El principio de toda una vida

Nº 53 · Junio de 2017 · pp. 37–38

Resumen. María Pardo sostiene que los estímulos ambientales modelan el cerebro infantil y que un bebé rodeado de adultos que escuchan y responden optimiza su potencial. Apoya la tesis en la neurociencia y otros campos, y concluye que el bebé necesita unos brazos que le sostengan y una escuela que acompañe a su familia.

de unos brazos que sostienen y de una escuela que acompaña

La realización de este escrito partió del interés por justificar conveniente pero sencillamente la creencia profesional y vital siguiente: los diversos estímulos ambientales modelan el potencial circuito de cableado cerebral infantil, lo que explicaría que, cuando un bebé está rodeado de unos adultos capaces de escucharle, de responderle, de estimularle y de interactuar convenientemente con él, éste optimizará su potencial genético; y que cuando estos cuidados adultos “no están”, la criatura puede, física o emocionalmente, debilitarse, lo que dificulta su crecimiento y desarrollo interviniendo negativamente en su capacidad de estar sana, de vivir sin trabas y de aprender.

Para defender esta premisa he ahondado en las diferentes investigaciones y afirmaciones realizadas en tres campos del conocimiento: el neurológico, el psicológico y el pedagógico, “traduciendo” sus aportaciones a un modelo de crianza que respete los planteamientos teóricos que desde ellas, en la actualidad, se defienden.

De la neurociencia se recoge el cómo es la criatura por dentro, cómo se desarrolla su sistema nervioso y el papel que tiene la intervención adulta (familia y escuela) en lo que será el bebé más tarde. Hay que tener presente que, desde este campo científico, se afirma que el cómo se vaya conformando el cerebro y el cómo éste interprete la vida dependerá de una correcta interacción entre la genética y el medio ambiente.

Las aportaciones que se recogen del ámbito de la psicología contribuyen a explicar la importancia de los cuidados emocionales en el desarrollo personal y social del bebé y a plantear cómo la madre y el padre (léase figura materna, figura paterna), con su forma de hacer y con su modelo de crianza, ayudan a su bebé a entender el mundo y a situarse en él.

Desde el planteamiento que en el ámbito pedagógico aquí se defiende se trata de traducir en intervenciones educativas cotidianas lo que la teoría en este campo considera conveniente, contribuyendo así a acortar la distancia que existe entre teoría y práctica, dos mundos que casi siempre presentan mucha dificultad para encontrarse.

Pero sobre todo, subrayaría dos creencias que, como dos títulos se recogen en estas páginas y que constituyen el eje central del libro: la necesidad de entender que TODO ES UNO (cerebro, emoción y aprendizaje) y la importancia de caminar TODOS A UNA (familia y escuela).

Estas afirmaciones conforman un modelo de crianza que, a mi entender, contribuirá a sentar las bases para que la criatura, poco a poco y si todo va bien, sepa quién es, conozca sus potencialidades y limitaciones, acepte tanto las unas como las otras, sepa interactuar convenientemente en su medio social y sea capaz de pensar y de disfrutar aprendiendo. Pero, como puede que todo no vaya tan bien como se espera, en este texto se dedican unas páginas a hablar de lo que sucede “cuando algo importante falla”, a detenernos brevemente en la eterna y recurrente pregunta: ¿cuando algo importante falla, qué falla?

Porque el bebé que ha podido establecer un vínculo seguro con sus figuras de apego tiene la seguridad de que no está solo y, esta confianza le permite “salir” a explorar el mundo, relacionarse e interactuar con los demás. Porque en esa sana interacción se sitúa la base del aprendizaje gratificante.

Pero es que, cuando falla la emoción, cuando algo falla en la capacidad de relación, cuando algo falla en el aprendizaje, algo importante falla, algo que el conocimiento valiente de lo que sucede, la aceptación y el respeto incondicional pueden, seguro, minimizar.

Porque creo que la mejor muestra de amor es acompañar a cada criatura para que pueda llegar a ser lo mejor de sí misma.

Por ello, para ayudarle en este camino, el bebé necesita unos brazos que le sostengan y una escuela que, a su familia y a él, les acompañe en este tránsito por este trocito tan importante de vida.

Sobre María Pardo Castillejo. Comencé mi camino profesional ejerciendo como maestra dentro del sistema educativo de Euskadi. Este título me ha acompañado toda mi vida a pesar de haber ido realizando diferentes y diversas especializaciones académicas. La puericultura, la psicomotricidad, la psicopedagogía y otros estudios que he ido realizando, han ido dando forma a mi trayectoria vital y a mi ejercicio profesional al que he puesto un punto y final con la escritura de este libro.
Cómo citar: María Pardo Castillejo (2017). El principio de toda una vida. Cuadernos de Psicomotricidad, 53, pp. 37–38. Luzaro.
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