Secretos, ¿tener o no tener?

Nº 51 · Mayo de 2016 · pp. 33–34

Resumen. Comenta Los secretos de la infancia, de Max van Manen y Bas Levering, sobre cómo el niño descubre que puede guardar pensamientos, idea que conecta con la construcción de un «interior» y de la intimidad. Reflexiona sobre el papel del entorno y sobre la privacidad como componente de la identidad.

Max van Manen y Bas Levering en su libro Los secretos de la infancia. Intimidad, privacidad e identidad, desde su enfoque fenomenológico, se preocupan por desvelar el sentido esencial que tiene para las personas esta percepción de que no somos transparentes, de que hay algo que podemos guardar porque nuestro interior es un espacio seguro y que su acceso queda bajo nuestra única tutela. En su análisis indagan en la infancia, porque como en otros tantos aspectos del ser humano, aquello que vivimos en esos momentos de alta sensibilidad, confiere al futuro una dirección u otra y por lo tanto comprenderlo, o por lo menos intentarlo, resulta de gran ayuda.

“Cuando el niño aprende que los pensamientos y las ideas se pueden guardar dentro y no son accesibles a los demás, entonces se da cuenta de que hay un cierto tipo de demarcación entre su mundo que es “interior” y lo que es “externo” pp. 24

Esta idea de que la constitución de un “dentro” de un “interior” es un proceso que se va percibiendo, es muy interesante. En general, parece que todo lo que vamos construyendo y conquistando a lo largo de la vida tiene una relación con lo exterior, con lo que se puede ver. Resulta, cuanto menos, inquietante que construyamos algo en nuestro interior que no se ve y que incluso podemos no querer enseñar. Existe, porque nosotros sí lo conocemos (lo que no supone comprenderlo), existe porque nosotros lo generamos, existe y es nuestra creación porque lo hemos construido.

Pero en esa dinámica constructiva, como siempre, nuestro entorno también tiene un papel decisivo. Creo que su mayor influencia está relacionada con la seguridad, ese interior, que es privado, puede vivirse, sin embargo, desde distintas experiencias y por lo tanto tener rasgos muy diferentes. Esa vivencia de seguridad o inseguridad, estaría asociada, para mí, a unos momentos concretos; el respeto por la privacidad, el cuidado en la intromisión, y el reconocimiento.

El niño y la niña que están construyendo ese mundo interior, son muy sensibles a quién y cuándo pueden dejar a alguien entrar a él, al cuándo alguien entra, con o sin permiso. También es importante y tiene sus propias consecuencias, el cómo se hace esa entrada: bruscamente, inopinadamente, violentamente. Todo ello, los rasgos del cuándo y el cómo, están muy relacionados con que la sensación de fragilidad se haga presente, y con ella también, las medidas necesarias para protegerse. Esto va a tener repercusiones en lo laberíntico que se puede ir haciendo el acceso a ese interior, lo que afectará no sólo al acceso de otros, sino también al propio acceso al propio mundo interior.

Pero no sólo es importante la entrada sino también el para qué, ese espacio que no pertenece al otro (generalmente un adulto), no puede ser un campo del que él o ella se apropien. No pueden desalojar a su habitante, sin más, para ocuparlo y apropiárselo, además, a veces, incluso con intenciones distintas y hasta contrarias a las intenciones de sus dueños legítimos. ¿Cómo aceptar que en ese espacio que me pertenece no haya espacio para lo que yo quiero?

Cuándo, cómo se entra y para qué, están profundamente relacionados con el tema central del respeto por reconocer que ese mundo interior, se está construyendo y además es el lugar más íntimo de la persona, es decir el lugar en el que lo más profundo se ha de manifestar, se ha de dejar fluir, lejos de patrones, convenciones, y otras lógicas, legítimas pero externas. Es mi espacio, a quién dejo entrar, y para qué son preguntas de gran relevancia.

Los niños y las niñas están viviendo esto de forma espontánea, pero no por ello de forma sencilla, por eso la seguridad es tan importante. Sentir que sus mundos internos merecen respeto y atención por parte de los adultos que les rodean es algo primordial.

La entrada y la salida, la organización, distribución, decoración, los cambios, reconstrucciones, remodelaciones, podrían llevarnos a pensar en temas arquitectónicos y el mundo interior es una construcción con una arquitectura muy peculiar. Existe, tiene un espacio, sus materiales son inmateriales, pero generan estructuras de sostén. No sé si vivimos buenos tiempos para estas concepciones de lo íntimo, lo privado como componentes esenciales de la identidad. Pero creo que el libro que me ha dado pie a todas estas reflexiones da muchas pistas interesantes.

Para acabar, reproduzco el primer párrafo de la novel de Hanif Kureishi Algo que contarte, “Los secretos son mi moneda particular: trafico con ellos para vivir. Los secretos del deseo, de lo que la gente quiere de verdad, y de lo que más miedo le da. Los secretos de por qué el amor es difícil, el sexo complicado, la vida un dolor y la muerte tan cercana y no obstante aparcada bien lejos. ¿Por qué el placer y el castigo están estrechamente relacionados? ¿Cómo hablan nuestros cuerpos? ¿Por qué nos ponemos enfermos? ¿Por qué deseas fracasar? ¿Por qué es tan difícil soportar el placer?”. También, ya adultos, nos seguimos planteando con quién y hasta dónde y para qué, queremos compartir nuestro mundo interior, ese que seguimos habitando.

Sobre Maria José Inchausti Gabilondo. Profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación
Cómo citar: Maria José Inchausti Gabilondo (2016). Secretos, ¿tener o no tener?. Cuadernos de Psicomotricidad, 51, pp. 33–34. Luzaro.
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