Natural como la vida misma

Nº 50 · Diciembre de 2015 · pp. 35–37

Resumen. Testimonio de una alumna tras dos años de formación en psicomotricidad educativa en Bergara. Cuenta que, en una etapa difícil de su vida, jugó con naturalidad y libertad, volvió a nacer y se siente más capaz y preparada para el siguiente salto.

Hoy escribo desde la niña que hay en mí. Después de dos años realizando la formación de Psicomotricidad educativa en Bergara, me gustaría agradecer y compartir la experiencia vivida.

Estos dos años que han sido los más difíciles y constructivos de mi vida (diagnóstico y superación de una enfermedad que me ha encarado con la muerte), creo que la formación ha sido de gran ayuda para mí. Me he sentido como una niña, he jugado con naturalidad y libertad, experimentando con mis miedos y dificultades, con mis impulsos y necesidades, y así, he vuelto a nacer.

Gracias a Jabi, Margarita, Jon, Alvaro, Jon, Nati, Juan Cruz, Ricardo, Olalla, Rosana, Marixa, Bernard… por vuestro acompañamiento; y gracias a mis 35 compañeros de viaje en esta formación, por su mirada y su envoltura que me han acogido. He podido disfrutar de las emociones que de mi cuerpo emanaban, todo lo que brotaba con fuerza y sin demasiada forma desde dentro. He podido guiarme y conducirme poco a poco, apalabrando, pudiendo observarme y reconocerme en vuestros juegos, vuestros cuerpos y vuestros ojos, mis espejos.

Escribo desde este lugar que es una pequeña parte de este mundo, que me pertenece, o no, desde este lugar que soy yo. Este cacho de realidad, donde yo hoy respiro, donde vivo. Como un elemento más de la naturaleza, voy haciendo camino, voy trazando un recorrido, el mío, el único y el natural; como el agua que brota de la tierra, al principio me precipito, me muevo rápida y revoltosa en mi deriva, con dirección poco definida.

Pero con la fuerza suficiente para abrir caminos, caminos que necesito para avanzar. Más tarde voy llegando al mar, con otra calma, pudiendo depositar todo lo que traigo, todo lo que he ido recogiendo, sumando y añadiendo en el camino.

He podido disfrutar y hacerme frente, en este entorno y con este ambiente lleno de cuidados. Esta climatología ha envuelto este espacio del grupo, como en un paisaje rico e insólito, lleno de montañas donde poder subirnos, para poder ver y hacernos visibles, con cavidades y cuevas donde poder cobijarnos, sentirnos seguros y construir nuestra guarida. Con ríos por los que correr y dejarnos llevar por su movimiento, donde zambullirnos con todo el cuerpo y refrescarnos; donde ir limpiando y limpiando todo lo que nos va sobrando, todo lo que ya no necesitamos… (para poder hacer una especie de bautismo, como en un ritual personal y grupal, en un movimiento primario, esencial, más sagrado y arcaico que cualquier religión). Así podemos deshacer lo que se nos ha quedado pegado, despojarnos y volver a empezar, pero más ligeros.

A través del tiempo hemos conocido tormentos y tempestades, la caricia de la brisa, el azote del viento, la fuerza del torbellino y del huracán, la calma de una tarde lluviosa y pausada, y, como no, el calor y la luz de los rayos del sol. Esta climatología nos ha arropado y vestido, preparándonos para la adversidad pero también para el goce, para el placer; esta condición externa y común a todos la podemos compartir, combatir y disfrutar juntos y desde cada uno. Gracias a todos los compañeros de viaje de mi vida.

Esta formación de Psicomotricidad en mi vida ha sido toda una experiencia, un lugar de encuentro con mi persona, un auténtico descubrimiento y reconocimiento. Un lugar de recuperación, de curación de viejas heridas, y también de las recientes, las más profundas y las superficiales. Me siento afortunada, estoy aprendiendo mi propio lenguaje, con el que puedo escucharme y hablarme, puedo adueñarme y guiarme. Con una visión global de algo más grande que yo, de algo entero y completo que me supera en tamaño y en tiempo. Y con el enfoque para poder ver y escuchar lo más pequeño, lo más concreto del presente, un instante, una imagen, un gesto, una mirada; que me ayudan a recapacitar y me hacen tomar consciencia.

Desde esta pequeña parte-superficie-volumen que ocupaba en un principio, me siento crecer en esta pulsión de vida (de la que hablaba Freud).

Me ayudo de este movimiento inherente al ser humano, esta capacidad de regeneración, reparación y crecimiento, que nos es natural, como la vida misma. Voy ocupando mi espacio, el que necesito y que creo me corresponde. Me siento cada vez más capaz, más pudiente y poderosa. Se decir que si, y también se decir no; aprendo a distinguir, a elegir, hacer mi propia selección y decidir. Voy diseñando así mi camino, escribiendo mi propia historia. Y en este preci(o)so momento…

¡Ya me siento preparada para el siguiente salto!

Gracias, Amaia

Sobre Amaia Pascual Aizpeolea. Amaia Pascual Aizpeolea es Psicomotricista y Profesora de teatro.
Cómo citar: Amaia Pascual Aizpeolea (2015). Natural como la vida misma. Cuadernos de Psicomotricidad, 50, pp. 35–37. Luzaro.
¿Te interesa la formación en psicomotricidad?
Descubre los cursos de Luzaro. Ver formación