Con este escrito que llamo la tierra del corazón, nos invito a mirar lo que está debajo de nuestros pies y dentro de nuestro corazón. La Madre tierra, Amalurra, Pacha mama. La tierra que nos sostiene y nos nutre. Una tierra que es madre. Nos invito a mirar con los ojos del corazón a los que dejaron sus pies y su corazón en otras tierras y ésta, nuestra madre tierra, les es una tierra extraña.
Durante las páginas que siguen, nos invito a leer con los ojos del corazón las experiencias que con los niños y niñas y sus padres adoptivos hemos vivido como terapeutas psicomotrices en los primeros meses de la adopción. Experiencias que espero que nos ayuden a comprender y así acompañar más ajustadamente a las personas que viven ser adoptadas en su proceso de vida.
Comienzo señalando, esquemáticamente, los dos marcos teórico-prácticos de referencia, a través de los cuales observamos, describimos, valoramos, actuamos y supervisamos nuestra intervención terapéutica.Por un lado, está la Terapia Psicomotriz, basada en la Practica Psicomotriz de Ayuda de Bernard Aucouturier. La Terapia Psicomotriz se basa en la interrelación entre el cuerpo, la emoción y la mente, y entiende la salud como un estado armónico del ser en toda su globalidad.
Considera la expresividad motriz en la actividad espontánea y en el juego necesaria para la maduración neurológica, emocional y cognitiva. Y es a través de esta expresión motriz espontánea que los niños y las niñas se expresan, se comunican, elaboran sus conflictos y existen. Como decía Winnicott: “El hacer y el juego es en el infante, lo que el pensar y el trabajo es en el adulto”.
Y por otro lado, la Pedagogía Sistémica basada en las Constelaciones Familiares de Bert Hellinger. El enfoque Sistémico nos habla del lugar que ha de ocupar cada uno en su sistema familiar para poder tomar la fuerza y seguridad que nos anima hacia delante, o dicho de otro modo: con raíces hay alas. Este lugar en la familia al que me refiero está relacionado con el orden y con la pertenencia. Así que, todo aquel que ha sido necesario para dar y para mantener la vida pertenece al sistema.
La intervención desde la Terapia Psicomotriz, que incluye una mirada sistémica, es una invitación a mirar al individuo en su expresividad tónico-emocional y en su singularidad en relación con un sistema familiar compuesto de lazos, alianzas, fidelidades y vínculos.
El 21 de diciembre de 2015 di el alta a una familia que acudió a Kiribil en marzo de 2014 con su hija recién adoptada. Vinieron al de 15 días de haber llegado en avión de muy lejos, como papás recién estrenados con una criatura de casi 3 años de edad. Venían a Kiribil por consejo de una familia en su misma situación que acudía a Bizipen, un Centro de Terapia Psicomotriz en Vitoria. El motivo de la consulta era el de detectar dificultades en el desarrollo madurativo de Uxue Li (nombre ficticio) y asegurar que el vínculo de apego con los padres adoptivos, se iba a construir en seguridad y confianza. Cabe destacar, que a Kiribil acuden muchos niños y niñas adoptadas y sus padres adoptantes, una vez que ya se han manifestado dificultades moderadas o severas y no con carácter preventivo al inicio del proceso de adopción. En muchas de estas ocasiones a las dificultades que los niños y las niñas ya manifestaban antes de la adopción se suman las dificultades y desajustes en el establecimiento del nuevo vínculo de apego. A menudo, porque la atención dedicada al vínculo de apego no ha sido el suficiente ni el adecuado.
Ese mismo 21 de diciembre de 2015 recibía a una pareja que estaba a la espera de iniciar su viaje destino a un país lejano, dónde tenían asignada a una niña, que sería su hija. Venían muy leídos, con gran emoción y todo por preguntar. Ahora que se acercaba el momento, venían a escuchar lo concreto; “y ahora ¿qué?”.
Hoy 15 de enero de 2016, en pleno desarrollo de este escrito, espero a otra familia en la misma situación. Parece que en los últimos tiempos, hay una mayor sensibilidad con respecto al proceso de adopción, y se va tomando conciencia de la adopción como una experiencia que es, en sí misma, traumática. Ya que la adopción implica que un menor ha sufrido abandono, al menos uno, y que los padres adoptivos, en muchos casos, no pudieron realizar su deseo profundo de tener hijos o hijas biológicas. Nos encontramos con que la adopción es un logro, pero también, nos habla de un camino de pérdidas importantes para todos y en el caso de los menores, pérdidas estructurales. Entonces, la propuesta que traigo es de prevención , porque el malestar todavía no se ha hecho manifiesto, y es una prevención que, entiendo, es terapéutica.
En estos encuentros con los padres adoptivos, previos a la adopción, me pude dar cuenta de lo que hemos aprendido, como equipo, en la intervención terapéutica con familias adoptivas, y también de lo que podemos aportar. En Kiribil acompañamos este proceso de adopción con los niños y las niñas en la sala de psicomotricidad, a través del cuerpo, del juego, de la acción espontánea, del placer compartido y de la relación tónico-emocional. Y con los padres en el despacho a través de la palabra. Hace algunos años que decidimos acertadamente incluir a los padres adoptivos dentro de las sesiones de terapia psicomotriz. Lo cierto es que para los padres que están dentro de las sesiones, una imagen vale más que mil palabras.
A lo largo de este escrito, mencionaré los aspectos más relevantes que surgieron en estas entrevistas y que considero que son a tener en cuenta: – Construir un vínculo de apego y el maternaje seguro.
– Cuestiones sobre el miedo, la necesidad de seguridad y la autonomía.
– Análisis sobre el rol de los niños y niñas en el orfanato.
– Tener en cuenta a los padres biológicos.
– A los adultos nos toca hacer duelos.- En qué consiste la Intervención Preventiva desde la Terapia Psicomotriz con una mirada Sistémica.
– Ser padre y madre.
El texto desarrolla estas ideas, a través del caso de Uxue Li, de las reuniones mantenidas con las dos familias en proceso de adopción y de la teoría y la práctica que compartimos el equipo de Kiribil.
Lo primero que preguntaron y de lo que más hablamos fue que la tarea más importante y urgente es la de construir un vínculo de apego seguro y para ello es necesario hacer maternaje . En las familias biológicas está vinculación es un hecho, ya que, la relación de sangre crea un vínculo indestructible. El vínculo está asegurado, sea la relación de la calidad, sensibilidad y afecto que sea. Es cierto que la cualidad y la calidad en la relación dan lugar a diferentes tipos de vinculación, así como describió John Bowlby (apego seguro, inseguroambivalente, inseguro-evitativo). Sin embargo, en el caso de la adopción, no está asegurado el vínculo nuevo, este hilo invisible que es y nos une con las personas de nuestra familia. Y sabemos que el vínculo es a la relación paterno-filial lo que el cimiento es a la casa. Los niños y niñas adoptadas tienen su vínculo con su familia biológica, éste es un vínculo dañado que trae dolor y abandono y esto dificulta también establecer el nuevo.
Los padres venían leídos pero ahora necesitaban concreción. Así, hablamos de cómo el vínculo pasaba por la relación y el intercambio tónico-emocional a través del cuerpo: en el contacto corporal, el calor, el olor, el ritmo compartido, la mirada y los cambios posturales. El cuerpo recibe la invitación a construir puentes y también reacciona a la no disponibilidad. Así los cambios de pañal y de ropa, las tomas del biberón, los baños, el consuelo del malestar y el compartir el bienestar, es decir, todos los cuidados se convierten en la concreción de crear vinculación. Los momentos de los cuidados, como señala Emmi Pikler, son momentos privilegiados para la relación, por ello, requieren de la presencia calmada del adulto para dedicarle el tiempo y la calidad necesaria. Entramos en una relación de maternaje a través de la mirada que comunica y sostiene la relación y del tacto que entra en contacto con el cuerpo y con el ser del niño al que estamos cuidando. Y esto sucede tenga el menor la edad que tenga. Eso sí, dependiendo de la edad la manifestación de la demanda de maternaje va a ser diferente, como diferente ha de ser la respuesta del adulto que esté a su cuidado.
Como estamos en clave de prevención, diré que es buena señal que los niños y niñas demanden este maternaje, esta relación exclusiva, consistente, predecible, permanente y cercana física y emocionalmente. Si esta relación no se demanda o es excesivamente evitativa o ambivalente como sucede en muchas ocasiones, estamos delante de dificultades. Así que lo saludable en este caso, estaría en ese movimiento regresivo de los niños y niñas que facilita la posición de maternaje a sus padres adoptivos. Una necesidad de maternaje que hay que atender sin posponerla o delimitarla en el tiempo o el espacio. Se vuelve a jugar una etapa de los primeros meses de vida y con ello la oportunidad de vincularse profundamente. Aquí, depende de la edad que tengan, siempre aparecen los límites, y éstos están muy bien, pero en esta etapa cabe recordar, como dice B. Acouturier, que los límites comienzan con los brazos y el “SÍ”. Estos son los límites de los que nos tenemos que ocupar. Sí disponible, sí contigo, sí para ti, sí a cubrir tus necesidades. Las necesidades han de ser satisfechas.
Me acordé del miedo que transmitía Uxue Li cuando la conocí al los 15 días de venir a Bilbao. Durante las primeras sesiones permanecía cogida de la pierna de su madre y siempre cerca de ambos padres. Parecía trasmitir lo siguiente: “¿quién me dice a mí, que no me han traído aquí para quedarme con esta señora que no conozco?, me pasó una vez, como mínimo, ¿quién me dice a mí, que la vida no es así todo el tiempo?”. Ellos no saben que la adopción es un lugar de llegada, un estado definitivo. Aunque se lo digan y se lo repitan, nosotros sí lo sabemos, pero ellos no. Los padres son, en el inicio, unos extraños y sus seres queridos también. Así que, es necesario respetar el miedo, la desconfianza y dar tiempo hasta que el niño o niña a través de la experiencia convierta lo extraño en entrañable. Este tiempo y ritmo, lo marcan los niños y las niñas con el acompañamiento sensible y cercano de sus padres.
Si un niño o niña recién adoptada llega dando besos a todos, a menudo de forma indiferenciada, es decir, que incluyen al panadero, la vecina y casi al viandante, es tan llamativo y alarmante como si un niño o niña, después de 12 meses, no puede acercarse a los familiares con los que, a menudo, convive. Este proceso de pasar de la desconfianza a la confianza y de hacer entrañable lo extraño se vivió en la sala de psicomotricidad. Acordamos con los padres que Uxue Li fuera decidiendo cómo y cuando iba a alejarse de ellos. Ya le anunciamos que, al menos uno de sus padres, iba a estar dentro de la sala durante la sesiones. Como decía al principio estaba cogida de su madre, pero su mirada estaba en la sala y en los materiales. Al de pocas sesiones, su deseo ganó al miedo y se aventuró a explorar, pronto conquistó e hizo suyo el espacio de la sala de psicomotricidad.
Los adultos, nos tenemos que aguantar las ganas de que hagan, de que se acerquen, de que saluden, de que se comuniquen, etc… Parece que, si hacen y juegan, todo está bien. Es cierto que si un niño o niña juega es una muy buena señal. Pero no toda acción y movimiento es juego. A menudo hay un hacer obsesivo, evitativo, que expresa más bien agitación y malestar. Para jugar es necesario sentir seguridad, bienestar y cierta calma, si no es así se hace otra cosa. Se nos olvida que estar agarrado a la pierna de la madre es una acción, es expresión y nos comunica algo. Quizás más que estar pendientes de su hacer, podríamos atender más a nuestro hacer y a nuestras respuestas.
Volviendo a la seguridad, les señalé que en los primeros meses era muy importante que estuviera, al menos, con unos de los dos al cuidado de ella y en un entorno conocido y predecible. No es el momento de hacer cambios en la casa, el coche o en nuestra imagen personal. Especialmente en los primeros meses hay que evitar que se quede con otras personas, reuniones de amigos, cumpleaños y fiestas. Este tiempo puede alargarse en muchos casos a 18 meses, incluso más. Es el momento de crear un ambiente relacional y físico predecible, confiable y seguro, que dé continuidad al sentido de ser y estar sin que haya rupturas.
Otro asunto imprescindible a tratar es el de la autonomía. Nos entra prisa para que sean autónomos, también nos parece que debe ser una señal de salud. Es cierto que la autonomía es un logro y una conquista. Pero retrocedamos en el tiempo. La autonomía es un proceso que comienza desde la fusión y la dependencia. Es un proceso que necesita que primero hagan para mí, para luego poder hacer por mí mismo, o dicho de otra forma, necesito que me ayuden a hacerlo solo. Autonomía no es cuando un niño o niña de 3 años se viste solo, dobla su ropa y hace la cama, como hemos visto en niños y niñas recién llegadas del orfanato. Lo que a primera vista puede parecer algo estupendo encierra el drama de quien ha tenido que sobreadaptarse a una situación de carencia. Lo mismo que aquel niño o niña que daba besos a todos indiscriminadamente. Cuando uno hace solo porque no hubo nadie para hacer con él o no lo suficientemente disponible, no hablamos de autonomía, sino de soledad y aislamiento. Así que la posición regresiva que antes mencionábamos, nos va a dar la oportunidad de que desaprendan este hacer en solitario, para pasar a que se dejen ayudar y acompañar. Para que así, más tarde, también quieran hacer solos y puedan conquistar la autonomía. La autonomía que construye, da seguridad y sentimiento de competencia.
Hablando de seguridad les conté que antes de ellos, como los papás adoptivos, los niños y las niñas tienen una historia, un nombre, una ropa, unos objetos y unas personas, que lo son todo para ellos. Son lo que conocen y reconocen y es a dónde regresan para recuperar su seguridad. Y esto es así por encima de nuestro parecer, y por el de ellos también. Como había escuchado relatos de los primeros días, que no voy a detallar pero que me dieron mucho que pensar, y ya que estábamos en lo concreto, les señalé la importancia de que permanezcan con la ropa que trae del orfanato, sin prisa por quitársela y que también forme parte de su vestuario, nos parezca raída, uniformada, fea o bonita. Como también sería conveniente conservar el chupete, la manta o cualquier juego u objeto con el que vengan.
Nos estamos refiriendo a la seguridad que ofrecen los aspectos materiales, ya que en ellos está representado lo conocido. Recordemos a los niños y a las niñas del aula de 2 años; cómo acuden con algún objeto y con la foto de sus padres a la escuela y durante la jornada escolar, cuando sienten malestar o inseguridad van en busca de sus objetos de transición, los toman en sus manos y ello les trae consuelo y seguridad. En realidad el objeto de transición es un mensajero que les dice: “papá y mamá siguen estando aunque no los veas y regresarán a buscarte”. El objeto es la promesa del reencuentro que está por venir. Pero, por otra parte, la diferencia es que aquí lo conocido desaparece para siempre. Este hecho, que es en sí mismo traumático, se puede amortiguar. Se trata de partir de lo conocido para ir introduciendo progresivamente cambios. Es interesante observar y escuchar a lo que están acostumbrados, en relación al trato, la comida, la higiene, la cercanía física y las muestras de afecto. Los niños y niñas nos van a decir con su expresión gestual, postural, motriz y verbal, si nos estamos ajustando o no. Por ejemplo; para un menor que no está acostumbrado a lavarse todos los días, ni a tener una relación de mucha cercanía física, puede resultar muy amenazante un baño diario y un abrazo efusivo. El exceso, cuando se viene de la carencia, puede resultar intolerable, y puede ser vivido como una agresión. Así que, en resumen, partimos de lo que hay para ir introduciendo nuevos objetos, ritmos diferentes en los cuidados y ajuste en la distancia relacional.
También hablamos sobre la conveniencia de saber el rol de los niños y las niñas en el orfanato, ya hemos dicho que los niños y las niñas llegan con un daño en el vínculo, que antes de los padres adoptivos, estuvieron la madre biológica, las cuidadoras, los compañeros y compañeras del orfanato, entre otros. La niña a la que me refiero al principio, Uxue Li, recién llegada, nos contó esto con mucho detalle a través del juego. Parece ser, que en el orfanato ella hacía el rol de mamá con los bebés. Así, les daba el biberón, les acostaba y les calmaba el llanto. En su pesar se podía sentir que ella había “abandonado” a muchos bebés de los que se entía responsable. En el inicio del proceso esto aparecía todos los días, lo mirábamos, lo jugábamos y me refería verbal y explícitamente a que no eran su responsabilidad y que estaban en buenas manos.
Un día, cuando colocó a varios bebés en la sala para darles de comer y cuidarles y llegaba la hora de terminar la sesión, le dije: “yo me hago cargo de estos bebés y tú te puedes ir tranquila a tu nueva casa en Bilbao”. Este mensaje lo escucharon sus oídos y su cuerpo. Cuando estaba preparada para irse de la sesión, vino me dio un abrazo y en voz baja me dijo “gracias”. Desde entonces este juego cesó y también algo de su pesar.
El lugar de los padres biológicos. Hace un mes una compañera me comentó que una madre adoptiva, después de un tiempo de intervención terapéutica y en algún momento que aparecieron los orígenes de su hija adoptiva, refirió que empezaba a darse cuenta de que existía otra (se refería a la madre biológica). Al escucharlo me quedé perpleja, por la forma en la que esta madre adoptante se refería a la madre biológica de su hijo y, pensando en el orden cronológico de los sucesos, es decir, quién estuvo primero, quién segundo, quién tercero, etc…, le respondí para mis adentros: me parece que si hay un otro, esa eres tú.
Y digo, “si hay otro”, porque realmente creo que no hay un otro, más bien hay un orden y en este caso, primero esta la madre biológica y segundo la madre adoptiva. Este orden también es extensivo a los papás. Los primeros son los padres biológicos que dan la vida y los segundos los padres adoptivos que la mantienen. Por tanto, todos ellos pertenecen al sistema del niño o la niña.
Adoptar a un niño o una niña es tomar TODO con lo que vienen, su nombre, su país, su familia y su historia. Y cuando digo tomar, me refiero a reconocer, incluir y agradecer. Hacer lo contrario, es decir, sustituir, eliminar, negar o acallar, causa un profundo malestar en los niños y las niñas. Implica una condicionalidad que provoca niños y niñas dóciles, que deciden dejar de lado su deseo y ser complaciente para que los quieran y no los abandonen de nuevo, o por el contrario, niños y niñas excesiva y continuadamente agitadas, malhumoradas, resistentes, provocadoras y cabreadas. Cualquiera de los dos casos provoca una negación de sí mismo e importantes trabas para la integración, y si persiste siguen el camino de construirse lo que Donald W. Winnicott denominó un falso self.
Al hilo de los orígenes, cabe reflexionar sobre la costumbre de cambiar o ampliar el nombre original de los niños y niñas adoptivas. Una práctica que al menos se merece una reflexión y cabe preguntarse: ¿Por qué?, ¿Para qué?, o quizás, ¿Para quién les cambiamos el nombre? Cambiar el nombre porque yo elegí otro (seguramente para el hijo o hija que nunca llegó por vía biológica), es añadir una carga innecesaria. A los adultos también nos toca hacer duelos.
He descubierto que, aunque te cambien el nombre, éste no desaparece. El nombre no es un objeto intercambiable o desechable. El nombre es la forma en la que te nombraron y te hicieron sujeto diferenciado y, al mismo tiempo, miembro perteneciente a un sistema familiar o institucional. Y es de uno, como lo son el color de la piel, la raza y los lunares. Dicho esto, también es cierto que cambiar o ampliar el nombre no implica negar el origen o la historia del menor. En muchos casos que conocemos se cambió con mucho respeto y tienen en cuenta como se llamaba, o mejor dicho, cuál es su primer nombre.
He dicho que también a los adultos nos toca hacer duelos, en este caso por aquello que no pudo ser como nos hubiera gustado, para así poder escuchar y tomar lo nuevo, tal y como se manifieste. Como también los niños y las niñas necesitan hacer el duelo de lo que han perdido, para poder tomar lo que ahora sí tienen. Como señala Nancy Newton Verrier en su libro “El niño adoptado”, al adoptado es a la única víctima a quién se le pide que esté agradecida. La adopción es una solución ante una situación de abandono, no es, en ningún caso, algo deseable.
A veces, hay un deseo excesivo, por parte de los padres adoptivos, de que los menores olviden, borren y hagan desaparecer el pasado, con la ilusión de que no les cause sufrimiento y con la justificación de que al ser pequeños no se acordarán. Me temo que esto es una ilusión nada más, porque la realidad nos habla de que saben, recuerdan y les construye, algo que sin tener palabra, ni imágenes, queda engramado en el cuerpo tal y como señala Bernard Aucouturier. Así que se lo llevan puesto y, precisamente, como no tiene, en la mayoría de los casos, ni palabra, ni imágenes, se actúa, se expresa y se manifiesta a través del cuerpo, de la acción y del comportamiento. Los niños y niñas nos hablan claro; toca escuchar, recoger, integrar y acompañar. Frente al olvido, propongo poner una memoria que reconoce, incluye y ordena. Una memoria que ayude a hacer un poco más llevadero lo insoportable, en muchos casos.
Entiendo que toca a los padres adoptivos hacer un trabajo para mirar con buenos ojos y sin juicio el origen de sus hijos e hijas adoptivas. Cuando esto ocurre, es decir, cuando los padres adoptivos reconocen, agradecen y respetan a los padres bilógicos y al país de procedencia, los hijos e hijas se sienten profundamente respetados en toda su experiencia vital y en toda su persona. Esta actitud aligera la pesada carga de ser los únicos que recuerdan y tienen en cuenta a sus padres biológicos. Una carga a menudo compleja, pesada y llena de culpa y de vergüenza.
Volvamos al principio, a cuando nos referíamos al vínculo y a la necesidad de estar disponibles tanto física como emocionalmente, para así poder entablar una relación profunda de maternaje. Esta disponibilidad también implica necesariamente incondicionalidad, es decir, asiento a lo que eres y más concretamente, asiento también a todo lo que traes contigo.
Esta acción de reconocer e integrar es una acción que, en primer lugar, es para uno mismo. No significa hablar de ello continuamente, pero sí estar dispuestos a hablar cuando los niños y las niñas lo demanden y en la dosis que lo soliciten. Los niños y niñas saben si hay permiso o es un tema tabú. A menudo, los niños y niñas esconden a sus padres adoptivos todo lo que piensan en su madre biológica, principalmente. Supongo que tienen que sentir que, de eso, no se habla.
Pero cuidado, lo antes señalado no implica que los vecinos, familiares, compañeros de clase, deban saber todos los detalles de su historia. La intimidad es muy importante, especialmente en la adopción. Sus historias hablan siempre de abandono y, a veces, de negligencia y/o maltrato. Es un asunto a tratar con mucha delicadeza. Agradecerán, especialmente cuando lleguen a la adolescencia, que su historia de vida no sea del conocimiento del entorno.
Les expliqué en qué consistía una Intervención preventiva desde la Terapia Psicomotriz con una mirada Sistémica. Como dice el título de este escrito, es una propuesta de intervención que tiene como objetivo acompañar el proceso de preadopción y de adopción en el primer año y medio. Acompañar a los padres y a los niños y niñas. La demanda razonable y expresada, por parte de los padres, es la de detectar dificultades moderadas o severas, fruto de la situación en la que han vivido hasta el momento de la adopción y la de asegurar la vinculación entre padres e hijos e hijas adoptivas. Está por ver, en cada caso, para qué vienen los niños y las niñas y cuál es su demanda profunda.
El espacio que proponemos para la intervención terapéutica es una sala de psicomotricidad. Un espacio donde los niños y niñas vienen acompañados durante toda la sesión por uno de sus padres. Se les ofrece un clima y una actitud de disponibilidad, de respeto, de acogida, de no juicio y de escucha. Consideramos que esta es la actitud necesaria para que puedan mostrar a través del movimiento, la expresión motriz, la palabra y el juego, su historia profunda. Nos van a contar, a su manera y a su ritmo, de dónde vienen, es decir, qué les pasó, cuáles son sus competencias, cómo se las han arreglado hasta ahora, y mucho más. Es un espacio para expresar y para elaborar a través del movimiento, del juego y de la representación. Un espacio dónde tienen cabida los sistemas y contextos de los que cada uno proviene; tanto el de los padres, como el de los niños y niñas. Especialmente, para los niños y niñas, hay permiso para hablar de dónde vienen y de quiénes vienen.
En el tratamiento con Uxue Li los padres permanecieron dentro de las sesiones, en un primer momento dando respuesta al miedo razonable que expresaba Uxue Li ante el cambio de espacio y de persona. Y después a lo largo de las sesiones porque se trataba de acompañar en el proceso de vinculación. Así que, la presencia de los padres era fundamental. En todas las situaciones que en el juego traía el tema de la protección, el cuidado, el maternaje y con ello la vinculación, eran remitidos a los padres adoptivos. Por ejemplo: Los daños reales o simbólicos se curan en brazos de papá y mamá, la casa para huir del monstruo eran los brazos de papá y mamá, el momento de una mirada más fusional, cuando había arrastres o balanceos se desviaban a papá y mamá. Me parece que es fundamental que los padres estén dentro de sesión cuando los menores están recién llegados, ya que, cualquier situación que remita al maternaje, se debe reconducir hacia los padres y el profesional ha de saber retirarse. Esta ha sido mi función con Uxue Li y sus padres; traducir, es decir, dar sentido a lo que Uxue Li manifestaba y en ocasiones facilitar el encuentro. Cabe decir que Uxue Li era y es una niña con mucha salud física, emocional y cognitiva y cuenta con unos padres amorosos y sensibles a su realidad. El proceso en este caso fue de una sesión semanal durante 18 meses y el alta viene motivada porque la demanda con la que acudieron estaba resuelta, que como recuerdo era: detección de dificultades moderadas o graves y asegurar que el vínculo de apego se establecía.
A la última sesión con Uxue Li acudieron ambos padres. Dedicó la primera parte de la sesión a hacerme desaparecer y aparecer detrás de unas cortinas. Al otro lado, quedaba ella con sus padres. Después esparció las pelotas por la sala y las recogió repartiéndoselas bastante equitativamente a sus padres que, a petición de Uxue Li, se las lanzaban para que después ella las cogiera. Con las pelotas, ella llenaba un cubículo cerca de sí. El padre le retaba acelerando el ritmo y la velocidad como enviándole un mensaje de competencia y de capacidad para superar retos.
La madre se las lanzaba ajustando el ritmo y la velocidad para asegurarse que ella las cogiera cada vez, le enviaba un mensaje de estabilidad en lo conocido y la situaba en un lugar de confort. Cabe decir que ambos posicionamientos estaban ajustados a las posibilidades y capacidades de Uxue Li. Ella tomaba las pelotas de ambos, cuando las cogía triunfante las guardaba para sí, y cuando las pelotas no conseguían terminar en sus manos, bien porque se quedaban cortas o largas, o porque ella misma perdía la oportunidad y la pelota se le escapaba, aparecía su tremenda risa, que terminaba en caída sobre las colchonetas. Una caída, a modo de descarga tónico-emocional placentera, antes de devolverles la pelota a sus padres y retomar la acción de dar-tomar y de ajuste-desajuste. Toda un lección de vínculo e intercambio emotivo y significativo, parecía decirles “tomo lo que me dais con confianza, alegría y seguridad y si os pasáis o se me escapa de las manos, tengo mis recursos y confianza para reanudar el juego y lo más importante: la relación”.
Aquello por lo que vinieron hace un año y medio, estaba siendo bailado a ritmo de tres: padre, madre e hija. Se respiraba confianza, seguridad, alegría y vínculo. Ése que se siente, aunque no se ve. Ese que da alegría y confianza cuando ES y desconcierta y fragiliza cuando NO ES.
Hacia el final del proceso cuando le propuse que dibujara la familia, dibujó línea de tierra, un sol reluciente y los miembros más significativos de su familia, lo destacable era que todos eran naranjas y ella rosa y le pregunté: “¿Que hace una niña rosa en una familia de naranjas?”, me miró, se llevó el dedo a la boca, representó el gesto de silencio, ¡Shhh…! lo dobló y me dijo en bajo: “que no lo vea” (se refería a su madre). Les comenté a los padres que quizás podría venir una vez al mes, porque ahora emergía un tema bien importante y es que “yo soy diferente, tengo otra identidad, vengo de otro lugar, mis rasgos son diferentes a los vuestros, etc…” a los padres les pareció terminar tal y como lo habíamos acordado y a mi me pareció también una buena decisión. Uxue Li es fuerte y lista y está bien acompañada, seguro que lo va a poder resolver y si no, me consta que sabrán pedir la ayuda necesaria. A partir de este momento y después de 18 meses de intervención, hubiera propuesto que Uxue Li entrara sola a sesión. Se puede considerar que éste ha sido un caso de prevención, y que este tiempo que establezco como referencia, año y medio, no deja de ser una referencia aproximada, que puede variar en función de cada caso, del proceso y de las necesidades de cada familia.
Retomando el encuentro con las familias en proceso de adopción y para terminar la reunión, les recomendé que dejaran los libros de lado y se dejaran sentir, que ser padre y madre es una construcción de día a día y además, que los conflictos, los sentimientos, las dificultades, las competencias que afloran en el relación paternofilial, están relacionados con aquello que vivenciaron como hijos e hijas, especialmente lo que quedó sin resolver, y lo que hayan construido en la intimidad con otras personas. Van a pasar de ser pareja a ser familia. Ser familia es otro rol y otro estatus social. De un día para otro, el pediatra, el terapeuta, maestros y maestras, fruteros, panaderas y viandantes, opinarán sobre la crianza; que si mucho brazo, que si poco pecho, que si necesita frustrarse, que si lo que necesita son límites, que si demasiado cariño, que si demasiado poco. Pocos son, los que dicen: “qué gusto da veros”, puede ser que el bienestar nos de poco que hablar. Así que, ¡a tomar decisiones propias y conjuntas!. Sabiendo que, hacer lo que se ha decidido da fuerza, y sin embargo, hacer porque otros dicen debilita. Esto no quita, que uno tome y haga suyo lo que leyó, escuchó, o alguien le dijo. Tomarlo y apropiárselo, es hacerlo propio.
De esta coincidencia temporal, del 21 de diciembre de 2015, que condensó una experiencia que finalizaba y otra que empezaba, nace este escrito. Experiencia que consiste, en acompañar en el proceso de preadopción y adopción en el primer año y medio, con carácter preventivo desde la Terapia Psicomotriz con una mirada Sistémica. Este escrito está tejido con hilos de observación, de lectura, de vivencias en sala con los niños y las niñas adoptivas, de formación, de supervisiones grupales, de intuiciones, de conversaciones con mis compañeros y compañeras (sin éstas, este escrito no sería el que es) y de reuniones con padres adoptivos con muy diferentes vivencias. Un escrito que pretende ser un punto de partida y logrará su cometido si causa reflexión y un cambio de mirada sobre la realidad profunda de los niños y niñas adoptadas y de sus padres y madres tanto biológicas como adoptivas.
Llamo la TIERRA DEL CORAZÓN, a la experiencia interna de vincularse con la “madre tierra” de adopción.
Entonces nunca más es extraña porque se vuelve entrañable, es decir, de la entraña.
Entonces uno se planta.
Entonces por fin uno llega a CASA.
Bibliografía:
- AUCOUTURIER, B. (2.004). Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz. Graó, Barcelona.
- ARANA, J. (2016). 7 Casos de terapia psicomotriz. Octaedro, Barcelona.
- PIKLER, E. (2.000). Moverse en libertad. Desarrollo de la motricidad global. Narcea, Madrid.
- CALMELS D. (2010). Juegos de crianza. El juego corporal en los primeros años de vida. Editorial Biblos, Buenos Aires.
- BOWLBY, J. (2.006). Vínculos afectivos: Formación, desarrollo y pérdida. Morata, Madrid.
- WINNICOTT, D. (1.993). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Paidós, Buenos Aires.
- WINNICOTT, D. (2.002). Realidad y juego. Gedisa, Barcelona.
- VERRIER, N. (2.010). El niño adoptado. Comprender la herida primaria. Albesa, Barcelona.
- RYGAARD, P. (2.008). El niño abandonado. Guía para el tratamiento de los trastornos del apego. Gedisa, Barcelona.
- GIMÉNEZ, J.A. (2.010). Indómito y entrañable. El hijo que vino de fuera. Gedisa, Barcelona.
- HELLINGER, B. (2.011). Órdenes del amor. Herder, Barcelona.
- FRANKE-GRICKSCH, M. Eres uno de nosotros. Alma Lepik, Buenos Aires.
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