El registro simbólico en psicomotricidad: el rol del psicomotricista respecto al desarrollo del registro simbólico en los niños

Nº 55 · Junio de 2018 · pp. 17–20

Resumen. Milena Monzittu, en traducción de Rikardo Acebo, describe la aparición de las funciones simbólicas entre los 18 y los 24 meses y el papel del psicomotricista en el desarrollo del registro simbólico en los niños. Se apoya en Piaget, Winnicott y Freud.

(Traducción del italiano: Rikardo Acebo)

Es justamente con la aparición de las funciones simbólicas, de los 18 a los 24 meses, cuando se inicia para el niño la representación mental/imitación diferida que está en condiciones de actuar con el pensamiento sobre la realidad. El niño puede imaginar las acciones que va a realizar y los efectos que producirán, sin ponerlas en práctica. Además, el niño puede utilizar las palabras para acompañar a las acciones, pero también describir objetos no presentes o lograr narrar lo que ha hecho o visto en momentos ya pasados.

Para el niño, darse cuenta de la posibilidad de usar los símbolos remite a la importancia del lenguaje: el niño aprende a asociar algunas palabras a acciones u objetos. En el juego simbólico, el niño puede reelaborar la realidad, pero también modificarla o reproducirla sobre la base de los estados emotivos a ella ligados o sobre la base de los recuerdos.

Una de las etapas fundamentales del desarrollo infantil, como expresión de acceso al registro simbólico, es representada por el nacimiento de la capacidad onírica y de la lúdica. La posibilidad del niño de distinguir entre sueño y realidad de hecho, es ya un indicador de la posibilidad de distinguir entre mundo interno y mundo externo y, por lo tanto, de un Yo que se está construyendo y que comienza a trazar confines.

En la edad evolutiva el desarrollo de la capacidad de jugar supone una importancia fundamental. Siendo el juego la expresión del inconsciente, la modalidad de jugar y los contenidos expresados mediante el juego hacen emerger el mundo interno y emotivo del niño, permitiendo una mejor comprensión del mismo.

Según M. Klein (1950), líder de la ludoterapia, es decir, del uso de la técnica del juego en edad precoz como psicoterapia infantil, el inconsciente se expresa mediante el juego, cuyos contenidos serían dictados por la urgencia/emergencia de algunas emociones ligadas a intensos conflictos vividos por el niño. Así pues, en este sentido, el juego en la infancia asume una importancia fundamental, tanto con respecto al aprendizaje como al desarrollo de varias funciones (psicomotrices y verbales).

Según las teorías psicoanalíticas (Freud, 1972; Winnicott, 1970; 1974), el juego es una transposición simbólica de la experiencia y de los contenidos emotivos del niño, es decir, una estrategia para dominar mentalmente las cosas, sobre todo, si son problemáticas: es un mecanismo fundamental para superar la angustia.

Así pues, podremos definir el juego simbólico como la capacidad de representar mediante símbolos, pensamientos, nombres, imágenes, cualquiera cosa que no esté presente. Jugar, según Freud (1972), sirve para asegurar el equilibrio emotivo del individuo, y para cumplir una serie de funciones “psicoterapéuticas”.

a) Funciones anticipatorias y reparadoras como cuando, por ejemplo, un niño se prepara para afrontar algo conflictivo o intenta bajar el nivel de ansiedad después de que el asunto problemático se ha verificado (ir al médico o haber estado en el médico).

b) Función compensatoria, cuando el niño intenta compensar un sentimiento de angustia o tiene la percepción de una pérdida afectiva, mediante un juego (como el juego del carrete descrito por Freud refiriéndose a su nieto Ernst con respecto a la separación de la mamá, nieto que reproducía con el objeto la reaparición para negar esa separación).

c) Función identificativa cuando el niño finge ser algún otro (como una niña que se pone los zapatos de la mamá) preparándose para asumir los roles y la identidad del adulto.

También Winnicott (1972) ha afrontado extensamente el tema de los fenómenos transicionales y de los objetos transicionales (muñeco, una tela peculiar) que el niño utiliza para evocar simbólicamente el cuerpo de la mamá y para tranquilizarse respecto a la separación de ella.

d) Funciones de control y de dominio como cuando el niño, mediante el juego, inventa un mundo absolutamente suyo que puede destruir y reconstruir a su antojo, con la intención de defenderse de la verdadera realidad hecha de normas y prohibiciones.

e) Funciones representativo-expresivas; el niño, entre dos y cinco años, es capaz de representar la realidad imitándola, ya que no posee todavía la capacidad de representarla narrándola o figurándola.

f) Funciones manipuladoras; la manipulación de materias primas y plásticas, ricas de significados simbólicos (harina, arena, agua, etc.) expresa habitualmente la necesidad de descargar las tensiones, pero también la necesidad de defenderse del mundo y de las prohibiciones.

Así pues, el niño es capaz de fingir y aprende a usar los símbolos, que no son más que objetos que representan otros (piezas de madera para representar platos en la mesa, etc.).

Y el psicomotricista, ¿cómo se sitúa respecto al desarrollo del registro simbólico en el niño?

En la sala de psicomotricidad, precisamente mediante el juego, es posible por ejemplo la inversión de los roles, y la dramatización de episodios significativos de la vida cotidiana, gracias a los que el niño puede lograr bajar el nivel de la propia ansiedad o su sentido de culpa, pasando de un papel de víctima vivido en la realidad, al papel de agresor, recobrando en el juego el control de una situación que ha tenido que padecer en la realidad.

Es también posible convertirse en el papá que regaña al propio niño (que puede ser un compañero de juegos o un muñeco), o la maestra que regaña a los niños en la escuela, y permitirse manifestar la propia rabia o los sentimientos de reivindicación, con respecto de la situación real experimentada dificultosamente.

Gracias a los diferentes lenguajes utilizados en la sesión de psicomotricidad (corporal, verbal y gráfico), el niño tiene la posibilidad de entrar en una comunicación simbólica con el otro.

Lenguaje corporal: mediante la experimentación sensomotriz, el cuerpo y el movimiento se convierten en instrumento de conocimiento, de relación y de construcción del sí. A partir del diálogo corporal (resonancias tónico emocionales) se observará una evolución de la comunicación por una toma de distancia por parte del niño, para llegar a una progresiva simbolización, que conducirá a la aparición del lenguaje verbal.

Lenguaje verbal: el lenguaje utilizado en la sesión por el psicomotricista da sentido a la experiencia, un lenguaje que, acompañando a la acción, prueba a reconducir las palabras y las acciones del niño a lo concreto, a las sensaciones del cuerpo, a la emoción, operando un enganche emotivo con la realidad para introducir cada vez más al niño hacia el registro simbólico.

Lenguaje gráfico: es el paso del movimiento al pensamiento, de la acción a la representación gráfica, de las emociones a su reelaboración, de la frase al pensamiento poco a poco cada vez más complejo. Distancia afectiva y descentración para acceder al pensamiento operatorio.

Debemos comprender que lo que observamos del niño en la sesión (movimiento, acción y palabra) supone representaciones; para el psicomotricista significa reconocer la relación que el niño en tratamiento tiene con el registro simbólico, respecto a su edad y a su situación psicoafectiva. Resulta, por tanto, importante tener constantemente presente que toma significado lo que se repite y que puede ser también expresado por movimientos, acciones y gestos diferentes, pero que es importante reconocer en todo caso.

También es relevante no meter prisa a un niño, ya que eso no ayudaría a comprenderlo de verdad y amenazaría con desviar al psicomotricista. En efecto, es necesario no adelantar al niño, que debe tener la oportunidad de vivir la sesión con la libertad de poderse expresar hasta el fondo.

Finalmente es importante comprender que lo que sucede en la sesión es siempre del orden de lo simbólico y de la representación, excepto cuando estamos en presencia de pasos al acto o de un imaginario más invasivo que el absolutamente vacío.

Entrar en la sala de psicomotricidad teniendo en mente lo expuesto, puede darnos la oportunidad de comprender la relación que el niño tiene con la figura materna, con la figura paterna, con la escuela; en fin, su relación con la realidad, con la castración; es decir, con el registro de lo simbólico y lo real.

Así pues, el setting psicomotor permite al niño jugar libremente, contar la propia historia profunda, las propias emociones y las propias angustias, en un contexto en el que puede sentirse seguro, escuchado y valorado en sus potencialidades. Dentro de un cuadro bien preciso, constituido por objetivos, por un dispositivo espacial y temporal, el niño encuentra un adulto con una actitud atenta que sabe comprender su actuación.

El psicomotricista ofrece al niño la posibilidad de partir de lo que es para poner en marcha de los procesos de reaseguración y simbolización de la propia historia y las propias emociones, mediante el cuerpo, los materiales, las palabras, el pensamiento.

Es gracias a la interacción con él como el niño podrá transformarse: un adulto que acoge con placer su transformación, que se deja transformar por la acción del niño y que le hace de espejo de su placer.

Con el paso de las sesiones, el niño podrá realizar un verdadero recorrido de maduración psicológica que permitirá el gradual paso del cuerpo al lenguaje; una toma de distancia de las emociones, a partir de la posibilidad de expresarlas, de reconocerlas y de reubicarlas en formas de pensamiento y comunicación.

Bibliografía

  • Freud, S. (1908). Analyse der Phobie eines funfjahrigen Knaben. Tr. It. Analisi della fobia di un bambino di cinque anni (Caso clinico del piccolo Hans). In Opere vol. V. Torino: Bollati Boringhieri, 1972.
  • Klein, M. (1988). La psicoanalisi dei bambini. Firenze: Martinelli.
  • Piaget, J. (1945). La formation du symbole chez l’enfant. Tr. It. La formazione del simbolo nel bambino. Firenze: La Nuova Italia, 1972.
  • Winnicott, D. W. (1974). Gioco e realtà. Roma: Armando Editore.
  • Winnicott, D. W. (1970). Sviluppo affettivo e ambiente. Roma: Armando Editore.
Sobre Milena Monzittu. Psicomotricista, Formadora ASEFOP, licenciada en Psicología del desarrollo y la educación.
Cómo citar: Milena Monzittu (2018). El registro simbólico en psicomotricidad: el rol del psicomotricista respecto al desarrollo del registro simbólico en los niños. Cuadernos de Psicomotricidad, 55, pp. 17–20. Luzaro.
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