabra…, por unos breves minutos, para volver de nuevo al lugar apartado junto a la pared, y retomar su lugar de referencia. Los niños saben que pueden encontrarle allí en breve, tanto acercándose o en la distancia con la mirada, con el gesto… Su presencia y disponibilidad para todos es clara y segurizante.
Al principio tendemos a centrarnos y “cerrarnos” en las aciones de varios niños o y niñas, no viendo a los y las demás. “Lo que llama la atención es que el psicomotricista se retira cada vez más de una actividad para estar presente en varias al mismo tiempo; podemos hablar de una mirada periférica que es muy dífícil de adquirir en un contexto reeducativo. Se trata de un itinerario de distanciamiento que se despliega a varios niveles y que tenemos que analizar. Para favorecer la comunicación entre los niños y sean autónomos en sus actividades, el psicomotricista sabe permanecer apartado. Un principiante acepta muy difícil no ser en modo alguno necesario y se entrega a ilegítimas maniobras de seducción” (3)
Esto no significa, por el contrario, perder la atención, la mirada del psicomotricista, en cuyo caso llegaría a ser un abandono. No hay que olvidar que sólo desde el deseo es autónomo un niño y en relación con el otro. Si no hablaríamos de soledad, tal y como nos refiere a menudo en sus seminarios la formadora de la ASEFOP Katty Homar Homar.
Observo el gesto con la mano desde la lejanía de Jabi en reconocimiento a un niño, y en respuesta a su mirada. Desde lejos (espacialmente) permanece cerca con él. “Es una respuesta clara y precisa, pero limitada. Vuelve a ampliar su mirada, no dejándose perder y dejando al niño pegado a su mirada, y dependiente. Y al mismo tiempo posibilitando la comunicación con los otros que bien demanden directamente con la palabra o con el gesto. Construye una especie de espejo que repite imagenes de éxito, que valora y confiere seguridad. Existe en esta actitud de rol una disimetria del rol” (5)
“El distanciamiento mediante la tecnicidad. Un gesto nítido a un niño situado a diez metros de distancia que permite relanzar una dinámica; una modificación del espacio por medio de unos cuantos cojines basta para crear un área de seguridad; ordenar objetos esparcidos conlleva orden y mesura y previene una subida de la agresividad que genera un espacio caótico“(6).
Si no fuera así existen errores que Bernard enumera y que encontramos en relación a esa actitud de no directividad, de dejar hacer del psicomotricista:
1.- “La manipulación sutil”: “…dejando que los niños crean que está partiendo de sus propuestas el psicomotricista hace ejecutar un proyecto”
2.- Trampa de “dejar hacer” “no controlado”. Cuando el psicomotricista es ”… un testigo pasivo sin interés por el niño… las situaciones degeneran y engendrán caos y angustia”. (7)
En la sesión observo interés y atención en Jabi por sus respuestas concretas desde lejos (con la mirada, con el gesto), desde cerca (con la mirada, el gesto, la palabra, el tacto…) y la sensación de una atención contínua. Se percibe seguridad y armonía. No está pasivo en cuanto al interés de los deseos o necesidades de los niños aunque esté lejos, sin hacer aparentemente, pero su presencia, su implicación es clara. Y se hace evidente en las respuestas puntuales, en la seguridad que se percibe, en la comunicación entre los niños y con el psicomotricista.
3.-Otro error es la trampa de la ambiguedad del rol: Es más sencillo jugar y divertirse con los niños, ser su igual, sentirse útil, querido, necesitado… Puede ser frustrante para el adulto. Pero se puede instalar el caos, la inseguridad profunda en algunos niños, si el adulto se deja seducir por el niño o si éste se deja seducir por el hacer y el deseo del adulto. Todo ello confunde al niño, dificulta su expresividad y la comunicación auténtica.
Para ello, sin duda, es necesaria la actitud de escucha y esto supone una formación personal, pero también una toma de conciencia de analizar y describir nuestros desplazamientos, los tiempos en los lugares, ajustar las posturas, colocarse correctamente, nuestros cambios de postura, nuestros ritmos, nuestra intensidad en las respuestas, el tiempo en las respuestas…
A Jabi le gusta señalar, y a mí me gusta recordar, que contrario a lo que se cree, la práctica educativa, el trabajo en grupo, a menudo, resulta de mucha más dificultad que el trabajo individual.
“Si quieres encontrar tu sitio, debes frenar el movimiento y no responder inmediatamente a las peticiones. “…El gesto simboliza mucho mejor que la palabra“(8)
El gesto nos permite responder en la lejanía a un niño sin invadir con el lenguaje verbal a los demás. Es importante también cuando nuestras palabras son oidas por todos, y si es necesario que sea así es porque es algo dirigido a todos, como el aviso de pasar a la historia, o cuando nos dirigimos al grupo en el ritual. Pero, si no, no debe llenar el espacio nuestra voz. Y al igual que la lentitud, observo el silencio en Jabi, que no significa ausencia de respuesta. Observo gestos de respuesta, palabras dirigidas más de cerca a un niño concreto, o palabras al oido a un niño con el que mantiene contacto corporal, la espalda del niño apoyada en él mientrás le sujeta, le habla conteniendo y limitando y le dice al oido que no; al mismo tiempo está vertical, de pies, y alejado contra la pared, donde los niños saben que pueden encontrarle desde lejos (con la palabra, mirada…) o acercarse. Está disponible…, y rápidamente, aún en contacto con ese niño, levanta la mirada y puede estar con el grupo al mismo tiempo, y recogiendo la mirada, la acción de otros niños o niñas. Todo ello permite al psicomotricista encontrar su sitio, pero ello requiere formación personal y análisis descriptivo, y sin duda tiempo.
“Ser capaz de acoger todas las producciones del niño, conferirles sentido y devolvérselas al niño, lo cual produce un efecto de gran seguridad.” (9).
La mirada periférica posibilita presencia, disponibilidad, respuestas individuales y grupales, y por tanto una gran seguridad para los niños y las niñas; y sin duda también es una fuente de seguridad con el tiempo y la práctica, no al principio, para el psicomotricista.
Y la mirada periférica posibilita limitarnos como adultos, dar lugar al niño, y escuchar el deseo del niño, porque que el niño desee es nuestro objetivo principal y no que desee lo que nosotros deseamos como nos señala el formador de la Asefop Jose Angel Rodríguez.
Encontramos en los dos grandes libros de Bernard (el gris y el rojo) los errores de la mirada periférica, su valor cuando así la nombra. Pero es en un artículo de nuestro compañero Alvaro Beñaran Aranzabal donde he encontrado la definición: Alvaro nos señala “esa “mirada del otro” como “eje que permite al niño convertirse en protagonista real de su proceso de autonomía y crecimiento. La mirada periférica del psicomotricista sería el eje que permite al niño convertirse en protagonista real dentro de un grupo” (12)
Podríamos añadir como características: “requiere una atención contínua, una mirada a todo el gupo contínua; una dialéctica del cerca-lejos, tanto para las respuestas individuales como grupales y así favorecer el intercambio de comunicación y creación entre los niños, y para que sea el niño el protagonista de su acción, de su deseo, el adulto limitará sus participaciones aunque lo demanden los niños; presencia del adulto clara y de disponibildad para todo el grupo”.
A mí me ayudó pasar de las generalidades a los hechos, como nos propone Agnes Szanto a través de la descripción de los detalles.
Al observar las actitudes a partir de la mirada periférica de Jabi fue cuando le dí más cuerpo a la definíción y me ayudó para las “gafas” que repartí en los Prest Garatu que impartí al profesorado interesado en acercarse a esta práctica, y a comprender esa “pasividad”, un “no hacer” que es una pasividad activa, una intervención en sí misma. Una intervención clara, pero entendiendo bien que no son prácticas donde “se deje hacer” sin la intervención del adulto. Donde se abandona al niño, como nos recuerda Winnicott “el bebé no existe sólo”
Agnes Szanto cuando analiza la mirada del adulto sobre el niño en acción en su juego autónomo, nos ilustra dos ejemplos de los hechos de dos situaciones denominadas de actividad autónoma, descritas en un caso como la no intervención del adulto en el juego del niño, lo cual comparten en los dos ejemplos. En ambos, los adultos comparten y comprenden el mismo principio sobre el juego del niño, pero al escribir con detalle (descriptivamente), en un caso lo que observa es un abandono, y lo describe “como un desierto” (13)
Como dicen las Piklerianas en los detalles está el diablo.
al igual que para la observación del niño referíamos unos parámetros psicomotores, también podíamos tener algunos en relación al psicomotricista y la mirada periférica.
De esta forma, los cursillistas podían observar al psicomotricista y pasar de los principios generales a la concreción de los mismos. Comprender la observación como la base de toda intervención no directiva por un lado e iniciarse en la relación corporal con el otro y las respuestas de relación no verbales.
Visionar un vídeo es una tarea que requiere de unos principios sobre lo que se va a observar, como siempre señala Myrtha Chokler. Así mismo, como nos ilustra tan claramente en sus observaciones Agnes Zsanto, hay que pasar de las generalidades a los hechos concretos, a las descripciones, y escribirlos.
A continuación voy a señalar los Parámetros que a mí me han servido para el análisis de la mirada periférica del psicomotricista, y que son resultado del análisis y reflexión del buen hacer de Jabi en las sesiones educativas visionadas:
1.- Parámetros para Disponibilidad y Presencia clara del Psicomotricista: Dialéctica del cerca y lejos:
.-Su postura corporal, su ajuste postural: El lugar que ocupa preferente en la sala y al que retorna. .-El tiempo en regresar a su lugar de disponibilidad. El tiempo limitado en que da la espalda a parte del grupo .-La mirada: Posibilidad de pasar del Zoom a la panorámica en ese mismo momento.
2.-Parámetros para observar las intervenciones individuales:
.-No verbales y verbales: .- Su postura corporal,su ajuste corporal: Vertical, a la altura de la niña o el niño… .-De Cerca: Respuesta concreta en la propia accíón que realiza el niño (acompañar en el salto, devolverle un cojin lanzado…). Con la palabra, con el gesto, con la mirada, con el tacto (tocar la espalda, dar la mano…), con el cuerpo del psicomotricista (entre sus brazos apoyado a él…)
– De Lejos: Gesto, mirada, palabra… .- El tiempo que dedica .-El ritmo .- La intensidad en las participaciones/respuestas .- El lenguaje verbal…, el silencio. .- Qué y cómo lo dice (lenguaje espejo, emocional…) .- Tono del lenguaje verbal. Volumen. .- Distancia física
3.- Parámetros para observar las intervenciones grupales:
Intervenciones Fijas: Los rituales y La historia.
A lo largo de la sesión .- Postura corporal. Disposición espacial. .- Lenguaje verbal dirigido a todo el grupo: Volumen, tono, amplitud. .- Propuestas e indicaciones: .- Verbales. Normas .-No verbales: Espacialización y disposición del material. ¿Qué? ¿Cuándo? y ¿Cómo?. Presencia espacial del Psicomotricista.
Los parámetros en cuanto a la distancia y observación del psicomotricista, de nuestra autoobservación incluso, pueden ayudarnos a tomar conciencia en ese devenir del cerca y lejos de nuestras intervenciones individuales en un grupo, en ese análisis de lo que supone limitar nuestra participación pero sin caer en la pasividad. Responder a la individualidad pero sin perder la referencia del grupo y siendo clave el mantenimiento de la seguridad grupal.
Para todo ello partimos de nuestras herramientas específicas de formación: la F.Personal, la supervisión, escuchar-nos, el trabajo en equipo…, y de esta manera la mirada periférica dará seguridad a los niños, y también al psicomotricista, que le permitirá tener su lugar y dar lugar al niño en un grupo, al grupo con sus individualidades.
Bibliografia
- Agnes Szanto Feder. Una mirada adulta Sobre el niño en acción. Ediciones Cinco.
- Aucouturier, B; Darraul,I; Empinet,JC. La Práctica Psicomotriz: Reeducación y Terapia. Editorial Científico Médica. 1984
- Aucouturier,B . Los fantasmas de acción y la Práctica Psicomotriz. Grao 2004
- Beñaran Aranzabal, Alvaro. “Práctica Psicomotriz educativa: Aucouturier y Winnicott”. Cuadernos de Psicomotricidad. 2017.Nº 54. Pág 7-34
- Berriozabal Azueta, Marixa. Notas de ejercicios de análisis de la mirada periférica. Prest Garatu Bilbo/Gasteiz 2013/14.
- Chokler, Myrtha. Haur Txikien mugimenduaren behaketaren jardunaldia. Hik Hasi. Donostia. 2010
- Homar Homar, Katty. Apuntes seminario los organizadores del desarrollo. Bergara 2018
- Laburu Pereda, Jabi Sesiones grabadas de Práctica de Psicomotriz educativa. Niños 3/4 años. 2008
- Rodríguez Rivas, Jose Ángel. Conferencia Jornada Asefop 2018
Notas
(1)Los fantasmas de acción y la Práctica Psicomotriz. Pág 203
(2) (5) La práctica psicomotriz: reeducación y terapia (pág 89)
(3) La práctica psicomotriz: reeducación y terapia (pág 88) (6) La práctica psicomotriz: reeducación y terapia (pág 89) (7) La práctica psicomotriz: reeducación y terapia (pág 91 y 92)
(9) y (10) La práctica psicomotriz: reeducación y terapia (pág 93)
(12) Beñaran Aranzabal, Alvaro (13) Una mirada adulta sobre el niño en Acción- Agnes Szanto Feder (pág. 169)
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