Los Centros de Desarrollo Infantil y Atención Temprana (CDIAP), tienen sus orígenes a mediados de los años 60, inspirados en técnicas de estimulación precoz. En aquel momento la mirada estaba puesta en la pequeña infancia que nacía con patología.
Estos primeros equipos eran nombrados como Servicios de Atención Precoz (SAP) y estaban destinados a los niños de 0 a 4 años, con patologías ya diagnosticadas. Frecuentemente nacían de las necesidades de las familias en recibir apoyo y orientación a partir del diagnóstico recibido por la patología de su hijo.
Estos servicios trabajaron desde el inicio para conseguir una estructura organizativa común con la idea de un único enfoque para la atención en toda Cataluña. Sería el mismo servicio quien se haría cargo del diagnóstico, de la elaboración y ejecución del programa terapéutico. Por lo tanto, eran dotados del reconocimiento profesional necesario para llevar a término una atención integral.
La sectorización dentro del territorio fue otro de los retos que conseguir, puesto que era la garantía de que toda la población tenía a su disposición un servicio cercano a su domicilio y, a su vez, integrado dentro de la red de servicios para la pequeña infancia.
Así se creó el colectivo de equipos que trabajaban en la Atención Precoz* , integrados por servicios que provenían de asociaciones de madres y padres o de atención a personas disminuidas, servicios creados por la administración, y algunos equipos nuevos creados por cooperativas de profesionales especializados en la atención a la primera infancia.
Todos ellos tenían un punto de encuentro en al ACAP (Asociación Catalana de Atención Precoz). Esta fue la encargada conseguir la evolución conceptual y metodológica del sector, creando un discurso colectivo capaz de influir en la administración.
Son varias regulaciones que fueron ordenando la Atención Temprana. Al cabo de 10 años de trabajo común entre la administración y la ACAP, se creó el decreto por el que de adscribía la Atención Precoz al Departamento de Bienestar Social de la Generalitat de Cataluña.
En este decreto se nos dice que “el Servició Social de Atención Precoz va dirigido a niños menores de cuatro años con trastornos en su desarrollo o riesgo de padecerlos. La atención podrá prolongarse hasta los seis, siempre que se dictamine su necesidad. La atención a los niños con graves afecciones tendrá carácter preferente”.
La prestación de los servicios de atención precoz engloba las siguientes actividades:
a) Diagnóstico funcional, sintomático y etiológico de los trastornos del desarrollo en los casos derivados por otros servicios sanitarios, sociales o educativos.
b) Prestar la atención terapéutica interdisciplinar al niño y a su entono cuando esta atención se realice en los centros de desarrollo infantil y atención precoz o en el hogar del niño.
c) Prestar asesoramiento y apoyo a los padres o tutores en los contenidos que les son propios.
d) Colaborar con los servicios sanitarios, educativos y sociales que realicen trabajos en el sector de la prevención, detección precoz de la población infantil con trastornos de desarrollo o con riesgo de padecerlos, así como con los profesionales de las escuelas infantiles donde están escolarizados los niños con necesidades específicas.
A partir de este decreto se introduce el término ‘Trastornos del desarrollo’ o riesgo de padecerlo, y se suprime el término ‘disminución’. Ello, a la larga, derivaría en la nueva nomenclatura de estos servicios: CDIAP (Centro de desenvolupament infantil i Atenció Precoç). Estos centros se convierten también en referentes para dar apoyo a la familia durante la crianza, apoyo entendido como la actuación de ayuda y acompañamiento al cuidado para el desarrollo integral de niñas y niños.
También se llegó a la definición de Equipo Interdisciplinario, con profesionales que llevaban a cabo la atención integral desde el diagnóstico a la atención terapéutica, la atención a la familia y la colaboración con los demás servicios destinados a la infancia.
En 2003 hay un nuevo artículo por el que se determina alargar la atención a las niñas y niños hasta los seis años de edad y, a su vez, el carácter público y gratuito de la atención: La utilización de les servicios de Atención Precoz no estaría sujeta a contraprestación económica por las familias. Con todo este camino hemos llegado conseguir su carácter universal y gratuito. Se ha consolidado la atención a las niñas y niños de 0 a 6 años mediante unos servicios a los que la familia puede acceder sin ningún procedimiento previo.
El psicomotricista en el CDIAP
El equipo multidisciplinar de Atención Precoz está compuesto por profesionales de las siguientes disciplinas:
Neurología infantil, psicología clínica, logopedia, fisioterapia y trabajo social. Como veis, no se nombra a los profesionales de la psicomotricidad, pero la realidad es que no para de crecer el número de psicomotricistas que vamos formando de los equipos. Nuestra formación amplía el conocimiento del niño desde la mirada integral y globalizadora que ofrece la psicomotricidad, ya que nos ayuda a entender un cuerpo que se integra para contener una incipiente psique.
Las niñas y niños atendidos en los CDIAP se encuentran en una etapa inicial donde el cuerpo se convierte en la máxima expresión de su mundo interno. En las primeras edades el niño está empezando a desarrollar su capacidad simbólica y le es difícil expresar por medio de las palabras e incluso del juego, su forma de comprender y percibir el mundo que le rodea.
No obstante, su expresividad motriz se hace portavoz de su bien o malestar, de los ajustes o tensiones que va experimentando y de cómo va asimilando un entorno que puede recibir a partir del diálogo tónico.
Desde estas primeras vivencias que le llegan del exterior, mediatizadas por la relación con el adulto, va a ir conquistando sus habilidades motrices, va a acceder a la exploración de todo lo que le rodea y entrar en relación con el espacio, los objetos, los iguales y otros adultos.
La experiencia de separación ha de ser vivida por la diada madre-hijo con un grado de angustia tolerable. Así el niño podrá partir sin temor a la conquista del mundo y la madre podrá acompañarle, consiguiendo modular la distancia más o menos justa. Los psicomotricistas estamos acompañando estos procesos en las primeras etapas de nuestra atención en el CDIAP.
En las primeras etapas de desarrollo, el diálogo corporal se mediatiza a partir del tono. Los psicomotricistas somos conocedores de las resonancias tónico-emocionales recíprocas y empáticas. Tenemos en cuenta nuestro propio tono y, por tanto, la comunicación no verbal que el mismo niño percibe de nosotros.
La psicomotricidad es una disciplina y una profesión de mediación corporal, y en nuestra formación ponemos espacial atención a la formación corporal dirigida específicamente a la intervención por mediación del cuerpo. A la formación en psicomotricidad nos vienen los profesionales de la Atención Temprana buscando ampliar sus conocimientos y recursos a partir de sus disciplinas.
Así, tenemos fisioterapeutas pediátricos que se interesan por conocer la formación del sujeto. Son especialistas que atienden a las niñas y niños en el periodo de la conquista del movimiento y del conocimiento e integración del cuerpo. Pero a su vez, les llegan niños con sintomatología que tiene que ver con la integración de las partes del cuerpo y con el deseo de explorar y entrar en relación con el mundo, los objetos y las personas. La psicomotricidad les ayuda a comprender el sentido de la dimensión corporal, de la expresividad motriz de las niñas y niños, facilitándoles estrategias para ajustarse a sus necesidades.
Vienen logopedas, especialistas en la comunicación verbal, que parten del cuerpo como medio de expresión y comunicación. Cuando no aparece el lenguaje verbal y el niño se halla en el proceso de acceso al símbolo, es imprescindible situarse en la etapa preverbal que sin duda se encuentra en el cuerpo. El logopeda-psicomotricista comprende y significa la expresividad corporal del niño. De esta forma consigue subjetivar al niño, resaltando sus potencialidades y poniendo lenguaje a sus producciones. Toma en consideración el proceso de conquista de la voz (no de la palabra), de la modulación del tono. Todo ello se halla en el preludio del acceso el lenguaje verbal.
También hay psicólogos que llegan a la psicomotricidad al encontrarse con los niños en las primeras etapas, etapas en las que el juego simbólico y la palabra aún no ha aparecido. Por tanto, es en el cuerpo donde van a encontrar los primeros indicios del mundo interno del niño y donde se inicia el camino a la subjetivación.
Los psicomotricistas damos lugar y sentido a los juegos arcaicos. Los consideramos un eslabón imprescindible en el que vamos a detenernos todo el tiempo que al niño le sea necesario. En los juegos de seguridad profunda y en los juegos arcaicos el niño se construye en su totalidad corporal consiguiendo los límites entre el dentro y el fuera, aspecto este imprescindible para sentirse seguro en sus futuras relaciones.
Por ello damos tiempo y sentido a estos momentos fundacionales del sujeto, en los que la sensorialidad le permite integrar y a su vez diferenciarse. Somos unos profesionales que damos valor simbólico a todas estas actividades que el niño desarrolla con tanta insistencia y repetición.
Por último, quiero destacar el gran reto del psicomotricista en Atención Temprana: incluir a la familia en su abordaje terapéutico, pues es imprescindible contar con los papás en el trabajo con las primeras edades de las niñas y niños. Esto implica una relación íntima también con las familias en la misma sesión, donde el cuerpo es protagonista de todas las relaciones y donde fluyen las relaciones tónico-emocionales recíprocas y empáticas del niño, los padres y el terapeuta psicomotor.
Referencias bibliográficas
- Aucouturier, B. (2004). Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz. Barcelona: Graò.
- Cristobal C., Fornós A., Giné C., Mas J., Pegenaute F. y cols. (2010). La Atención Temprana. Barcelona: UOC.
- Rota, J. (2015). La intervención psicomotriz: de la práctica al concepto. Barcelona: Octaedro.
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